Mejor aspecto país de Oriente Medio

The Ultimate Guide to Study in the US™: The Application Process

2019.01.30 06:54 QueWeaHermano The Ultimate Guide to Study in the US™: The Application Process

Wena cabros. Hace tiempo que quería hacer un post largo en este subreddit. Soy un Chileno, oriundo de Til-Til, estudiando en la Universidad de Princeton, Nueva Jersey en este post les voy a dar la información necesaria para poder estudiar acá.
Primero lo primero: No tener estudios o creditos universitarios (En caso de querer estudiar pregrado). Esto es importante, porque algunas universidades no aceptarán postulaciones de personas que ya tienen un puesto en una universidad. En pocas palabras, es recomendable empezar a informarse desde IIIº Medio y postular en IVº Medio. Ahora, lo realmente necesario. * Demostrar que sabes ingles: Esto se puede demostrar generalmente de dos formas. La primera es la más straightforward y consiste en tomar el examen TOEFL (Test of English as a Foreign Language). La segunda es haber asistido a un colegio donde la enseñanza media haya sido en Inglés, por ejemplo, el Nido de Águilas ($$$), The Grange School ($$$) o el Santiago College ($$$). El TOEFL cuesta USD 170,00, por lo que sale más rentable. * Tomar exámenes estandarizados: Son parecidos a la PSU, excepto por la cantidad de tiempo que te dan. Uno puede tomar tanto el ACT como el SAT. Este artículo de Prepscholar puede ayudarlos a elegir uno de los dos. Yo tomé el ACT, y encontré que daban muy poco tiempo, así que si les cuesta leer rápido un texto o tablas de datos, puede que prefieran el SAT. Además de esos, muchas universidades recomiendan tomar los SAT Subject Tests. Son exámenes de una (1) hora con materias más específicas, como Francés, Hebreo, Química, Biología Molecular (M), Biología Ambiental (E), Matemáticas (I o II), Historia Mundial, etc. Pueden tomarlos hasta al rededor de 5 veces en un año. El valor del ACT con su parte de Writing es de USD 166,50 en total. Y el SAT USD 105,50. Son caros porque el ACT y el Collegeboard le ponen una fee por tomarlo en el extranjero, pero si se demuestra necesidad financiera pueden recibir un código para darlos gratis. * Escribir ensayos: Para poder mandar sus postulaciones, tendrán que registrarse en la Common Application. Ahí, además de reportar sus datos, también les darán la opción (muchas, muchas veces requisito) de escribir un ensayo personal siguiendo distintas prompts. Cambian un poco cada año, pero estas son las de este año. La idea escribir un ensayo personal, más o menos como una historia, que responda a una de esas prompts. El estilo de escritura en español es distinto al estilo en inglés, así que es bueno buscar algún ejemplo en internet sobre cómo escribir el ensayo de la common app. * Cartas de recomendación: Otro aspecto importante de la postulación. Las cartas de recomendación deben venir de algún profesor o profesora (normalmente 2, a veces dan la opción de subir más) que los haya conocido idealmente por los últimos dos años de media. Lo ideal es tener una carta de un profesor de humanidades y otra carta de un profesor de las ciencias, para demostrar ser una persona íntegra. Las cartas deben ser subidas por ellos en la common application, así que deben mandarle una invitación desde su cuenta al correo del profesor que quieren. El sitio es medio complicado, pero ustedes pueden ayudar al profesor a navegarlo. La carta de recomendación debe estar en INGLÉS. Es mejor que esté traducida oficialmente por organizaciones como Education USA para evitar cualquier problema. * School Profile y Counselor: El School Profile es un documento que es llenado en la common app por el counselor de tu liceo. El counselor puede ser cualquier profesoa, el/la inspectoa general o hasta el director. En E.E.U.U. es una posición definida, pero en Chile no. Lo que más se le parece es el orientador, pero los gringos son más bacanes. El School Profile™ lista las clases que ofrece el establecimiento, el idioma en el cual se enseña, la escala de notas (importante señalar que es del 1,0 al 7,0), cuantas clases se han graduado, el tamaño de la clase, sus posiciones en la clase (primer cuartil, primer lugar, segundo lugar, o cosas así), el nivel de exigencia, etc. Esta labor es más complicada, e importa caleta tener un school profile bien hecho porque las oficinas de admisión te van a juzgar con respecto a la exigencia de sus colegios, y le darán más o menos peso sus notas. Es importante que le confíen esa labor a alguien responsable, y que vayan presionando más o menos de forma periódica para ver que esté quedando listo el school profile, porque el counselor también va a tener que subir sus certificado de notas (traducido oficialmente) y una carta de recomendación más. De nuevo, Education USA puede ayudarlos con las traducciones; no sale tan caro y tampoco se demora tanto en Santiago. * Fees adicionales: Algunas U's les van a pedir lo que llaman admission fee. Es una forma descarada de lucrar con su postulación. Algunas van desde USD 0,00 hasta USD 80,00. No temáis. Muchas veces pueden pedir por un fee waiver para no tener que pagar. Algunas veces su counselor puede demostrar su necesidad financiera para eso. * Supplements: Muchas universidades les pedirán que, además de escribir su ensayo en la common application, escriban un ensayo siguiendo prompts propias de la U. Me gustan algunas como "Find x" o "So where is Waldo, really?" de la Universidad de Chicago. De esta manera las universidades pueden llegar a ver como son ustedes y su manera de pensar, así que es una buena oportunidad para irse al chancho (bueno, ni tanto, keep it civil). * Entrevistas: Este apartado es cortito. Algunas U's les pedirán tener una entrevista ya sea por teléfono o por Skype. Es bastante straightforward y deberían seguir el hilo de la conversación del entrevistador, mostrando igual harto interés en la universidad. Yo tuve dos entrevistas, una para la Universidad de Pensilvania y otra para Princeton. La de Princeton fue en persona con un alumnus (ex-alumno) de la universidad en Chile (fue con un embajador en medio oriente del gobierno de Lagos). Dependiendo de la Universidad le darán más o menos peso a la entrevista. Y bueno, eso es el proceso de postulación a universidades en Estados Unidos en la parte académica. La parte financiera es más extensa, así que merece su propio post. Me gustaría que si están interesados en estudiar en Estados Unidos, y están cursando este año IIIº o IVº Medio en liceo público o particular-subvencionado que postulen al Programa Oportunidades de Education USA. Una vez dentro, pueden asistir a más de 20 sesiones durante el año para poder ser guiados en todo este proceso. Además, el programa oportunidades financia desde las pruebas hasta el pasaje de avión de ida a Estados Unidos y un estipendio para poder adaptarse un poco una vez en el país. ¡Saludos!
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2018.08.15 23:16 rafaelciarcia ¿Cómo luce el Centro Empresarial Oelus por dentro?

¿Cómo luce el Centro Empresarial Oelus por dentro?
Rafael Ciarcia, es uno de los empresarios más éxitos en Venezuela, y sin duda, es el único ingeniero civil venezolano que ha creado edificaciones tan modernas en el territorio nacional.
Dentro de ellos, se encuentra el Centro Empresarial Oelus C.A, que posee una estructura muy peculiar y que su tecnología ha dado de que hablar en el mundo. En este artículo, explicaremos cómo luce Oelus.
¿Dónde está ubicado el Centro Empresarial Oelus?
Oelus, se encuentra en una de las zonas más prestigiosas y destacadas del estado Anzoátegui, con el fin de brindar seguridad y comodidad a todos sus clientes y trabajadores.
Específicamente, está situado en el sector Peñoral de Lechería, en el Municipio Lic. Diego Bautista Urbaneja en el oriente del territorio. Su posición geográfica garantiza eficiencia y productividad en todo el Centro empresarial.
Estructura del Centro Empresarial Oelus
El Centro Empresarial Oelus, está conformado por dos torres de oficinas. A ambas torres le designaron un nombre según el lugar en el que se encontraban, es decir, la Torre Norte y Torre Sur.
La Torre Norte, posee en su interior, cinco plantas y un penthouse, mientras que la Torre Sur, tiene siete plantas y un penthouse que aún se encuentra en remodelación, ya para finales de este año debe estar culminada.
De igual forma, ambas torres tienen predeterminado cinco niveles para Locales Corporativos, para servicios Generales e incluyen varios estacionamientos en las dos torres.
En el mismo orden de ideas, Oelus posee un espacio para que sus clientes puedan tomar un descanso por unos minutos, el cual está conformado por áreas de Paisajismo, que presentan vegetación, rampas, caminerías y escaleras.
En otro aspecto, el edificio que fue creado como Centro Empresarial Corporativo, fue construido entre el año 2012 y 2015; tiene 12 niveles y aproximadamente mide 48 metros de altura.
Cualidades únicas de Oelus
La estructura del Centro Empresarial Oelus, fue diseñado y estudiado para prevenir cualquier clase de movimientos ocasionados por la tierra. Es resistente a sismos, ya que, sus torres poseen un sistema de pórticos de concreto.
Su sistema de pórticos de concreto armado, logran que los diseños de sus torres tengan una mejor amplitud y versatilidad en sus espacios, así como mayor seguridad, ascensores y escaleras de gran calidad.
Oelus, está diseñado para disfrutar de cada uno de sus espacios, logrando que sus clientes aprovechen las oficinas sin ningún tipo de inconvenientes. El Centro Empresarial cuida el uso de la energía eléctrica y está atento al medio ambiente.
El Centro Empresarial inteligente de Venezuela
Como se puede evidenciar, el Centro Empresarial Oelus es una de las empresas más importantes de Venezuela, debido a que, es el Centro Empresarial más novedoso que existe en el país.
Toda la estructura de Oelus, posee los sistemas tecnológicos más nuevos del país; de hecho, incluye una pantalla LED en toda la fachada del edificio. Es la pantalla más grande y conocida que hay en Latinoamérica.
Esa pantalla es la cualidad más llamativa de Oelus, ya que, todas las personas que pasan por la zona pueden apreciar las diferentes animaciones que aparecen en ella durante las tardes y noches.
Además de eso, su sistema inteligente permite que toda su clientela pueda cumplir eficientemente y de manera segura todas sus actividades en sus respectivas oficinas.
El Centro Empresarial Inteligente Oelus, posee el sistema integrado de seguridad más grande del país, gracias a su sistema moderno que logra la producción de su clientela.
Rafael Ciarcia, siempre se ha apasionado por la construcción, por eso ha desarrollado los centros comerciales, deportivos y empresariales más reconocidos en el país y en América latina.
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2017.12.29 11:30 Subversivo-Maldito Ni las clases gobernantes de Alemania ni las de Europa son conscientes de los inmensos daños causados por la idea de hacer de la unión monetaria el alfa y el omega de la unión política del continente. [Vladimiro Giacchè]

Vladimiro Giacchè es un economista italiano, actual presidente del Centro de Investigación Europea de Roma. Gran conocedor de Europa y de Alemania, es el autor de un libro original y significativo sobre la reunificación alemana: El Segundo Anschluss - La anexión de la RDA.
En la ex-RDA el partido [ultraderechista] AfD se llevó el 21,5% de los votos y quedó segundo. Die Linke [La Izquierda] realizó su mejor resultado (16% contra 9% a nivel nacional).
Es la consecuencia de un país que sigue dividido 27 años después de su unificación, junto con el crecimiento de las desigualdades sociales estos últimos años.
Un ciudadano que vive en Alemania del Este tiene el doble de probabilidades de estar parado que el ciudadano que vive en el Oeste. Y si trabaja, recibe un sueldo un 25% inferior al sueldo que recibe un trabajador del Oeste.
Se ha practicado la política de tabla rasa,,,Con ello se ha puesto la industria de la RDA fuera de juego. Además, la totalidad del patrimonio industrial de la ex-RDA fue confiado a una agencia fiduciaria, la Treuhandanstalt, que lo liquidó creando instantáneamente millones de parados. Pero, desde entonces, nos dimos cuenta por desgracia que cuando desindustrializas a un país (la desindustrializacíon de la RDA no tiene ningún ejemplo semejante en Europa en tiempos de paz) las consecuencias pueden durar décadas, si no siglos. El Financial Times Deutschland del 18 de junio de 2008 afirmaba también que, para ajustar completamente los ingresos de las dos partes de Alemania, harían falta 320 años...
Lo más ridículo es que hoy en día nos presentan la reunificación alemana... La verdad es que de todos los países exsocialistas de Europa oriental, los territorios de Alemania del Este son los que, en valor absoluto, han tenido menos crecimiento en los últimos 27 años. Es entonces normal que los ciudadanos que viven en esos territorios se sientan abandonados por la política, y que expresen su protesta a través del voto. .
Las élites no solo políticas pero también científicas y culturales de la ex-RDA han sido completamente puestas al margen. Todavía hoy son escasos los profesores de universidad en el Este que no vienen del Oeste. Las instituciones y las academias del Este fueron liquidadas en un tiempo récord. Algunos han llegado hasta a escribir que ciudadanos del Este habían sido “mentalmente alterados” por el “régimen colectivista”...Esas prácticas y declaraciones han contribuido a generar, en una gran parte de la población de la ex Alemania del Este, la sensación de haber sido colonizados.
Es bastante interesante observar que la población del Este no comparte, en nada, la idea, mayoritaria en el mundo político y en los medios mainstream según la cual todo lo que existía en la RDA merecía ser eliminado. Un sondeo solicitado en el vigésimo aniversario de la caída del Muro mostró que el 49% de los habitantes de la ex-RDA aprobaban la afirmación siguiente: “La RDA tenía más aspectos positivos que aspectos negativos. Había problemas, pero se vivía bien”.
Alemania parece ser prisionera de su política mercantilista e incapaz de modificar su enfoque. Me parece que ni las clases gobernantes de Alemania ni las de Europa son conscientes de los inmensos daños causados por la idea de hacer de la unión monetaria el alfa y el omega de la unión política del continente. La promesa mayor de la moneda única, la de promover la convergencia entre las economías, ha sido traicionada...Se produjo lo contrario. La consecuencia es una degradación de las relaciones entre países de Europa, un blame game (juego de reproches) seguido y recíproco y el fin de toda voluntad de solidaridad europea. Lo hemos visto de manera muy clara respecto a Grecia..
Estos son los daños....Los riesgos, no son menores. El riesgo mayor es el de una explosión no coordinada de la zona monetaria. La cosa más razonable que se podría hacer seria desarmar esta bomba, y de hacerlo todos juntos, pensando de qué manera eliminar el euro con los menores daños posibles. Compruebo que al contrario seguimos divagando sobre un aumento de integración europea. Esa actitud es digna de los que creen que, para resolver los problemas de un inmueble construido sobre cimientos defectuosos, hay que añadirle un piso más. En general, en estos casos, las cosas no terminan bien. [Fuente: https://elsaltodiario.com/mapas/vladimiro-giacche-alemania-del-este-no-ha-superado-su-anexion-por-el-oeste-reunificacion]
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2017.11.23 05:26 SubotaiKhan Te ELIFEO: Conceptos políticos y formas de gobierno.

Parte I: La diferencia entre izquierda y derecha
Parte II: La izquierda
Primero, terminé mis parciales, aprobé todo, casi soy abogado, así que me van a tener haciendo lo que más me gusta: Enseñar pelotudeces. Estoy considerando seriamente estudiar alguna licenciatura de política, historia o filosofía y dar clases como una segunda profesión.
Segundo, voy a hacer un anexo de palabras que debí haber explicado antes, cuestiones ideológicas que pueden estar tanto en la derecha como en la izquierda, y algunas son “buzzwords”, palabras que la gente, tanto boludos en internet como académicos, la utilizan de manera trivial.
Tercero. Voy a explicar las formas de gobierno, que no lleva encausado necesariamente una ideología en sí, lo voy a hacer corto porque asumo que no hace falta extenderme mucho en explicar que es, por ejemplo, una monarquía y una república. Pensaba que algo como esto no es necesario explicar, pero he visto en Facebook, estadounidenses que piensan que democracia y republica constitucional son dos términos opuestos y excluyentes.
https://www.reddit.com/ShitAmericansSay/comments/5ubaz8/a_lot_of_americans_think_that_a_democracy_and/
https://www.reddit.com/The_Donald/comments/6ixydx/monarchy_doesnt_work_theocracy_doesnt_work/
Originalmente, iba a incluir en este thread las ideologías de derecha, pero quedaría muy feo mezcladas con todo esto, así que quedara para más adelante.
No hay TL; DR. Lo mismo que el anterior post. Si van a criticar, se toman la molestia de leer todo. Y algo que algunos no entendieron con el anterior thread: “Si te cuento que es X ideología, y que piensan sus integrantes, no quiere decir que yo la apoyo”
POPULISMO:
MAN, acá si tenemos problemas para definir esto. Cualquier político que empieza a tener su propia hinchada, es llamado populista. He visto a analistas políticos llamar populista a políticos moderados o pro establishment, como Obama, Macri, Hillary.
El termino populista se lo usa como insulto, aquel político que atrae a las masas ignorantes, pero también es usado como algo positivo, a aquel político que es popular entre la gente y electo por favorecer a la gente. Pero estas definiciones son ridículas, ¿no? ¿Cómo un político va a ser electo si no es atrayendo la mayor cantidad de votantes posibles? Ningún político va a decir “yo solo represento a la elite, los pobres que se caguen”.
Me puse a buscar en varias fuentes que se lo define como populismo, me encontré con bocha de artículos periodísticos, definiciones de diccionario, y demás, pero ninguna me dio una mejor caracterización más especifica que Santiago Ylarri hace sobre el populismo latinoamericano:
• Rechazo a los profesionales de la política: Se rechaza tanto a los académicos, como los analistas y los políticos con experiencia.
• Desconfianza en las instituciones públicas existentes: Es decir, anti establishment, oposición a la retórica que gobierna el país (si es que no gobiernan los populistas) y a la retórica internacional.
• Diálogo directo entre la dirección del movimiento y la base social.
• Fuerte voluntad de movilización y participación.
• Retórica nacionalista: El enemigo es el extranjero u otros países que planean la destrucción del Estado, junto con la colaboración de traidores de nuestro país.
• Liderazgo caudillista: Un líder carismático, invistiendo más poderes de los que le corresponden constitucionalmente, siendo apoyado por sectores populares.
También se suele usar como sinónimo de demagogia, la estrategia política de ganar votos por medio de promesas falsas, apelando a la gente con emociones y desinformación, y un uso y abuso de la propaganda política.
El populismo, como el nacionalismo, puede ser de derecha o izquierda, surgen figuras que usan distintas narrativas en su camino al poder. El referente de la derecha en nuestro continente es Donald Trump, mientras que la izquierda tiene en toda Latinoamérica sus raíces en la llamada ola rosada. Un surguimiento de movimientos democráticos socialistas en todo el continente, con una retórica anti EEUU y anti capitalismo.
NACIONALISMO:
Nacionalismo clásico (este término no existe, pero me parece útil para diferenciar el nacionalismo original del moderno) sea intencional o no, en algún momento, a fines del siglo 18, se hizo necesario tener garantizada la lealtad de los súbditos mediante “algo”. Desde nobles hasta revolucionarios, se dieron cuenta que era fácil garantizar la lealtad por medio de atributos que identificaran a una población con las causas de uno, también es un buen concepto para tener en cuenta si uno desea gobernar sobre una población: entre más homogénea, más fácil de hacer leyes considerando sus necesidades. Finalmente, con la introducción de una nueva clase gobernante o al menos influyente, los burgueses, existiría una reestructuración social y renovación de todas las instituciones (Algunos reyes empezaron a legislar y reglamentar el idioma, y a usar la religión no solo como entidad política, sino como entidad cultural unificadora)
El mejor ejemplo que tengo para explicarles fue el de Francia. Un monarca era sostenido en el poder porque era la voluntad de Dios. ¿Qué pasa cuando la voluntad de Dios que te gobierna, conspira con otros reyes para que invadan tu país y repriman tu revolución? Bueno, primero, obviamente, le cortamos la cabeza con una guillotina como gente civilizada que somos, segundo, instauramos una nueva razón por la cual debemos mantenernos unidos en defensa de la soberanía de nuestra nación de este Rey traidor de su pueblo y sus aliados. Se creó una bandera reemplazando el estandarte de la monarquía gobernante, un símbolo azul, blanco y rojo, representando así a todo el pueblo francés y su lema; libertad, igualdad y fraternidad. Esto no solo se vio reflejado en solo un trapito, sino que, si alguien se metía con Francia, no se metía con la Casa Real del Reino de Francia, pero con todos los habitantes del territorio francés, las guerras no la pelearían los caballeros de noble cuna, lo harían desde el más miserable de los campesinos hasta el más rico de los nobles. Napoleón famosamente presumiría de esto: “No pueden detenerme, gasto 30.000 vidas en un mes.”
Esto, junto con los movimientos filosóficos románticos, generara en todo el mundo las Naciones-Estado: Territorios delimitados, donde una población que comparte una identidad cultural, es gobernada por un mismo soberano.
Nacionalismo étnico: Algo que es necesario diferenciar, es que un Estado no es lo mismo que una nación. Dentro de un Estado podés tener distintos grupos étnicos que se sienten identificados solo entre ellos, y no con el resto del país. Por ejemplo: las diversas naciones que se encuentran en España (vascos, catalanes, gallegos, aragonés) o en nuestro país que tenemos la nación mapuche.
Los bolivianos decidieron tomar en consideración sus diferentes nacionalidades y constituirse como un Estado Plurinacional (un estado descentralizado y culturalmente heterogéneo, que concede cierto tipo de autonomía y representación a cada nación)
Otros, como yo diría el nuestro, alienta la homogeneización de las etnias por medio de la aculturación, el mestizaje, y básicamente ignorando las diferencias. Esto se le llama Crisol de razas o de etnias. Esto lleva a configurar un tipo distinto de nacionalismo, donde la nación lo compone todos los que la habitan, sean de la etnia que sean
Nota: crisol es el recipiente donde se funden y mezclan los metales.
Lo contrario al crisol de etnias, es el mosaico, esto sucede cuando no se produce la homogeneización, viviendo en armonía, pero sin mezclarse.
Hasta acá di ejemplos de cómo en países modernos pueden convivir diferentes etnias en relativa paz social. Sin embargo, en el siglo pasado y este, distintos Estados han tenido sus etnias enfrentadas unas contra otras, bajo el argumento de ser oprimidas por otra etnia dentro de un mismo Estado, y no hablo solo de catalanes buscando independizarse por un referéndum, sino de verdaderas crisis y genocidios.
Alemania: Hitler llego al poder usando de argumento la opresión que el verdadero pueblo alemán sufría, y esto llevo a que… bueno, no hace falta que les cuente que fue La Solución Final, ¿no? Posteriormente anexó partes de Checoslovaquia para proteger a las minorías germánicas habitando en ese país. Esta búsqueda de consolidación del pueblo germánico, que superaba las fronteras del Estado Alemán, se lo llama pangermanismo. El lema usado por Hitler era “Una Nación, un Pueblo, un Líder”, es decir, el Estado Alemán, sería sinónimo de la nación alemana, y todos gobernados por el mismo e indiscutido líder.
Ruanda: Cuando los belgas colonizaron Ruanda, se encontraron con tres tribus. Pero las que nos importan acá eran los tutsis y los hutus (la tercera tribu eran los twa). Mucho no difieren entre estas tres etnias, los tres hablan la misma lengua, y producto de la colonización, la misma religión (catolicismo). Según algunos académicos, los tutsis y los hutus no son ni siquiera distintos pueblos, sino una especie de castas, pero los belgas les llevaron la noción de que los tutsis eran superiores, y ellos debían estar a cargo, a pesar de que eran una minoría… cuando los belgas se fueron y su gobierno paso a ser democrático, la mayoría hutu decidió que, en represalia, se debía matar a todos los tutsis. El gobierno ordeno que cada hutu debía salir con palos cubiertos de clavos, a matar a todos los tutsis vecinos que tuvieras, y de no hacerlo, te matarían a vos a tu familia. Esto llevo al gran genocidio ruandés.
Yugoslavia: Este es un caso realmente interesante, porque fue un quilombo de “subnacionalidades”.
Por si no se acuerdan de la existencia de este país, o nacieron después de su caída, antes existía un Estado Federal Socialista en la península balcánica llamado Yugoslavia. ¿Porque dije subnacionalidades? Porque las distintas naciones de Yugoslavia eran todos eslavos. No que son de solo de Eslovenia, sino que pertenecen al grupo étnico al cual pertenecen muchos otros países, como Rusia, Ucrania, Polonia, República Checa, Bielorrusia, Bulgaria, Eslovaquia, y las distintas naciones de Yugoslavia. Y en Yugoslavia, tenías las repúblicas socialistas de Bosnia y Herzegovina, Croacia, Eslovenia, Macedonia, Montenegro y Serbia, algunos de ellos tenían distinto idioma y distinta religión (católicos apostólicos romanos, católicos ortodoxos y musulmanes). Se mantenían unidos gracias a un poderoso líder llamado Josip Broz, alias “Tito”, que, si bien era socialista, no se llevaba bien con el Kremlin (era tan macho, que amenazo a Stalin de que, si le seguían tratando de mandar asesinos, el mismo iba a mandar uno, y solo le bastaría con ese para hacerlo)
No se sabe si es verdad, pero se le atribuye a Tito la frase: “Soy el líder de un país que tiene dos alfabetos, tres lenguas, cuatro religiones, cinco nacionalidades, seis repúblicas, rodeada de siete vecinos y un país donde viven 8 minorías étnicas.”
Como esperaran, o se acordaran, una vez que Tito murió, todo se desintegro, y fueron luchas entre distintas naciones para preservar su identidad nacional en contra de los serbios que querían mantener la colapsada Yugoslavia, hubo crímenes de guerra, genocidio, todo.
¿Se acuerdan que en el 2006, Argentina jugo contra Serbia y Montenegro? “La selección de Serbia y Montenegro es, hasta el momento, el único equipo que ha participado en la fase final de la Copa Mundial de Fútbol representando a un país inexistente. Tras la independencia de Montenegro el 3 de junio, Serbia declaró la disolución oficial de la unión de Serbia y Montenegro el 5 de junio de 2006, cuatro días antes del inicio del torneo. Por disposiciones de la FIFA, sin embargo, el equipo debió mantener su denominación.”
Ahora mismo hacen lo que sea para mantener a Kosovo dentro de su poder soberano, a pesar de que EEUU y la Unión Europea reconocen a Kosovo como nación independiente.
Medio Oriente: Cuando el Imperio otomano colapso en la primera guerra mundial, Gran Bretaña y Francia dividieron el imperio en protectorados temporales, prometiendo la formación de distintos Estados. La delimitación de fronteras fue… arbitraria, hecha con regla sobre un mapa. ¿Qué paso cuando se formaron los Estados? Sunníes vs. chiitas, kurdos vs. Turcos, iraníes, iraquíes y sirios, palestinos vs. israelitas, monarquías vs. Teocracias. Un dolor de pija para todos, que daría para otro thread solo para explicar toda esta situación.
Actualmente: Tenemos varios movimientos nacionalistas, la mayoría propone la secesión de su nación del Estado: Los kurdos, catalanes, mapuches, escoceses y vénetos son los movimientos más trascendentes de estos años.
No pretendo ponerme a criticar las ideologías que explico, pero me gusta mucho esta crítica hecha por Karl Popper:
"Pues el supremo absurdo del principio de la autodeterminación nacional es evidente para todo el que dedique un momento a reflexionar en él. Ese principio equivale a sostener que cada Estado debe ser una nación-Estado: que debe estar limitado dentro de una frontera natural, y que esta frontera debe coincidir con la ubicación de un grupo étnico; de modo que debe ser el grupo étnico, la "nación", el que determine y proteja los límites naturales del Estado. Pero las naciones-Estados de esta especie no existen. Aun Islandia, la única excepción en la que puedo pensar, sólo es una excepción aparente. Pues sus límites están determinados, no por su grupo étnico, sino por el Atlántico Norte, así como están protegidos, no por la nación islandesa, sino por el Tratado del Atlántico Norte. Las naciones-Estados no existen, simplemente porque no existen las llamadas "naciones" o "pueblos" en los que sueñan los nacionalistas. No hay ningún, o casi ningún, grupo étnico homogéneo asentado desde hace largo tiempo en países con fronteras naturales. Los grupos étnicos y lingüísticos (los dialectos a menudo son barreras lingüísticas) están entremezclados inextricablemente en todas partes. La Checoslovaquia de Masaryk se fundó en el principio de la autodeterminación nacional. Pero tan pronto como fue fundada, los eslovacos exigieron, en nombre de ese principio, la liberación de la dominación checa; y finalmente fue destruida por su minoría alemana, en nombre del mismo principio. Situaciones similares han surgido prácticamente en todos los casos en los que se ha usado el principio de autodeterminación para fijar los límites de un nuevo Estado: en Irlanda, en la India, en Israel, en Yugoslavia, etc. Hay minorías étnicas en todas partes. "Liberarlas" a todas ellas no puede constituir un objetivo adecuado; más bien, el propósito debe ser protegerlas a todas. La opresión de los grupos nacionales es un gran mal; pero la autodeterminación nacional no es un remedio factible. Además, Gran Bretaña, los Estados Unidos, Canadá y Suiza son cuatro ejemplos obvios de Estados que violan, en muchos aspectos, el principio de las nacionalidades. En lugar de determinar sus límites por grupos étnicos, cada uno de esos países se las ha arreglado para unir varios grupos étnicos."
Karl Popper, 'La Historia de nuestro Tiempo', en 'Conjeturas y refutaciones'.
Nacionalismo económico: Finalmente, tenemos el nacionalismo económico, que consiste en políticas de Estado de proteccionismo a favor de empresas originarias de un Estado. Por medio de subsidios a las empresas y aranceles impositivos contra importaciones, un Estado promueve una agenda nacionalista que pone énfasis en la industria nacional.
Esto es en contraposición al globalismo económico, la tendencia que tiene el capitalismo moderno de favorecer a cualquier empresa del mundo que pueda proporcionar costos más baratos y/o de mejor calidad. Como por ejemplo la manufactura barata China y del sudeste asiático (no cuesta mucho hacer un par de jeans cuando le pagas solo dos pesos a un menor de edad en un país con pocas libertades sociales) o la tecnología alemana o coreana.
El nacionalismo hoy en día puede abogar por ambas cosas, por la protección y unidad de una nación, y por el proteccionismo económico, o solo una de ellas. Donald Trump, Nigel Farage, Marine le Pen, Frauke Petry, Peron, los Kirchner, Hitler, Mussolini, Tito, Carles Puigdemont, Bernie Sanders de izquierda a derecha, liberales y autoritarios, podemos encontrar distintos nacionalismos, en distintos grados, con sus propias particularidades. Usualmente se oponen a los Tratados de libre comercio entre las naciones, y son cautelosos con los bloques económicos (Euroescepticismo en la Unión Europea).
¿Qué diferencia hay entre nacionalismo y patriotismo?
Patriotismo no es una ideología, es simplemente la filosofía de apego e identificación de una persona con la tierra de donde uno viene. Uno puede ser patriota y creer en cualquier ideología política o teoría económica, no se da lo mismo con el nacionalismo. Ejemplo: Puedo ser patriota y oponerme al proteccionismo económico y promover la inmigración a nuestro país.
TOTALITARISMO y AUTOCRACIA:
Totalitarismo no es necesariamente un sinónimo de fascismo o autoritarismo. Totalitarismo implica que existe un partido, un grupo de personas o alguien, que tiene en su figura todos los poderes (ejecutivo, legislativo y judicial) y lo utiliza para controlar todos los aspectos dentro de una sociedad acorde a su ideología.
Una monarquía absoluta o una dictadura son ejemplos de una autocracia, teniendo también el monopolio del poder político, pero no necesariamente es un gobierno totalitario, siempre y cuando no tengan una policía secreta o por medio de la legislación, limiten las libertades civiles de la población.
Según Carl Friedrich y Brzezinski (tuve que buscar el nombre de este último) dicen que un sistema totalitario tiene las siguientes características
-Monopolio de las armas y los medios de comunicación.
-Dirección central y control de la economía
-Terrorismo de Estado
-Una ideología elaborada
-Un solo partido, liderado por un dictador o caudillo.
Con esto, absolutamente todos los grandes autócratas de la historia entran en esta definición: Mao, Mussolini, Stalin, Hitler… Podríamos discutir incluso varias figuras nacionales, como la Dictadura Militar o Juan Manuel de Rosas, pero eso se lo dejo a ustedes, have fun.
INTERNACIONALISMO
Básicamente la idea es intervenir, de manera directa o indirecta en otros países, a fin de cambiar la ideología del país intervenido. Es una idea nacida del socialismo, que como explique, busca llevar la revolución a todas las partes del mundo; pero también presente en ideologías de centro y de derecha, como es el excepcionalísimo americano (la idea de que Estados Unidos es la policía del mundo, y que está facultada para invadir e intervenir en otros países para llevar FREEEDOOOM). Otros ejemplos no tan invasivos pueden ser las organizaciones internacionales, como la Organización de los Estados Americanos siendo la misma creada para evitar la expansión del comunismo en América. Por otra parte, la Unión Europea y el Mercosur suelen poner sanciones y excluir de sus acuerdos a aquellos países que no respeten los principios del liberalismo o la democracia occidental.
IMPERIALISMO
Otro concepto que tiene mas de un significado. El original es lo que supongo todos sabran, una nación expandiéndose haciendo uso de sus fuerzas militares para hacerlo. Aca va todo Imperio que estudiamos en la escuela.
La justificación para la creación de un Imperio puede ser meramente la obtención de nuevas tierras y recursos porque si. Esto no se da mas hoy en dia porque queda mal tomar cosas de otro sin pedir permiso. Por eso poco a poco, los países que tenían colonias tan lejos de sus territorios, fueron perdiendo su poder sobre ellas, poniendo fin al colonialismo.
Así que los Estados tuvieron que buscar otras excusas para expandir sus territorios. Una de ellas es el irredentismo, la idea de que se debe anexar X territorio por cuestiones históricas, culturales o raciales.
Existe por ejemplo el irredentismo argentino con la Antartida, las Islas Malvinas, Georgia y Sándwich del Sur. Tambien de los territorios cedidos a Chile (Picton, Nueva, Lennox) Descubri investigando esto que el irredentismo argentino se extiende hasta toda la Patagonia chilena, y los territorios que una vez fueron parte del Virreinato del Rio de la Plata, como Paraguay, Uruguay y parte de Bolivia y Brasil. Se imaginan eso? Capaz seria al pedo, ya somos el 8 país más grande del mundo y seguimos sin saber explotar nuestros recursos y estamos enormemente despoblados.
Con el ejemplo anterior, se darán cuenta que no se necesita un emperador para ser imperialista. Y ahí vamos con el concepto más moderno, el imperialismo económico. Y acá entra todo lo que algún amigo zurdo les habrá dicho alguna vez, un país interviniendo por medios económicos, en la política de otro.
Tambien existe lo llamado Imperialismo cultural. Es decir, cuando un pais replica su cultura en otras partes del mundo a tal punto de reemplazar la cultura del pais huésped. Aunque Estados Unidos sea el mejor ejemplo de ello, se han dado cuenta que de todas maneras EEUU es el pais mas “raro” en muchos sentidos? Usan otro sistema para contar la fecha, la temperatura, las medidas, capacidades, hasta para nombrar al deporte mas popular del mundo son unas parias.
GLOBALISMO
Aunque en su mayoría los que abogan por esta ideología es la centro derecha o la derecha liberal, me parece necesario explicarla ya que la mencione cuando explique nacionalismo. Básicamente, libre comercio entre las naciones; fundamentado en la eficacia y baratos costos. Esto es apoyado también por bloques económicos, que buscan eliminar las fronteras entre las naciones, tanto impositivas, como legislativas, sociales y culturales. Esta ideología suele estar ligado con el multiculturalismo, la idea de la convivencia pacífica entre distintas culturas.
Una ideología que se desprende del globalismo, es el COSMOPOLISMO, la idea de que todos los seres humanos de la tierra formamos parte de una comunidad, y en lo ideal, deberíamos abogar por un gobierno democrático mundial, con una moral universal para todos los habitantes de la tierra. Una idea como esta ha sido sostenida por Albert Einstein, Albert Camus y Bertrand Russell.
Fun fact: Albert Einstein apoyaba la idea de un gobierno socialista federal mundial
La idea de la moral universal es algo que está basado en las muchas ideas de la construcción de la moral. Podría hablarles si les interesa de la filosofía de la ética en otro post.
FORMAS DE GOBIERNO:
Unitarios, Federales y Confederados: No requiere mucha explicación para nosotros los argentinos, ¿no?
Unitarismos: Existe un gobierno central absoluto que gobierna de manera directa sobre todo un territorio. Este sistema funciona en países chicos o con poca población. Básicamente, si una provincia nuestra se separara y formara su propio país, lo más probable es que adopte un sistema unitario para gobernarse ya que no tiene tanto que gobernar. Estoy hablando de vos, Banda Oriental
Federalismo: Existen distintas regiones con su gobierno autónomo, pudiendo tener sus propias leyes, poderes ejecutivos, legislativos y judiciales, y hasta su propia constitución, pero siempre con un gobierno superior que gobierna por encima de los mismos, imponiendo leyes, una constitución y hasta interviniendo en los integrantes de esta unión cuando sea conveniente.
Por alguna que otra razón, esas regiones tienen distintos nombres a pesar de que sean básicamente lo mismo: provincias (Argentina) estados (EEUU) estados federados (Alemania) emiratos (Emiratos Árabes Unidos) zonas (Nepal) cantones (Suiza) y más.
Es un lio de nombres, y en un mismo país puede encontrarse diferentes regiones con diferentes grados de autonomía. Rusia, por ejemplo, tiene 46 óblasts, 3 ciudades federales, 22 republicas, 9 kais, 1 óblast autónomo y 4 distritos federales. Fucking commies.
El federalismo supone en un principio la descentralización, y para ello el Gobierno Federal subroga facultades a sus miembros, pero a su vez, permite que los miembros tengan cierta manera de controlar al gobierno federal por medio de cámaras legislativas, compuesta por representantes de las entidades federales. En nuestro caso, la cámara de senadores representa a las provincias, mientras que la cámara de diputados representa a los argentinos.
Confederación: Esta idea supone que no existe un gobierno Federal, solo una representación de los miembros de la federación ante los otros países.
Argentina llego a serlo en un momento, cuando cada provincia tenía su propio gobierno, su propio ejército, su propia moneda y su propia constitución, además, desobedeciendo completamente al gobierno de Buenos Aires.
La Confederación Helvética (Suiza) no es una confederación tampoco hoy en día, porque sigue teniendo un gobierno federal.
Lo más cercano que tenemos hoy en día a una confederación, es la Unión Europea, aunque es discutible.
https://www.youtube.com/watch?v=_lj127TKu4Q
REPÚBLICA Y MONARQUÍA:
Primero aclaro que existe una diferencia entre Jefe de Estado y Jefe de Gobierno. El Jefe de Estado es quien representa al país ante naciones extranjeras y es responsable del país. El Jefe de Gobierno lidera el poder ejecutivo y la administración del Estado. Les parecerá que es la misma cosa, siendo que, en nuestro país, y en todas las repúblicas presidencialistas, el presidente es las dos cosas al mismo tiempo.
República: su concepto moderno de hoy en día, es aquel gobierno que es una cuestión del pueblo, y, por lo tanto, elegido de manera usualmente de manera democrática, ya sea indirecta (el pueblo gobierna a través de sus representantes) o directa (el pueblo gobierna sin ellos). Puede que una república sea unipartidista, como es el caso de China, donde el partido elige a los candidatos.
República suele ser usada para describir más conceptos, como la igualdad ante la ley y la división de poderes, que en las monarquías no solía suceder.
Una república puede ser parlamentaria, presidencialista o semipresidencialista.
Un sistema presidencialista es el que tenemos. La gente elige a un presidente, que como dije, es el jefe de Estado y Gobierno.
En un sistema semipresidencialista, el jefe de Gobierno (primer ministro) es electo por el parlamento, mientras que el jefe de Estado (presidente) es electo por el pueblo. Existe entonces un gobierno bicéfalo, donde ambos comparten autoridad. Aunque suele suceder en la realidad que una figura subroga su poder a la otra. Gobiernos semipresidencialistas son los de Francia y Rusia por ejemplo.
El sistema parlamentarista tiene un primer ministro, una figura que es electa por el parlamento. El parlamento es un cuerpo legislativo que elige al primer ministro
Monarquía: El jefe de Estado gobierna de manera vitalicia, de manera unipersonal y es designado por un proceso no democrático. Existen distintos tipos de monarquías, no todas son iguales.
Una absoluta es aquella donde el monarca tiene en su persona investida los tres poderes, como es el caso de Arabia Saudita.
En una monarquía constitucional, el monarca solo tiene sus límites configurados por una carta magna o constitución. El monarca puede o no tener investida la figura del poder ejecutivo. En Marruecos el monarca es el jefe del poder ejecutivo, mientras que en casi todas las monarquías europeas no pasa esto, sino que hay una monarquía parlamentaria, donde el primer ministro es el Jefe de Gobierno, y el monarca es el Jefe de Estado.
No necesariamente un monarca es constituido por herencia, sino que, en algunos casos, es electo. El mismo se da en la Ciudad del Vaticano, donde el Papa es un monarca absoluto elegido por un cónclave.
ANEXO: Términos de origen griego adicionales que no requieren mucha mayor explicación.
Adhocracia: Ausencia de jerarquías. Como oposición también a una burocracia.
Androcracia: Gobiernan hombres. Patriarquia implica que existe un poder jerárquico superior de hombres hacia mujeres.
Anocracia: Gobierno inestable e ineficaz. Un mix entre una democracia y una autocracia.
Aristocracia: Gobierno de los mejores. En la antigüedad los mejores eran los más sabios, ricos y poderosos, pero actualmente solo significa las últimas dos cosas.
Bancocracia: Gobierno de entidades financieras.
Cibercracia: Gobierno a través del uso eficaz de la información.
Cientocracia: Políticas publicas basadas en la ciencia.
Cleptocracia: Gobierno de ladrones.
Criptarquía: Gobierno secreto u oculto.
Critarquía: Gobierno de los jueces.
Demarquía: Gobierno por ciudadanos elegidos aleatoriamente.
Diarquía: Gobierno de dos personas. (Triunvirato seria con tres personas, Tetrarquía cuatro, y mas o menos así en adelante)
Estratocracia: Gobierno donde el ejército y la política es la misma cosa. No es una dictadura militar, sino, por ejemplo, el gobierno británico de Chipre.
Etnocracia: Gobierno por un grupo étnico dominante
Futarquia: Gobierno en la que las decisiones de las autoridades podrían estar sometidas a los mercados de apuestas, que tienen mayor capacidad de agregar información.
Gerontocracia: Gobierno de los ancianos.
Gynecocracia: Gobiernan mujeres. Matriarquia implica que existe un poder jerárquico superior de mujeres hacia hombres.
Ideocracia: Gobierno erigido en base a una ideología o filosofía que rige todos los aspectos de la vida de la sociedad.
Isocracia: Gobierno de los iguales
Kakocracia/cacocracia: Gobierno de los peores o Gobierno de ladrones. Así es, “caco” es un nombre griego, de un demonio malvado.
Kratocracia: Gobierno de los fuertes
Logocracia: Gobierno de la razón y las leyes.
Meritrocracia: Gobierno de los más hábiles y talentosos.
Monocracia: Gobierno de una persona.
Netocracia: Gobierno de aquellos que tienen su poder basado en sus habilidades tecnológicas y de networking.
Noocracia: Gobierno en vista del desarrollo de la mente humana
Oclocracia: Gobierno demagogo, de la muchedumbre.
Oligarquia: Gobierno de unos pocos que gobiernan para sus intereses.
Panarquismo: propone que todo individuo para unirse o separarse libremente de la jurisdicción de cualquier Gobierno que elijan, sin ser forzados a abandonar el lugar donde viven.
Partitocracia: Gobierno burócrata de partidos políticos.
Plutocracia: Gobierno de los más ricos de una sociedad.
Pornocracia: Gobierno de las prostitutas. Tu vieja
Sofocracia: Gobierno de los sabios o filósofos.
Tecnocracia: Gobierno de los técnicos.
Teocracia: Gobierno erigido por mandato divino.
Timocracia: Gobierno donde solo pueden participar los dueños de terrenos.
Vetocracia: Situación en la que un gobierno no puede progresar porque su oposición no los deja gobernar.
Videocracia: Gobierno a través de las imágenes.
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2017.08.18 19:56 Subversivos Es la guerra santa, idiotas.

Después de cada atentado de terroristas islámicos en Europa, cuatro artículos ya clásicos de Arturo Pérez-Reverte sobre el asunto, publicados en los últimos diez años (el primero apareció en febrero de 2006, como lúcido pronóstico de lo que estaba por venir) suelen ser difundidos profusamente en las redes sociales, algunas veces con alteraciones ajenas al autor. Zenda ha reunido para sus lectores los textos originales, por orden cronológico.
POR QUÉ VAN A GANAR LOS MALOS
2 de febrero de 2006
De la movida mahometana me quedo con una foto. Dos jóvenes tocados con kufiyas alzan un cartel: Europa es el cáncer, el Islam es la respuesta. Y esos jóvenes están en Londres. Residen en pleno cáncer, quizá porque en otros sitios el trabajo, la salud, el culto de otra religión, la libertad de sostener ideas que no coincidan con la doctrina oficial del Estado, son imposibles. Ante esa foto reveladora -no se trata de occidentalizar el sano Islam, sino de islamizar un enfermo Occidente-, lo demás son milongas. Los quiebros de cintura de algunos gobernantes europeos, la claudicación y el pasteleo de otros, la firmeza de los menos, no alteran la situación, ni el futuro. En Europa, un tonto del haba puede titular su obra Me cago en Dios, y la gente protestar en libertad ante el teatro, y los tribunales, si procede, decidir al respecto. Es cierto que, en otros tiempos, en Europa se quemaba por cosas así. Pero las hogueras de la Inquisición se apagaron -aunque algún obispo lo lamente todavía- cuando Voltaire escribió: «No estoy de acuerdo con lo que usted dice, pero lucharé hasta la muerte para que nadie le impida decirlo».
Aclarado ese punto, creo que la alianza de civilizaciones es un camelo idiota, y que además es imposible. El Islam y Occidente no se aliarán jamás. Podrán coexistir con cuidado y tolerancia, intercambiando gentes e ideas en una ósmosis tan inevitable como necesaria. Pero quienes hablan de integración y fusión intercultural no saben lo que dicen. Quien conoce el mundo islámico -algunos viajamos por él durante veintiún años- comprende que el Islam resulta incompatible con la palabra progreso como la entendemos en Occidente, que allí la separación entre Iglesia y Estado es impensable, y que mientras en Europa el cristianismo y sus clérigos, a regañadientes, claudicaron ante las ideas ilustradas y la libertad del ciudadano, el Islam, férreamente controlado por los suyos, no renuncia a regir todos y cada uno de los aspectos de la vida personal de los creyentes. Y si lo dejan, también de los no creyentes. Nada de derechos humanos como los entendemos aquí, nada de libertad individual. Ninguna ley por encima de la Charia. Eso hace la presión social enorme. El qué dirán es fundamental. La opinión de los vecinos, del barrio, del entorno. Y lo más terrible: no sólo hay que ser buen musulmán, hay que demostrarlo.
En cuanto a Occidente, ya no se trata sólo de un conflicto añejo, dormido durante cinco siglos, entre dos concepciones opuestas del mundo. Millones de musulmanes vinieron a Europa en busca de una vida mejor. Están aquí, se van a quedar para siempre y vendrán más. Pero, pese a la buena voluntad de casi todos ellos, y pese también a la favorable disposición de muchos europeos que los acogen, hay cosas imposibles, integraciones dificilísimas, concepciones culturales, sociales, religiosas, que jamás podrán conciliarse con un régimen de plenas libertades. Es falaz lo del respeto mutuo. Y peligroso. ¿Debo respetar a quien castiga a adúlteras u homosexuales? Occidente es democrático, pero el Islam no lo es. Ni siquiera el comunismo logró penetrar en él: se mantiene tenaz e imbatible como una roca. «Usaremos vuestra democracia para destruir vuestra democracia», ha dicho Omar Bin Bakri, uno de sus los principales ideólogos radicales. Occidente es débil e inmoral, y los vamos a reventar con sus propias contradicciones. Frente a eso, la única táctica defensiva, siempre y cuando uno quiera defenderse, es la firmeza y las cosas claras. Usted viene aquí, trabaja y vive. Vale. Pero no llame puta a mi hija -ni a la suya- porque use minifalda, ni lapide a mi mujer -ni a la suya- porque se líe con el del butano. Aquí respeta usted las reglas o se va a tomar por saco. Hace tiempo, los Reyes Católicos hicieron lo que su tiempo aconsejaba: el que no trague, fuera. Hoy eso es imposible, por suerte para la libertad que tal vez nos destruya, y por desgracia para esta contradictoria y cobarde Europa, sentenciada por el curso implacable de una Historia en la que, pese a los cuentos de hadas que vocea tanto cantamañanas -vayan a las bibliotecas y léanlo, imbéciles- sólo los fuertes vencen, y sobreviven. Por eso los chicos de la pancarta de Londres y sus primos de la otra orilla van a ganar, y lo saben. Tienen fe, tienen hambre, tienen desesperación, tienen los cojones en su sitio. Y nos han calado bien. Conocen el cáncer. Les basta observar la escalofriante sonrisa de las ratas dispuestas a congraciarse con el verdugo.
ES LA GUERRA SANTA, IDIOTAS
1 septiembre de 2014
Pinchos morunos y cerveza. A la sombra de la antigua muralla de Melilla, mi interlocutor –treinta años de cómplice amistad– se recuesta en la silla y sonríe, amargo. «No se dan cuenta, esos idiotas –dice–. Es una guerra, y estamos metidos en ella. Es la tercera guerra mundial, y no se dan cuenta». Mi amigo sabe de qué habla, pues desde hace mucho es soldado en esa guerra. Soldado anónimo, sin uniforme. De los que a menudo tuvieron que dormir con una pistola debajo de la almohada. «Es una guerra –insiste metiendo el bigote en la espuma de la cerveza–. Y la estamos perdiendo por nuestra estupidez. Sonriendo al enemigo».
Mientras escucho, pienso en el enemigo. Y no necesito forzar la imaginación, pues durante parte de mi vida habité ese territorio. Costumbres, métodos, manera de ejercer la violencia. Todo me es familiar. Todo se repite, como se repite la Historia desde los tiempos de los turcos, Constantinopla y las Cruzadas. Incluso desde las Termópilas. Como se repitió en aquel Irán, donde los incautos de allí y los imbéciles de aquí aplaudían la caída del Sha y la llegada del libertador Jomeini y sus ayatollás. Como se repitió en el babeo indiscriminado ante las diversas primaveras árabes, que al final –sorpresa para los idiotas profesionales– resultaron ser preludios de muy negros inviernos. Inviernos que son de esperar, por otra parte, cuando las palabras libertad y democracia, conceptos occidentales que nuestra ignorancia nos hace creer exportables en frío, por las buenas, fiadas a la bondad del corazón humano, acaban siendo administradas por curas, imanes, sacerdotes o como queramos llamarlos, fanáticos con turbante o sin él, que tarde o temprano hacen verdad de nuevo, entre sus también fanáticos feligreses, lo que escribió el barón Holbach en el siglo XVIII: «Cuando los hombres creen no temer más que a su dios, no se detienen en general ante nada».
Porque es la Yihad, idiotas. Es la guerra santa. Lo sabe mi amigo en Melilla, lo sé yo en mi pequeña parcela de experiencia personal, lo sabe el que haya estado allí. Lo sabe quien haya leído Historia, o sea capaz de encarar los periódicos y la tele con lucidez. Lo sabe quien busque en Internet los miles de vídeos y fotografías de ejecuciones, de cabezas cortadas, de críos mostrando sonrientes a los degollados por sus padres, de mujeres y niños violados por infieles al Islam, de adúlteras lapidadas -cómo callan en eso las ultrafeministas, tan sensibles para otras chorradas-, de criminales cortando cuellos en vivo mientras gritan «Alá Ajbar» y docenas de espectadores lo graban con sus putos teléfonos móviles. Lo sabe quien lea las pancartas que un niño musulmán -no en Iraq, sino en Australia- exhibe con el texto: «Degollad a quien insulte al Profeta». Lo sabe quien vea la pancarta exhibida por un joven estudiante musulmán –no en Damasco, sino en Londres– donde advierte: «Usaremos vuestra democracia para destruir vuestra democracia».
A Occidente, a Europa, le costó siglos de sufrimiento alcanzar la libertad de la que hoy goza. Poder ser adúltera sin que te lapiden, o blasfemar sin que te quemen o que te cuelguen de una grúa. Ponerte falda corta sin que te llamen puta. Gozamos las ventajas de esa lucha, ganada tras muchos combates contra nuestros propios fanatismos, en la que demasiada gente buena perdió la vida: combates que Occidente libró cuando era joven y aún tenía fe. Pero ahora los jóvenes son otros: el niño de la pancarta, el cortador de cabezas, el fanático dispuesto a llevarse por delante a treinta infieles e ir al Paraíso. En términos históricos, ellos son los nuevos bárbaros. Europa, donde nació la libertad, es vieja, demagoga y cobarde; mientras que el Islam radical es joven, valiente, y tiene hambre, desesperación, y los cojones, ellos y ellas, muy puestos en su sitio. Dar mala imagen en Youtube les importa un rábano: al contrario, es otra arma en su guerra. Trabajan con su dios en una mano y el terror en la otra, para su propia clientela. Para un Islam que podría ser pacífico y liberal, que a menudo lo desea, pero que nunca puede lograrlo del todo, atrapado en sus propias contradicciones socioteológicas. Creer que eso se soluciona negociando o mirando a otra parte, es mucho más que una inmensa gilipollez. Es un suicidio. Vean Internet, insisto, y díganme qué diablos vamos a negociar. Y con quién. Es una guerra, y no hay otra que afrontarla. Asumirla sin complejos. Porque el frente de combate no está sólo allí, al otro lado del televisor, sino también aquí. En el corazón mismo de Roma. Porque -creo que lo escribí hace tiempo, aunque igual no fui yo- es contradictorio, peligroso, y hasta imposible, disfrutar de las ventajas de ser romano y al mismo tiempo aplaudir a los bárbaros.
SOBRE IDIOTAS, VELOS E IMANES
29 de septiembre de 2014
Vaya por Dios. Compruebo que hay algunos idiotas –a ellos iba dedicado aquel artículo– a los que no gustó que dijera, hace cuatro semanas, que lo del Islam radical es la tercera guerra mundial: una guerra que a los europeos no nos resulta ajena, aunque parezca que pilla lejos, y que estamos perdiendo precisamente por idiotas; por los complejos que impiden considerar el problema y oponerle cuanto legítima y democráticamente sirve para oponerse en esta clase de cosas.
La principal idiotez es creer que hablaba de una guerra de cristianos contra musulmanes. Porque se trata también de proteger al Islam normal, moderado, pacífico. De ayudar a quienes están lejos del fanatismo sincero de un yihadista majara o del fanatismo fingido de un oportunista. Porque, como todas las religiones extremas trajinadas por curas, sacerdotes, hechiceros, imanes o lo que se tercie, el Islam se nutre del chantaje social. De un complicado sistema de vigilancia, miedo, delaciones y acoso a cuantos se aparten de la ortodoxia. En ese sentido, no hay diferencia entre el obispo español que hace setenta años proponía meter en la cárcel a las mujeres y hombres que bailasen agarrados, y el imán radical que, desde su mezquita, exige las penas sociales o físicas correspondientes para quien transgreda la ley musulmana. Para quien no viva como un creyente.
Por eso es importante no transigir en ciertos detalles, que tienen apariencia banal pero que son importantes. La forma en que el Islam radical impone su ley es la coacción: qué dirán de uno en la calle, el barrio, la mezquita donde el cura señala y ordena mano dura para la mujer, recato en las hijas, desprecio hacia el homosexual, etcétera. Detalles menores unos, más graves otros, que constituyen el conjunto de comportamientos por los que un ciudadano será aprobado por la comunidad que ese cura controla. En busca de beneplácito social, la mayor parte de los ciudadanos transigen, se pliegan, aceptan someterse a actitudes y ritos en los que no creen, pero que permiten sobrevivir en un entorno que de otro modo sería hostil. Y así, en torno a las mezquitas proliferan las barbas, los velos, las hipócritas pasas -ese morado en la frente, de golpear fuerte el suelo al rezar-, como en la España de la Inquisición proliferaban las costumbres pías, el rezo del rosario en público, la delación del hereje y las comuniones semanales o diarias.
El más siniestro símbolo de ese Islam opresor es el velo de la mujer, el hiyab, por no hablar ya del niqab que cubre el rostro, o el burka que cubre el cuerpo. Por lo que significa de desprecio y coacción social: si una mujer no acepta los códigos, ella y toda su familia quedan marcados por el oprobio. No son buenos musulmanes. Y ese contagio perverso y oportunista –fanatismos sinceros aparte, que siempre los hay– extiende como una mancha de aceite el uso del velo y de lo que haga falta, con el resultado de que, en Europa, barrios enteros de población musulmana donde eran normales la cara maquillada y los vaqueros se ven ahora llenos de hiyabs, niqabs y hasta burkas; mientras el Estado, en vez de arbitrar medidas inteligentes para proteger a esa población musulmana del fanatismo y la coacción, lo que hace es ser cómplice, condenándola a la sumisión sin alternativa. Tolerando usos que denigran la condición femenina y ofenden la razón, como el disparate de que una mujer pueda entrar con el rostro oculto en hospitales, escuelas y edificios oficiales –en Francia, Holanda e Italia ya está prohibido–, que un hospital acceda a que sea una mujer doctor y no un hombre quien atienda a una musulmana, o que un imán radical aconseje maltratos a las mujeres o predique la yihad sin que en el acto sea puesto en un avión y devuelto a su país de origen. Por lo menos.
Y así van las cosas. Demasiada transigencia social, demasiados paños calientes, demasiados complejos, demasiado miedo a que te llamen xenófobo. Con lo fácil que sería decir desde el principio: sea bien venido porque lo necesitamos a usted y a su familia, con su trabajo y su fuerza demográfica. Todos somos futuro juntos. Pero escuche: aquí pasamos siglos luchando por la dignidad del ser humano, pagándolo muy caro. Y eso significa que usted juega según nuestras reglas, vive de modo compatible con nuestros usos, o se atiene a las consecuencias. Y las consecuencias son la ley en todo su rigor o la sala de embarque del aeropuerto. En ese sentido, no estaría de más recordar lo que aquel gobernador británico en la India dijo a quienes querían seguir quemando viudas en la pira del marido difunto: «Háganlo, puesto que son sus costumbres. Yo levantaré un patíbulo junto a cada pira, y en él ahorcaré a quienes quemen a esas mujeres. Así ustedes conservarán sus costumbres y nosotros las nuestras».
LOS GODOS DEL EMPERADOR VALENTE
13 de septiembre de 2015
En el año 376 después de Cristo, en la frontera del Danubio se presentó una masa enorme de hombres, mujeres y niños. Eran refugiados godos que buscaban asilo, presionados por el avance de las hordas de Atila. Por diversas razones –entre otras, que Roma ya no era lo que había sido– se les permitió penetrar en territorio del imperio, pese a que, a diferencia de oleadas de pueblos inmigrantes anteriores, éstos no habían sido exterminados, esclavizados o sometidos, como se acostumbraba entonces. En los meses siguientes, aquellos refugiados comprobaron que el imperio romano no era el paraíso, que sus gobernantes eran débiles y corruptos, que no había riqueza y comida para todos, y que la injusticia y la codicia se cebaban en ellos. Así que dos años después de cruzar el Danubio, en Adrianópolis, esos mismos godos mataron al emperador Valente y destrozaron su ejército. Y noventa y ocho años después, sus nietos destronaron a Rómulo Augústulo, último emperador, y liquidaron lo que quedaba del imperio romano.
Y es que todo ha ocurrido ya. Otra cosa es que lo hayamos olvidado. Que gobernantes irresponsables nos borren los recursos para comprender. Desde que hay memoria, unos pueblos invadieron a otros por hambre, por ambición, por presión de quienes los invadían o maltrataban a ellos. Y todos, hasta hace poco, se defendieron y sostuvieron igual: acuchillando invasores, tomando a sus mujeres, esclavizando a sus hijos. Así se mantuvieron hasta que la Historia acabó con ellos, dando paso a otros imperios que a su vez, llegado el ocaso, sufrieron la misma suerte. El problema que hoy afronta lo que llamamos Europa, u Occidente (el imperio heredero de una civilización compleja, que hunde sus raíces en la Biblia y el Talmud y emparenta con el Corán, que florece en la Iglesia medieval y el Renacimiento, que establece los derechos y libertades del hombre con la Ilustración y la Revolución Francesa), es que todo eso –Homero, Dante, Cervantes, Shakespeare, Newton, Voltaire– tiene fecha de caducidad y se encuentra en liquidación por derribo. Incapaz de sostenerse. De defenderse. Ya sólo tiene dinero. Y el dinero mantiene a salvo un rato, nada más.
Pagamos nuestros pecados. La desaparición de los regímenes comunistas y la guerra que un imbécil presidente norteamericano desencadenó en el Medio Oriente para instalar una democracia a la occidental en lugares donde las palabras Islam y Rais –religión mezclada con liderazgos tribales– hacen difícil la democracia, pusieron a hervir la caldera. Cayeron los centuriones –bárbaros también, como al fin de todos los imperios– que vigilaban nuestro limes. Todos esos centuriones eran unos hijos de puta, pero eran nuestros hijos de puta. Sin ellos, sobre las fronteras caen ahora oleadas de desesperados, vanguardia de los modernos bárbaros –en el sentido histórico de la palabra– que cabalgan detrás. Eso nos sitúa en una coyuntura nueva para nosotros pero vieja para el mundo. Una coyuntura inevitablemente histórica, pues estamos donde estaban los imperios incapaces de controlar las oleadas migratorias, pacíficas primero y agresivas luego. Imperios, civilizaciones, mundos que por su debilidad fueron vencidos, se transformaron o desaparecieron. Y los pocos centuriones que hoy quedan en el Rhin o el Danubio están sentenciados. Los condenan nuestro egoísmo, nuestro buenismo hipócrita, nuestra incultura histórica, nuestra cobarde incompetencia. Tarde o temprano, también por simple ley natural, por elemental supervivencia, esos últimos centuriones acabarán poniéndose de parte de los bárbaros.
A ver si nos enteramos de una vez: estas batallas, esta guerra, no se van a ganar. Ya no se puede. Nuestra propia dinámica social, religiosa, política, lo impide. Y quienes empujan por detrás a los godos lo saben. Quienes antes frenaban a unos y otros en campos de batalla, degollando a poblaciones enteras, ya no pueden hacerlo. Nuestra civilización, afortunadamente, no tolera esas atrocidades. La mala noticia es que nos pasamos de frenada. La sociedad europea exige hoy a sus ejércitos que sean oenegés, no fuerzas militares. Toda actuación vigorosa –y sólo el vigor compite con ciertas dinámicas de la Historia– queda descartada en origen, y ni siquiera Hitler encontraría hoy un Occidente tan resuelto a enfrentarse a él por las armas como lo estuvo en 1939. Cualquier actuación contra los que empujan a los godos es criticada por fuerzas pacifistas que, con tanta legitimidad ideológica como falta de realismo histórico, se oponen a eso. La demagogia sustituye a la realidad y sus consecuencias. Detalle significativo: las operaciones de vigilancia en el Mediterráneo no son para frenar la emigración, sino para ayudar a los emigrantes a alcanzar con seguridad las costas europeas. Todo, en fin, es una enorme, inevitable contradicción. El ciudadano es mejor ahora que hace siglos, y no tolera cierta clase de injusticias o crueldades. La herramienta histórica de pasar a cuchillo, por tanto, queda felizmente descartada. Ya no puede haber matanza de godos. Por fortuna para la humanidad. Por desgracia para el imperio.
Todo eso lleva al núcleo de la cuestión: Europa o como queramos llamar a este cálido ámbito de derechos y libertades, de bienestar económico y social, está roído por dentro y amenazado por fuera. Ni sabe, ni puede, ni quiere, y quizá ni debe defenderse. Vivimos la absurda paradoja de compadecer a los bárbaros, incluso de aplaudirlos, y al mismo tiempo pretender que siga intacta nuestra cómoda forma de vida. Pero las cosas no son tan simples. Los godos seguirán llegando en oleadas, anegando fronteras, caminos y ciudades. Están en su derecho, y tienen justo lo que Europa no tiene: juventud, vigor, decisión y hambre. Cuando esto ocurre hay pocas alternativas, también históricas: si son pocos, los recién llegados se integran en la cultura local y la enriquecen; si son muchos, la transforman o la destruyen. No en un día, por supuesto. Los imperios tardan siglos en desmoronarse.
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2017.05.26 10:06 RaulMarti TRUMP VISITA A LOS REYES DE ORIENTE,LES VENDE “JUGUETITOS” Y TRATA DE CONSOLIDAR EL FRENTE IMPERIALISTA

Dice Gonzalo Parente ( “La voz de Galicia”-24/5/17) refiriéndose al viaje de Trump al extranjero luego de cuatro meses en la Casa Blanca, que en él se reflejaba el interés más inmediato que le pudiera proporcionar una mejor imagen como líder mundial, eludiendo hacerlo a Asia por los conflictos con China y Corea del Norte
Con su visita a Oriente Próximo, Arabia Saudí e Israel , ha preferido obtener ganancias fáciles, porque en Israel ha tratado de conseguir un acuerdo hacia la paz con los palestinos, y en Riad ha reforzado la amistad con los saudíes frente a la hostilidad de Irán. Casi podrían calificarse de “familiares” sus entrevistas con Macron, Merkel, Bay,Tsipras , el húngaro Voktor Orban , etc. en la reunión de la OTAN en Bruselas Tampoco es relevante su fría entrevista con el Papa.
No hubo nada nuevo en las entrevistas con el premier Benjamin Netanyahu y el presidente israelí Reuven Rivlin,siendo lo único curioso pero intrascendente, el ver al Presidente ante al Muro de los Lamentos o tocado con una “kipá”.
Era previsible el fracaso en acercar las posiciones de Mahmud Abbás y los palestinos con las posiciones del gobierno israelí.
Y eso sucedió. Pero Trump-que seguramente lo sabía y vanidoso como es- buscaba notoriedad internacional.
La visita realmente importante ha sido la efectuada al reino saudita tanto por lo que tiene que ver con aspectos políticos y estratégicos( en Riad ha reforzado la amistad con los saudíes frente a la hostilidad de Irán), como económicos inmediatos, pues el muy voluminoso acuerdo de suministro de armamentos concertado, podrá ser utilizado por Trump en su política interior.
Ha sido un negocio redondo para ambas partes.
 LOS CAPITALES ÁRABES EN LA ECONOMÍA NORTEAMERICANA 
En una magnífica película de Sydney Lumet cuatro veces oscarizada (“Network” -1976 , - con Peter Finch, William Holden, Faye Dunaway, etc.), la gigantesca empresa televisiva en la cual el protagonista trabajó exitosamente por muchos años lo cesa por baja audiencia.
Amenazando con suicidarse en pantalla y haciendo un inusual discurso que dispara el “rating”, vuelve a ser repuesto ( "business is business ") y en el tramo final de la película y de su vida denuncia la enorme penetración de los capitales árabes en todos los sectores de la economía norteamericana, e incluso en el de su misma televisora.
Si ya en la década del 70 ello sucedía, ¡qué pensar que haya ocurrido en épocas posteriores cuando en 1973 se constituye la OPEP y comienzan a llenar miles de millones de dólares , las arcas de los países del cartel.
¡Tantos son ,que comienza a usarse el término “petrodólares” !
Un dato más y harto sabido :al cesar su mandato presidencial Eisenhower previno al pueblo norteamericano sobre la peligrosísima influencia que en la economía y en la política ya tenía el “complejo militar-industrial” con los riesgos que comportaría su desarrollo.
Si al comienzo de la década de los 70 se denunciaba la penetración del capital árabe, hoy esa masa representa nada menos que el 5% de la economía norteamericana !.
Hace tiempo que se viene diciendo que si los árabes retiraran sus inversiones de los Estados Unidos, si bien el país no quebraría ,SI se vería abocado a una gravísima crisis.
¿Porqué no pensar que parte de las inversiones forman parte de los capitales de una industria que como la armamentística es de elevado rendimiento y además protegida por el estado ?
Siguiendo con el hilo de este razonamiento, bien pudiera suceder que la compra de armas diversas por 110 mil millones de dólares, al final terminara siendo una “autocompra” de los saudíes, de aquello que sus industrias participadas producen.
¿PARA QUE PUEDEN SERVIR 110 MIL MILLONES DE DOLARES EN POLITICA INTERIOR?
Quizá más cosas puedan derivarse del viaje de Trump vinculado a esta exitosa operación.
Bien podría intentar aparecer el presidente como el que comienza a cumplir sus promesas pre-electorales en cuanto a generar puestos de trabajo al poner en funcionamiento las fábricas productoras de armamento de todo tipo, desde el ligero convencional de uso individual hasta tanques y artillería , pasando por aviones ,etc.
En el caso de material aéreo tocará fabricarlo en los estados especializados del Oeste(Pacífico) Washington y Oregon y a California (Sudoeste)le corresponderán los aparatos informáticos
A las empresas radicadas en el Medio Oeste ( Illinois , Indiana ,Iowa, Míchigan Minnesota, Ohio )les corresponderán los vehículos de todo tipo,etc., de modo que en la medida de lo posible, el trabajo quedaría repartido entre la mayor cantidad de regiones industriales de los EEUU.
Para un país como Arabia Saudita al cual -sin interesarle el precio -compra desde yates a putas pasando por automóviles exclusivos que sus habitantes no usan y desplaza a Filipinas un ejército de grandes aviones para transportar un séquito de 1.200 personas compuesto de dignatarios y personal de servicio acompañadas por casi igual número de automóviles , ¡que más le da recibir 110 mil millones de dólares de equipo militar que quizá termine arrumbado y sin uso !
Posiblemente el país ni tenga personal en cantidad suficiente ni técnicamente preparado para usar armas y equipos del nivel de sofisticación que es de presumir tengan los nuevos.
Un ejemplo histórico : a fines de la década de los 80,Arabia Saudita adquirió de la Boeing-McDonnellDouglas una importante cantidad de aviones polivalentes “ F18” que no pudo hacer volar por no existir pilotos suficientes ni entrenados en su manejo.
Y quizá nunca los volaron en misiones reales (pero no importa),pues el país nunca participó en conflictos que requirieran su uso y a esta altura deben haber sido sustituídos por aparatos de más reciente generación.
No es menor que la de los árabes la participación de los capitales judíos en la economía de los Estados Unidos, así como su influencia política.
Israel fue,desde su creación,la punta de lanza del capitalismo imperialista occidental en el subdesarrollado Medio Oriente y ha podido frenar victoriosamente en tres guerras el incipiente panarabismo que tuvo su etapa fulgurante en la época de Nasser.
 YAHVEH Y ALA LOS CRIAN Y ELLOS SE JUNTAN 
Independientemente de su orientación religiosa, -que parece poco importante porque “extrema se tangunt” ( los extremos se tocan) gracias al dinero-, el presidente norteamericano ha tratado en su viaje no solamente de hacer negocios (razón de ser de un empresario que se precie de tal) sino de consolidar el frente de ataque en el Mediterráneo Oriental contra Siria e Irán,( y ¿porqué no contra la traidora e imprevisible Turquía?), además de asegurarse por ahora ,el tráfico marítímo por el canal de Suez gracias a un benevolente Abdelfatah Al Sisi egipcio,producto de la “Primavera árabe” y de las “acciones no violentas”en las cuales se ha especializado el Gobierno de los Estados Unidos..
Seguramente ha sobrevolado en este viaje y en el contacto con gobiernos “hermanos”, el temor a la posible construcción de “la ruta de la seda”, en la cual están interesados además de China *, Rusia y los países del Mediterráneo Oriental, los del Asia Central y hasta los ubicados al Este del Golfo de Bengala(Malaysia, Vietnam, Myanmar, Laos,etc.) incluso Indonesia y Filipinas.
En fin;un viaje provechoso-dentro de lo posible-para la declinante importancia de los Estados Unidos que –entre otras regiones-ha perdido la influencia de otras épocas sobre el Pacífico Sur. _____________________________
INFORMACION COMPLEMENTARIA INTERESANTE Y POCO CONOCIDA SOBRE EL INTERCAMBIO COMERCIAL ENTRE EEUU Y CHINA
China es uno de los principales proveedores de los Estados Unidos (21,79 % de las importaciones norteamericanas ) antes de Canadá, México, Japón, Alemania).
Y también uno de sus principales clientes (9,3 % de sus exportaciones)después de México o Canadá y antes de Japón y Reino Unido)
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2016.09.20 17:48 EDUARDOMOLINA El 'milagro alemán' pierde fuelle: la desigualdad se dispara "es el país más desigual de europa". Cada vez más estudios alertan sobre el posible final de la economía social y los riesgos que esto supone no solo para la estabilidad, sino también para el propio crecimiento.

Andreu Jerez
http://www.elconfidencial.com/mundo/2016-05-30/alemania-problemas-economia-social-mercado-desigualdad_1203585/
“En Alemania se vive mejor que en muchos otros estados, puesto que las condiciones de vida en el país son más justas. Alemania se ocupa de los más débiles y le da a todo el mundo una oportunidad. Muchos creen que Alemania es así. Sin embargo, los hechos muestran otra realidad. Alemania es, en muchos aspectos, el país más desigual de Europa. Casi en ningún otro lugar de Europa los salarios, el patrimonio y las oportunidades están tan desigualmente repartidos".
Este es uno de los primeros y provocativos párrafos de 'Lucha por la distribución. Por qué Alemania es cada vez más desigual', el último y reciente libro de Marcel Fratzscher, presidente del Instituto para la Investigación Económica (DIW), uno de los centros de análisis económico de referencia de la primera economía europea. En su obra, Fratzscher ofrece un análisis bastante más crítico y pesimista sobre la economía germana que la imagen de la que suele gozar la locomotora económica de la UE fuera de sus fronteras.
Alemania sigue siendo, sin duda, una potencia económica y exportadora, pero las crecientes desigualdades amenazan con acabar con lo que queda de la celebrada economía social de mercado, modelo nacido tras la Segunda Guerra Mundial y corresponsable del conocido como milagro económico germano de posguerra. Según el director del DIW, si Alemania no corrige su rumbo, la ya enorme brecha existente entre la parte más rica de la sociedad alemana y sus clases medias y pobres podría suponer en un futuro no muy lejano serios problemas para el crecimiento y la productividad del país.
Según la OCDE, el 10% más rico posee el 60% del patrimonio privado de AlemaniaUno de los últimos informes sobre desigualdad de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) acaba con las posibles sospechas de que un marcado posicionamiento ideológico izquierdista se esconde tras la tesis del libro de Fratzscher: según el informe, Alemania se encuentra en efecto en el grupo de estados miembro de la OCDE con una mayor concentración de la riqueza: el 10% más rico de la población posee el 60% del patrimonio privado del país, mientras que el 40% más pobre prácticamente no tiene nada. Cifras que colocan a Alemania más cerca del modelo económico estadounidense que del escandinavo, pese a la situación geográfica del país.
La OCDE viene advirtiendo desde hace tiempo de que la creciente desigualdad está teniendo un caro precio para el mundo industrializado: según los autores del mencionado informe, la desigualdad, en constante aumento desde 1985, ha provocado que 19 países de la OCDE dejasen de crecer casi un 5% entre 1990 y 2010. Como apunta el propio Marcel Fratzscher, al igual que ocurre con un excesivo igualitarismo, una excesiva desigualdad también tiene un impacto negativo en el crecimiento y en la productividad de las economías. Alemania tampoco escapa a esa espiral.
Con más de cinco millones de desempleados (un 12% de la población activa) y un importante remanente de parados de larga duración, Alemania recibió a principios de este siglo el título de “enfermo de Europa”. El entonces Gobierno federal rojiverde del canciller socialdemócrata Gerhard Schröder introdujo un paquete de medidas popularmente conocido como Agenda 2010 que, fundamentalmente, recortaba el gasto público, endurecía el acceso a los programas de ayuda social y flexibilizaba el mercado laboral. Dos camareras limpian las mesas tras el Oktoberfest de Múnich, en octubre de 2014. (Reuters) Dos camareras limpian las mesas tras el Oktoberfest de Múnich, en octubre de 2014. (Reuters) Un tercio de trabajadores precarios
Más de 10 años después, la cifra de desempleados está por debajo de los tres millones de personas y la tasa de paro, levemente por encima del 6% de la población activa. Desde 2010, se han creado alrededor de tres millones de puestos de trabajo. La recuperación del mercado de trabajo en Alemania es una realidad. Sin embargo, también lo es el fenómeno del trabajador pobre. Llama la atención, por ejemplo, que el crecimiento del PIB y de las cifras de exclusión social sean realidades paralelas en la actual Alemania.
Como apuntan estadísticas recientes de la Oficina Federal de Empleo, oficialmente más de tres millones y medio de personas cuenta con un subempleo, un 'minijob' o cualquier otro trabajo de pocas horas a la semana y, por tanto, poco o insuficientemente remunerado. Es lo que economistas alemanes califican de “ocupación atípica”; un eufemismo que parece querer evitar el concepto de 'trabajo precario'. Fratzscher va incluso más allá y apunta que más de un tercio de todos los trabajos en Alemania son temporales o parciales, de forma que las cifras de ocupación atípica en la locomotora económica europea superan la media de los países industrializados.
“La Agenda 2010 fue una reforma dura pero necesaria. Ha contribuido a prácticamente reducir a la mitad el desempleo e integrar a muchas personas en el mercado laboral”, asegura Marcel Fratzscher a El Confidencial. “Sin embargo, estas reformas están inacabadas porque olvidaron ayudar a las personas más desprotegidas a acceder a una buena educación. Uno de los mayores problemas para los olvidados de la Agenda 2010 es que muchos no cuentan con una formación profesional o ni siquiera con un título escolar”.
Los sectores altamente especializados y orientados a la exportación ofrecen trabajos bien remunerados y seguros; mientras, sectores lastrados por la baja productividad acumulan precariedadLas reformas de corte neoliberal introducidas por el Gobierno de Schröder hace más de una década parecen haber dualizado el mercado laboral alemán: los sectores altamente especializados y orientados a la exportación de bienes como la maquinaria, los productos químicos o los automóviles ofrecen trabajos bien remunerados y seguros; mientras, sectores como el de servicios, lastrados por la baja productividad y con muchos trabajadores poco cualificados, son los que acumulan la precariedad, los peores sueldos y la mayor pobreza laboral. Allí se concentra la bautizada como ocupación atípica. Muchos de los trabajadores del sector servicios en Alemania (muy poco sindicalizado y, por tanto, con poca o nula capacidad de negociación colectiva) dependen, no en vano, de las ayudas sociales del Estado para completar sus salarios.
Esa dualización del mercado laboral no deja de ser una expresión más de la creciente desigualdad que lastra la economía germana y que, según Fratzscher, comienza a tener ya un impacto político en la mayor economía europea. “El creciente extremismo político en muchos países industrializados, también en Alemania, es con seguridad en parte resultado de la creciente desigualdad. Para partidos de extrema derecha como Alternativa para Alemania (AfD), es incluso importante que cada vez más personas dependan del Estado. En Alemania oriental, por ejemplo, la mitad de los hogares reciben ayudas públicas. En ese escenario de dependencia, no es difícil para los populistas atizar los miedos. Precisamente eso está ocurriendo con el tema de los refugiados en Alemania, pues muchas personas se preguntan si podrán seguir recibiendo en el futuro suficiente apoyo del Estado”, apunta Marcel Fratzscher a El Confidencial.
La entrada con fuerza de los derechistas de AfD en el tablero político alemán, que pone en peligro los equilibrios tradicionales del sistema de partidos del país, parece ser así una señal del silencioso desgaste sufrido por la clase media alemana; al fin y al cabo, la estabilidad política depende de una clase media fuerte, fenómeno que va inevitablemente unido a la cohesión social a través de la contención de la desigualdad. Un reciente estudio del DIW apunta, por ejemplo, que las clases medias de Estados Unidos y Alemania se hunden a un ritmo muy similar. Analistas políticos a ambos lados del Atlántico ya trazan de hecho paralelismos entre fenómenos políticos aparentemente tan dispares como el candidato republicano a la Casa Blanca Donald Trump y los derechistas alemanes de AfD. Un trabajador ordena un almacén de la empresa Amazon en Brieselang, Alemania, en noviembre de 2015. (Reuters) Un trabajador ordena un almacén de la empresa Amazon en Brieselang, Alemania, en noviembre de 2015. (Reuters) ¿Causas de la desigualdad?
Las críticas a la explosiva tesis ofrecida en su último libro por Marcel Fratzscher no se han hecho esperar: economistas liberales la critican por catastrofista. Sin embargo, Fratzscher no está solo: hace tiempo que voces de la economía, la religión, la política y el sindicalismo vienen alertando de la creciente desigualdad en el reparto de la riqueza en el país. “Mientras los ricos acumulan cada vez más patrimonio, un tercio de la población adulta en Alemania es demasiado pobre para ahorrar o incluso tiene deudas”, dijo el pasado 1 de mayo Reiner Hoffmann, presidente de la Confederación de Sindicatos Alemanes (DGB), la mayor organización sindical del país.
Para Fratzscher, las causas de la creciente desigualdad en Alemania están claras: gran carga impositiva sobre las rentas del trabajo e insuficiente gravamen a las rentas del capital, insuficiente inversión en educación, poca movilidad social debida en parte a un sistema educativo que marca demasiado pronto el futuro sociolaboral de los jóvenes, enorme pero ineficiente redistribución de la riqueza a través de transferencias sociales financiadas con un sistema impositivo muy mejorable, así como falta de igualdad real de oportunidades, entre otras muchas razones.
Fratzscher ofrece una receta alejada del paradigma tradicional de la izquierda: un Estado más delgado pero más eficiente a la hora de distribuir la riquezaParadójicamente, para combatir la desigualdad, el presidente del DIW ofrece una receta que se aleja del paradigma tradicional de la izquierda: en lugar de un Estado más grande y una burocracia más enrevesada, Fratzscher apuesta por un Estado más delgado pero también más eficiente a la hora de redistribuir la riqueza.
“El mensaje central de mi libro es muy simple: la enorme desigualdad es dañina económica y socialmente; sin embargo, la solución no está en una mayor redistribución, sino en más igualdad de oportunidades”, apunta el economista. “A los políticos de izquierda les gusta la parte del libro que critica la desigualdad, pero rechazan la solución. Mientras, los políticos liberales y conservadores no tienen problema alguno con la desigualdad, pero apuestan por una mayor igualdad de oportunidades. Y ahí está el dilema: temo que se acaben imponiendo las voces que quieren más impuestos y más redistribución sin que ello vaya a garantizar una mayor igualdad y un mejor acceso a la educación para las personas socialmente más débiles”.
Más allá de las discusiones sobre cuál es la receta contra la creciente desigualdad, el diagnóstico que Fratzscher hace del actual modelo económico alemán es simplemente demoledor: “La economía social de mercado, que aseguraba la protección social de todos, ya no existe. La nueva economía de mercado alemana muestra su auténtico rostro a través de una gran desigualdad. Alemania se encuentra en un momento crucial. Solo podremos mantener nuestro liderazgo si cuidamos y conservamos nuestro capital más importante: las personas”."
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2016.07.29 10:56 EDUARDOMOLINA "La crisis dejó al desnudo los problemas históricos de la socialdemocracia". ¿para qué sirve esta socialdemocracia? Creo que tenemos que replantear algunas cuestiones fundamentales sobre cómo buscar una economía más justa, próspera y sostenible, y una sociedad más equitativa.

http://ctxt.es/es/20160727/Politica/7387/Stewart-Wood-lores-liverpool-laborista.htm
"Socialista en la Cámara de los Lores, devoto de la música de Jethro Tull y Joni Mitchell, Stewart Wood (1968) es una voz distintiva y respetada en la política de la izquierda británica. Graduado de Oxford y Harvard, Wood fue consejero del primer ministro Gordon Brown entre 2007 y 2010. Durante los cinco años siguientes, trabajó con Ed Miliband, líder del Partido Laborista, dirigiendo su campaña para contrarrestar el poder del Partido Conservador de David Cameron. En 2011, fue nombrado miembro de la Cámara de los Lores, asumiendo el título de Lord Wood of Anfield (barrio conocido por el estadio de futbol del Liverpool Football Club), y considera que “los Lores logran mucho—toman las propuestas legislativas del gobierno e intentan modificarlas y mejorarlas”, aunque añade que “personalmente creo que una segunda cámara no elegida no tiene un lugar en una democracia moderna”. Es Fellow vitalicio del Magdalen College de Oxford, y acaba de ser nombrado presidente de la Asociación de las Naciones Unidas en Reino Unido.
Owen Jones ha sugerido que el Reino Unido se está enfrentando a su mayor crisis desde la Segunda Guerra Mundial…
Creo que en muchos sentidos tiene razón. Estamos experimentando una combinación de crisis. Nuestra economía —que depende excesivamente de los servicios financieros y la deuda hipotecaria— todavía no se ha recuperado de la caída de 2008. Llevamos arrastrando desde hace tiempo una crisis de las condiciones de vida, no sólo de las familias menos favorecidas sino también de familias con un nivel de ingresos bastante alto. Además, tenemos ahora varias crisis políticas: máxima tensión dentro del Partido Conservador, guerra civil en el Partido Laborista, y una ola de sentimiento antipolítico. Y lo más importante, hemos tomado una decisión trascendental a nivel nacional, alejándonos de la Unión Europea para seguir nuestro propio camino. Me temo que esta decisión también seguirá dividiendo a nuestro país durante mucho tiempo. En este sentido la caracterización de Owen Jones no es una hipérbole.
¿Deberíamos ver los resultados electorales de 2015 como consecuencia del poder de la prensa conservadora en el Reino Unido, o de algún otro factor?
Es cierto que la prensa británica tiene una tendencia derechista. Ed Miliband fue víctima de años de menosprecio agresivo, y estoy seguro de que esto tuvo un impacto en su imagen pública. Pero sería demasiado fácil echar toda la culpa a la prensa. Tenemos que aceptar responsabilidad por nuestra propia derrota. Diagnosticamos muy bien lo que pasaba: la economía sólo beneficiaba a unos pocos, marcada por una continua desregulación, una creciente inseguridad y una alta desigualdad, mientras que se seguía con una filosofía económica autodestructiva, que nos decía que sólo la austeridad estatal podría resolver la crisis de los mercados. Pero creo que nos ha faltado radicalismo en nuestras políticas, en el momento de responder a ese análisis. Hacía falta ser más audaces, y más explícitos al explicar nuestra posición sobre el gasto público, la inmigración, y otros asuntos.
En los últimos meses, se ha visto un crecimiento extraordinario en el número de afiliados al Partido Laborista. ¿Refleja esto una revitalización de la democracia en el Reino Unido?
Sí, en muchos sentidos, o al menos una revitalización de la confianza en la política de partidos entre los votantes de izquierdas. Nunca he creído que Reino Unido fuera un país apático con respecto a la política y menos aún que los jóvenes británicos fueran apáticos, pero hasta la llegada de Jeremy Corbyn, mucha gente involucrada en cuestiones políticas, decepcionada por la disminución de los servicios públicos y de las condiciones de vida, tenía poca confianza en los partidos como agentes de transformación. Sea cual sea su punto de vista sobre Corbyn, su liderazgo revitalizó las esperanzas y muchos se unieron al Partido Laborista para convertirlo en un movimiento social otra vez. El siguiente paso es que estos busquen alianzas y construyan puentes con los que están fuera del partido, para que podamos volver a gobernar y reparar algunos de los daños producidos en la última década.
El Partido Laborista, sin embargo, parece estar al borde de una ruptura definitiva. Para explicar esto, ¿qué importancia le daría a la guerra de Irak, y cuánto a la crisis de 2008?
Espero sinceramente que no estemos al borde de tal ruptura, porque creo que —sobre todo bajo el sistema electoral vigente— el Reino Unido necesita un Partido Laborista que una a la gente de diferentes clases sociales, niveles económicos, regiones y grupos étnicos, para luchar juntos contra el Partido Conservador. Pero es cierto que las divisiones internas son profundas y amargas en este momento. En parte, se debe a la larga sombra de la guerra de Irak, que fue un error catastrófico por parte de nuestro partido. Pero también se trata de una lucha entre dos concepciones del partido. Por un lado, existe una visión de un Partido Laborista cuyo propósito es ganar el poder en el Parlamento y que anhela un liderazgo que puede mandar en Westminster; por otro lado, existe una visión cuyo objetivo es crear un movimiento social que pueda cambiar Gran Bretaña desde abajo, y que tiene poco tiempo para la política de Westminster.
Creo además que hay una crisis más amplia que subyace esta división. Es una crisis que todos los partidos socialdemócratas han experimentado desde 2008. ¿Puede pensar en un solo partido socialdemócrata a nivel europeo que esté en pleno apogeo en estos momentos? La crisis dejó al desnudo los problemas históricos de la socialdemocracia: en medio de una transición de una sociedad industrial a una postindustrial, dentro de una Unión Europea comprometida con la austeridad, y finalmente en un momento en que se han alcanzado ya muchos de los objetivos de la socialdemocracia, ¿para qué sirve esta socialdemocracia? Creo que tenemos que replantear algunas cuestiones fundamentales sobre cómo buscar una economía más justa, próspera y sostenible, y una sociedad más equitativa, en lugar de vivir una nostalgia por las políticas de los años 1960 y 1970.
¿Es Jeremy Corbyn un candidato con posibilidades? ¿Hay alguna otra figura con más posibilidades?
Tiene posibilidades, pero para ganar tendrá que hacer algo más que sobrevivir como líder. Soy partidario de muchas de las causas que él representa, y aplaudo gran parte de su política económica interna --sobre todo su oposición contra la austeridad--. Sin embargo, le falta un plan estratégico, o un conjunto de políticas que traduzcan su discurso retórico en acciones concretas. Él y su equipo se encuentran cada vez más aislados y resentidos dentro de su propio partido. Éste es el momento para desafiar al Partido Conservador en su política económica, la desigualdad, la regulación de los mercados financieros y laborales, y su política exterior en regiones como Oriente Medio. Pero honestamente no creo que Jeremy Corbyn pueda hacer eso.
¿Cree que una alianza progresista, entre el Partido Laborista, el Partido Verde, el Plaid Cymru y el Scottish Nationalist Party, es una manera de garantizar que los laboristas entren en el próximo gobierno?
Deberíamos tomar muy en serio la idea de una alianza progresista. Una de nuestras parlamentarias jóvenes más brillantes, Lisa Nandy, está escribiendo un libro con Caroline Lucas (del Partido Verde), que establece exactamente cómo hacer funcionar esta alianza. Somos rivales políticos en algunos aspectos, pero tenemos mucho en común y no debemos permitir que la rivalidad histórica nos impida trabajar juntos en lo que estamos de acuerdo. Creo que el exceso de particularismos repugna a mucha gente. En la campaña del referéndum, participé en algunos eventos organizados por Another Europe [Otra Europa], una organización que reunió a simpatizantes del Partido Laborista, los verdes, el SNP y otras organizaciones progresistas para articular una visión positiva de la Unión Europea, en vez de la política del miedo por la salida. Había energía en esos eventos.
Las instituciones educativas de élite, desde Eton hasta Oxbridge, siguen desempeñando un papel clave en la política británica. ¿Es ésta una faceta de la meritocracia, o una supervivencia del elitismo del siglo XIX?
No hay duda de que nuestro país sigue estando dominado por instituciones que reproducen el privilegio a través de varias generaciones. Sólo un 7% de los alumnos británicos asiste a escuelas privadas, pero este pequeño grupo tiene una presencia exagerada en nuestras élites políticas, judiciales, periodísticas y financieras. Es cierto que Oxford y Cambridge son instituciones excepcionales de enseñanza e investigación y reclutan estudiantes con mucho talento. El problema es que los alumnos de estas escuelas privadas tienen una ventaja cuando solicitan plazas en las mejores universidades. Creo que Oxbridge tiene en esto una responsabilidad: debería ampliar su red en el momento de buscar nuevos alumnos con talento.
En relación con esto, ¿en qué medida la subida en el coste de la matrícula universitaria ha creado una división entre town y gown—entre el pueblo y la universidad— agravando así las divisiones de clase que se reflejan en la reciente votación del Brexit?
Uno de los factores más llamativos en el resultado del Brexit fue la división en nuestro país sobre la base del nivel educativo. La gran mayoría de los que no fueron a la universidad votó a favor de la salida, mientras que más del 80% de los que asisten a la universidad votó por permanecer en la Unión Europea. No hay duda de que las tasas de matrícula han impedido que muchos alumnos de familias pobres llegaran a la universidad, porque la idea de terminar con una deuda asusta a muchos de ellos. Pero no estoy seguro de que éste fuera un factor determinante en el referéndum. Las principales divisiones parecen recaer sobre el nivel educativo, la edad y la clase social. Partes del país se han quedado atrás durante los 25 años de prosperidad anteriores a la crisis de 2008, y desde la crisis estas partes han tenido grandes dificultades bajo el régimen de austeridad que el gobierno conservador nos aseguró que era inevitable.
No hay duda de que nuestro país sigue estando dominado por instituciones que reproducen el privilegio a través de varias generaciones
Es un fan del Liverpool Football Club, y ha decidido adoptar el título de Lord Wood of Anfield al ser nombrado miembro de la Cámara de los Lores. ¿Puede explicar el significado político de este título?
Cuando me nombraron Lord, y solicitaron que eligiera un lugar conectado con mi posición, inmediatamente pensé en Anfield, no sólo como el lugar con la resonancia más emotiva para mí, sino como una manera de agradecer a esa parte del país por toda la alegría y el apoyo que he recibido como seguidor del Liverpool durante más de 44 años. Cuando asumí el título, algunos consejeros locales me pidieron que recordara que Anfield es una de las zonas más pobres de cualquier ciudad británica, y que abogara por las causas que importan a la gente de Anfield y Liverpool. Espero haber cumplido con ese compromiso, ayudando a que todos entendieran la respuesta escandalosa del establishment británico a la tragedia de Hillsborough de 1989, y a que el propio Partido Laborista recordara que su razón de ser es apoyar a los que la economía de libre mercado deja atrás.
En su idealismo apasionado, los movimientos de base de la izquierda laborista —Momentum, por ejemplo—parecen tener cierta semejanza con los movimientos sociales post-15M en España.
Si, hay algunas similitudes. Ambos quieren una política izquierdista que se resista a la austeridad, rechace el sentimiento antiinmigración y subordine los partidos políticos al movimiento social al que pertenezcan. La principal diferencia es que Momentum nació para apoyar a un líder de un partido existente, Jeremy Corbyn, del Partido Laborista. Personalmente me hubiera gustado que Jeremy, una vez líder, hubiera desafiado a su partido para que se alzara como movimiento social, en lugar de recurrir a otra organización para proporcionarle esta energía. Pero no hay duda de que, como dice a menudo Owen Jones, el caso de Podemos nos ofrece muchas lecciones.
Durante la última década ha viajado a los Estados Unidos a menudo, bajo las presidencias de Bush y de Obama. Muchos, en la izquierda, están decepcionados tras la derrota de Bernie Sanders y la influencia del capital financiero sobre las elecciones ¿En qué estado de salud se encuentra la democracia en EE UU?
La memorable campaña de Bernie Sanders tomó elementos de la de Howard Dean y de la de Obama y mostró la posibilidad de una forma diferente de hacer política. Sin embargo, el poder del capital financiero en la política electoral estadounidense es un problema grave. Esta influencia, combinada con una relación disfuncional en Washington entre el Congreso y la Casa Blanca, es preocupante. Es difícil ver cómo la sociedad estadounidense podrá responder de una manera eficaz a uno de sus problemas más acuciantes, como es el del control sobre las armas.
¿Los cambios profundos se logran a través de la cultura, más que a través de la política?
Mi obra de teatro favorita es Rock & Roll, de Tom Stoppard, que examina la política checa en los 25 años después de la Primavera de Praga, y plantea exactamente esta pregunta. Él me convenció de que la respuesta es: la cultura. Las canciones de Joni Mitchell y Jethro Tull, y las películas de Ingmar Bergman me han influido mucho más que cualquier discurso político. Pero la fusión de la política y la cultura es mucho más potente para la sociedad. Creo que la política puede romper las puertas y las vallas, para abrir nuevas posibilidades. El peligro en el mundo político es obsesionarse con la política, y abandonar los ingredientes de una vida plena, para uno mismo y para sus seres queridos. La política sin cultura corre el riesgo de redistribuir el poder sin transformar la vida de la gente.
Es gran admirador de la música de Joni Mitchell. ¿Su aprecio por su música tiene alguna influencia en su acercamiento al mundo político?
La música de Joni Mitchell ha sido mi compañera constante desde que tenía catorce años. Me ha convertido en una persona más reflexiva. Se corrige a sí misma mucho en sus canciones, se fuerza a darse cuenta de sus errores para resurgir de nuevo. También me recuerda el verdadero propósito de la política: dar a la gente el tiempo, la libertad y la confianza para vivir una vida plena, para ser creativa y para tener el espacio para reírse y ser feliz."
Autor: Simon R. Doubleday
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2016.06.25 12:04 pinchitony Los medios mayormente han pintado como "irracional" y "tonto" la decisión del Reino Unido de salir de la Unión Europea… Lo cuál es una justificación mediocre para no informar bien. Aquí algunas cosas que pudieron haber provocado esta decisión…

Siempre me ha gustado ver los contra-argumentos en vez de asumir, y ponerme en la postura del contrario antes de enraizarme en algo, ojalá compartan el gusto por este ejercicio, aquí algunos puntos que he visto a favor de la separación:
  1. Hecho sin consulta. El Reino Unido nunca tuvo un referendum para consultar con sus ciudadanos si estaban de acuerdo con entrar a la Unión Europea, simplemente se hizo.
  2. Control de soberanía. La Unión Europea al parecer controla muchos aspectos de los países, quitándoles soberanía. Un ejemplo es la persecución de Julian Assage (fundador de Wikileaks) quien sin un cargo oficial en contra ha sido perseguido por la UE.
  3. La migración. Este es un punto muy complejo. La UE ordena que todos los países deben de permitir la libre migración entre sus miembros y la naturalización de todo migrante. Este es un loophole un poquito grande, ya que países que les va mal pueden mandar gente a países que les va bien y absorber lo que necesiten, y aunque teóricamente la UE está para que no les vaya mal, eso no sucede tan fácil. Por ejemplo, Turquía está por anexarse a la UE… Turquía es rango 18 en lista de GDP nominal, el Reino Unido 5… El anexar un país tan diferente en todo sentido y permitirle libre tránsito hace que (como ocurre en México y EU) la gente migre de un país a otro y saque capital de ese país para mandarlo al propio, además de que su diferencia cultural cambie las costumbres de las personas y en general, enfrenten dilemas de choques culturales (por ejemplo, si se han cruzado con un Indio -de India- en México, sabrán lo que es eso). Agregado a esto están países como Alemania y Suecia, que decidieron por cuenta propia naturalizar a refugiados de Siria con poco o nulo criterio; esto es, quien diga que busca refugio en Alemania o Suecia por la guerra de medio oriente, lo obtiene, obtiene la ciudadanía y además obtiene dinero del gobierno para vivir. Estos nuevos ciudadanos (acostumbrados a lo que sea que hagan en su país y cómo lo hagan), no tienen tiempo de ser asimilados por la cultura a la que se integran, por lo que conservan casi enteramente su cultura. Agregando el poder de la UE, ahora estos migrantes naturalizados con poco criterio por otro país, pueden hacerse ciudadanos del Reino Unido sin problema.
  4. El gobierno y la UE ponen primero a migrantes. Sumando al punto anterior, la UE, por cuestiones de "apoyo a la diversidad" se alinea con los migrantes antes que con los locales, lo cuál causa descontento y conflicto por los choques culturales. Las culturas que se importan son muy diferentes y chocantes. Para que lo entiendan, supongamos que en su barrio de pronto hay un barrio chino, y en ese barrio chino, que quizá desplaza otra comunidad, de pronto se les ocurre abrir una carnicería de perros; lo cuál el gobierno promueve y pide se acepte por "diversidad" haciéndose de la vista gorda, por lo cuál los locales no pueden hacer nada al respecto. Ahora, además, supongamos que los comerciantes chinos empiezan a ganar mercado a los locales ya que tienen contacto con empresas chinas y colocan mejores productos que ellos, lo cuál supongamos contribuye al desempleo; el gobierno dice "free market, acuerdos de UE" y no hace nada al respecto.
  5. Un sólo ejercito. La UE ha estado tratando de que se consolide un sólo ejercito de la UE, lo cuál de nuevo recae en menos soberanía para cada país y control sobre su militar… Dejando de lado lo "nuevo orden mundial" que suene.
  6. Falta de rendición de cuentas. La UE ha sido criticada por su falta de rendición de cuentas, está diseñada para ser un sistema básicamente imposible de afectar por el individuo promedio. Para alterarlo el ciudadano tiene que acudir a su gobierno, que el gobierno lo pele, que el gobierno acuda a la UE y que la UE lo pele, y todos unánimemente decidan pelar eso. Básicamente imposible. Aquí un artículo al respecto. Quizá es por esto que cuando se dio la oportunidad del referendum, los ciudadanos la tomaron.
  7. Cambios prácticamente irreversibles o poca mutabilidad. También, la estructura de la UE hace difícil que una vez que se llega a un acuerdo este se cambie o remueva. Por ejemplo, ya ningún país de la UE puede retirar su apoyo a la libre migración entre países aunque así lo requiera, ya que aunque lo justifique, los otros (probablemente beneficiados) no aceptarían.
  8. Falta de representantes de la gente. Según Wikileaks y Assage, dando de muestra el ACTA, la UE da poco y muy controlado acceso a los representantes de los países a acuerdos de este tipo, y más allá de esto, a acuerdos de comercio que tiene pensados en el futuro. Por el contrario, permite libre acceso a compañías transnacionales, por lo que ha sido fuertemente criticada por no representar los intereses de los individuos, pero sí de las compañías.
  9. La Unión Europea no le va tan bien como creen muchos. La Unión Europea tiene problemas severos de deuda.
Estos son algunos puntos que he visto. Aquí algunos otros http://www.economicshelp.org/blog/glossary/criticism-eu/
En lo personal creo que cada país debe de ser capaz de auto-determinarse. Un gobierno que no tiene país pero que controla a todos, está tan alejado del ciudadano que para mi, es un sistema lleno de fallas y caídas. Sí hay cosas bonitas gracias a la UE, pero la verdad es que creo que se pueden lograr de otra forma, aunque esto es mi opinión personal. Ojalá les sirvan estos puntos y decidan informarse más.
Edit: bros, no sé por qué no queda claro que no son mis puntos, ni mis formas de ver, son los puntos que he visto en contra de la UE. Aprendan a usar reddit y dejen de dar downvotes a cosas con las que no están de acuerdo pero son relevantes, está en las reglas del sitio, caray. Decir "eso es racista" o "eso es homofóbico" o "eso es…X" no hace que tengan un argumento real. Hagan el ejercicio de pensar, no de buscar formas para no retar su punto de vista e insultar.
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2016.06.24 10:27 qryq ¿Qué sabes de la financiación venezonala del PSOE?

El partido socialdemócrata español que hoy denuncia que Podemos es financiado por el chavismo, recibió durante décadas dinero del extranjero.
A días de las elecciones generales en España, una de las principales acusaciones contra el frente Unidos Podemos, conformado por Podemos e Izquierda Unida, es que han sido ilegalmente financiados por el gobierno de Nicolás Maduro. Si bien ninguna de estas denuncias han podido ser comprobadas ante la Justicia, se sigue utilizando ese argumento de difamación contra estas organizaciones de izquierda.
Casualmente, uno de los principales difusores de esta teoría es el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) de Pedro Sánchez. Lo que Sánchez parece ignorar es que durante las décadas de 1970 y 1980, su partido fue financiado por los gobiernos de Carlos Andrés Pérez en Venezuela.
La carta del rey
En 1976, en plena transición española de la dictadura franquista a la democracia, el rey Juan Carlos escribió una carta al sha Reza Pahlevi de Irán. Allí le pedía a él y por su intermedio a otros jeques de Medio Oriente, que brindaran su apoyo económico al partido Unión del Centro Democrático (UCD).
Juan Carlos explica al sha que habiendo salido de la dictadura, la legalización de diversos partidos políticos "les permitió participar libremente en la campaña (electoral), elaborar su estrategia y emplear todos los medios de comunicación para su propaganda y la presentación de la imagen de sus líderes, al tiempo que se aseguraron un sólido soporte financiero".
El rey explica entonces que la derecha ha sido "asistida por el Banco de España"; el PSOE, "por Willy Brandt, Venezuela y otros países socialistas europeos"; los comunistas, "por sus medios habituales".
Por aquel entonces el presidente de Venezuela era Carlos Andrés Pérez de Acción Democrática (AD). El mandatario venezolano presidía también la Internacional Socialista, una alianza de partidos socialdemócratas de todo el mundo, y era muy amigo de Felipe González, presidente del PSOE.
Una amistad de favores
Tal como explicó el propio Felipe González en un artículo publicado en el diario 'El País', con Carlos Andrés Pérez los unió una amistad de "cuatro décadas".
Si bien el líder socialista no reconoce que haya habido un apoyo económico, sí deja en claro que el dirigente venezolano lo ayudó mucho en los comienzos de su carrera política. Así cuenta como lo llevó en su avión a Madrid cuando los partidos políticos aun no estaban legalizados; o como le dio consejos durante los primeros años de su gobierno en los '80.
De esta forma la denuncia del rey en su carta al sha cobra mayor trascendencia. Incluso hay que tener en cuenta que se pudo demostrar en el llamado caso Flick, que un clan empresarial alemán financió al PSOE, al igual que la Fundación Friedrich Ebert, vinculada al Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) de Willy Brandt.
Asimismo, hay que destacar que Felipe Gónzalez siempre defendió públicamente a su amigo. Incluso en 1989, tras el levantamiento popular que se dio en Venezuela conocido como 'Caracazo' y que Carlos Andrés Pérez mandó a reprimir brutalmente asesinando, por lo menos, a 3.000 personas.
Pocas semanas después del hecho el gobierno del PSOE le prestó 600 millones de dólares a Venezuela, y 3.000 millones más al año siguiente.
Por aquellos años el gobierno de González hizo otra serie de acuerdos con Venezuela: "Compró la aerolínea estatal venezolana CONVIASA para incorporarla a IBERIA". Al mismo tiempo el grupo PRISA, "sostén mediático del PSOE, desembarca en Venezuela. No sólo en la prensa, sino también en otro aspecto curioso: la editorial Santillana comienza a elaborar los libros de texto para el sistema educativo, para lo que el gobierno tuvo que darle una concesión".
Con estos antecedentes las denuncias contra Podemos resultan, al menos, hipócritas. Y se explican mejor de cara a una elección que está por tirar por la borda el histórico bipartidismo español ya que las encuestas han desplazado al PSOE al tercer lugar.
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2016.06.07 03:37 ShaunaDorothy Notas críticas sobre la “muerte del comunismo” y las condiciones ideológicas del mundo postsoviético (Noviembre de 2015)

https://archive.is/QazK6
Espartaco No. 44 Noviembre de 2015
Notas críticas sobre la “muerte del comunismo” y las condiciones ideológicas del mundo postsoviético
Por Joseph Seymour
A continuación publicamos, ligeramente editado, un documento de Joseph Seymour, miembro del Comité Central de la Spartacist League. El documento, fechado el 14 de marzo de 2009, fue una contribución a las discusiones y debates que precedieron a la XIII Conferencia Nacional de la Spartacist League/U.S., sección de la Liga Comunista Internacional (Cuartainternacionalista), ese mismo año y se publicó originalmente en Workers Vanguard No. 949 (1° de enero de 2010).
En el pleno de nuestro Comité Ejecutivo Internacional, celebrado a principios de 2008, hubo una discusión y, creo, diferencias incipientes en torno al contenido del término “muerte del comunismo”, lo cual es clave para entender las condiciones político-ideológicas del mundo postsoviético. En ese entonces, yo argumenté:
“Una cuestión importante al discutir el trabajo en Sudáfrica y México...es si estos países —se ha mencionado a China y Grecia— son una excepción a lo que hemos llamado el ‘retroceso en la conciencia’ y la ideología de la ‘muerte del comunismo’, y en qué sentido lo son. Pero el concepto de excepción implica una norma. Así que, ¿cuál es esa norma? La abrumadora mayoría de nuestra tendencia se ubica en los países capitalistas-imperialistas avanzados de Europa Occidental y Norteamérica... Es aquí donde todos los días, de manera generalizada, encontramos la ideología de la ‘muerte del comunismo’. Y creo que esto ha determinado un cierto entendimiento parcial y deformado de las delineaciones y divisiones políticas radicalmente modificadas en todo el mundo.
“Casi cada vez que usamos el término ‘muerte del comunismo’ lo vinculamos al triunfalismo burgués. No nos referimos al triunfalismo de la burguesía de la India, Egipto o Brasil. Nos referimos al triunfalismo de la burguesía imperialista occidental, principalmente la estadounidense. Pero el escepticismo respecto a la posibilidad de una sociedad comunista internacional futura —y esto es el núcleo de la ‘muerte del comunismo’— en los países del Tercer Mundo no puede identificarse con el triunfalismo y la dominación del imperialismo estadounidense. Más bien, nos encontramos con un ascenso, bastante significativo y con amplias bases de apoyo, de movimientos político-ideológicos que se presentan como oponentes del triunfalismo imperialista estadounidense. El ejemplo más obvio es, claro, el populismo nacionalista latinoamericano ejemplificado por Hugo Chávez. Pero también encontramos el mismo fenómeno en un sentido muy derechista, que es el ascenso del fundamentalismo islámico antioccidental en los países del Medio Oriente. Osama bin Laden, Hugo Chávez, Tony Blair, Bill Clinton: todos ellos representan la ‘muerte del comunismo’ de diversos modos y en diversos contextos nacionales”.
El núcleo de la “muerte del comunismo” es precisamente ése: un escepticismo respecto a la posibilidad de una civilización comunista global en el sentido marxista. Eso es un terreno común básico que comparten diversas tendencias políticas que a veces tienen actitudes fuertemente hostiles al imperialismo occidental, la democracia parlamentaria, la economía capitalista de mercado y otras cuestiones controvertidas (como la degradación ambiental), que separan a la izquierda de la derecha en el sentido convencional de estos términos.
Para asegurarme de que todos tenemos un entendimiento común de los términos, voy a reafirmar brevemente las principales características que tendría una sociedad plenamente comunista a escala global. La escasez económica ha sido superada, por lo que ha podido eliminarse el trabajo asalariado (“de cada cual, según su capacidad; a cada cual, según sus necesidades”). El trabajo enajenado ha sido remplazado por trabajo creativo, científico y cultural (Marx alguna vez usó la composición musical como ejemplo de esto). El estado se ha extinguido de manera que, en palabras de Engels, el gobierno sobre los hombres ha dado paso a la administración de las cosas. Las afiliaciones racial, nacional y étnica han desaparecido mediante una extensa procreación interétnica y la movilidad global (“el género humano es la Internacional”). La familia ha sido remplazada por instituciones colectivas para el trabajo doméstico, la crianza y la socialización de los niños.
La abrumadora mayoría de quienes se consideran izquierdistas y pasan de los 40 o 50 años, consideran que una sociedad futura como la que describí es utópica. La abrumadora mayoría de los izquierdistas más jóvenes, representados, por ejemplo, por el medio de los “foros sociales”, para todo propósito práctico desconocen el concepto marxista de la civilización comunista global y son indiferentes a él. Sus preocupaciones son defensivas y minimalistas: apoyar los derechos democráticos de los pueblos oprimidos (por ejemplo, los palestinos), detener el desmantelamiento del “estado del bienestar” en Europa Occidental o impedir que el medio ambiente se siga degradando (calentamiento global).
Voy a replantear mi argumento haciendo referencia a El estado y la revolución de Lenin. Cuando esta obra se publicó en 1918 y en las décadas subsecuentes, la principal diferencia entre los marxistas revolucionarios y las demás tendencias de izquierda tenía que ver con el tema que se discute en el capítulo I (“La sociedad de clases y el estado”). Ahí, Lenin afirma concisamente:
“La doctrina de Marx y Engels sobre la ineluctabilidad de la revolución violenta se refiere al estado burgués. Éste no puede ser sustituido por el estado proletario (por la dictadura del proletariado) mediante la ‘extinción’, sino sólo, como regla general, mediante la revolución violenta” [énfasis en el original].
En el periodo postsoviético, la diferencia más fundamental entre nosotros y las demás tendencias de la izquierda tiene que ver con el tema que se discute en el capítulo V (“Las bases económicas de la extinción del estado”) y que se explica concisamente en el siguiente pasaje:
“La base económica de la extinción completa del estado significa un desarrollo tan elevado del comunismo que en él desaparece la oposición entre el trabajo intelectual y el manual. En consecuencia, deja de existir una de las fuentes más importantes de la desigualdad social contemporánea, una fuente que en modo alguno puede ser suprimida de golpe por el solo hecho de que los medios de producción pasen a ser propiedad social, por la sola expropiación de los capitalistas.
“Esta expropiación dará la posibilidad de desarrollar las fuerzas productivas en proporciones gigantescas. Y al ver cómo retrasa el capitalismo ya hoy, de modo increíble, este desarrollo y cuánto podríamos avanzar sobre la base de la técnica moderna ya lograda, tenemos derecho a decir con la mayor certidumbre que la expropiación de los capitalistas originará inevitablemente un desarrollo gigantesco de las fuerzas productivas de la sociedad humana” [énfasis en el original].
La generación postsoviética de activistas de izquierda no puede entender fácilmente las ideas expuestas arriba porque no ha pensado en ellas.
El triunfalismo del imperialismo estadounidense no es el problema
Si bien la claridad sobre la cuestión de la “muerte del comunismo” no bastará para resolver nuestros problemas, la continua confusión a este respecto sí contribuirá a agravarlos. El no reconocer la diferencia más fundamental que nos separa del resto de la izquierda —el hecho de que no compartimos un mismo fin último— ha sido un importante factor subyacente en los recurrentes problemas políticos del partido.
Cuando aún era editor de Workers Vanguard, Jan Norden [actualmente del centrista Grupo Internacionalista] consideraba, de manera consciente y sistemática, que la “muerte del comunismo” era principalmente una expresión del triunfalismo del imperialismo estadounidense. De ahí que creyera que el levantamiento zapatista de los empobrecidos campesinos indígenas del sur de México en 1994 sería un poderoso contragolpe que debilitaría, al menos en América Latina, el efecto ideológico de la caída de la Unión Soviética. Desde que Norden desertó de nuestra organización en 1996, ha habido una tendencia en nuestro partido a amalgamar bajo el rubro de “retroceso en la conciencia” (un término que acuñé yo en la lucha contra Norden) el escepticismo respecto a la sociedad comunista futura, el triunfalismo imperialista occidental y el reformismo socialdemócrata tradicional. Algunos camaradas han argumentado que la principal diferencia que nos separa del resto de la izquierda versa sobre si el estado capitalista puede o no reformarse, como si estuviéramos en los tiempos de Lenin contra Kautsky en la secuela inmediata de la Revolución de Octubre.
Una formulación estándar tanto en nuestra literatura pública como en nuestro discurso interno es que el efecto de la “muerte del comunismo” ha sido internacionalmente “desigual”. El término “desigual” implica que el efecto puede medirse cuantitativamente en una escala lineal: muy alto en Estados Unidos y Francia, mucho más bajo en México y Sudáfrica. Como alguna vez fui estudiante de economía académica y después fui maestro, me imagino una gráfica de barras que mide y compara, por ejemplo, la producción nacional per cápita de distintos países. Pero el efecto diferencial que tuvo internacionalmente la “muerte del comunismo” no puede entenderse de ese modo. Lo que encontramos no son distintos niveles, sino distintas formas de la ideología postsoviética.
Tomemos por caso a Rusia. Al explicar el concepto de la “muerte del comunismo”, frecuentemente usamos la formulación de que la antigua Unión Soviética es considerada, en el mejor de los casos, un “experimento fallido”. Eso en general es cierto en Europa Occidental y Norteamérica. No es tan cierto en el Tercer Mundo. Y no es cierto en absoluto en Rusia. Todo lo contrario. El sector políticamente dominante de la nueva clase capitalista rusa, representado por Vladímir Putin, considera que la Unión Soviética fue el más exitoso de los experimentos, por decirlo así, de la construcción estatal centrada en Rusia. En 2005, Putin declaró que el colapso de la Unión Soviética había sido “la mayor catástrofe geopolítica del siglo XX” (citado en Edward Lucas, The New Cold War: Putin’s Russia and the Threat to the West [La nueva Guerra Fría: La Rusia de Putin y la amenaza al Occidente, 2008]). Supongo que en toda la sociedad rusa está extendida una actitud similar respecto a la antigua URSS.
En los últimos años, el régimen de Putin y en general la élite rusa han querido restaurar la reputación histórica de Stalin como el gran líder de una potencia mundial dominada por Rusia en el siglo XX. El embajador ruso en la OTAN adorna su oficina con un retrato de Stalin. Un popular programa de televisión, “El nombre de Rusia”, ubicó a Stalin como uno de los cinco personajes históricos más grandes del país (Economist, 27 de noviembre de 2008). En 2007, una guía educativa de patrocinio oficial, Una historia moderna de Rusia, 1945-2006: Manual para el maestro, comparaba favorablemente a Stalin con Pedro el Grande: “Stalin siguió la lógica de Pedro el Grande: exigir lo imposible...para obtener lo máximo posible”. Luego continúa:
“Él [Stalin] es considerado uno de los líderes más exitosos de la URSS. El territorio del país llegó a los límites del viejo imperio ruso (y en algunas áreas lo sobrepasó). Se consiguió la victoria en una de las mayores guerras; la industrialización de la economía y la revolución cultural se llevaron a cabo con éxito, lo que produjo no sólo educación de masas, sino el mejor sistema educativo del mundo. La URSS llegó a ser uno de los países líderes en ciencias; el desempleo fue prácticamente derrotado”.
—citado en Lucas, The New Cold War
No precisamente la descripción de un “experimento fallido”.
En cierto modo nos es más difícil lidiar con la forma que la “muerte del comunismo” presenta en Rusia que la que tiene en Europa Occidental y Norteamérica. En estas últimas regiones, la antigua Unión Soviética todavía se identifica principalmente con el “socialismo”, no con el “imperialismo ruso”. Stalin se considera un discípulo de Marx y Engels y como tal en general se le condena. En Rusia, Stalin se considera el sucesor de Pedro el Grande y Catalina la Grande, y como tal se le ensalza. Para muchos rusos, el comunismo no ha muerto porque nunca estuvo vivo.
Incluso antes de que la severidad de la actual desaceleración económica mundial se volviera evidente el pasado otoño, el triunfalismo del “libre mercado” había dejado de ser una corriente importante en el clima de la opinión burguesa incluso en Estados Unidos. Hoy, hay voceros prominentes y respetados del capital financiero estadounidense, como el antiguo director de la Reserva Federal, Paul Volcker, que anuncian una desaceleración global profunda y prolongada. Las comparaciones con la Gran Depresión de los años 30 se han vuelto un lugar común. El alcalde tory [conservador] de Londres comentó que en estos días leer el Financial Times de esa ciudad es como frecuentar una secta suicida milenarista. Sin embargo, ninguna opinión burguesa actual se muestra preocupada por la posibilidad de revoluciones socialistas inminentes en ningún lado o la resurrección de partidos comunistas de masas que reivindiquen la tradición marxista-leninista.
De fines y medios: Un recorrido histórico
En la sección titulada “La fase superior de la sociedad comunista” del capítulo V de El estado y la revolución, Lenin escribió:
“Desde el punto de vista burgués, es fácil declarar ‘pura utopía’ semejante régimen social y burlarse diciendo que los socialistas prometen a todos el derecho a recibir de la sociedad, sin el menor control del trabajo realizado por cada ciudadano, la cantidad que deseen de trufas, automóviles, pianos, etc. Con estas burlas siguen saliendo del paso, incluso hoy, la mayoría de los ‘sabios’ burgueses, que demuestran así su ignorancia y su defensa interesada del capitalismo”.
Con el término “sabios burgueses”, Lenin se refería a los intelectuales que apoyaban y justificaban abiertamente el sistema económico capitalista. Lenin no incluía en esta categoría a los voceros ideológicos de la II Internacional (Socialista), como Karl Kautsky, que se consideraba a sí mismo un marxista ortodoxo.
Si para 1917-1918 los líderes del ala derecha de los partidos socialdemócratas de masas (como Friedrich Ebert en Alemania, Albert Thomas en Francia o Emile Vandervelde en Bélgica) seguían creyendo o no subjetivamente en una futura sociedad socialista es un asunto distinto. Lo más probable es que no. Pero ninguno de ellos repudió públicamente la meta tradicional del movimiento socialista como proyecto utópico.
Al principio de la Revolución Alemana, en noviembre de 1918, el centrista Partido Socialdemócrata Independiente puso una serie de condiciones (exigencias) a su participación en un gobierno de coalición con el Partido Socialdemócrata (SPD) sobre la base de los consejos de obreros y soldados que entonces existían. La primera de ellas era: “Alemania debe ser una república socialista”. A eso, la dirección del SPD respondió: “Esta exigencia es la meta de nuestra propia política. Sin embargo es el pueblo quien debe decidir esto a través de la asamblea constituyente” (citado en John Riddell, ed., The German Revolution and the Debate on Soviet Power: Documents, 1918-1919: Preparing the Founding Congress [La Revolución Alemana y el debate sobre el poder soviético: Documentos, 1918-1919: Preparando el congreso de fundación, 1986]). Al atacar la Revolución de Octubre y a la recién nacida Internacional Comunista, los líderes socialdemócratas condenaban principalmente la dictadura del proletariado como una violación de la democracia, que identificaban con un gobierno de tipo parlamentario elegido por sufragio universal e igual.
Aquí es útil revisar el libro Moscú bajo Lenin, unas memorias que escribiera a finales de los años cuarenta y principios de los cincuenta Alfred Rosmer, colega y amigo de Trotsky. Rosmer había sido anarquista y después uno de los principales intelectuales sindicalistas de Francia, antes de sumarse a la recién fundada Internacional Comunista. En estos recuerdos, Rosmer narra la reacción inicial que provocó El estado y la revolución de Lenin entre los socialdemócratas ortodoxos como Kautsky y Jean Longuet (el nieto de Marx) así como entre los anarquistas:
“Era un libro extraordinario y su destino fue singular: Lenin, marxista y socialdemócrata, era atacado por los teóricos de los partidos socialistas que invocaban el marxismo: ‘¡Eso no es marxismo!’ gritaban, es una mezcla de anarquismo, de blanquismo; ‘de blanquismo a la salsa tártara’, escribía uno de ellos para hacer una frase ingeniosa. Por el contrario, este blanquismo y su salsa eran para los revolucionarios situados fuera del marxismo ortodoxo, sindicalistas y anarquistas, una agradable revelación. Jamás un lenguaje semejante salía de las bocas de los marxistas que ellos conocían”.
Louis-Auguste Blanqui (1805-1881) fue el último de los grandes representantes de la tradición comunista jacobina originada con la Conspiración de los Iguales de Babeuf en los últimos días de la Revolución Francesa. La concepción babeufista del comunismo (desarrollada en una sociedad preindustrial) tenía que ver con la distribución y el consumo más que con la producción y la superación de la escasez económica. Sin embargo, al calificar a Lenin de “blanquista”, Kautsky, Longuet et al. no se referían a ese aspecto de la perspectiva jacobino-comunista. El “blanquismo” de Lenin era para ellos el derrocamiento insurreccional del estado capitalista organizado y dirigido por un partido revolucionario de vanguardia.
Como señala Rosmer, El estado y la revolución fue muy bien recibido entre varios anarquistas y sindicalistas, algunos de los cuales creyeron que Lenin se estaba moviendo del marxismo hacia el campo político de ellos. Sin embargo, los anarquistas más cultivados en cuestiones de doctrina entendieron que, si bien Lenin estaba de acuerdo con la necesidad de un derrocamiento insurreccional del estado burgués, todavía sostenía, e incluso enfatizaba, el programa marxista de la dictadura del proletariado como transición a una sociedad plenamente comunista. A este respecto, Rosmer cita a un anarquista alemán, Erich Mühsam, que, estando preso en 1919, escribió:
“Las tesis teóricas y prácticas de Lenin sobre la realización de la revolución y de las tareas comunistas del proletariado han dado a nuestra acción una nueva base... Ya no hay obstáculos insuperables para la unificación del proletariado revolucionario entero. Los anarquistas comunistas, ciertamente, han tenido que ceder en el punto de desacuerdo más importante entre las dos grandes tendencias del socialismo; han debido renunciar a la actitud negativa de Bakunin ante la dictadura del proletariado y rendirse en este punto a la opinión de Marx”.
Para Mühsam, el “desacuerdo” entre Bakunin y Marx respecto a la dictadura del proletariado tenía que ver con el medio de llegar a un fin último que ambos compartían: una sociedad igualitaria sin clases y sin estado.
Todos sabemos que en una polémica política las ideas y posiciones que no se discuten son, a su modo, tan importantes como las que se discuten. Uno no discute contra posiciones que el oponente no sostiene y especialmente donde hay un terreno común. Por ejemplo, al polemizar contra liberales negros o izquierdistas radicales en Estados Unidos, no refutamos la falsa noción que exponen algunos racistas de derecha de que los negros son “inferiores” a los blancos. En 1918-1920, Lenin y Trotsky escribieron sendos libros polémicos contra Kautsky. En ningún lado de La revolución proletaria y el renegado Kautsky como tampoco en Terrorismo y comunismo se argumenta contra la posición de que la sociedad comunista en el sentido marxista sea algo utópico, pues Kautsky no defendía tal posición.
Adelantémonos hasta finales de los años treinta, cuando el movimiento comunista internacional estaba ya totalmente estalinizado. Consideremos específicamente al joven Maxime Rodinson, un intelectual judío francés que luego se convertiría en un prominente académico de izquierda especializado en el Medio Oriente y la sociedad islámica. En un ensayo de 1981 titulado “Autocrítica”, Rodinson recordó cuál fue el estado de espíritu que lo llevó a ingresar al Partido Comunista Francés en 1937 (al cual abandonó en 1958):
“La adhesión al comunismo implicaba, e implica todavía, comprometerse con una lucha que supuestamente le permitirá a la humanidad realizar un salto esencial y eminentemente benéfico: acabar con un sistema que permanentemente produce pobreza y crimen, que subyuga y condena a millones de personas a lo largo del mundo a una vida atroz o incluso a la muerte. La intención es crear una humanidad liberada en la que todos puedan florecer hasta donde se los permita su potencial, en la que el colectivo de seres libres controle la administración sobre las cosas y establezca el mínimo indispensable de reglas para armonizar las relaciones entre los seres humanos”.
—Cult, Ghetto, and State: The Persistence of the Jewish Question (Culto, gueto y estado: La persistencia de la cuestión judía, 1983)
Como intelectual, Rodinson podía articular las metas liberadoras del marxismo mejor que los muchos millones de obreros jóvenes que ingresaron a los partidos comunistas de Francia e Italia, la India y Vietnam y otros lugares durante la era de Stalin. Sin embargo, muchos de esos obreros —aunque ciertamente no todos— también estaban motivados por una visión del futuro de liberación social multilateral. No consideraban a los partidos comunistas como meras agencias políticas para defender y promover sus intereses económicos o sociales (por ejemplo, nacionales) dentro del sistema capitalista-imperialista existente.
En general, los obreros políticamente avanzados y los intelectuales izquierdistas que apoyaban a los partidos socialdemócratas de masas no compartían la concepción marxista de una sociedad genuinamente comunista. Pero ellos también aspiraban a una sociedad radicalmente diferente y mejor que la presente. En 1961, un intelectual socialdemócrata de izquierda, el británico Ralph Miliband, publicó un libro altamente crítico del Partido Laborista titulado Parliamentary Socialism: A Study of the Politics of Labour [Socialismo parlamentario: Un estudio de la política del laborismo]. El libro apareció en la secuela inmediata de un intento fallido por parte de los líderes del ala derecha del partido por deshacerse de la Cláusula IV de la constitución partidista de 1918. La Cláusula IV en general se consideraba el programa máximo del Partido Laborista: “Asegurar a los trabajadores manuales e intelectuales la plenitud de los frutos de su industria y la más equitativa distribución de todo cuanto sea posible, sobre la base de la propiedad común de los medios de producción, distribución e intercambio”. Al describir la batalla sobre la Cláusula IV que tuvo lugar en 1959-1960, Miliband escribió: “Ante la violenta resistencia [por parte de las bases obreras del partido] que encontró, la propuesta tuvo que abandonarse”. Para los años 80, ya nadie hubiera usado el término “socialismo parlamentario” para encapsular el programa o incluso la doctrina oficial del Partido Laborista británico. Y, en 1995, la Cláusula IV fue suprimida del programa formal del partido en una conferencia especial, pese a la oposición de algunos de los grandes sindicatos.
De principios a mediados de los años 60, hubo en Estados Unidos una radicalización de izquierda entre la juventud estudiantil y algunos intelectuales de mayor edad. Una expresión institucionalizada de esto fue la Conferencia de Académicos Socialistas que se celebraba anualmente en la ciudad de Nueva York. En 1966, los organizadores de la conferencia invitaron al historiador marxista Isaac Deutscher a dar una presentación sobre el “hombre socialista”. En esa época, el carácter cultural y sicológico de una sociedad verdaderamente socialista era un asunto de vivo interés entre los jóvenes intelectuales izquierdistas no sólo en Estados Unidos, sino en todo el mundo. Por ejemplo, a principios de los años 60, el Ché Guevara escribía sobre la eliminación del trabajo enajenado en la Cuba “socialista”. Para un análisis retrospectivo del pensamiento de Guevara a este respecto, ver: “‘Radical Egalitarian’ Stalinism: A Post Mortem” [Estalinismo “igualitario radical”: Un post mortem] en Spartacist [Edición en inglés] No. 25 (verano de 1978). En su presentación sobre el “hombre socialista”, Deutscher tocó diversos puntos en los que la generación postsoviética de activistas de izquierda no está pensando en absoluto.
Huntington contra Fukuyama, otra vez
Empecé a desarrollar mis pensamientos sobre la “muerte del comunismo” y las condiciones ideológicas del mundo postsoviético principalmente durante las discusiones informales que tuve con Norden entre 1991 y su salida de nuestra organización en 1996. Como ya se ha señalado, Norden identificaba la “muerte del comunismo” principalmente como una expresión del triunfalismo imperialista estadounidense. Así, él solía ligar ese término con la fórmula de un “nuevo orden mundial”, que George Bush había proclamado en el momento de la Guerra del Golfo de 1991 contra Irak. Norden creía que el que el cuerpo central de la dirección de nuestra tendencia hubiera reconocido que el carácter del periodo postsoviético estaba marcado por un retroceso histórico en la conciencia de la clase obrera internacionalmente era una capitulación a las presiones del triunfalismo imperialista estadounidense.
La forma en que Norden enfocaba esta cuestión estaba influenciada por las opiniones del intelectual de derecha estadounidense (entonces neoconservador) Francis Fukuyama, que declaró que el colapsó del bloque soviético había marcado “el fin de la historia”. Una versión sobresimplificada de la tesis del “fin de la historia” de Fukuyama llegó a ser muy conocida entre lo que podría llamarse el público educado estadounidense, el tipo de gente que está suscrito al New York Review of Books y ocasionalmente lee el Foreign Affairs. No sé si Norden leyó realmente a Fukuyama. Yo sí lo hice, y también leí a otros ideólogos burgueses de la derecha estadounidense, especialmente a Samuel P. Huntington y Zbigniew Brzezinski, quienes disentían fuertemente de la versión color de rosa que tenía Fukuyama del mundo postsoviético. Estoy volviendo a este debate porque me fue útil para entender la relación entre la “muerte del comunismo” y las diversas corrientes postsoviéticas de la ideología burguesa, especialmente en los países capitalistas occidentales (pero no exclusivamente en ellos).
Fukuyama tomó el término y el concepto de “fin de la historia” del filósofo alemán Georg Hegel. Hegel usó esa expresión para describir las consecuencias histórico-mundiales de la Batalla de Jena de 1806, en la que el ejército de la Francia napoleónica derrotó al reino de Prusia. Tras la batalla, los franceses ocuparon y gobernaron el sur y el oeste de Alemania. Hegel estuvo entre los pocos intelectuales alemanes prominentes que apoyó al régimen napoleónico, al que consideraba históricamente progresivo, y colaboraron con él.
La concepción hegeliana del “fin de la historia” tenía un componente negativo y uno positivo. El componente negativo era que la ideología dominante de la Europa feudal tardía —el absolutismo monárquico sancionado y apoyado por las iglesias cristianas— había perdido su antiguo poder de determinar el curso futuro de la historia. El componente positivo era que los principios liberales de la Revolución Francesa, tal y como Hegel los entendía (y como los representaba Napoleón), habían llegado a ser capaces de conquistarlo todo en el ámbito de las ideas y con el tiempo se establecería a lo largo de Europa un nuevo orden sociopolítico en conformidad con el nuevo Zeitgeist (espíritu de los tiempos).
De igual modo, la versión de Fukuyama del “fin de la historia” tenía componentes negativos y positivos. El componente negativo, desde luego, era la “muerte del comunismo”:
“Si bien todavía hay en el mundo poder comunista, éste ha dejado de reflejar una idea dinámica y atractiva. Quienes se consideran a sí mismos comunistas se ven obligados a librar continuas batallas de retaguardia para preservar algo de su antigua posición y su antiguo poder. Los comunistas se encuentran en la poco envidiable situación de defender un orden social viejo y reaccionario cuya hora ha pasado ya hace mucho, como los monárquicos que lograron llegar al siglo XX”.
—The End of History and the Last Man (El fin de la historia y el último hombre, 1992)
Aquí Fukuyama expresa lo que es una moneda corriente entre todas las tendencias de la ideología burguesa postsoviética.
Eran las conclusiones positivas que sacó del colapso del bloque soviético las que constituían el núcleo de su tesis del “fin de la historia”. Sostenía que los valores socioculturales y las correspondientes instituciones económicas y políticas del mundo capitalista occidental terminarían por imponerse eventualmente a escala global:
“Es en este marco donde el carácter marcadamente mundial de la revolución liberal adquiere una especial significación, puesto que constituye una evidencia más de que está operando un proceso que dicta un patrón evolutivo común para todas las sociedades humanas; en pocas palabras, algo así como una Historia Universal de la Humanidad en dirección a la democracia liberal...
“Y si hemos llegado a un punto en el que se ha vuelto difícil imaginar un mundo sustancialmente distinto al nuestro, en el que el futuro no representa de ninguna manera evidente u obvia una mejoría respecto a nuestro orden actual, luego entonces debe considerarse la posibilidad de que la Historia misma haya llegado a su fin” [énfasis en el original].
La noción de Fukuyama de una “revolución liberal” universalmente triunfante sufrió un denso fuego por parte de algunos voceros intelectuales prominentes del imperialismo estadounidense. Su principal antagonista fue Samuel P. Huntington, que contraponía su propia tesis del “choque de civilizaciones” al “fin de la historia” de Fukuyama. Refiriéndose a este último, Huntington comentó con condescendencia: “El momento de euforia del fin de la Guerra Fría generó una ilusión de armonía, que pronto se reveló como tal” (The Clash of Civilizations and the Remaking of World Order [El choque de civilizaciones y la reconstrucción del orden mundial, 1996]). Sin duda, Huntington concordaba con Fukuyama en que ya nunca podría haber estados poderosos ni un movimiento político internacional con apoyo de masas que afirmara representar una alternativa universal, como el comunismo, al capitalismo tipo occidental y la “democracia”. Pero también sostenía que una buena parte del mundo —y en particular Rusia, el Oriente islámico y China— se vería dominada por gobiernos y movimientos políticos antioccidentales basados en valores y tradiciones nacionales y religioso-culturales:
“En este nuevo mundo, los conflictos más generalizados, importantes y peligrosos no serán entre clases sociales, entre ricos y pobres, ni entre otros campos económicamente definidos, sino entre pueblos provenientes de diferentes entidades culturales...
“La civilización occidental es la más poderosa y seguirá siéndolo durante muchos años. Sin embargo, comparado con el de otras civilizaciones, su poder está declinando. Cuando el Occidente intenta afirmar sus valores y proteger sus intereses, las sociedades no occidentales enfrentan una alternativa. Algunas intentan emularlo o colgarse de él. Otras sociedades confucianas e islámicas intentan expandir su propio poder militar y económico para resistir y ‘contrarrestar’ a Occidente. Un eje central de la política mundial posterior a la Guerra Fría es, pues, la interacción del poder y la cultura occidentales con el poder y la cultura de civilizaciones no occidentales”.
El debate Huntington/Fukuyama subraya la necesidad de que diferenciemos entre la creencia en la “muerte del comunismo”, que es generalizada y sigue siendo actual, y el limitado y efímero triunfalismo imperialista estadounidense en la secuela inmediata de la caída de la Unión Soviética.
Breves conclusiones
Una pregunta importante que enfrentamos puede ser formulada de este modo: ¿es posible que un levantamiento espontáneo, que implique a grandes sectores de la clase obrera, contra un gobierno derechista, pueda llevar a situaciones prerrevolucionarias o incluso revolucionarias (es decir, a órganos de poder dual) aun si la masa de los obreros y los trabajadores en general no aspira al socialismo? Yo creo que sí. Aunque nunca hemos experimentado semejante acontecimiento, no debemos descartarlo. Por ahora, nuestra tarea principal consiste en propagar una visión marxista del mundo con la expectativa de reclutar cantidades relativamente pequeñas de intelectuales izquierdistas y obreros avanzados. Parafraseando a John Maynard Keynes: cuando la realidad cambie, cambiarán nuestras perspectivas.
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2016.06.07 02:34 ShaunaDorothy El FIT argentino: Alquimia reformista y cretinismo parlamentario (Octubre de 2014)

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Espartaco No. 42 Octubre de 2014
En octubre de 2013, el Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT) obtuvo alrededor de un millón 200 mil votos en las elecciones argentinas, lo cual le ha valido la obtención de varias curules entre diputados y concejales. Este voto masivo es un reflejo del creciente hartazgo de sectores de la clase obrera y de la pequeña burguesía con el populismo kirchnerista. Tan sólo este año, el gobierno de Cristina Fernández ha enfrentado, además de diversas huelgas en empresas individuales, dos huelgas generales.
Los reformistas saben oler las oportunidades; además de eso, conceder que el FIT se presentó formalmente como una opción electoral obrera “socialista” contrapuesta a los partidos burgueses es lo mejor que se puede decir de este amasijo sin principios de morenistas (Izquierda Socialista, IS), morenistas reciclados (Partido de los Trabajadores Socialistas, PTS) y altamiristas (Partido Obrero, PO).
Un bloque podrido
El FIT se formó en 2011 como un acuerdo entre esas tres organizaciones para presentar candidatos en las elecciones y así “quebrar la proscripción electoral” contra la izquierda (“Declaración programática” del FIT, junio de 2011). Así, con tal de obtener unos cuantos diputados, decidieron mostrar una fachada de “unidad” y se presentan como la encarnación de la independencia política del proletariado; al mismo tiempo, cada partido rutinariamente acusa a los demás de cruzar la línea de clases, y a menudo todos tienen razón.
Las pretensiones del PTS a la ortodoxia marxista son una herramienta cínica para posicionarse como el ala “izquierda” de lo que sea, incluyendo del propio FIT. El PTS se quejaba hace ya dos años, por ejemplo, de que el PO “en diversos planteos tácticos tiende a ceder al frentepopulismo”, entre otras cosas al haber llamado a votar por el nacionalista burgués Evo Morales en Bolivia al menos en 2005 “o, más recientemente, a Syriza en Grecia” (Estrategia Internacional No. 28, septiembre de 2012). Para los trotskistas, el llamar a votar por fuerzas ajenas al proletariado significa traicionar los principios del marxismo-leninismo; para el PTS, en cambio, ello apenas “tiende” a capitular. Además, en julio de 2011, cuando Jorge Altamira era ya candidato presidencial del entonces flamante FIT, el caudillo del PO dejó claro que no tenía intención de contraponerse a Cristina Fernández, al declarar: “yo creo que a la gente militante y luchadora del kirchnerismo hay que decirle: ‘Querés defender a Cristina, bueno votala sólo a ella. Para abajo votá al Frente de Izquierda’” (Prensa Obrera No. 1187, 28 de julio de 2011). ¡Ésa es la “lucha” del FIT por la “independencia política de los trabajadores”!
En cuanto al estado obrero deformado cubano, IS es una organización “socialista” gusanoide que está por “la liberación de todos los presos políticos, aun de aquellos que defienden posiciones que consideramos equivocadas, y [por que] pueda[n] formar partidos políticos” (El Socialista No. 170, 14 de julio de 2010, énfasis añadido). Este artículo de IS hace referencia en particular a Guillermo Fariñas, hoy dirigente de la Unión Patriótica de Cuba, una organización gusana que llama por la “libre empresa” y por hacer de Cuba “un país de propietarios y productores libres” —es decir, por la contrarrevolución capitalista—. Los trotskistas genuinos estamos por la defensa de Cuba contra el imperialismo y la contrarrevolución y por una revolución política proletaria para echar a la burocracia castrista e imponer la democracia obrera para las organizaciones que acepten el poder proletario (no la burguesía y sus títeres). En cambio, una de las afinidades programáticas fundamentales de todos estos seudotrotskistas —y no la menos importante— fue su apoyo a la contrarrevolución en Europa Oriental y la URSS, así como el dar hoy por muertos a los estados obreros deformados de China, Corea del Norte, Laos y Vietnam.
Frente unido vs. alquimia reformista
En discusiones con los camaradas mexicanos del PTS, éstos han procurado justificar la formación y el mantenimiento del FIT mediante la afirmación falsa de que se trata de un “frente único” (o frente unido). El frente unido es una táctica que consiste esencialmente en una acción común en torno a demandas específicas, usualmente negativas, que muchas veces se exigen de las autoridades burguesas. La forma característica de un frente unido es una acción concreta: una huelga, una manifestación de masas contra medidas del gobierno (o también acciones defensivas contra los fascistas). El objetivo de esta táctica es escindir a las organizaciones obreras reformistas de masas al exacerbar las diferencias programáticas en el curso de la lucha común, y su naturaleza se resume a menudo en la frase “golpear juntos, marchar separados”.
El FIT no tiene nada que ver con eso; es un bloque político-electoral de duración indefinida cuyo propósito es mostrar una cara unitaria mediante la propaganda y el trabajo parlamentario conjuntos. El PTS mismo deja claro que el FIT no es percibido —ni por sus fuerzas componentes ni por la clase obrera— como un frente unido, sino como el embrión de un partido unificado: “Si tomamos el fenómeno de conjunto la izquierda obrera, socialista y anticapitalista...especialmente cuando actúa en común, es visualizada como una suerte de ‘partido’, aun minoritario, pero actuante y extendido en la vanguardia” (óp. cit.).
¿Hacia un partido “unificado”?
El PTS impulsa el desarrollo del FIT hacia un partido único, para lo cual dice que hay que clarificar “los aspectos políticos, programáticos, estratégicos y teóricos que nos separan de quienes hoy son nuestros aliados en el FIT”. La base política para la formación del frente fue una “Declaración programática” concretada en una lista reformista de 22 demandas, en gran parte económicas. La “Declaración” es un mínimo común denominador concebido para archivar cualquier diferencia. Dos ejemplos bastan para mostrar su carácter fraudulento. Allí se afirma con pompa que “El FIT denuncia el carácter claramente capitalista de todos los gobiernos latinoamericanos”, incluido el de Evo Morales, ¡pero no se dice una palabra del apoyo electoral del PO a ese mismo nacionalista burgués (ni de su declaración de 2011 de no competencia con “Cristina”)! Similarmente, la “declaración” se pronuncia “Contra el bloqueo y cualquier tipo de agresión imperialista contra Cuba y contra la restauración capitalista en la isla”, ¡sin mencionar el llamado de IS por derechos políticos para la gusanada! A eso se reduce la palabrería del PTS sobre una “constante, y a veces dura, lucha política de tendencias” al seno del FIT.
Para los revolucionarios genuinos, la lucha programática es la clave para forjar un partido leninista-trotskista políticamente homogéneo capaz de dirigir a la clase obrera hacia nuevas revoluciones de Octubre. Para los oportunistas, el programa político es un obstáculo a sus apetitos oportunistas, algo que debe ser enterrado tan pronto como sea posible en aras de la “unidad”. De concretarse tal “unidad”, el resultado será un efímero partido seudotrotskista más, tan inestable y sin principios como lo es hoy el FIT.
¡Abajo los puestos ejecutivos del estado capitalista!
El FIT no sólo ha presentado candidatos al parlamento; su fórmula ejecutiva postuló a Jorge Altamira para presidente nacional y a Christian Castillo del PTS para vicepresidente. Los espartaquistas nos oponemos, como una cuestión de principios, a que los marxistas se postulen a puestos ejecutivos del estado burgués; esta posición se basa en nuestro entendimiento de que el estado es el comité ejecutivo de la clase dominante. Asumir un puesto ejecutivo u obtener el control de una legislatura burguesa o un ayuntamiento municipal burgués exige tomar responsabilidad por la administración de la maquinaria del estado capitalista. Como explicamos en Spartacist (Edición en español) No. 36 (noviembre de 2009), el postularse para puestos ejecutivos legitima las concepciones reformistas dominantes respecto al estado. El resto de la izquierda rechaza el entendimiento leninista del estado y no sólo se postula para puestos ejecutivos, sino que una parte integral de su perspectiva consiste en asumirlos.
Aunque predeciblemente Altamira quedó lejos de ganar la presidencia, el éxito electoral de los seudotrotskistas argentinos al nivel parlamentario subraya la importancia inmediata de nuestra posición respecto a los puestos ejecutivos: el FIT bien podría obtener mayoría en algún municipio o algo parecido, y ponerse al frente tanto del aparato represivo estatal local como de las cloacas.
Bolchevismo vs. cretinismo parlamentario
La esencia de la democracia burguesa —de la cual el parlamento es una institución clave— consiste en decidir cada cierto número de años qué miembros de la clase dominante han de oprimir y aplastar a los pobres. La democracia burguesa es la democracia para los ricos, un maquillaje para la dictadura del capital (ver “Por qué rechazamos la consigna por una ‘asamblea constituyente’”, Spartacist [Edición en español] No. 38, diciembre de 2013). Al tiempo que defendemos los derechos democráticos bajo el capitalismo hoy, los espartaquistas luchamos por construir un partido obrero capaz de llevar a cabo la revolución socialista, el único medio para remplazar el parlamentarismo burgués con la democracia obrera soviética. Los soviets —o consejos— de obreros y campesinos son corporaciones de trabajo, legislativas y ejecutivas a la vez, que representan “un nuevo tipo de estado, un tipo nuevo y superior de democracia; una forma de la dictadura del proletariado, el medio de gobernar el estado sin la burguesía y contra la burguesía (Lenin, “Carta a los obreros norteamericanos”, 1918).
En el camino a ese fin, los comunistas podemos participar, como opositores, en los parlamentos y otros cuerpos legislativos como tribunos revolucionarios de la clase obrera. Pero para los bolcheviques el trabajo en el parlamento es una cuestión táctica, un punto de apoyo secundario de la acción revolucionaria para impulsar el desarrollo de la conciencia de la clase obrera. Las “Tesis sobre el Partido Comunista y el parlamentarismo” del II Congreso de la Internacional Comunista (1920) explican que para los comunistas, “el parlamento no puede ser actualmente, en ningún caso, el teatro de una lucha por reformas y por el mejoramiento de la situación de la clase obrera, como sucedió en ciertos momentos en la época anterior. El centro de gravedad de la vida política actual está definitivamente fuera del marco del parlamento”. Al hacer trabajo en cualquier institución legislativa burguesa, “el partido comunista entra en ella no para dedicarse a una acción orgánica sino para sabotear desde dentro la maquinaria gubernamental y el parlamento”, pues el comunismo, en la lucha por la dictadura del proletariado, “se da como misión la abolición del parlamentarismo”. Las Tesis afirman también que “los partidos comunistas deben renunciar al viejo hábito socialdemócrata de hacer elegir exclusivamente a parlamentarios ‘experimentados’ y sobre todo a abogados. En general, los candidatos serán elegidos entre los obreros”.
Éste fue el entendimiento que guió nuestras campañas electorales en EE.UU. en los años 70 y 80. (En 1985 postulamos a Marjorie Stamberg para la alcaldía de Nueva York. Dado nuestro entendimiento de entonces, aquél no fue un acto aprincipista, sino una campaña llevada a cabo de acuerdo con lo que considerábamos una práctica comunista correcta. A la luz de nuestro entendimiento actual, postularse para un puesto ejecutivo está fuera de la cuestión; no es una cuestión de táctica, sino de principio.) Aquellas campañas se centraban en consignas revolucionarias tajantes, como “¡Romper con los demócratas—por un partido obrero para luchar por un gobierno obrero!”; “¡Terminar la Guerra Civil! ¡Liberación de los negros mediante la revolución socialista!”; “¡Somos el partido de la Revolución Rusa!”; “¡Defender las conquistas de la Revolución de Octubre!” o, una de nuestras favoritas, “¡El Ku Klux Klan no marcha en Moscú!”. Eso le pondría los pelos de punta no sólo a cualquier miembro del Partido Demócrata, sino a cualquier morenista.
Siguiendo los lineamientos del II Congreso de la Comintern, exigimos de nuestra candidata en 1978 una renuncia a su puesto parlamentario, firmada y sin fecha, para que el Comité Central de la SL la pudiera invocar en cualquier momento. Reprodujimos esta carta en Workers Vanguard No. 217 (20 de octubre de 1978) como parte de un artículo que explicaba: “No estás votando por un individuo sujeto a una miríada de presiones, sino por un partido que se mantendrá o caerá sobre la base de su programa”.
Dictadura proletaria vs. “república democrática”
Para discutir el trabajo bolchevique en la duma zarista a principios del siglo XX, es necesario clarificar las distintas concepciones de la venidera revolución rusa que tenían tanto los mencheviques como Lenin y Trotsky. Señalando el atraso del país, los mencheviques insistían en que la clase obrera no podía ser sino un apéndice de la burguesía liberal, la cual supuestamente procuraba establecer una república democrática. Por su parte, antes de 1917 Lenin mantenía la perspectiva de la “dictadura democrática del proletariado y el campesinado”; Lenin aceptaba que la lucha por la libertad política y la república democrática en Rusia era una etapa necesaria que no minaría “la dominación de la burguesía” (Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática, 1905). Pero, crucialmente, Lenin no tenía ilusiones sobre el supuesto carácter “progresista” de la burguesía rusa, y descartaba categóricamente que ésta pudiera consumar su propia revolución. Para él, la fórmula de la dictadura revolucionaria democrática retuvo un carácter algebraico. Sus lineamientos para una dictadura revolucionaria conjunta no eran los términos para una época de la paz de clases, sino los planes de batalla para un episodio de la guerra de clases que se extendía a la arena internacional. La destrucción del gendarme Romanov inspiraría a los obreros de Europa a tomar el poder estatal. Entonces apoyarían al proletariado ruso a hacer lo mismo.
Como sabemos, la historia habría de demostrar mediante la Revolución de Octubre que las tareas que Lenin atribuía a la dictadura democrática sólo podría cumplirlas la dictadura del proletariado apoyada en el campesinado —la esencia de la concepción trotskista, la revolución permanente—, mientras que la fórmula de la dictadura democrática sería usada por otros para justificar su apoyo al Gobierno Provisional burgués en 1917. En los países de desarrollo capitalista atrasado (como lo era Rusia entonces, y lo son los países latinoamericanos hoy), las aspiraciones de los trabajadores a los derechos democráticos y nacionales y a la emancipación social sólo pueden realizarse mediante la revolución proletaria y su extensión a los centros del imperialismo mundial.
Con sus célebres “Tesis de abril” de 1917, Lenin abandonó la vieja consigna bolchevique y adoptó, en los hechos, el programa de Trotsky de la revolución permanente.
Los bolcheviques en la duma zarista
En su libro The Bolsheviks in the Tsarist Duma (Los bolcheviques en la duma zarista, 1929), A. Bádaiev, antiguo diputado bolchevique, explica que “los bolcheviques consideraban la campaña electoral para la Duma Estatal [de 1912] como una oportunidad para la agitación y la propaganda amplias y como un medio de organizar a las masas”. En consecuencia con la perspectiva de Lenin de ese entonces, las consignas principales del partido bolchevique en las elecciones a la duma eran: 1) la república democrática, 2) la jornada de ocho horas y 3) la confiscación de los latifundios. Bádaiev explica:
“Estas tres consignas básicas del Partido Bolchevique, posteriormente conocidas como las ‘tres ballenas’, formulaban las reivindicaciones elementales de los obreros y los campesinos rusos. La consigna por una ‘república democrática’ planteaba directamente la cuestión del derrocamiento del zarismo, aunque el zarismo se ocultara tras una duma castrada; esta consigna exponía las ‘ilusiones constitucionales’ y mostraba a la clase obrera que las reformas aprobadas por la Duma Estatal no los ayudarían en lo más mínimo, y que no había posibilidad de mejorar su suerte bajo la forma de gobierno existente...
“El resto del programa mínimo estaba ligado a estas tres reivindicaciones básicas, es decir, los bolcheviques enfatizaban que sólo se podría llevar a cabo una vez que las reivindicaciones básicas del movimiento revolucionario se hubieren realizado”.
Bádaiev recuenta también que la fracción bolchevique en la duma zarista sentía presión de los obreros, que les preguntaban dónde estaban las leyes que presentaban. En una ocasión le preguntó a Lenin qué tipo de leyes debían, pues, proponer. “Lenin respondió con su risa usual”:
“La tarea de un diputado obrero es recordar a las Centurias Negras [pogromistas], día tras día, que la clase obrera es fuerte y poderosa, y que no está lejano el día cuando la revolución habrá de irrumpir y barrer con las Centurias Negras y su gobierno”.
¿Cuál era el programa electoral de los mencheviques? Su programa, dice Bádaiev, “consistía precisamente en esas demandas secundarias que los bolcheviques impulsaban sólo en asociación con las consignas revolucionarias principales. La plataforma menchevique presentaba las tres consignas básicas de los bolcheviques en una forma diluida. En lugar de una ‘república democrática’ exigían la ‘soberanía de los representantes populares’; en lugar de ‘la confiscación de los latifundios’ pedían vagamente una ‘revisión de la legislación agraria’, etc.”.
Mencheviques peronistas
Hoy día, las campañas electorales y el trabajo parlamentario del FIT siguen la huella de los mencheviques paso a paso; procuran conducir a la clase obrera, en los hechos, a actuar como apéndice de la burguesía tras el espejismo de una “república democrática” —definitivamente desmentido por la historia en el curso del año 1917—, al tiempo que mantienen la vieja división entre el programa mínimo, que refleja su práctica reformista, y el programa máximo (a lo más, fraseología vacua para discursos dominicales).
Por supuesto, estos seudotrotskistas juzgan electoralmente contraproducente cualquier referencia al bolchevismo o a la Revolución de Octubre; de hecho, en la medida en que su “Declaración programática” menciona la palabra “revolución” es para ensalzar el mito de la “revolución árabe”, un término aclasista vacío diseñado para ponerse a la cola del nacionalismo árabe y de fuerzas islámicas reaccionarias.
A modo de cobertura “radical”, la propaganda electoral cotidiana del FIT está salpicada de llamados por el “control obrero” —sin ningún vínculo con la necesidad del derrocamiento del capitalismo—. Pero si la seudoizquierda en general hace de esta consigna un fetiche, el FIT y sus componentes la llevan a un nivel simplemente ridículo al exigir el “control obrero” de prácticamente todo: desde la minería y la industria energética hasta los trenes, el subterráneo de Buenos Aires, la administración de la seguridad social, la banca, las obras públicas, las cloacas (¡literalmente!), las licitaciones y contratos del estado, etc. La lógica de todo esto es impulsar el engaño de que la clase obrera controlará la economía entera no mediante la revolución socialista, sino bajo el capitalismo, presumiblemente mediante los buenos servicios del impotente parlamento burgués —un instrumento de opresión de los proletarios por la burguesía que nunca resuelve las cuestiones más importantes dentro de la democracia burguesa: las resuelven la bolsa y los bancos—.
El nacionalismo burgués peronista ha sido históricamente una de las principales ataduras ideológicas para mantener a la clase obrera encadenada a la burguesía. Sin embargo, ausente de la propaganda electoral cotidiana del FIT está cualquier llamado explícito a romper con el peronismo o con su encarnación actual, Cristina Fernández, o cualquier llamado por la construcción de un partido de vanguardia leninista-trotskista —tales consignas son demasiado programáticas, concretas y radicales para estos invertebrados—. En cambio, a la par con su “Declaración programática” el FIT impulsa otra colección ultrarreformista de “reivindicaciones urgentes” (“Manifiesto político-electoral” del FIT, septiembre de 2013) como “impuesto extraordinario a los grandes capitales” —haciendo caso omiso del hecho de que tales impuestos normalmente acaban adjudicándose a los consumidores mediante el simple aumento de precios—.
El reformismo formal del FIT: ¿“Desmantelamiento de las fuerzas represivas” burguesas?
El entendimiento del estado es una cuestión clave que separa al marxismo del reformismo. El estado capitalista consiste, en su núcleo, en destacamentos de hombres armados que mantienen el dominio de la burguesía. El ejército, la policía, los tribunales y las cárceles constituyen los verdaderos pilares del estado burgués. El ABC del marxismo es el entendimiento de que este estado no puede ser reformado para servir a los intereses de la clase obrera y los oprimidos, sino que debe ser destruido mediante la revolución socialista y remplazado por un estado obrero que defienda los intereses del proletariado como nueva clase dominante —ésta es, en esencia, la tarea fundamental de la revolución proletaria—.
Los oportunistas, en cambio, impulsan ilusiones en la reforma democrática del estado capitalista: el FIT llama por “la elección popular de los jueces y fiscales” —¡quizá el honorable Altamira quiera postularse!—. Los jueces, fiscales y demás administradores de la “justicia” burguesa son los encargados directos de esgrimir la represión estatal contra los pobres, los obreros y los oprimidos. El que los carceleros y verdugos de la burguesía sean elegidos “para que rindan cuentas” —como dice conmovedoramente el PO— no cambiará nada la naturaleza del estado ni la brutalidad policiaca. En la mayor parte de EE.UU., por ejemplo, los sheriffs (alguaciles) obtienen su puesto mediante “elección popular”. Por citar un caso, el infame sheriff Joe Arpaio de Maricopa, Arizona, ha sido reelegido seis veces; ¡que los diputados del FIT vayan a contarle a los inmigrantes indocumentados de las bendiciones de la “elección popular” de los represores burgueses!
En diciembre de 2013 hubo un motín policiaco en la Argentina con la demanda de aumento salarial. Ante ello, el FIT publicó un “Comunicado” (13 de diciembre) en el que se pronuncia por el “desmantelamiento de las fuerzas represivas” del estado capitalista —una consigna recurrente del PTS y el PO—, omitiendo clarificar quién o cómo habrá de “desmantelarlas”. De este modo, sugiere que el estado burgués va a “desmantelarse” a sí mismo mediante la legislación o ante la presión extraparlamentaria. Ésta es una ilusión reformista suicida: ninguna clase poseedora en la historia ha cedido jamás su posición dominante sin una lucha a muerte.
El reformismo del FIT en los hechos: Reforzando el aparato represivo burgués
Igual que su “Declaración programática”, el “Comunicado” del FIT sobre el motín policiaco es un fraude. De entrada, salta a la vista que, aunque se refiere a la policía correctamente como una “fuerza de choque presta para enfrentar a los trabajadores”, no hay ninguna denuncia inequívoca del motín policial. Al contrario, el comunicado se desvía del tema para hablar de la inflación, que “pulveriza el salario de los trabajadores”, y así lanzar la exigencia de aumento salarial “para todos los trabajadores sin distinción” (énfasis añadido) —¡el FIT incluye a los policías entre los “trabajadores”!—. El hecho es que tanto el PO como IS consideran que los policías son “trabajadores” uniformados; la demanda del FIT por aumento salarial para los policías viene directamente de un comunicado publicado por el PO con anterioridad (11 de diciembre) y titulado más explícitamente “Ante la crisis política, inflacionaria y policial: Salario mínimo de $8.000 para todos los trabajadores; 82% móvil”. IS es aún más abierta en su defensa de la policía contra el repudio popular:
“Muchos trabajadores y jóvenes se preguntan si es legítimo y correcto apoyar el derecho a que la base policial y sus cuadros medios reclamen salarios contra el gobierno patronal de turno o puedan sindicalizarse. Izquierda Socialista contesta afirmativamente a ambos interrogantes”.
—El Socialista No. 259, 13 de diciembre de 2013
El PTS de hecho “polemizó” contra sus compañeros de bloque, acusándolos pusilánimemente de caer “en una posición sindicalista” (“La izquierda y el motín policial”, 12 de diciembre), ¡y procedió a firmar una declaración con la posición rastrera de sus aliados! La posición del PO, de IS y del FIT sobre la policía no tiene nada que ver con el sindicalismo. Los policías no son “trabajadores” uniformados, sino el puño armado del estado burgués. Apoyar los reclamos de la policía —incluyendo por sindicalizarse— significa apoyar llamados por mayor presupuesto para reprimir a la población trabajadora, por mejores armas, más municiones y todos los medios necesarios para sostener más eficazmente el dominio de la clase capitalista.
¿Y qué hacen los diputados del FIT respecto al estado? Un artículo del PO grotescamente titulado “Quince días que agitaron Mendoza” (22 de mayo) se jacta de la labor de sus parlamentaristas:
“Aprovechamos el debate para presentar un proyecto que crea el cuarto turno en el Poder Judicial y reduce la labor a seis horas —lo cual sí es una contribución a una mayor rapidez y, por sobre todo, transparencia de los procesos judiciales”.
Lejos de promover su patraña reformista de “desmantelar” los cuerpos represivos, ¡el PO se ofrece ante la burguesía como el mejor administrador de su aparato estatal!
Por su parte, el PTS defiende y exige la aplicación de legislación draconiana contra la prostitución y presenta en los hechos al estado burgués como el defensor de las mujeres y las prostitutas —ésa es la lógica del feminismo burgués—. En agosto pasado, su diputada y dirigente de la organización feminista Pan y Rosas presentó un proyecto de “Ley de Adhesión de la Provincia de Mendoza a la Ley Nacional 26.842 sobre Prevención y Sanción de la Trata de Personas”. Entre otras cosas, dicha ley nacional iguala la prostitución con la esclavitud y aplica una condena de cuatro a seis años de prisión al que “promoviere o facilitare la prostitución”, “aunque mediare el consentimiento de la víctima”.
La prostitución forzada, la violación y los ataques sexuales brutales son verdaderos crímenes. Sin embargo, nos oponemos a los intentos del estado —y de los diputados del FIT— de equiparar la “esclavitud sexual” y la “prostitución forzada” con la prostitución misma, así como de retratar cualquier intercambio de dinero por sexo como esclavitud potencial. La prostitución es muy a menudo degradante y explotadora, pero la criminalización simplemente hace que las prostitutas se tengan que refugiar en un medio lumpen en el cual no tienen acceso a servicios médicos y en donde quedan mucho más vulnerables a los crímenes de pandillas y la violencia de los proxenetas. Los marxistas advertimos que toda intervención del estado capitalista incrementa directamente la miseria de todos los involucrados y funciona como un pretexto para incitar a los policías y los tribunales a ir tras los inmigrantes, las mujeres y la sexualidad misma. (Para un análisis más completo de este tema, ver, por ejemplo, “Cruzada de los EE.UU. y la ONU contra el ‘tráfico sexual’”, Spartacist [Edición en español] No. 33, enero de 2005.)
¡Por un partido leninista-trotskista!
El régimen burgués argentino utiliza la retórica “antiimperialista” nacionalista y la nostalgia popular por el gobierno nacional-corporativista del general Juan Domingo Perón (especialmente a finales de los años 40 y principios de los 50) para mantener bajo su control a las masas trabajadoras. La oposición intransigente al nacionalismo burgués peronista, el cual ha llevado una y otra vez al desastre a los obreros y oprimidos argentinos, es crucial para romper estas ataduras. Pero desde el apoyo a las aventuras militares supuestamente “antiimperialistas” en las Malvinas/Falklands (ver Espartaco No. 35, junio de 2012) hasta su apoyo electoral a caudillos populistas como Evo Morales, la oposición al nacionalismo burgués es la última cosa que ofrecen los grupos seudotrotskistas que pueblan la izquierda argentina.
La necesidad candente hoy en día en Argentina es el forjamiento de un partido leninista-trotskista auténtico. Sólo un programa de internacionalismo revolucionario puede ofrecer un camino hacia delante a la clase obrera argentina. Los obreros y las masas oprimidas a través de América Latina deben ser ganados a los principios y el programa del internacionalismo proletario como fue representado por Marx, Engels, Lenin y Trotsky. Ésta es la perspectiva de la LCI: reforjar la IV Internacional, partido mundial de la revolución socialista.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/42/argentino.html
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2016.06.05 18:17 ShaunaDorothy ¡Abajo la Propuesta de Ley sobre los Tribunales Tradicionales! ¡Por la liberación de la mujer mediante la revolución socialista! ( 2 - 2 ) (Septiembre de 2013)

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La opresión de la mujer, la tradición y la familia
Como administradores de la miseria capitalista del neo-apartheid, el CNA y otros dirigentes de la Alianza idealizan también las sociedades tribales, conciliando y promoviendo, por ejemplo, a los izangoma (médicos brujos) y a otros charlatanes eufemísticamente denominados “sanadores tradicionales”. El desastroso estado del sistema de salud pública —con hospitales públicos crónicamente atestados, cortos de personal y en un estado decrépito, a los que llegar siquiera es una ventaja— significa que, para muchos, los curanderos tradicionales son el único “servicio de salud” al que tendrán acceso jamás. Algunas mujeres acuden a ellos para abortar porque los abortos legales en los hospitales son inaccesibles. Estamos por el derecho de las mujeres al aborto gratuito y seguro para quien lo solicite. En oposición a la “medicina tradicional” muti y otras formas de la denominada “medicina alternativa”, defendemos la ciencia y la medicina científica, y nos oponemos a que los gobiernos subsidien o promuevan de cualquier otra manera a los curanderos tradicionales.
La promoción del atraso tradicionalista por parte del CNA ha tenido resultados desastrosos, como demuestra horripilantemente la política “negacionista del SIDA” del gobierno de Thabo Mbeki (una política que durante años contó con la complicidad de Zuma, segundo de Mbeki hasta 2005, al igual que de los dirigentes del PCS y el COSATU, hasta que finalmente se distanciaron de ésta). Un estudio de la Harvard School of Public Health demostró que unos 330 mil sudafricanos murieron de SIDA entre 2000 y 2005 porque no fue implementado un programa de tratamiento con antirretrovirales (ARV) a tiempo. La miserable ración de ayuda que destinó el sistema imperialista ávido de ganancias a Sudáfrica fue obstruida adicionalmente cuando Mbeki y otros líderes del CNA rechazaron la ciencia médica y bloquearon activamente la implementación de un programa basado en los ARV, promoviendo en cambio a los curanderos tradicionales y otros mercaderes de la muerte que empujan curas herbales y “naturales”. Como el VIH/SIDA es una enfermedad de transmisión sexual, su expansión ha sido impulsada desde siempre por el papel de subordinación de las mujeres. Siempre nos hemos opuesto a la charlatanería “negacionista” y seguimos exigiendo ARV gratuitos para todos los que los necesiten como parte de una lucha por servicios de salud gratuitos y de calidad para todos.
Además de promover la ignorancia y los prejuicios y supersticiones anticientíficos, los curanderos tradicionales son parte de la represiva estructura política que abarca desde el sangoma [chamán] en la comunidad hasta la Cámara de Líderes Tradicionales, parte del estado burgués. Una función primordial de esta estructura represiva es imponer la subordinación de la mujer frente al hombre, a través de la promoción y legitimación de prácticas patriarcales antimujer. Junto con el lobola y el ukuthwala, éstas incluyen pruebas de virginidad y ceremonias de iniciación como el uMemolo, en donde las mujeres jóvenes son enseñadas a servir a los hombres y entrenadas para transmitir la cultura tradicional a la siguiente generación.
Estas atrasadas prácticas tradicionales, remanentes de una cultura agrícola y esclavista, son un factor importante en la legitimación y promoción de la violencia contra las mujeres, que incluye uno de los más altos índices de violaciones reportadas en el mundo. Las mujeres más vulnerables son las que sufren más estas prácticas. Por ejemplo, los matones que practican el ukuthwala generalmente secuestran mujeres huérfanas o provenientes de familias pobres. Como sucede siempre en la sociedad de clases, las tradiciones y la cultura que son defendidas más aguerridamente son aquéllas que le son aceptables y beneficiosas a los ricos.
Fortalecer los tribunales tradicionales significa fortalecer esta represión de las mujeres. En muchos sistemas legales basados en las costumbres, las mujeres africanas tienen como guardianes a sus padres y, después del matrimonio, a sus maridos. No tienen capacidad de contratar nada sin el consentimiento de su guardián y no pueden presentarse en los tribunales sin la asistencia de éste. Están excluidas de los procesos políticos de las tribus y en ocasiones tampoco pueden acceder a la propiedad de la tierra. Tradicionalmente, las mujeres no son incluidas en las negociaciones del lobola: el consentimiento al sexo y otros derechos sexuales no están en manos de las mujeres mismas, sino de los miembros de su familia.
Comúnmente se piensa, de manera errónea, que la subordinación de la mujer al hombre, al igual que la familia patriarcal actual, existen desde siempre. Otra idea equivocada común, particularmente extendida entre los feministas y otros opositores de la opresión de la mujer desde el marco liberal burgués, es que la fuente de esta opresión son simplemente las ideas patriarcales atrasadas (particularmente las de los hombres). Por otro lado, los nacionalistas, en particular, hacen apología de la poligamia forzada, el lobola y otras prácticas antimujer presentándolas de manera idealizada como formas típicamente africanas de demostrar “respeto” entre las familias. Otra justificación para estas cosas argumenta que, dado que las mujeres con frecuencia tienen papeles importantes en las prácticas africanas tradicionales, éstas últimas no pueden resultar opresivas para las mujeres.
Como marxistas entendemos que la opresión de la mujer es material y que la idea de que las mujeres son inferiores a los hombres no es sino un reflejo de esa realidad material. Engels explicó que la opresión de la mujer tiene sus raíces en el desarrollo de la propiedad privada y la división de la sociedad en clases, ambas conectadas con el desarrollo de la familia. Las primeras sociedades humanas vivían una forma de “comunismo primitivo”. Esto significaba que los seres humanos cazaban y recolectaban apenas lo mínimo para sobrevivir y lo compartían de manera equitativa. La división del trabajo entre hombres y mujeres estaba basada en la realidad biológica del cuidado de los niños —es decir, las mujeres eran responsables de gestar y amamantar a los pequeños— y no implicaba un papel subordinado para las mujeres. La división del trabajo entre los sexos era igual y ambos producían para satisfacer sus necesidades vitales. Las funciones del hogar eran una responsabilidad común y colectiva.
Esta igualdad social primitiva desapareció cuando avances como el desarrollo de la agricultura le permitieron a los seres humanos producir más del mínimo para sobrevivir. Este excedente social se convirtió en propiedad de una minoría, formada por hombres, creando las primeras divisiones de clase en la sociedad. Esto llevó al desarrollo de la institución de la familia como un medio para transmitir la propiedad de una generación a otra. También ocasionó el surgimiento del estado, una organización de dominio utilizada por una clase para suprimir a otra.
La familia patriarcal decretó la monogamia para las mujeres, de modo que los hombres pudieran asegurarse que sus descendientes heredarían su propiedad. Esto dio fin a la familia comunal. De ese modo, las funciones de la familia, la crianza de los niños y el trabajo doméstico se volvieron actividades privadas y perdieron su carácter comunal. Las mujeres, confinadas al hogar individual, fueron aisladas de la producción social, que se volvió una esfera masculina. Como escribió Engels en El origen de la familia, la propiedad privada y el estado (1884): “El derrocamiento del derecho materno fue la gran derrota histórica del sexo femenino en todo el mundo. El hombre empuñó también las riendas en la casa; la mujer se vio degradada, convertida en la servidora, en la esclava de la lujuria del hombre, en un simple instrumento de reproducción”.
¿Cuál es, entonces, el papel de la familia para la gente que no tiene propiedad que transmitir? La familia bajo el capitalismo sirve además para criar a la siguiente generación para que trabaje en el campo, las fábricas y las minas, y para que sirva de carne de cañón en el ejército burgués. Sirve para entrenar a los jóvenes a obedecer a la autoridad, inculca el atraso religioso y actúa en general como freno de la conciencia social. De esta forma, la institución de la familia asegura que sea mantenido el dominio de clase de los capitalistas. La familia es la fuente principal de la opresión de la mujer, así como una unidad económica y social, baluarte de la reacción social junto con la religión organizada. Es, además, la fuente de la discriminación, la persecución legal y otras formas de opresión contra los homosexuales. A pesar de sus leyes liberales en el papel, Sudáfrica está plagada por un virulento fanatismo antigay, con frecuentes reportes de ataques asesinos contra gays y lesbianas, particularmente en los townships y las áreas rurales.
A diferencia de los feministas, que ven la liberación de la mujer exclusivamente como tarea de las mujeres, nosotros entendemos que la lucha por la igualdad de la mujer tiene que ser levantada como parte necesaria de la lucha por liberar a la clase obrera en su conjunto. Esto incluye la lucha por integrar a las mujeres a la producción social. Los sindicatos tienen que luchar por cuidado infantil gratuito disponible las 24 horas para todos; por la extensión de los derechos de licencia por maternidad para las trabajadoras; por anticonceptivos gratuitos y abortos seguros y gratuitos para quien los solicite; y por otras demandas para darle a las mujeres un mayor acceso a trabajos decentes y a la independencia financiera.
Luchar por estas demandas requiere de un combate político para remplazar a los actuales dirigentes sindicales procapitalistas —que, en el caso de los líderes del COSATU, subordinan directamente a la clase obrera a los capitalistas a través del frente popular nacionalista de la Alianza Tripartita— con una dirección clasista. El combate contra los falsos dirigentes procapitalistas en los sindicatos es una parte crucial de la lucha indispensable por forjar un partido revolucionario de vanguardia. Queremos abrir el camino para que las mujeres desempeñen un papel activo y dirigente en la clase obrera, que es la única con el poder social y el interés objetivo de derrocar el sistema capitalista.
La lucha por la liberación de la mujer, especialmente en los países de desarrollo capitalista atrasado como Sudáfrica, puede ser una importante fuerza motriz para la revolución socialista. Sudáfrica nunca experimentó una revolución democrático-burguesa. En cambio, la opresión capitalista fue impuesta por los colonizadores imperialistas sobre la estructura de las sociedades precapitalistas, dejando en su lugar y reforzando todo el atraso acumulado en esas sociedades, particularmente la brutal opresión de la mujer. Nos oponemos al “relativismo cultural” de los nacionalistas y otros que buscan justificar en nombre de la tradición prácticas barbáricas antimujer como la mutilación genital femenina y el matrimonio por secuestro, y buscamos poner fin a esas prácticas. No hay nada excepcionalmente africano en esas prácticas: por ejemplo, el lobola es una versión del precio de novia, practicado en sociedades de Asia y Europa en distintos periodos, y aun hoy en países como Afganistán.
Luchamos por la emancipación de la mujer a través de la revolución socialista. Buscamos deshacernos de la institución de la familia, fuente de la opresión de la mujer. Las funciones de la familia —el cuidado de los niños, el trabajo doméstico, etc.— no pueden ser simplemente abolidas, tienen que ser remplazadas por instituciones sociales. En una sociedad socialista, el estado obrero buscaría proporcionar cuidado infantil gratuito 24 horas al día, siete días a la semana, fácilmente accesible en casa o el trabajo, cocinas y lavanderías comunales y otras medidas que liberarían a las mujeres de la esclavitud doméstica y les permitirían participar en todos los niveles de la sociedad. Esto no es posible más que sobre la base de una economía socialista planificada, en la que la producción sea liberada de la anarquía y la irracionalidad, y sea organizada y operada para satisfacer las necesidades humanas y no la sed de ganancias.
“La revolución por etapas”: Traición contra las mujeres y el socialismo
El Partido Comunista de Sudáfrica dice oponerse a la Propuesta de Ley sobre los Tribunales Tradicionales. El año pasado, los delegados al XIII Congreso Nacional del Partido votaron por rechazarla categóricamente, tan sólo unos meses después de que el Comité Central del PCS emitiera una comedida declaración que llamaba a “discutirla más” y argumentaba: “Hay aspectos del sistema de Tribunales Tradicionales que son progresistas y deberían ser mantenidos, pero los aspectos que están en conflicto con los objetivos no sexistas, democráticos y de construcción de la nación de la Revolución Democrática Nacional deberían ser rechazados”. No es para sorprenderse, sin embargo, que nada de esto parece haber causado disturbio alguno en la armoniosa relación entre los dirigentes del PCS y el gobierno capitalista que busca aprobar la reaccionaria propuesta de ley —un gobierno del que son una parte prominente—. Por citar sólo un ejemplo, Yunus Carrim, miembro del politburó del PCS, es el asistente del ministro en el Departamento de Administración Corporativa y Asuntos Tradicionales, ¡precisamente el ministerio responsable de la propuesta de ley!
Los dirigentes del PCS tienen una larga historia de traicionar los intereses de la clase obrera en nombre del esquema menchevique/estalinista de la “revolución por etapas”, conocido en Sudáfrica como la “Revolución Democrática Nacional” (RDN). De acuerdo con este esquema, que sirve como justificación ideológica para la alianza histórica y la compenetración con el CNA, las condiciones actuales no están lo suficientemente maduras para el socialismo. Por eso, primero debe venir un bloque político con los nacionalistas burgueses “progresistas”. Después, en un futuro siempre lejano y jamás especificado, esto conducirá al socialismo. A través de la historia, la “segunda etapa” siempre ha sido en realidad el asesinato de los obreros y los comunistas a manos de los nacionalistas burgueses.
En 1964, el líder histórico del PCS Govan Mbeki escribió bonitas palabras denunciando a los líderes tradicionales: “Si los africanos han tenido jefes, es simplemente porque todas las sociedades humanas los han tenido en un punto u otro. Pero cuando un pueblo se ha desarrollado a tal grado que descarta a los jefes tribales, cuando su desarrollo social contradice la necesidad de una institución así, entonces obligarlo a mantenerla no es liberación sino esclavitud” (The Peasants’ Revolt [La revuelta de los campesinos]). Sin embargo, en nombre de la alianza de colaboración de clases con los nacionalistas “progresistas” del CNA, los dirigentes del PCS aceptaron toda clase de conciliaciones grotescas con los jefes tribales y aun ahora se encuentran entre los apologistas más rastreros del gobierno de la Propuesta de Ley sobre los Tribunales Tradicionales.
Para avanzar en su lucha, la clase obrera debe romper con la Alianza Tripartita y con la política reformista de colaboración de clases presentada bajo el nombre de Revolución Democrática Nacional. En oposición al esquema de la “revolución por etapas”, Spartacist/South Africa, sección de la Liga Comunista Internacional, está por el programa y la perspectiva de la revolución permanente desarrollados por el dirigente bolchevique León Trotsky. Ésta sostiene que, en los países de desarrollo capitalista atrasado, las tareas democráticas inconclusas, asociadas históricamente con las revoluciones burguesas, sólo pueden ser llevadas a cabo con la llegada al poder de la clase obrera. Una vez en el poder, la clase obrera deberá luchar por extender la revolución a los países capitalistas avanzados para asegurar la construcción exitosa del socialismo.
Sudáfrica es un caso particularmente dramático de la aplicabilidad de la revolución permanente de Trotsky: una sociedad única, en la que la colonización europea creó una fuerte superposición de las cuestiones raciales y de clase a través de la brutal superexplotación y supresión de la mayoría negra. Para enfatizar la conexión intrínseca entre la revolución socialista y la liberación nacional para la mayoría negra, y para combatir el dominio de la ideología nacionalista, lanzamos el llamado por un gobierno obrero centrado en los negros como una concretización de la revolución permanente. Un gobierno obrero centrado en los negros unificaría a los distintos grupos tribales y lingüísticos y le daría un papel activo y completos derechos democráticos a las minorías de color (coloured) e india, al igual que a los blancos que acepten un gobierno basado centralmente en los obreros negros.
Las medidas necesarias para desmantelar el racista sistema de trabajadores migrantes y para liberar a las mujeres de la esclavitud doméstica subrayan la necesidad vital de una perspectiva internacionalista. El desarrollo de las áreas rurales, los programas para proporcionar vivienda y cuidado infantil para todos, etc., todo ello dependerá para su éxito de la conexión con una economía socialista planificada internacional, lo que implica la extensión de la revolución socialista a los países capitalistas avanzados (imperialistas) en Norteamérica, Europa Occidental y Japón. En la lucha por este objetivo, buscamos construir un partido leninista revolucionario de vanguardia de la clase obrera que defenderá la causa de las masas urbanas ampliamente desempleadas, los sin tierra, los inmigrantes, las mujeres, los trabajadores agrícolas y todos los demás oprimidos bajo el capitalismo del neoapartheid.
¡Por nuevas revoluciones de Octubre!
Las mujeres negras desempeñaron un papel heroico en la lucha contra el apartheid, pero como esa lucha estaba dominada políticamente por el nacionalismo burgués, la liberación que ansiaban nunca llegó. Nuestro modelo positivo en la lucha por la liberación de la mujer es el Partido Bolchevique de Lenin y Trotsky. La Revolución de Octubre de 1917, dirigida por los bolcheviques, fue una confirmación dramática de la teoría de Trotsky de la revolución permanente. El gobierno revolucionario del joven estado obrero luchó por llevar a cabo el programa marxista para la liberación de la mujer. Inmediatamente removieron todas las trabas a la igualdad legal, otorgando a las mujeres el derecho al voto, rompiendo el control de la iglesia sobre el matrimonio y el divorcio y haciendo de éstos simples asuntos del registro civil. Los bolcheviques legalizaron el aborto, abrieron escuelas para alfabetizar a las niñas, prohibieron la discriminación contra los homosexuales y abolieron el concepto de los niños ilegítimos nacidos fuera del matrimonio.
Pero como explicó Lenin, estos cambios legales son sólo el primer paso en la liberación de la mujer. El segundo paso, más complicado, es sentar las bases materiales necesarias para remplazar en los hechos las funciones sociales de la familia y liberar a las mujeres del arduo trabajo doméstico. Los bolcheviques lucharon, pese a la escasez de recursos, para proporcionar servicios domésticos socializados a gran escala como un primer paso (ver “La Revolución Rusa y la emancipación de la mujer”, Spartacist (Edición en español) No. 34, noviembre de 2006, para una presentación más amplia de lo que hicieron los bolcheviques). Sin embargo, Rusia era un país capitalista atrasado y después de la revolución, el joven estado obrero estaba económicamente devastado, aislado y rodeado de potencias imperialistas hostiles. Lenin y Trotsky entendían que la clave para construir el socialismo en Rusia era la extensión internacional de la revolución obrera a los países capitalistas más avanzados, particularmente Alemania.
Esta perspectiva internacionalista revolucionaria fue más tarde pisoteada por una casta burocrática conservadora y nacionalmente estrecha, representada por Stalin, que llegó al poder a través de una contrarrevolución política e impulsó el programa utópico antimarxista del “socialismo en un solo país”. A pesar de la degeneración burocrática subsecuente y del mal gobierno estalinista, las conquistas obtenidas por el estado obrero soviético fueron enormes, especialmente para las mujeres. Los trotskistas defendimos a la Unión Soviética contra el imperialismo y la contrarrevolución capitalista, y luchamos por la revolución política proletaria para derrocar a la burocracia y regresar al estado obrero al camino de Lenin y Trotsky. Ésta es nuestra perspectiva hacia los estados obreros deformados que quedan hoy en día: China, Cuba, Laos, Corea del Norte y Vietnam.
Uno de los lugares en los que la Revolución Rusa tuvo un profundo impacto sobre las condiciones de la mujer fue el Asia Central soviética. En la época de la Revolución de Octubre, esta región era incluso más atrasada que Rusia, teniendo todavía un modo precapitalista de producción y marcada por la opresión de la mujer bajo la ley tradicional islámica. Los bolcheviques emprendieron trabajo sistemático entre estas mujeres, buscando ganarlas como aliadas y demostrar el potencial liberador del programa comunista a los pueblos de Oriente. Esto fue capturado por Trotsky en un discurso dado en abril de 1924, en celebración del tercer aniversario de la fundación de la Universidad Comunista para los Trabajadores de Oriente en Moscú:
“El sentido, la fuerza y la esencia del bolchevismo yacen en que se dirige no a los jefes obreros sino a la plebe, a los de abajo, a los millones y a los más oprimidos de los oprimidos... Esto, además, quiere decir que la mujer oriental, que es la más paralizada en su vida, sus hábitos y su creatividad, la esclava de los esclavos, que ella, habiéndose quitado el manto ante las exigencias de las nuevas relaciones económicas, se sentirá súbitamente libre de cualquier clase de puntal religioso; tendrá una sed apasionada de obtener nuevas ideas y una nueva conciencia para apreciar su nueva posición en la sociedad. Y no habrá mejor comunista en Oriente, ni mejor combatiente por las ideas de la revolución y del comunismo, que la mujer obrera que ha despertado (aplausos)”.
—“El comunismo y las mujeres de Oriente”, reimpreso en Spartacist (Edición en español) No. 35, agosto de 2008
Nosotros luchamos, en ese espíritu, por construir el partido revolucionario internacionalista necesario para conquistar nuevos Octubres aquí y alrededor del mundo.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/39/tribunales.html
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2016.06.04 13:59 ShaunaDorothy Sobre la política trotskista en la Segunda Guerra Mundial - Neomorenistas del PTS reviven la “Política Militar Proletaria” (Junio de 2012)

https://archive.is/cG8u0
Espartaco No. 35 Junio de 2012
La “Política Militar Proletaria” (PMP), propuesta originalmente por Trotsky en los últimos meses de su vida, era una serie de demandas centradas en la consigna por el “control sindical del entrenamiento militar”. Esta política, que despertó en aquel entonces controversia significativa entre quienes se reclamaban trotskistas, desempeñó un papel importante en desorientar a las pequeñas y a menudo aisladas secciones de la IV Internacional en los primeros años de la Segunda Guerra Mundial. La PMP no ha sido operativa desde alrededor de 1943, cuando quedó claro que los imperialistas aliados ganarían la guerra contra las potencias del Eje. Sin embargo, los neomorenistas del Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS) argentino la revivieron con la publicación de la antología Guerra y revolución: Una interpretación alternativa de la Segunda Guerra Mundial (Buenos Aires: Ediciones CEIP “León Trotsky”, 2004), en cuya introducción presentan su propia defensa de la PMP. Nuestros lectores podrán encontrar un análisis altamente crítico de la PMP y considerablemente más extenso que el presente artículo en Prometheus Research Series No. 2, “Documents on the ‘Proletarian Military Policy’” (Documentos sobre la “Política Militar Proletaria”, 1989), que incluye una introducción elaborada por el Comité Ejecutivo Internacional de la LCI (entonces tendencia espartaquista internacional), así como documentos contemporáneos[1] y otros análisis críticos retrospectivos espartaquistas.
Debe ser algo distinto al profundo respeto por los anales del marxismo revolucionario lo que impulsa a los empedernidos oportunistas del PTS a revivir la PMP, una política que representó conciliación a la propaganda bélica de los imperialistas aliados y que se apartó del entendimiento leninista elemental del estado burgués como un aparato para la represión sistemática contra los obreros y oprimidos que no puede ser reformado, sino que debe ser destruido mediante la revolución proletaria y remplazado por un estado obrero.
Las implicaciones reformistas y socialpatriotas de la PMP no son, por supuesto, un problema para el PTS y sus compinches internacionales (la Fracción Trotskista-Cuarta Internacional, cuya sección mexicana es la Liga de Trabajadores por el Socialismo, LTS), quienes exigen cotidianamente la “disolución de los cuerpos represivos” del estado, es decir, una petición al estado burgués a que se disuelva a sí mismo. De manera nada sorprendente, recientemente encontraron cauce para su adopción de la PMP en el contexto de la ola chovinista que azotó Argentina ante el XXX aniversario de la Guerra de las Malvinas/Falklands —una guerra reaccionaria por ambos bandos—, al exigir retrospectivamente que las organizaciones obreras impusieran la conscripción universal para ir a luchar, al mando del gorila Galtieri, por las escuálidas islas (ver artículo en p. 16). Precisamente por ser un vehículo que les permite dar rienda suelta a su acomodación a su “propia” burguesía, el PTS ve en la PMP “una teoría acabada de la revolución” cuya “perspectiva estratégica”, “programa” y “consignas” “eran mucho más maduras, e incluso superiores, a las de Lenin y los bolcheviques”.
“La guerra y la Cuarta Internacional”
En junio de 1934 Trotsky escribió “La guerra y la Cuarta Internacional”, un manifiesto sobre la inminente conflagración imperialista que desenmascaraba tajantemente las pretensiones “antifascistas” y “democráticas” de los imperialistas aliados con base en el derrotismo de Lenin. Salvo en lo referente a la defensa de la Unión Soviética, el proletariado no tenía interés en la guerra venidera, en la cual millones habrían de morir para que una u otra banda imperialista asegurara sus ganancias exorbitantes basadas en la explotación colonial. Extendiendo la política derrotista revolucionaria que guió a los bolcheviques durante la Primera Guerra Mundial y que empapa los documentos de los primeros cuatro congresos de la Internacional Comunista, Trotsky escribió:
“58. Cuando se trata de un conflicto entre países capitalistas, el proletariado de cualquiera de ellos se niega categóricamente a sacrificar sus intereses históricos, que en última instancia coinciden con los intereses de la nación y de la humanidad, en beneficio del triunfo militar de la burguesía. La fórmula de Lenin ‘La derrota es el mal menor’ no significa que lo sea la derrota del propio país respecto a la del país enemigo, sino que la derrota militar resultante del avance del movimiento revolucionario es infinitamente más beneficiosa para el proletariado y todo el pueblo que el triunfo militar garantizado por ‘la paz civil’. Karl Liebknecht planteó un lema hasta ahora no superado para la política proletaria en épocas de guerra: ‘El principal enemigo del pueblo está en su propio país’. La revolución proletaria triunfante superará los males provocados por la derrota y creará la garantía final contra futuras guerras y derrotas. Esta actitud dialéctica hacia la guerra constituye el elemento más importante de la educación revolucionaria y por lo tanto también de la lucha contra la guerra.
“59. La transformación de la guerra imperialista en guerra civil es el objetivo estratégico general al que se debe subordinar toda la política de un partido proletario”.
Ésta es la posición fundamental que los revolucionarios sostenemos en el caso de guerras reaccionarias.
Enfrentados en cuanto a la redivisión del mercado mundial, los imperialistas, tanto “democráticos” como fascistas, tenían, sin embargo, un objetivo clave en común: la destrucción de la URSS, el primer estado obrero del mundo, lo cual habría tenido consecuencias funestas para el proletariado mundial. En la víspera de la segunda guerra interimperialista, Trotsky temía que una catástrofe se aproximaba a la Unión Soviética, especialmente a la luz de los efectos desastrosos, evidentes en la secuela del pacto Hitler-Stalin, de la decapitación del Ejército Rojo perpetrada por Stalin en las purgas de los años 30. Correspondientemente, Trotsky añadió una sola cosa —ciertamente fundamental— al programa revolucionario elaborado durante la Primera Guerra Mundial: el deber del proletariado mundial de defender militarmente las conquistas de la Revolución de Octubre a pesar de la usurpación del poder político por parte de la casta burocrática encabezada por Stalin:
“8. ...Defender a la Unión Soviética de los ataques de los enemigos capitalistas, más allá de las circunstancias y causas inmediatas del conflicto, es obligación elemental de toda organización obrera honesta”.
El origen de la PMP
Sin embargo, en mayo de 1940, conforme los ejércitos de Hitler avanzaban por Bélgica y Holanda hacia París, Trotsky redactó un nuevo manifiesto sobre la guerra, el “Manifiesto de la Cuarta Internacional sobre la guerra imperialista y la revolución proletaria mundial”, que fue adoptado por una conferencia de emergencia de la IV Internacional en Nueva York. En un pasaje cerca del final del manifiesto aparece por primera vez un nuevo elemento en el programa de la IV Internacional sobre la guerra imperialista:
“La militarización de las masas se intensifica día a día. Rechazamos la grotesca pretensión de evitar esta militarización con huecas protestas pacifistas. En la próxima etapa todos los grandes problemas se decidirán con las armas en la mano. Los obreros no deben tener miedo de las armas; por el contrario, tienen que aprender a usarlas. Los revolucionarios no se alejan del pueblo ni en la guerra ni en la paz. Un bolchevique trata no sólo de convertirse en el mejor sindicalista sino también en el mejor soldado.
“No queremos permitirle a la burguesía que lleve a los soldados sin entrenamiento o semientrenados a morir en el campo de batalla. Exigimos que el estado ofrezca inmediatamente a los obreros y a los desocupados la posibilidad de aprender a manejar el rifle, la granada de mano, el fusil, el cañón, el aeroplano, el submarino y los demás instrumentos de guerra. Hacen falta escuelas militares especiales estrechamente relacionadas con los sindicatos para que los obreros puedan transformarse en especialistas calificados en el arte militar, capaces de ocupar puestos de comandante”.
Estas oraciones son la primera expresión de lo que pasaría a conocerse como la “Política Militar Proletaria”. En septiembre, un mes después del asesinato de Trotsky a manos de un esbirro estalinista, el Socialist Workers Party (SWP, Partido Obrero Socialista), sección estadounidense de la IV Internacional, adoptó formalmente una resolución sobre la nueva política militar en una conferencia en Chicago:
“Luchamos contra el envío de obreros-soldados a la batalla sin entrenamiento y equipo apropiados. Nos oponemos a la dirección militar de los obreros-soldados por parte de oficiales burgueses que no tienen consideración alguna por su trato, su protección y sus vidas. Exigimos fondos federales para el entrenamiento militar de obreros y obreros-oficiales bajo el control de los sindicatos. ¿Expropiaciones militares? Sí, ¡pero sólo para el establecimiento y equipamiento de campos de entrenamiento obreros! ¿Entrenamiento militar obligatorio de los obreros? Sí, ¡pero sólo bajo el control de los sindicatos!”
El llamado del SWP equivale a alguna forma de “control obrero” del ejército burgués, lo cual es descaradamente utópico: el estado burgués no va a ceder el control del entrenamiento militar, ni ningún aspecto del ejército burgués, mediante la legislación. Como señaló en 1941 un miembro de la IV Internacional en Europa (ver PRS No. 2), el “control sindical de la defensa nacional” bajo el régimen burgués sólo puede instituirse en un sentido fascista o corporativista; de hecho, es muy significativo que la única federación sindical que adoptó el programa de la PMP durante la guerra fue nada menos que la CTM mexicana.
Trotsky y el SWP se equivocaron al tratar de plantear un conjunto de demandas positivas para la segunda guerra imperialista mundial en la ausencia de una situación revolucionaria. Llamar por el poder estatal proletario en medio de una situación potencialmente revolucionaria para emprender la defensa contra Hitler no es lo mismo que llamar por el “control sindical del entrenamiento militar” cuando es el estado burgués el que le hace la guerra a Hitler. Como regla general, los revolucionarios preferimos emplear demandas negativas respecto al estado burgués, pues éstas son el vehículo más poderoso para movilizar a las masas contra la burguesía. Como muestra el ejemplo del PTS, las demandas positivas a las instituciones centrales del estado capitalista —el ejército, la policía y los tribunales— fácilmente pueden ser utilizadas en el sentido reformista de presentar al aparato estatal burgués como si fuera de alguna manera neutral respecto a las clases.
El propósito de ser “el mejor soldado” en un ejército burgués, la demanda por mejor entrenamiento y equipo, la absurda exigencia por el “control sindical del entrenamiento militar”, todo ello está contrapuesto al entendimiento de la Segunda Guerra Mundial como una guerra interimperialista reaccionaria en la cual el proletariado no tenía lado —excepto en defensa de la URSS—. No muy oculta en la PMP estaba la proposición de que el proletariado del mundo (fuera de Alemania) tenía un enemigo mayor que su propia burguesía, a saber, el fascismo alemán. De hecho, la nueva política militar sólo era aplicable en la Gran Bretaña, Estados Unidos y sus aliados subordinados (Australia, Canadá), por lo cual había una tendencia anglo-estadounidense tácita en la abstracción de “la burguesía” en las formulaciones de la PMP: el manifiesto de mayo de 1940 no estaba exigiendo precisamente que el estado dirigido por Hitler estableciera escuelas para el entrenamiento militar de los obreros bajo control sindical. El núcleo de la PMP era el apoyo a una guerra contra el fascismo sin dejar claro a qué clase social pertenecía el estado que libraba la guerra. Debido a la popularidad de una “guerra democrática contra el fascismo”, el efecto real de la PMP habría sido simplemente hacer más eficiente la guerra del estado burgués y democratizar su dirección.
En gran medida, la PMP se basó en una prognosis exagerada del grado al cual el proletariado lucharía contra la guerra al principio de ésta. Trotsky pensó que la necesidad bélica eliminaría rápidamente la máscara “antifascista” y “democrática” de los imperialistas anglo-estadounidenses. Esperaba que las burguesías de ambos países se verían forzadas a imponer alguna variante de dictadura bonapartista en respuesta al creciente descontento, lo cual conduciría a la lucha social y quizá a situaciones de poder dual. Además, Trotsky pensaba que, ante la lucha social interna, los imperialistas anglo-estadounidenses seguirían el ejemplo de sus aliados franceses y se volverían “derrotistas”, viendo en Hitler al mal menor. Con base en este pronóstico, Trotsky combinó incorrectamente la “lucha contra el fascismo” en la guerra con la tarea proletaria de la toma del poder.
El PTS sobre la SGM: ¿“Democracia contra fascismo” después de todo?
Aunque el PTS niega formalmente que la Segunda Guerra Mundial haya sido una genuina “guerra contra el fascismo”, todos sus argumentos en defensa de la PMP introducen, en el mejor de los casos, agnosticismo respecto al carácter reaccionario del conflicto. Así, para justificar la insuficiencia del derrotismo revolucionario de Lenin y la necesidad de una nueva política, el PTS argumenta que la Segunda Guerra Mundial representó un “salto” respecto a la primera que hacía imposible “repeticiones mecánicas de las viejas fórmulas de los revolucionarios durante la Primera Guerra”. El “salto”, por supuesto, era el fascismo, y el propósito de todo esto es justificar la noción de que se podía luchar contra él mediante el esfuerzo bélico aliado: “Que la guerra que se avecinaba era de carácter interimperialista no implicaba para los trotskistas subestimar al fascismo y la necesidad del movimiento obrero de entablar una lucha encarnizada contra él desde sus inicios, ya que sería el principal perjudicado”.
La lucha obrera contra el fascismo podía librarse solamente de manera independiente de las burguesías “democráticas”, una perspectiva por la que los trotskistas habían luchado, efectivamente, desde los inicios del fascismo. De hecho, el que la pasividad criminal del Partido Comunista Alemán ante el ascenso de los nazis de Hitler no causara ni la más mínima revuelta dentro de la III Internacional hizo que Trotsky declarara que la Comintern estaba muerta para la causa de la revolución proletaria y llamara a construir nuevos partidos comunistas que sostuvieran la bandera del leninismo. La IV Internacional, fundada en 1938 en la víspera de la guerra inminente, encarnó esta continuidad leninista.
Pero el objetivo de la PMP de actuar como “los mejores soldados” de los ejércitos aliados en la Segunda Guerra Mundial no tenía nada que ver con la lucha obrera contra el fascismo. Como Trotsky mismo había señalado en “La guerra y la Cuarta Internacional”:
“18. La impostura de la defensa nacional siempre trata de ocultarse tras la impostura de la defensa de la democracia. Si incluso ahora, en la época del imperialismo, los marxistas no identifican democracia con fascismo y están dispuestos en todo momento a rechazar los ataques del fascismo a la democracia, ¿no debería el proletariado, si se declara la guerra, apoyar a los gobiernos democráticos contra los fascistas?
“¡Flagrante sofisma! Defendemos a la democracia contra el fascismo por medio de las organizaciones y métodos del proletariado... Y si nos oponemos de manera irreconciliable a los gobiernos más ‘democráticos’ en épocas de paz, ¿cómo podemos asumir la más mínima responsabilidad por ellos durante la guerra, cuando todas las infamias y crímenes del capitalismo se llevan a cabo de la manera más brutal y sangrienta?
“19. Una guerra moderna entre las grandes potencias no será una lucha entre la democracia y el fascismo sino un conflicto entre dos sectores imperialistas por un nuevo reparto del mundo”.
El vínculo que la PMP hizo de la “defensa de la democracia” y el “antifascismo” con el esfuerzo bélico de los imperialistas anglo-estadounidenses representó una capitulación a la falsa conciencia y le cedió terreno a la propaganda bélica de los imperialistas aliados. El deber de los revolucionarios era el opuesto: exponer las pretensiones antifascistas de las clases gobernantes aliadas.
El proletariado tenía toda razón para temer y odiar la bota nazi. Pero habría sido mucho mejor que la lucha proletaria y los levantamientos coloniales paralizaran el esfuerzo bélico anglo-estadounidense, quizá conduciendo a victorias alemanas transitorias, ¡a que el proletariado apoyara implícitamente a los ejércitos aliados mediante la exigencia de soldados mejor entrenados y equipados!
Abjurando el derrotismo revolucionario
Reconociendo que el derrotismo revolucionario es un obstáculo a la adopción de la PMP —aunque sin decirlo jamás abiertamente—, el PTS centra una buena parte de sus argumentos en minimizar y oscurecer el significado de esta política leninista clave. Así, presenta el derrotismo como alguna oscura polémica interna que trataba simplemente de “reagrupar a la vanguardia y a los elementos más avanzados de la socialdemocracia, y no de formular una política activa hacia el movimiento obrero”. Hace suya la posición de un tal Jean-Paul Joubert, quien argumenta nada menos que “la fórmula” del derrotismo “no se encuentra...en el proyecto de resolución y de manifiesto de la ‘Izquierda de Zimmerwald’”, ni tampoco fue utilizada “durante los seis años siguientes a la revolución de octubre, en ningún texto importante de Lenin o de la Internacional Comunista”. “Por el contrario”, concluye Joubert, “Lenin martilla sin cesar en la ‘transformación de la guerra imperialista en guerra civil’”[2].
Todo esto va más allá del confusionismo. La lucha de Lenin por la III Internacional, incluyendo entre la izquierda de Zimmerwald, se libró sobre la base del derrotismo revolucionario y sobre el cadáver de la II Internacional socialpatriota; el derrotismo guió toda “política activa” de los bolcheviques tanto como el servilismo a los esfuerzos bélicos de sus respectivas burguesías guió la actividad de los socialpatriotas en la II Internacional. El derrotismo no es una mera consigna, sino una posición fundamental del marxismo revolucionario respecto a guerras reaccionarias. Como explicamos en PRS No. 2, el derrotismo representa precisamente el deseo, desde una perspectiva internacional estratégica, de transformar la guerra imperialista en guerra civil:
“El uso del término ‘derrotismo’ se basa en el reconocimiento de que: (1) una cadena de derrotas militares para un gobierno imperialista ayuda al surgimiento de lucha social interna, y (2) cualquier lucha social significativa en tiempo de guerra inevitablemente ‘ayuda’ a la potencia enemiga. El proletariado no restringirá la lucha de clases por temor a facilitar la victoria del ‘campo imperialista enemigo’”.
Hay varias consignas apropiadas para expresar el significado del derrotismo bajo distintas circunstancias, prominentemente la consigna de Liebknecht de “el principal enemigo está en casa” o, por ejemplo en el caso de la India colonial, simplemente “¡Abajo el imperialismo! ¡Abajo la guerra imperialista!”, consignas levantadas por el Bolshevik-Leninist Party of India durante la Segunda Guerra Mundial.
En su esfuerzo por deshacerse del derrotismo y mantener alguna semblanza “izquierdista”, el PTS crea un Trotsky a su imagen y semejanza:
“Muchos sectarios de entonces habían adoptado una posición que en apariencia seguía a Lenin a pie juntillas: ésta es una guerra imperialista, por lo tanto se impone una actitud de derrotismo revolucionario. Pero Trotsky rechazaba esto como un silogismo reñido con la lógica viva y contradictoria de la guerra y su eterna antagonista: la revolución”.
¡Pero Trotsky insistió en la aplicación del derrotismo revolucionario hasta el final de sus días! La PMP fue una política equivocada basada en un pronóstico exagerado de la inminencia de revoluciones proletarias, y Trotsky no vio que estaba, a fin de cuentas, en contradicción con el derrotismo revolucionario; Trotsky no vivió para ver cómo se desarrollaba la PMP en la realidad, habiendo propuesto esta política apenas tres meses antes de su muerte. En cualquier caso, difícilmente se podría argumentar que es la confusión teórica lo que conduce a los peronistas de extrema izquierda del PTS a despotricar contra el derrotismo “sectario” y defender a la PMP 70 años después.
PMP vs. defensa de la URSS: La desvergüenza retrospectiva del PTS
Tras citar un pasaje de la resolución del SWP de 1940 que codificó la PMP, el PTS comenta ridículamente que “en consecuencia con esta política”, el SWP “destinó un destacamento de militantes a la flota mercante de Estados Unidos”. No debería hacer falta un extenso análisis para darse cuenta de que el trabajo del SWP en la marina mercante no tenía nada que ver con la “política militar proletaria”. El SWP perdió al menos a siete de sus militantes en la marina mercante, algunos de los cuales trabajaban en la peligrosa ruta de Múrmansk en la que convoyes aliados llevaban abastecimientos a la Unión Soviética. Este trabajo genuinamente excepcional fue una expresión no de la PMP, sino del defensismo soviético del SWP, algo que al PTS le conviene no reconocer.
De hecho, una de las principales preocupaciones de Trotsky, que debe de haber desempeñado un papel en la elaboración de la PMP, era el grave peligro que la guerra planteaba a la tierra de la Revolución de Octubre. Pero el PTS desaparece este aspecto del problema, por una buena razón: es una organización que nació a la vida política “independiente” a finales de los años 80 apoyando la contrarrevolución capitalista en la RDA, la URSS y toda Europa Oriental, así como hoy reniega de la defensa militar incondicional de los estados obreros deformados que aún quedan contra el imperialismo y la contrarrevolución interna: formalmente en el caso de China y Vietnam, en tanto que a duras penas balbucea una palabra sobre Corea del Norte, prefiere ignorar la existencia del estado obrero en Laos y en los hechos abandona el defensismo respecto al estado obrero cubano (ver “Cuba: Crisis económica y ‘reformas de mercado’”, Espartaco No. 34, otoño de 2011).
El que el PTS adopte retrospectivamente la PMP, así como su apoyo al absurdo intento de Joubert de reducir el defensismo revolucionario a una efímera exageración polémica de Lenin, está en concordancia con su apoyo a la contrarrevolución “democrática” en los estados obreros degenerado y deformados. Y aún así, el PTS tiene la desvergüenza de publicar, en su introducción a Guerra y revolución, una sección entera dedicada a “La defensa de la URSS” con luengas citas de Trotsky, cuyo contenido entero ha pisoteado en cada coyuntura histórica fundamental en continuidad antirrevolucionaria con sus predecesores morenistas de la Liga Internacional de Trabajadores (LIT) (ver, entre otros, folleto del GEM y la Fracción Trotskista del entonces POS, hoy LTS, “Del morenismo al trotskismo: La cuestión rusa a quemarropa”, 1991).
Por otro lado, debe señalarse que todo el trabajo heroico de los trotskistas durante la Segunda Guerra Mundial —incluyendo, entre otros, el trabajo marítimo del SWP y prominentemente el de la célula de los trotskistas de Brest que publicaba Arbeiter und Soldat (Obrero y Soldado) para distribuir al personal naval alemán— está en contradicción directa con la PMP. Aun así, el PTS tiene el descaro adicional de atacar al SWP por imprimir “a la propaganda sobre la PMP un sesgo un tanto ‘defensista’, aproximándose a una posición que postulaba la ‘necesidad de librar la guerra contra el fascismo hasta el final’”. Pero el SWP de Cannon sí se opuso a la Segunda Guerra Mundial. Debido a que el SWP en aquellos años era un partido genuinamente revolucionario proletario —a diferencia de los impostores seudotrotskistas del PTS—, la PMP nunca cobró vida como una demanda programática y pronto fue archivada en algún cajón, y sus implicaciones socialpatriotas nunca echaron raíz. En cambio, es el PTS quien defiende hoy la proposición de ser “el mejor soldado” en los ejércitos aliados y exige retrospectivamente la conscripción universal para ir a matar británicos en las Malvinas/Falklands.
Contorsiones circenses
El PTS se ve obligado a realizar contorsiones verdaderamente sorprendentes para tratar de establecer “antecedentes” para la PMP en las políticas trotskistas durante la Guerra Civil Española, en el Programa de Transición y, más generalmente, en casi cada referencia que Trotsky haya hecho jamás a la lucha por escindir al ejército horizontalmente en tiempos de agitación revolucionaria para ganar a las tropas al lado del proletariado. Pero esto no era nada nuevo ni tiene nada que ver con la PMP; de hecho, Engels había señalado ya desde 1895 la necesidad de escindir al ejército (ver su introducción a Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850 de Marx), una política que fue, por supuesto, llevada a cabo con éxito en la Revolución Rusa de 1917. Como “La guerra y la Cuarta Internacional” explica, cuando un revolucionario se ve obligado a ir al ejército,
“sigue siendo un luchador, aprende a usar las armas, explica hasta en las trincheras el significado de clase de la guerra, nuclea a los disconformes, los organiza en células, transmite las ideas y consignas del partido, observa cuidadosamente los cambios en el estado de ánimo de las masas, el reflujo de la marea patriótica, el incremento de la indignación, y en el momento crítico llama a los soldados a colaborar con los obreros”.
¡No precisamente “el mejor soldado” en un ejército burgués!
Quizá el más deshonesto de sus intentos es el de establecer un antecedente de la PMP en Lenin. El PTS afirma que en “El programa militar de la revolución proletaria” (septiembre de 1916), “Lenin formula lo que podríamos llamar, sin temor a abusar de los términos, una ‘política militar del proletariado’”. Sería muy amable llamar a esto “abusivo”. Lenin escribió:
“En lo que se refiere a la milicia, deberíamos decir: no estamos por una milicia burguesa, estamos únicamente por una milicia proletaria. Por consiguiente, ‘ni un centavo, ni un hombre’, no sólo para el ejército regular, sino tampoco para la milicia burguesa, incluso en países como Estados Unidos, o Suiza, Noruega, etc... Podemos exigir la elección de los oficiales por el pueblo, la abolición de todos los tribunales militares, iguales derechos para los obreros extranjeros y los nacidos en el país... Además, podemos exigir, digamos, que cada cien habitantes de un país determinado tengan derecho a formar asociaciones de adiestramiento militar voluntario, con libre elección de instructores, pagados por el estado, etc. Sólo en tales condiciones podría adquirir el proletariado adiestramiento militar, para sí, y no para sus esclavizadores; y los intereses del proletariado exigen absolutamente ese adiestramiento” (énfasis en el original).
De manera totalmente explícita, Lenin no está argumentando por el entrenamiento y equipamiento de “obreros-soldados” para ir a luchar contra los alemanes en la Primera Guerra Mundial. Este artículo es una polémica contra la consigna reformista del “desarme”[3] en el cual, al tiempo que enfatiza que la Primera Guerra Mundial es totalmente reaccionaria, señala que no todas las guerras lo son, e insiste en que el proletariado necesita su propia milicia, independiente de la burguesía, para luchar por su propia dictadura y consolidarla. La siguiente oración en el artículo, que el PTS convenientemente omite, deja claro lo anterior:
“La Revolución Rusa [de 1905] demostró que todo éxito del movimiento revolucionario, incluso un éxito parcial, como la toma de una urbe, de una ciudad fabril, o el atraerse a una parte del ejército, obliga inevitablemente al proletariado vencedor a poner en práctica precisamente ese programa” (énfasis en el original).
Como escribimos en PRS No. 2:
“En el curso de la lucha que lleva al establecimiento de un estado proletario, el llamado por el establecimiento de organizaciones obreras de autodefensa es central en el programa revolucionario. Estas organizaciones representan la forma embrionaria del ejército del estado obrero, pero sólo si son completamente independientes del estado burgués. El Programa de Transición, adoptado en la conferencia de fundación de la IV Internacional en 1938, asocia el llamado por escuelas militares obreras y entrenamiento militar con la consigna de ‘completa independencia de las organizaciones obreras del control policiaco-militar’. Pero la PMP exigía que el estado burgués financiara las escuelas militares obreras, inclinándose hacia una posición reformista sobre el carácter del estado capitalista. El llamado ridículo del SWP por el ‘control sindical de la conscripción’ fue más lejos por ese camino”.
En suma, ninguna cantidad de sofistería será suficiente para esconder la verdad que yace en la afirmación que hicimos hace ya 40 años y que aplica de manera aún más apta al PTS hoy día: “Sólo socialchovinistas que apoyen los objetivos bélicos de ‘su’ gobierno pueden levantar razonablemente la PMP” (“Proletarian Military Policy” [Política Militar Proletaria], Revolutionary Communist Youth Newsletter No. 13, agosto-septiembre de 1972, reimpreso en PRS No. 2).
Notas
  1. Entre éstos, se incluyen polémicas correctas de Max Shachtman contra la PMP de finales de 1940 y principios de 1941. Menos de un año antes, sin embargo, Shachtman había roto de manera revisionista con el marxismo mediante la repudiación completa de su metodología filosófica, el materialismo dialéctico, y la traición concreta a la Unión Soviética (con base en su “teoría” del “colectivismo burocrático” según la cual la burocracia soviética no era tal, sino una “nueva clase”), primero en la guerra contra Finlandia en 1939 y luego en la invasión alemana de 1941 (ver “La bancarrota de las teorías sobre ‘una nueva clase’”, Spartacist (Edición en español) No. 30, mayo de 2000). La desviación del SWP respecto del contenido principista del leninismo mediante la PMP fue un regalo para Shachtman —entonces aún en sus inicios como revisionista—, el cual pudo explotar porque no se centraba en sus propias áreas de abandono del marxismo. Sin embargo, diez años después, bajo la presión de la Guerra de Corea, su revisionismo se volvió completo y Shachtman impulsó su propia versión, grotescamente reaccionaria, de la PMP. Regresar
  2. Joubert parece retomar al shachtmanista Hal Draper, quien en 1953-54 publicó un largo, oscuro y confusionista opúsculo titulado “The Myth of Lenin’s ‘Revolutionary Defeatism’” (El mito del “derrotismo revolucionario” de Lenin), a inicios de la primera Guerra Fría antisoviética del imperialismo estadounidense, para justificar la línea tercercampista de que, en caso de una guerra entre EE.UU. y la URSS, ¡los “socialistas” estadounidenses no debían estar por la derrota de su “propia” burguesía! Regresar
  3. De hecho, una versión ligeramente distinta, preparada por Lenin, de este mismo artículo se publicó en diciembre de 1916 como “La consigna del ‘desarme’”. Regresar
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/35/pmp.html
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2016.06.04 12:45 ShaunaDorothy ¡Abajo la UE! ¡Por unos estados unidos socialistas de Europa! Crisis económica desgarra Europa (Junio de 2012)

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Espartaco No. 35 Junio de 2012
Este artículo, escrito por nuestros camaradas del Partido Obrero Espartaquista de Alemania, fue publicado originalmente en Workers Vanguard No. 992, 9 de diciembre de 2011.
La crisis económica que se intensifica en Europa —expresión particularmente severa de la crisis capitalista mundial— se desató en la primavera de 2010 cuando los capitalistas financieros globales, temiendo que la fuertemente endeudada Grecia se declarara incapaz de pagar sus deudas, comenzaron a deshacerse de los bonos del gobierno griego. El temor se ha extendido no sólo a Portugal e Irlanda, sino también a economías mucho mayores, como España e Italia, que también han tenido problemas con el refinanciamiento de su deuda pública. Ahora Francia, que junto con Alemania es central en la Unión Europea (UE), enfrenta la amenaza de ver degradada su propia deuda pública. Los intentos frenéticos de la UE por diseñar nuevos “paquetes de rescate”, así como los vanos llamados a Brasil y China para que colaboren con el rescate, han resultado insuficientes. Un encabezado del servicio de noticias financieras Eurointelligence (22 de noviembre) describe el “choque de trenes en cámara lenta” del euro, la eurozona (que abarca los 17 países de la UE que comparten el euro como moneda común) y acaso la propia UE.
El miedo al “colapso crediticio” que se extiende por Europa ha desestabilizado los mercados financieros internacionales, lo que amenaza con sumir la economía mundial en otra gran desaceleración. Los bancos estadounidenses han estado reduciendo su acervo de bonos gubernamentales europeos, mientras los fondos estadounidenses en el mercado monetario cierran el grifo de dinero que prestan a los bancos europeos, lo cual ha forzado a estos últimos a endurecer sus estándares de préstamo, acaparar capital para sanear sus balances y retirarle el financiamiento a viejos clientes. Con la esperanza de apaciguar a los mercados de bonos, los gobiernos están prometiendo recortes presupuestales incluso más severos. El efecto neto ha sido el “colapso crediticio y la presión sobre la demanda agregada que la recesión impone a Europa” (Economist, 26 de noviembre). Las órdenes industriales en la eurozona cayeron en un 6.8 por ciento en septiembre, el declive más agudo desde diciembre de 2008.
Si bien originalmente los políticos burgueses de Alemania se negaban a admitir la posibilidad de que Grecia se declarara en quiebra, por temor a que ello desestabilizara el euro, ahora la canciller alemana Angela Merkel amenaza abiertamente con expulsar a Grecia de la eurozona. El 5 de diciembre, Alemania y Francia emitieron su primer llamado conjunto a enmendar el tratado de la UE introduciendo una supervisión más centralizada de la eurozona y nuevas sanciones a los países que violen las reglas de la “disciplina presupuestal”.
Durante las últimas semanas, los gobiernos que no eran considerados suficientemente vehementes en su imposición de la austeridad capitalista se vieron groseramente arrojados del poder. En Grecia, el primer ministro George Papandreou del burgués Movimiento Socialista Panhelénico (PASOK), cuya credibilidad declinaba ante una población enfurecida por los recortes, fue hecho a un lado mediante un golpe político orquestado por líderes de la UE y opositores nacionales, incluyendo miembros de su propio partido, cuando sugirió someter a referéndum las medidas económicas. El nuevo gobierno, que ahora incluye al principal partido de oposición, Nueva Democracia, así como al PASOK y a una pequeña organización infestada de fascistas (LAOS), se comprometió a continuar con el programa de austeridad. Métodos similares se usaron para deshacerse de Silvio Berlusconi en Italia. En España, la furia por las medidas de austeridad del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) de José Luis Rodríguez Zapatero llevó a la elección del derechista Partido Popular de Mariano Rajoy.
Lo que les preocupa a todas las alas de la burguesía de los grandes países de la UE no es en absoluto salvar a países como Grecia, sino rescatar sus propios bancos. De lo que se trata en el fondo es de hacer que los obreros y los pobres paguen por la crisis capitalista. Subrayando que Alemania es la potencia dominante de la UE y la que manda, Merkel dictó una línea dura de presupuestos de austeridad a los países deudores que soliciten asistencia. Los gobiernos están metidos en una orgía de recortes al gasto, con despidos de empleados públicos, recortes salariales, reducciones en el gasto de la seguridad social, privatizaciones, etc. En Grecia, los salarios han caído en un 15.4 por ciento, mientras que la tasa oficial de desempleo supera ya el 18 por ciento y en España se acerca al 23 por ciento.
Los trotskistas internacionalistas nos oponemos por principio a la UE y a cualquier otra alianza imperialista. Reconociendo que el euro sería un instrumento de los imperialistas de la UE, nos opusimos a su implementación. También nos opusimos a la extensión de la UE hacia el este, puesto que claramente significaría un aumento de la explotación de los obreros de Europa Oriental. Al mismo tiempo, hemos combatido la discriminación chovinista contra los obreros de Europa Oriental en Europa Occidental.
Como marxistas, entendemos que una alianza o bloque imperialista puede mantenerse unida por un tiempo, pero, dado que el capitalismo se basa en el estado nación, estas alianzas terminan rompiéndose por sus propias contradicciones internas. Nuestra oposición a ellas parte de nuestra oposición básica al capitalismo y al imperialismo. Luchamos por la expropiación de la burguesía mediante la revolución socialista y por una economía planificada internacionalmente que supere los límites del estado nación. ¡Nuestro llamado es por unos estados unidos socialistas de Europa!
Hasta el momento, la clase obrera griega ha llevado a cabo catorce paros generales de uno o dos días tratando de contrarrestar la ofensiva conjunta de los imperialistas europeos y su propia burguesía. Si bien estos paros han dificultado que el gobierno lleve a cabo las medidas de austeridad, los ataques a los empleos y a los estándares de vida son implacables. En Roma, la capital italiana, el 15 de octubre cientos de miles de obreros y jóvenes se manifestaron contra el muy desacreditado gobierno de Berlusconi y las medidas que estaba tratando de introducir, como las privatizaciones y el alza en la edad de retiro. Cuando Berlusconi cayó, los líderes de la oposición liberal apoyaron al nuevo gobierno en nombre de la unidad nacional para llevar a cabo las mismísimas medidas contra las que se habían manifestado las masas un mes antes. En Portugal, un paro general de un día el 24 de noviembre detuvo casi todo el país. Pero la oposición “comunista” minó la lucha de los obreros con un llamado al interés nacional, quejándose de que se estaba “cediendo la soberanía del país” (Junge Welt, 25 de noviembre).
Los líderes sindicales reformistas no pueden conducir una lucha de clases efectiva contra la austeridad capitalista porque apoyan políticamente a la UE y más en general están comprometidos con el orden burgués. Los líderes del grueso de los sindicatos españoles están aliados al PSOE, mientras que en Grecia las principales federaciones sindicales están dirigidas por partidarios del PASOK, es decir, los mismos partidos que hasta hace poco encabezaban la campaña de austeridad en esos países. Los reformistas aceptan la mentira colaboracionista de clase de que los obreros y sus explotadores comparten un “interés nacional” y por lo tanto los obreros deben cumplir con “su parte” de sacrificios cuando la economía estalla. Pero obreros y capitalistas tienen intereses de clase contrapuestos. Los ciclos de auge y caída son endémicos al sistema capitalista y sólo serán eliminados cuando el proletariado tome el poder y le arrebate la propiedad productiva a la burguesía.
Librar una lucha de clases en Alemania y Francia en solidaridad con los obreros griegos, italianos, españoles y portugueses no sólo ampliaría sus luchas contra la austeridad, sino que también ayudaría a los obreros de toda Europa a liberarse del nacionalismo y a romper con sus propias burguesías. En Alemania, la política de colaboración de clases del Partido Socialdemócrata (SPD) ha desempeñado un papel significativo permitiendo a la burguesía alemana aumentar su competitividad frente a sus rivales. La coalición del SPD con el burgués Partido Verde, que gobernó de 1998 a 2005, fue un instrumento clave para aumentar la competitividad alemana al recortar los salarios, empeorar las condiciones laborales y llevar a cabo ataques al “estado de bienestar”, centralmente a través de una serie de medidas conocidas como las reformas “Hartz”, que redujeron drásticamente los apoyos sociales y de desempleo. El uso de mano de obra eventual aumentó dramáticamente y se creó un inmenso sector mal pagado. Con la cifra media de salarios reales habiendo declinado en un 7.4 por ciento entre 2000 y 2010, hoy 1.4 millones de trabajadores de tiempo completo requieren un apoyo adicional para sobrevivir.
Si bien Alemania ya tiene la mayor economía de Europa, el aumento de su competitividad es lo que le permite mandar en el continente. Es claro que el aumento de la rentabilidad del capitalismo alemán procede directamente de los bolsillos de la clase obrera alemana. Ello señala la conexión que hay entre la lucha contra el imperialismo en el exterior y la lucha contra el dominio capitalista en casa. Sobre todo, lo que hace falta es forjar partidos revolucionarios internacionalistas en Alemania y el resto del mundo que puedan dirigir a las masas obreras en su lucha por las necesidades vitales como parte de la lucha por el poder obrero.
La UE: De alianza antisoviética a consorcio imperialista
Dominada por Alemania y Francia, la UE existe principalmente para avanzar los intereses de estas potencias imperialistas y sus socios menores en la explotación de sus propias clases obreras y para usar a los estados más dependientes, como Grecia y muchos países de Europa Oriental, como sus hoteles de verano o sus patios traseros fabriles con mano de obra barata. Nosotros hemos sido consistentes en nuestra oposición política a la UE y sus predecesores. Así, escribimos en “Los obreros y el mercado común” (WV No. 15, enero de 1973):
“En la era imperialista, las alianzas entre estados capitalistas, incluyendo sus aspectos económicos, están dirigidas contra otros estados, ya sea avanzados o atrasados. El mercado común es esencialmente una alianza inestable entre el capitalismo francés y el alemán sobre la base de las políticas económicas más reaccionarias”.
La UE es una formación frágil expuesta a continuas tensiones producto de la disparidad de intereses nacionales de los imperialistas europeos, que constantemente amenazan con destruirla. No podría ser de otro modo. Pese a que las fuerzas productivas ya hace mucho han superado el marco nacional, el capitalismo es un sistema basado esencialmente en estados nación: cada una de las diversas clases capitalistas nacionales requiere su propio estado para impulsar y defender sus intereses en casa y en el exterior. De ahí que, bajo el capitalismo, la meta de la unión política o de un superestado europeo sea necesariamente reaccionaria y una utopía vacía.
Como escribió Lenin, el dirigente de la revolución proletaria de Octubre en Rusia en 1917:
“Por supuesto que los acuerdos temporales entre los capitalistas y entre las potencias son posibles. En este sentido también lo son los Estados Unidos de Europa, como acuerdo entre los capitalistas europeos... ¿sobre qué? Sólo la forma de aplastar en común el socialismo en Europa y defender en común las colonias de las que se han apoderado por la violencia, contra Japón y Norteamérica”.
—“La consigna de los Estados Unidos de Europa” (agosto de 1915)
Lenin enfatizó que lo que determina en última instancia el reparto de ganancias entre los rivales imperialistas no es otra cosa que la fuerza. Este entendimiento se contraponía al alegato del socialdemócrata alemán Karl Kautsky, cuya fantasía de un “ultraimperialismo” planteaba la solución pacífica de tales conflictos, eliminando la necesidad de la revolución proletaria. Lenin afirmó: “Bajo el capitalismo no hay más recursos para restablecer de tiempo en tiempo el equilibrio roto que las crisis en la industria y las guerras en la política”.
Los orígenes de la Unión Europea se remontan a la década de 1950, cuando, bajo dirección estadounidense, los imperialistas europeos occidentales intentaron estabilizar su alianza contra la Unión Soviética a través de una cooperación económica más estrecha. Resultado de la Revolución de Octubre, la Unión Soviética siguió siendo un estado obrero —basado en la expropiación de los capitalistas y la colectivización de los medios de producción— pese a su degeneración bajo I.V. Stalin. Con una economía planificada, la URSS daba empleos, vivienda, atención médica y educación para todos, en agudo contraste con los saqueos del capitalismo que tan obvios son actualmente. Los trotskistas estuvimos incondicionalmente por la defensa militar de la Unión Soviética frente a los imperialistas, que siempre quisieron destruirla.
Nuestra oposición por principio tanto a la OTAN —la alianza militar posterior a la Segunda Guerra Mundial en contra de la Unión Soviética— como a la UE y sus predecesores estaba ligada a nuestra defensa de la Unión Soviética y los estados obreros deformados de Alemania Oriental (RDA) y Europa Oriental. Con la destrucción contrarrevolucionaria de la Unión Soviética en 1991-92, la función antisoviética de la OTAN y la UE desapareció. La UE siguió siendo un bloque comercial imperialista. Estados Unidos retiene la hegemonía militar, aunque no la misma influencia económica que alguna vez tuvo.
Poco después de la caída del Muro de Berlín en 1989, el presidente francés François Mitterrand hizo que su aprobación de la reunificación alemana, lograda cuando la Alemania Occidental capitalista se tragó la RDA, dependiera de que ambos países accedieran a una moneda común. Esto supuestamente impediría que la Alemania recién fortalecida pasara por encima de otros estados europeos, principalmente Francia. Además, la moneda sería un arma contra la hegemonía internacional del dólar estadounidense. Pero la unidad entre estas dos potencias imperialistas está a su vez cargada de conflicto, como lo han demostrado las disputas sobre cómo lidiar con la actual crisis de la eurozona.
El Tratado de Maastricht de 1992 autorizó la introducción del euro, que se intercambió por primera vez en 1999 antes de que se introdujera como dinero para consumidores en 2002. El Partido Comunista Francés (PCF) originalmente se opuso al tratado, temiendo que llevaría al dominio del imperialismo alemán sobre el francés, es decir, se opuso desde la perspectiva reaccionaria del nacionalismo francés. Posteriormente, el PCF hizo las paces con el euro. Así lo ha hecho también la mayor parte de la izquierda reformista europea, que o bien apoya abiertamente la UE o alega que puede usarse como marco para mejorar la situación de los trabajadores (una “Europa social”).
El precursor de la Liga por la Quinta Internacional y su grupo británico, Workers Power, tomó una posición abstencionista ante el referéndum sobre el tratado de Maastricht en 1992. Les entusiasmó la “carta social” de la UE, con sus promesas vacías de garantizar los derechos obreros, la igualdad sexual y esas cosas, tanto como al Partido Laborista. Workers Power (junio de 1992) afirmó que “los términos del Tratado de Maastricht también pueden ser una base para extender los derechos y conquistas a estados donde la clase obrera nunca los obtuvo o los obtuvo y los perdió” y continúa: “hasta cierto punto los obreros estarán mejor armados para resistir a escala continental cuando entren en vigor los términos de Maastricht”. El grupo francés Lutte Ouvrière (LO) escribió algo parecido en 2005: “Incluso como es, sobre bases capitalistas, con todas las injusticias e insuficiencias que la acompañan, la Unión Europea representa un progreso en algunos aspectos”. Workers Power y LO son kautskianos actuales, lacayos del capital, con una fe conmovedora en el imperialismo “democrático” y sus diversas alianzas.
Sin embargo, también desde los ámbitos burgueses ha surgido oposición a la UE y al euro. Un sector de la burguesía alemana ha sido siempre muy escéptico respecto al euro, creyendo que el imperialismo alemán funcionaría mejor con el Deutsche Mark. Hay fuertes sentimientos anti-UE entre los tories británicos, mientras que diversos grupos fascistas y populistas de derecha se oponen a la UE desde la perspectiva del chovinismo nacional. De hecho, la izquierda reformista le ha cedido la oposición a la UE —que muchos obreros consideran con razón un instrumento de la austeridad capitalista— a la derecha reaccionaria.
El tercer intento del imperialismo alemán de dominar Europa
En una declaración de 1997, la Liga Comunista Internacional afirmó que una moneda común es imposible sin un estado común:
“Controlar la cantidad de dinero dentro de sus fronteras es una de las prerrogativas básicas del estado burgués, necesariamente vinculada a otros instrumentos de la política económica. Un sistema monetario estable basado en el ‘euro’ requeriría restricciones severas y permanentes sobre la recaudación y el gasto público en todos los estados miembros de la UE... Pero como el capitalismo se basa en estados nación particulares, a su vez la causa de las repetidas guerras imperialistas por la redivisión del mundo, es imposible cohesionar un estado burgués paneuropeo estable. Un ‘superestado’ imperialista europeo sólo puede lograrse con los métodos de Adolf Hitler... En caso de cumplirse el proyecto de Maastricht de una moneda europea, no sería sino un episodio breve y lleno de conflictos”.
—“¡Por una Europa obrera! ¡Por la revolución socialista!” (WV No. 670, 13 de junio de 1997)
Ahora estamos ante la primera crisis económica seria desde que esa declaración se escribió, y los conflictos que han surgido en Europa amenazan con llevar rápidamente a la UE al punto de implosión. Detrás de esta fragmentación abierta yacen la inestabilidad estructural del sistema monetario de la UE y el hecho de que esté formada por estados nacionales en competencia con distintos niveles de productividad laboral. Estas diferencias, exacerbadas por la crisis, se han reflejado en los diferenciales de préstamos públicos y tasas de interés de los bonos estatales.
El imperialismo alemán obtuvo grandes ganancias al reducir los salarios en su propio país y mediante la introducción del euro, y no quiere que eso cambie. Durante varios años, Alemania ha manejado un superávit comercial, financiado al costo de una gran deuda pública y privada en otros estados de la eurozona y alentado por el hecho de que la moneda común ayuda a mantener baratas las exportaciones industriales alemanas en toda la eurozona. La burguesía alemana no está dispuesta a reducir su excedente, argumentando que ese problema corresponde a los países con déficit comercial.
Normalmente, cada país tiene su propia moneda, y un país deudor puede conseguir algún alivio y recuperar su competitividad devaluando su moneda. Esto no es posible dentro de una unión monetaria. La burguesía alemana exige a los países deudores que recorten los salarios, las pensiones y programas de seguridad social. Otra propuesta es que el capital alemán preste más fondos a los países más pobres de la eurozona, pero la burguesía alemana se opone vehementemente. En una columna en línea del Financial Times (13 de septiembre) sobre el colapso en la zona del euro, Martin Wolf escribió: “Esto me lo dijo un político italiano influyente: ‘Cedimos las viejas válvulas de seguridad de la inflación y la devaluación a cambio de tasas de interés reducidas, pero ahora ya tampoco tenemos eso’, y, además, ‘sería mejor marcharse que soportar treinta años de dolor’. Esto habla de una pérdida de fe tanto en el proyecto como en los socios”.
Bajo el esquema impuesto por la burguesía alemana, no hay salida para los países deudores como Grecia. Los severos recortes en el gasto público han tenido el predecible efecto deflacionario: la economía griega se ha contraído en un 7.5 por ciento en el último año. Una economía más pequeña significa menos entrada de impuestos, lo que profundiza el déficit y exige más austeridad. Al mismo tiempo, muchos voceros burgueses de todos los colores han emitido alarmas histéricas de cuán mal saldría todo si Grecia abandona la eurozona. Pero eso depende de las condiciones impuestas. Cuando Argentina ligó su moneda al dólar estadounidense, su economía cayó en una profunda recesión y el país entró en bancarrota en 2001. Quienes habían invertido en bonos argentinos perdieron el 70 por ciento de su dinero, desequilibrando los intereses bancarios mundiales. Tras la bancarrota, Argentina separó su moneda del dólar y su economía se recuperó, pero para entonces los salarios ya habían caído en un 30 por ciento.
El ejemplo de Argentina muestra gráficamente que Grecia estaría mucho mejor si se declarara incapaz de pagar y dejara la eurozona, reintroduciendo su propia moneda. Sin embargo, si bien esto puede proporcionar algún alivio a la espiral descendente, dejar la eurozona no aislaría al proletariado griego de la desaceleración económica mundial y la devastación capitalista. En Gran Bretaña (que está en la UE pero no en la eurozona), el gobierno tory de David Cameron está tan comprometido como sus contrapartes del continente en el recorte del gasto. El 30 de noviembre, los obreros del sector público británico estallaron un paro masivo de un día contra las medidas de austeridad, que incluían la amenaza de despidos y la extensión de la congelación salarial. La revolución socialista es la única solución al desempleo, los recortes salariales, la guerra imperialista y otras depredaciones del capitalismo en decadencia.
El eje franco-alemán se tambaleará hasta romperse
Preocupado por la estabilidad de la zona del euro (y la economía francesa) el presidente Nicolas Sarkozy había apoyado originalmente la introducción de eurobonos —un esquema en el cual todos los estados de la zona del euro emitirían bonos en común— o bien que el Banco Central Europeo comprara directamente bonos de gobierno para rescatar a los países en problemas. Pero Merkel no accedió, pues sabía que en última instancia el costo de estos esquemas lo pagaría Alemania. También el gobierno de Obama ha cabildeado para que Merkel ponga más dinero. A fin de cuentas, nada ocurre si no es aceptable para Berlín. Como país acreedor, Alemania subraya la necesidad de balancear el presupuesto y fortalecer el euro (que no es sino el marco alemán travestido), considerando la inflación como el peor de los males. El modo de justificar lo anterior es referirse a dos periodos de inflación en la historia alemana, 1923 y los años que siguieron a la Segunda Guerra Mundial, pasando por alto la desastrosa política deflacionaria de principios de los años treinta.
Cuando el presidente de la Comisión de la UE, José Manuel Barroso, propuso introducir eurobonos bajo el nombre de “bonos de estabilidad”, el periódico derechista alemán Bild (23 de noviembre) publicó el encabezado: “Gran Bretaña, Estados Unidos y toda la UE quieren nuestro dinero”. Mientras tanto, en Francia, Jacques Attali, antiguo asesor de Mitterrand, acusó a Alemania de haber arrastrado a Europa a dos guerras suicidas durante el pasado siglo y dijo: “Hoy, nuevamente es el turno de Alemania de sostener el arma con que el continente se va a suicidar colectivamente”. El PCF intervino para criticar a Sarkozy por ceder ante Merkel respecto a la crisis y acusarlo de un “Munich financiero”, una referencia a la decisión que adoptaron Francia y Gran Bretaña en 1938 de no declarar la guerra a la Alemania de Hitler por su ocupación de los Sudetes.
En la cumbre de la UE celebrada a finales de octubre, los jefes de estado de diez naciones ajenas a la zona del euro fueron excluidos de las discusiones respecto a la crisis del euro. Esto produjo una queja del primer ministro británico Cameron, quien señaló que la crisis del euro tendría impacto en otros lugares, incluyendo Londres, uno de los centros financieros del mundo. Sarkozy reprendió a Cameron, que hasta hace poco había sido su camarada de armas en el bombardeo de Libia: “Ha desperdiciado usted una excelente oportunidad de mantenerse callado. Estamos hartos de que nos critique y nos diga qué hacer. Dice que odia el euro y ahora quiere interferir en nuestras reuniones”.
La UE se está despedazando por las tensiones de los intereses nacionales en conflicto, tensiones que también pueden verse en la imposición de restricciones al derecho de paso al interior de la UE, que supuestamente prevé el acuerdo de Schengen. En 2010, cerca de 40 mil personas que intentaban emigrar a la UE fueron detenidas en la frontera. En Holanda, Finlandia, Dinamarca y otros países del norte de Europa, los partidos populistas antiinmigrantes están ganando apoyo, amparados por las chovinistas campañas gubernamentales implementadas bajo la bandera de la “guerra contra el terrorismo” que en su mayor parte se dirige contra los musulmanes. Está en el interés de la clase obrera de cada país luchar por: ¡Plenos derechos de ciudadanía para todos los inmigrantes y refugiados! ¡Abajo la UE y la racista “fortaleza europea”!
El SPD y el Partido de Izquierda: Al rescate del capitalismo
Ante los ataques capitalistas resultantes de la crisis de la UE, el Partido Obrero Espartaquista de Alemania reconoce la urgente necesidad de que la clase obrera europea y especialmente el poderoso proletariado alemán emprendan acciones clasistas. El Primero de Mayo de 2010, el SpAD intervino por: “¡Solidaridad con los obreros griegos!” y por “¡Lucha de clases contra los capitalistas alemanes!” (Spartakist No. 183, mayo de 2010). Los principales obstáculos a esa lucha son los partidos obreros reformistas, el SPD y el Partido de Izquierda, junto con la burocracia sindical y los grupos izquierdistas que se orientan hacia ellos.
En el verano, el SPD salió en apoyo de los eurobonos. Peer Steinbrück, antiguo ministro de finanzas del SPD, explicó las razones en una entrevista con el Spiegel (12 de septiembre):
“Hay que explicarle a la gente que, en esta forma, la UE es la respuesta tanto a 1945 como al siglo XXI, en un mundo dramáticamente alterado, con nuevos pesos pesados, y que Alemania se beneficia de la integración de Europa a los niveles económico, político y social. Y, por supuesto, eso significa que los alemanes tendrán que pagar. Pero será un dinero bien invertido tanto para nuestro futuro como para el de Europa, para la paz y la prosperidad”.
Aquí Steinbrück y el SPD están utilizando el miedo a la guerra, que en buena parte de Europa prevalece como consecuencia de dos guerras mundiales. Para ello hace falta mucha desvergüenza: en 1999, durante la guerra de los Balcanes, un gobierno dirigido por el SPD fue el primero desde la Segunda Guerra Mundial en desplegar tropas alemanas en el extranjero. Las diferencias entre el SPD y Merkel son meramente tácticas y se reducen a determinar cuál es la mejor manera de servir al imperialismo alemán. Su apoyo a los eurobonos refleja su miedo a que las medidas de línea dura de Merkel lleven a la destrucción de la UE, matando quizá de ese modo a la gallina de los huevos de oro de los capitalistas alemanes, que le permitió a los socialdemócratas seguir sentándose a la mesa del capital alemán. El SPD ejemplifica lo que Lenin llamó partido obrero burgués: partidos que, especialmente a través de los sindicatos, conservan una base obrera, pero cuyo programa y dirigencia son totalmente procapitalistas. El SPD enlodó la bandera del internacionalismo obrero al votar a favor de los créditos de guerra para el imperialismo alemán en 1914. Desde entonces, el SPD ha sido un vehemente enemigo de la revolución.
Para muchos izquierdistas y militantes obreros, el Partido de Izquierda —una fusión del partido estalinista que gobernaba la RDA con una escisión del SPD que incluye parte de la burocracia sindical— representa una alternativa al SPD. El Partido de Izquierda puede hablar un poco más sobre la solidaridad con Grecia pero, al igual que el SPD, acepta el marco de la UE y la moneda común mientras argumenta que esa alianza de los ladrones imperialistas debería llevar a cabo más políticas progresistas. Así, el Partido de Izquierda también favorece los eurobonos. Pero, ¿desde cuándo la solidaridad obrera con las masas griegas en lucha consiste en pedirle al gobierno que ofrezca préstamos bancarios con intereses reducidos?
La cara de izquierda del Partido de Izquierda es su vicepresidenta, Sahra Wagenknecht, de la mal llamada “Plataforma Comunista”. Wagenknecht argumenta absurdamente que los presupuestos gubernamentales deben “liberarse de su dependencia respecto a los mercados de capital”. Para ello, quiere que se establezca un banco europeo que ofrezca tasas de interés convenientes. ¡Sólo un socialdemócrata de hueso colorado podría imaginar el presupuesto de un gobierno capitalista independizado del mercado capitalista! Y ya existen en Europa cientos de bancos de propiedad pública; todos ellos juegan siguiendo las reglas del sistema capitalista de ganancia. Los planes reformistas de Wagenknecht son un lavado de cara para el papel que desempeña el Partido de Izquierda en apoyar la explotación capitalista. Este partido entiende de presupuestos de gobierno, pues ya ha participado en los gobiernos de Berlín y otras regiones, que han despedido obreros y recortado el gasto público.
La federación sindical alemana DGB ha gastado mucho dinero, proveniente de las cuotas de sus afiliados, en una campaña de desplegados en la prensa por “¡Sí a Europa! ¡Sí al euro!”. Mientras tanto, la “solidaridad” de los burócratas de la DGB con la clase obrera de Grecia se ha limitado a un par de discursos el Primero de Mayo y quizá una carta de apoyo. No se ha librado una sola lucha contra el gobierno o los capitalistas alemanes, los más vehementes impulsores de las medidas de austeridad que tan duramente han golpeado a la clase obrera griega, portuguesa y de otros sitios.
La misma burocracia sindical socialdemócrata ha contribuido al avance del imperialismo alemán y su papel dominante en la UE al presidir el recorte masivo de los salarios reales. La falsa dirigencia sindical impulsa la mentira colaboracionista de clase de que lo que es bueno para la compañía y Alemania es bueno para los obreros. Más recientemente, los líderes sindicales aceptaron un recorte del 20 por ciento para todos los nuevos empleados de Lufthansa en el nuevo aeropuerto de Berlín. En poco tiempo, esta traición permitirá que Lufthansa baje sus salarios en general. Es urgentemente necesario defender los salarios y las condiciones de trabajo mediante la lucha de clases: ¡Sindicalizar a los no sindicalizados! ¡Salario igual por trabajo igual! ¡Abajo la división entre empleados permanentes, trabajadores contratados y trabajadores eventuales! ¡Una compañía, un sindicato, una escala salarial! ¡Forjar una dirección sindical clasista, ligada a la construcción de un partido revolucionario!
¡Por los estados unidos socialistas de Europa!
En 1929, León Trotsky, entonces líder de la Oposición de Izquierda que luchaba por el bolchevismo auténtico contra la degeneración estalinista de la Unión Soviética y la Internacional Comunista, escribió:
“A través de la Oposición la vanguardia del proletariado europeo les dice a los actuales gobernantes: Para unificar a Europa es necesario, antes que nada, arrancar el poder de vuestras manos. Nosotros lo haremos. Nosotros unificaremos a Europa. Nosotros la unificaremos contra el mundo capitalista hostil. Nosotros la transformaremos en una poderosa base de apoyo del socialismo combativo. Nosotros la convertiremos en la piedra angular de la federación socialista mundial”.
—“El desarme y los estados unidos de Europa” (octubre de 1929)
En conjunción con la conquista del poder por el proletariado en Estados Unidos, Japón y el resto del mundo, los estados unidos socialistas de Europa sentarán las bases para una verdadera división internacional del trabajo en una economía planificada, aumentando así enormemente la productividad de la sociedad. Al establecer la genuina igualdad entre los pueblos de Europa, erradicaría la fuente de las guerras imperialistas que tantas veces han llevado a Europa al borde de la extinción.
La multiétnica clase obrera alemana, con sus diversos componentes de tierras mediterráneas, los Balcanes y Europa Oriental —que con frecuencia traen consigo las tradiciones más combativas de la lucha de clases— cuenta con vínculos vivientes con la lucha de los obreros griegos, así como con los obreros turcos y los kurdos en Turquía y con los de otras partes. La lucha de clases de los obreros alemanes resonaría poderosamente en el proletariado francés y se convertiría en un faro para la clase obrera al nivel mundial. Al centro de nuestra perspectiva como trotskistas está el reforjamiento de la IV Internacional, partido mundial de la revolución proletaria, la tarea que se han asignado la Liga Comunista Internacional y su sección alemana, el SpAD.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/35/europe.html
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2016.05.28 20:23 ShaunaDorothy El desarrollo y la extensión de la teoría de la revolución permanente de León Trotsky Segunda Parte (2 - 2)

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Trotsky y Lenin se reunifican
Al mismo tiempo, Trotsky había llegado a reconocer la validez de la amarga lucha que Lenin venía dando desde 1903 para construir un partido de vanguardia disciplinado y programáticamente sólido. En el periodo anterior a la escisión de 1903 entre bolcheviques y mencheviques en el II Congreso del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso (POSDR), Trotsky se había ganado el apodo de “garrote de Lenin”. Pero en 1903 Trotsky se mostró reacio ante la insistencia de Lenin en un partido duro de revolucionarios profesionales. Sin embargo, también se opuso a la orientación menchevique a la burguesía liberal.
Trotsky se declaró ajeno a ambas fracciones. Trabajó estrechamente con los bolcheviques en la Revolución de 1905, pero en los años que siguieron sus intentos de unificar a todas las fracciones se enfrentaron a las luchas de Lenin por diferenciar tajantemente a los revolucionarios de los oportunistas, e inevitablemente llevaron a Trotsky a bloques podridos episódicos contra los bolcheviques. Esto llegó a su culminación en 1912, tras la escisión final de los bolcheviques con la fracción menchevique, cuando se constituyeron en un partido aparte. En agosto de 1912, Trotsky tomó la iniciativa para organizar una conferencia con los mencheviques “propartido” en Viena —que llegó a hacerse tristemente célebre con el nombre de “Bloque de agosto”— para tratar de revertir la escisión.
Una vez que la Revolución de Febrero se hubo hecho cargo del zarismo y hubo puesto a la burguesía supuestamente “democrática” en el poder, la mayoría de la dirigencia menchevique se unió al grueso de la II Internacional, adoptando la línea del “defensismo” respecto a su “propia” clase dominante. Bajo el impacto de la guerra y de las afiladas polémicas de Lenin contra los esfuerzos conciliacionistas, Trotsky se vio cada vez más atraído a la insistencia de Lenin en una ruptura completa con el oportunismo.
Así, para 1917, Trotsky y Lenin coincidían en las cuestiones decisivas del partido y del carácter de clase de la revolución. Tras su retorno del exilio el 4 de mayo, Trotsky no se unió inmediatamente a los bolcheviques, sino que trabajó con ellos mientras pertenecía a la organización Mezhraiontsi (Interdistrital), que se movía a la izquierda, y a la que él condujo hacia la fusión con los bolcheviques. La fusión se consumó en el VI Congreso de los bolcheviques, que comenzó a finales de julio. Como reconocería Lenin posteriormente, una vez que Trotsky comprendió la imposibilidad de la unificación con los mencheviques, “no ha habido mejor bolchevique que él” (citado en Trotsky, La revolución desfigurada [1929]).
Durante el transcurso de los sucesos de 1917, Lenin insistió en la necesidad de la toma del poder estatal por el proletariado. Después de que el primer Gobierno Provisional fuera derribado por una tormenta de indignación cuando prometió continuar la odiada guerra imperialista, un nuevo gobierno se formó a principios de mayo. Dirigentes eseristas y mencheviques aceptaron formalmente carteras ministeriales. Lenin explicó que los capitalistas rusos “recurrieron a un método que durante muchas décadas, desde 1848, ha sido practicado por los capitalistas de otros países para engañar, dividir y debilitar a los obreros. Este método es el del llamado ‘gobierno de coalición’, o sea un ministerio mixto formado por miembros de la burguesía y por tránsfugas del socialismo”. Y continuó:
“Los tontos de los partidos eserista y menchevique se regocijaban y se dejaban bañar jactanciosamente por los rayos de la gloria ministerial de sus jefes. Los capitalistas se frotaban las manos de gusto, pues en la persona de los ‘líderes de los Soviets’ encontraban una ayuda contra el pueblo y la promesa de apoyar las ‘operaciones ofensivas en el frente’, es decir, la reanudación de la rapaz guerra imperialista, que había sido interrumpida por algún tiempo.”
—“Las enseñanzas de la revolución” (agosto de 1917)
En su obra clásica El estado y la revolución (septiembre de 1917), Lenin rescató los escritos de Marx y Engels sobre la cuestión del estado de debajo de la montaña de ofuscación socialdemócrata. Señalando la principal lección que Marx obtuvo de la experiencia de la Comuna de París de 1871, cuando el proletariado parisino sostuvo el poder por casi tres meses antes de ser sanguinariamente aplastado, Lenin citó la afirmación de Marx en La guerra civil en Francia (1871) de que “la clase obrera no puede simplemente tomar posesión de la máquina estatal existente y ponerla en marcha para sus propios fines”. Lenin explicó: “El pensamiento de Marx consiste en que la clase obrera debe destruir, romper la ‘máquina estatal existente’ y no limitarse simplemente a apoderarse de ella.”
Lenin revivió el entendimiento de Marx de que el proletariado no podría mantener una alianza con el campesinado, ni mucho menos dirigirlo, a menos que los obreros tuvieran en sus manos el poder estatal: “El proletariado necesita el poder del estado, organización centralizada de la fuerza, organización de la violencia, tanto para aplastar la resistencia de los explotadores como para dirigir a la enorme masa de la población, a los campesinos, a la pequeña burguesía, a los semiproletarios, en la obra de ‘poner en marcha’ la economía socialista.”
Habiendo ya abandonado su fórmula anterior de una “dictadura democrática del proletariado y el campesinado”, Lenin afirmó explícitamente que el estado no puede representar a dos clases distintas:
“Además, la esencia de la teoría de Marx sobre el estado sólo la ha asimilado quien haya comprendido que la dictadura de una clase es necesaria, no sólo para toda sociedad de clases en general, no sólo para el proletariado después de derrocar a la burguesía, sino también para todo el período histórico que separa al capitalismo de la ‘sociedad sin clases’, del comunismo. Las formas de los estados burgueses son extraordinariamente diversas, pero su esencia es la misma: todos esos estados son, bajo una forma o bajo otra, pero, en último resultado, necesariamente, una dictadura de la burguesía. La transición del capitalismo al comunismo no puede, naturalmente, por menos de proporcionar una enorme abundancia y diversidad de formas políticas, pero la esencia de todas ellas será, necesariamente, una: la dictadura del proletariado.”
Cuando los bolcheviques dirigieron al proletariado al poder en octubre de 1917, le dieron carne y hueso al entendimiento marxista de la dictadura del proletariado.
La Comintern y la revolución colonial
La Revolución de Octubre tuvo un efecto electrizante internacionalmente. Éste se sintió más inmediatamente entre los obreros de las demás potencias europeas beligerantes, especialmente Alemania. Pero la oleada que inició llegó mucho más allá de Europa, pasando por el mundo colonial.
Entre quienes fueron atraídos por la bandera del comunismo, ocuparon un lugar prominente los estudiantes y demás intelectuales que querían superar la profunda opresión social, el gobierno autocrático y la sumisión al imperialismo en sus propios países, y habían perdido la esperanza de que sus propias burguesías, débiles y corruptas, lograran nada parecido a la Gran Revolución Francesa de 1789-93. Pero la joven Internacional Comunista (IC) estaba adentrándose en terreno virgen cuando enfrentó la cuestión de la relación entre los partidos comunistas del mundo colonial y los movimientos nacionalistas burgueses. Los bolcheviques esperaban que la revolución obrera en los centros imperialistas resolviera, en general, la cuestión colonial.
El primer trabajo de la Comintern respecto a la cuestión nacional y colonial estuvo dirigido en buena medida a trazar una línea programática dura entre los comunistas y la cloaca chovinista de la II Internacional. Antes de la Primera Guerra Mundial, había toda una gama de actitudes sobre la cuestión colonial dentro de la II Internacional. En el ala izquierda, había muchos que se solidarizaban con las víctimas coloniales de sus “propios” gobernantes. Pero estos “partidos de toda la clase” kautskianos también incluían elementos derechistas que defendían la misión “civilizadora” del imperialismo (y a veces eran abiertamente racistas respecto a pueblos “inferiores” en el exterior y en casa). Con el estallido de la guerra, los líderes socialistas probélicos actuaron como reclutadores para los esfuerzos imperialistas de defender y extender sus imperios coloniales.
Lenin trazó la línea más dura posible contra este socialchovinismo, e insistió en que “en el Estado capitalista, rechazar el derecho a la autodeterminación, es decir, el derecho de las naciones a la separación, no significa otra cosa que defender los privilegios de la nación dominante” (El derecho de las naciones a la autodeterminación, 1914). Una clase obrera en bloque con sus propios gobernantes contra las naciones oprimidas y las masas coloniales nunca podrá hacer una revolución socialista.
Las “21 condiciones” adoptadas por el II Congreso de la IC en 1920 exigían que los partidos comunistas de los países imperialistas apoyaran “no con palabras sino con hechos, todo movimiento de emancipación en las colonias” y llevaran a cabo “entre las tropas metropolitanas” de su propio país “una continua agitación contra toda opresión de los pueblos coloniales”. Al mismo tiempo, las “Tesis adicionales sobre los problemas nacional y colonial” del II Congreso advertían contra la subordinación del proletariado colonial a la burguesía, afirmando: “La Internacional Comunista debe sellar una alianza temporal con la democracia burguesa de los países coloniales y atrasados, pero no debe fusionarse a ella y tiene que mantener incondicionalmente la independencia del movimiento proletario incluso en sus formas más embrionarias.”
El II Congreso aún no había asimilado la importancia de los cambios producidos por la guerra mundial. Antes de 1914 prácticamente no había desarrollo industrial en los países coloniales y semicoloniales, cuyas economías estaban construidas en torno a la agricultura y la extracción de materias primas para beneficio de las potencias imperialistas. Pero con la desorganización del comercio internacional y el énfasis en la producción de guerra en las potencias beligerantes, países como China y la India experimentaron un crecimiento industrial sustancial y el rápido desarrollo de un proletariado joven y combativo. La guerra sofocó el abasto de bienes de consumo y la entrada de capital de las potencias de Europa Occidental, dando un poderoso ímpetu a la industria capitalista local.
A diferencia de la India, China no era una colonia tal cual. La Revolución China de 1911, dirigida por el movimiento nacionalista burgués de Sun Yat-sen, había derrocado a la decrépita dinastía Ching (manchú), que era sumisa a las potencias imperialistas. Sin embargo, el país pronto se vio conducido por el caudillismo y siguió postrado ante los imperialistas occidentales y japoneses, desmembrado en “esferas de influencia”. Por otro lado, para 1919 había ya cerca de un millón y medio de obreros industriales, concentrados en grandes empresas en unos cuantos centros urbanos (ver: “Los orígenes del trotskismo chino”, Spartacist [edición en español] No. 28, enero de 1998). Estos cambios le dieron al proletariado chino un gran poder social potencial; sin embargo, por sí mismos no respondían a la pregunta de si el proletariado, una pequeña minoría en un país de extremo atraso social, podía hacerse políticamente consciente y contender por el poder estatal. Para cuando esta pregunta fue planteada a quemarropa en 1925-27, la Comintern ya había iniciado su degeneración cualitativa.
El “frente único antiimperialista”
En su IV Congreso, celebrado en noviembre-diciembre de 1922, la IC introdujo la consigna del “frente único antiimperialista” en sus “Tesis generales sobre la cuestión de Oriente”. Esto iba más allá de la correcta consideración de acciones en común contra el imperialismo con las fuerzas burguesas del mundo colonial y semicolonial, y promovía un bloque político con esas fuerzas sobre la base de un programa mínimo de demandas democráticas.
Sin dejar de ser críticas de la burguesía colonial, estas Tesis eran ambiguas en la cuestión clave de la relación del proletariado con ésta: “El proletariado apoya y levanta reivindicaciones parciales, como por ejemplo la república democrática independiente, el otorgamiento de derechos de que están privadas las mujeres, etc., en tanto que la correlación de fuerzas existente en la actualidad no le permita plantear la realización de su programa sovietista.” Implícitamente, las Tesis planteaban un programa menchevique de “dos etapas” para la revolución colonial, siendo la primera etapa una lucha democrática contra el imperialismo.
Aunque las Tesis eran vagas respecto al trabajo de las secciones comunistas en los países atrasados, el delegado al congreso del Partido Comunista de Indonesia (PKI), Tan Malaka, defendió abiertamente la entrada previa de su partido a la nacionalista burguesa Liga Islámica (Sarekat Islam). La práctica del PKI contradecía claramente la insistencia del II Congreso en la independencia política del proletariado ante los nacionalistas burgueses. Y, mientras que el II Congreso había afirmado “la necesidad de luchar contra el panislamismo y otras corrientes de esta índole que tratan de combinar el movimiento de liberación contra el imperialismo europeo y americano con el fortalecimiento de las posiciones de los kanes, de los terratenientes, de los mullahs, etc.”, las Tesis del IV Congreso, en cambio, afirmaban con neutralidad: “Sin embargo, a medida que se amplía y madura el movimiento de emancipación nacional, las consignas político-religiosas del panislamismo son suplantadas por reivindicaciones políticas concretas.”
Ya antes del IV Congreso, el presidente de la IC, Grigorii Zinóviev, había declarado en el I Congreso de Trabajadores del Lejano Oriente que “la división del programa de los partidos comunistas entre un programa mínimo y un programa máximo...debe ser considerada como válida en el futuro inmediato, particularmente para los países del Lejano Oriente, en la medida que la próxima etapa del desarrollo de estos países es el derrocamiento democrático y la organización de clase —política y económica— independiente del proletariado” (“Tesis sobre las tareas de los comunistas en el Lejano Oriente”, enero de 1922).
Cuando el miembro del Comité Central bolchevique y futuro opositor de izquierda A.A. Ioffe fue comisionado para encabezar una misión diplomática soviética para negociar con el Guomindang (Partido Nacionalista—GMD) de Sun Yat-sen, buscó atenerse a la posición principista adoptada por el II Congreso contra las políticas que estaba impulsando el emisario del Comité Ejecutivo de la IC (CEIC) en China. En una carta del 22 de julio de 1922 al Politburó del Partido Comunista Ruso, Ioffe escribió:
“Nuestra política en China, como en todo el mundo, debe buscar sobre todo los fines de la revolución proletaria mundial… En la política interna de China, conducir una línea para la liberación nacional y la unificación de China, y la creación de una república china unida y verdaderamente independiente y libre-democrática (¿soviética?)… Apoyar al Partido Comunista Chino (PCCh) incluso más [que a Sun Yat-sen], sin temerle a su cercanía abierta con la embajada. Independientemente de la debilidad de este partido, considerar necesaria su completa independencia, y completamente incorrectos los esfuerzos de ciertos agentes del CEIC de la IC de fundir la organización de este partido con el partido de Sun Yat-sen.”
—traducido de Bol’shevistskoe rukovodstvo, Perepiska [Dirigencia bolchevique, Correspondencia], 1912-1927 (Moscú: ROSSPEN, 1996)
El agente del CEIC al que Ioffe se refería era G. Maring (Henricus Sneevliet), un comunista holandés que había orquestado la entrada del PKI al Sarekat Islam. En agosto de 1922, Maring le impuso al joven PCCh una entrada parcial al GMD. Maring estaba apoyado por el CEIC. Sin una alternativa al curso de Maring, y en un esfuerzo por presionar a Sun Yat-sen a que actuara contra los imperialistas en China, en enero de 1923 Ioffe firmó un “pacto de no agresión” con el GMD que rechazaba intentos de introducir el comunismo en China. Ese agosto, una resolución del Politburó propuesta por Stalin y que asignaba a Mijaíl Borodin como Asesor Político de Sun afirmaba: “Instruir al camarada Borodin para que su trabajo con Sun Yat-sen esté guiado por los intereses del movimiento de liberación nacional de China, y que no se distraiga con el objetivo de implantar el comunismo en China” (énfasis añadido). Stalin se salió con la suya. En su tercera conferencia nacional ese año, el PCCh votó por convertir su entrada parcial en una entrada completa y resolvió que “el GMD debe ser la fuerza central de la revolución nacional y debe asumir su dirigencia.”
Para cuando tuvo lugar el IV Congreso de la IC, Lenin estaba cada vez más marginado por la enfermedad y una “Troika” (triunvirato) anti-Trotsky se había formado con Stalin, Zinóviev y Lev Kámenev para ponerse al frente del Partido Comunista soviético y la IC. Los cinco miembros del Comité Central del PCCh se habían opuesto inicialmente a la entrada en el GMD. Sus objeciones deberían haberse discutido y debatido plenamente al interior de la Comintern. Pero estas diferencias se mantuvieron ocultas a los oponentes de esta camarilla burocrática que se estaba cristalizando en la cima del estado soviético y la Comintern.
De todas formas, Trotsky se opuso a la línea de la Troika de entrada al GMD cuando llegó el momento de votarla en el Politburó en 1923 y en adelante. Si bien expresó abiertamente su oposición a la Troika sólo dentro del Politburó, al mismo tiempo Trotsky se distinguió públicamente por advertir a los comunistas de Oriente contra mezclar sus programas con el nacionalismo de partidos como el GMD. Se opuso a la concepción de partidos de dos clases “obrero-campesinos” o “granjero-laborista” promovida por Zinóviev y Stalin para Estados Unidos, Polonia y otros países —con efectos desastrosos— e insistió en que el Guomindang era un partido burgués.
El “socialismo en un solo país”: Una “teoría” para la traición
Cuando Lenin se hubo recuperado de su ataque de apoplejía en el otoño de 1922, se horrorizó al enterarse de que las presiones de la creciente capa burocrática en el estado y el partido soviéticos estaban encontrando cada vez más expresión en el Politburó. Entonces colaboró con Trotsky para que se rechazara una propuesta de Stalin y otros de debilitar el monopolio sobre el comercio exterior, un baluarte crucial de la economía colectivizada. Luego, Lenin decidió consumar un bloque con Trotsky para retirar a Stalin de su puesto de Secretario General en el XII Congreso del Partido de abril de 1923, en buena medida debido a una política abusiva, que apestaba a chovinismo gran ruso, impulsada por Stalin y sus compinches hacia las nacionalidades no rusas del Cáucaso. Pero Lenin fue atacado una vez más por la enfermedad en marzo de 1923, ante lo cual Trotsky dio un paso atrás y no libró una lucha tajante. Con la Troika al mando, el XII Congreso dedicó un punto especial del orden del día a darle la bienvenida a sus filas al viejo economicista y menchevique Aleksandr Martínov.
Martínov llegaría a ser una parte central en la lucha de la Troika contra Trotsky respecto a China. Fue Martínov, por ejemplo, quien acuñó la caracterización del GMD como un “bloque de cuatro clases” (obreros, campesinos, pequeña burguesía y burguesía nacional), que se usó para justificar la liquidación del PCCh dentro de ese partido nacionalista burgués. Como habría de notar Trotsky en “¿Quién dirige hoy la Internacional Comunista?” (septiembre de 1928):
“Martínov no solamente se ha infiltrado en el partido, sino que también se ha convertido en uno de los principales inspiradores de la Internacional… se han acercado y se han rebajado únicamente a causa de su lucha contra el ‘trotskismo’. En este aspecto no le ha sido necesaria ninguna reeducación; ha continuado atacando la ‘revolución permanente’ como en los veinte años anteriores.”
Pocos meses después del XII Congreso del Partido, en 1923 vino la derrota de la revolución en Alemania, que tuvo enormes consecuencias a escala mundial. El fracaso en Alemania se debió a la incapacidad de la Internacional Comunista dirigida por Zinóviev y a la ausencia en Alemania de un Partido Comunista suficientemente templado: el KPD alemán se adaptó a la socialdemocracia y, en octubre, incluso entró en gobiernos regionales burgueses dirigidos por la socialdemocracia (ver: “Rearmando al bolchevismo—Una crítica trotskista de Alemania 1923 y la Comintern”, Spartacist [edición en español] No. 31, agosto de 2001). La ola revolucionaria de posguerra, que ya para 1921 estaba retrocediendo, se detuvo, y el orden burgués global se estabilizó. En la Rusia soviética, los obreros habían estado siguiendo intensamente el curso de la revolución obrera alemana. Su derrota tuvo entre los obreros soviéticos un enorme efecto desmoralizador, prolongando el aislamiento del estado obrero y ayudando a pavimentar el camino a la usurpación del poder político del proletariado por la naciente burocracia soviética.
Las elecciones a la XIII Conferencia del Partido de enero de 1924 estuvieron arregladas para no permitir más que tres representantes del laxo agrupamiento de oposicionistas asociados a Trotsky, pese a su amplio apoyo en los centros urbanos y el Ejército Rojo. El “trotskismo” fue condenado como una herejía antitética al leninismo. Lenin murió el 21 de enero, al día siguiente de enterarse del resultado de la Conferencia. Después de enero de 1924, la gente que gobernaba la URSS, la forma en que era gobernada y los fines para los que se le gobernaba cambiaron. En el otoño de 1924, Stalin generalizó la aversión de la burocracia conservadora hacia el programa proletario, revolucionario e internacionalista de la Revolución de Octubre con su “teoría” de que el socialismo —una sociedad basada en un nivel de productividad cualitativamente más alto en la que las clases han desaparecido y el estado se ha desvanecido— se puede construir en un solo país, incluso si éste era la económicamente devastada Rusia.
El “socialismo en un solo país” fue un programa de retirada y una promesa falsa de la estabilidad que la sociedad soviética añoraba tras años de guerra, revolución y pobreza; cristalizaba el estado de ánimo de conservadurismo que afectó no sólo al partido soviético, sino a los jóvenes partidos comunistas de Occidente ante la reestabilización del capitalismo mundial; negaba la teoría y la práctica no sólo de Lenin y el Partido Bolchevique, sino también de Marx y Engels, que siempre habían sido explícitos respecto a que el socialismo sólo podría triunfar como sistema mundial.
El “socialismo en un solo país” fue la bandera bajo la cual el estalinismo traicionó incontables oportunidades revolucionarias. Pero la transformación de la IC de un instrumento de la revolución socialista mundial en una agencia de maniobras diplomáticas no ocurrió de la noche a la mañana. Durante la década de 1920, Zinóviev, y luego Stalin, experimentaron con diversas coaliciones con fuerzas burguesas, que terminaron llevando al asesino sabotaje de la Segunda Revolución China de 1925-27. Para 1933, la Comintern de Stalin no pudo despertar ante lo que Trotsky llamó “el trueno del fascismo”: la victoria de los nazis de Hitler sin que el poderoso movimiento obrero alemán hubiera disparado un solo tiro. Cuando esta catástrofe, producto directo de la política de Stalin, no ocasionó indignación dentro de las filas de la III Internacional, ni siquiera desacuerdos internos significativos, Trotsky llegó a la concusión de que la IC había demostrado estar completamente muerta como fuerza para la revolución. Para 1935 ya había codificado explícitamente un programa de colaboración de clases (el Frente Popular) y había desempeñado un agresivo papel contrarrevolucionario en la Guerra Civil Española para apuntalar el dominio burgués. La Comintern estalinizada era, en efecto, como la describió Trotsky, “el gran organizador de derrotas”.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/29/pr2.html
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2016.05.28 12:09 ShaunaDorothy Contra la ofensiva oscurantista de la iglesia y el PAN: ¡Aborto libre y gratuito! (Verano de 2007)

https://archive.is/zWVHG
Espartaco No. 28 Verano de 2007
¡Ninguna ilusión en AMLO y el PRD burgués! ¡Liberación de la mujer mediante la revolución socialista!
El 24 de abril, la Asamblea Legislativa de la Ciudad de México, dominada por el PRD, aprobó cambiar los códigos legales de la ciudad para permitir el aborto a quien lo solicite, un derecho democrático elemental, durante las primeras doce semanas del embarazo. Esto da al Distrito Federal no sólo las leyes sobre el aborto más liberales de América Latina fuera de Cuba y Puerto Rico, sino que, al proporcionarlo gratuitamente a los residentes de la ciudad en los hospitales públicos, hace al aborto mucho más accesible que en EE.UU. y la mayor parte de Europa. Algunos investigadores estiman que las complicaciones en abortos ilegales, que han matado a unas mil 500 mexicanas cada año, representan la principal causa de muerte para mujeres entre 15 y 39 años de edad en América Latina y el Caribe. La reforma del aborto es una conquista importante para todas las mujeres, pero tendrá un impacto particular en la vida de las obreras, las pobres y las jóvenes que no tenían los medios para obtener abortos seguros viajando a otros países o pagando un elevado precio para obtener uno ilegalmente en instalaciones decentes. Sin embargo, la ley incluye penas de tres a seis meses de prisión para las mujeres que reciban un aborto después de las primeras doce semanas, y de uno a tres años de prisión a quienes lo practiquen. Nosotros decimos: ¡Abajo todas las penas! ¡Aborto libre y gratuito en todo México! ¡Abajo el límite de doce semanas!
Como comunistas revolucionarios, el Grupo Espartaquista de México, sección de la Liga Comunista Internacional (Cuartainternacionalista), apoya esta reforma y toda conquista obtenida para las mujeres, sin importar cuán parcial sea. El 19 de abril, la Juventud Espartaquista llevó a cabo un mitin en la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM llamando por “¡Aborto libre y gratuito! ¡Liberación de la mujer mediante la revolución socialista!”, uno de los muy pocos eventos izquierdistas en favor de los derechos de aborto llevados a cabo en la universidad esta primavera. Nuestros camaradas explicaron la perspectiva marxista para acabar con la opresión de la mujer, llamaron a los estudiantes y obreros a movilizarse en apoyo de la reforma del aborto y advirtieron contra las ilusiones en el PRD.
La destrucción de la URSS, el primero y más poderoso estado obrero del mundo, ha traído una ofensiva global contra los estándares de vida y los derechos democráticos elementales de la clase obrera y los oprimidos, así como un clima ideológico dominado por la creencia generalizada en la “muerte del comunismo” y un resurgimiento del fanatismo religioso. Donde existen los derechos de aborto, como en EE.UU. —gobernado por la pandilla de fanáticos religiosos de Bush—, han estado bajo ataque constante tanto por parte de los republicanos como de los demócratas; cada vez es más difícil obtener un aborto, especialmente para las mujeres pobres.
México no ha sido, por supuesto, una excepción a esta ofensiva burguesa, con dos décadas de políticas antiobreras neoliberales que han devastado el nivel de vida de la clase obrera. Además, durante los últimos siete años, el gobierno del PAN ha combinado sus políticas privatizadoras y abiertamente a favor de los imperialistas estadounidenses con la ideología derechista religiosa. Recientemente, el país ha sido sacudido por huelgas poderosas y combativas, así como por movilizaciones masivas de la clase obrera, los pobres y los oprimidos por la satisfacción de sus necesidades más apremiantes y en defensa de conquistas ganadas a través de fuertes luchas. La burguesía misma está altamente polarizada, y la diferenciación se da respecto a cuestiones sociales tanto como económicas. El PRD nacionalista burgués de López Obrador trata de cooptar y desactivar el descontento obrero mediante concesiones. Es en este contexto que se ha dado la reforma del aborto, originalmente redactada por el PRI y aprobada gracias al apoyo del PRD.
El aborto, que da a las mujeres cierto control sobre la decisión de tener hijos o no, es una cuestión política explosiva. En México, con la segunda población católica más grande del mundo después de Brasil, la medieval Iglesia Católica ha desempeñado un papel político cada vez mayor, especialmente desde que Vicente Fox del PAN asumió la presidencia en el año 2000. Desde el momento en que fue propuesta, la reforma ha ocasionado un indignado tumulto entre las fuerzas oscurantistas y derechistas que alientan a las capas más violentamente atrasadas de la población y representan una amenaza mortal a las mujeres, los izquierdistas, los obreros, los homosexuales y los indígenas. El gobierno del PAN y la Iglesia Católica unieron fuerzas en una campaña reaccionaria y antimujer contra la propuesta. Despotricaron desde los púlpitos de la televisión nacional, curas y monjas se manifestaron por las calles de la Ciudad de México y el mismísimo Vaticano lanzó risibles amenazas de excomunión. Después de que la Asamblea Legislativa aprobó la reforma, hubo un ataque renovado, ahora con la grotescamente mal llamada Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) y la Procuraduría General de la República (PGR) como punta de lanza para desafiar la nueva ley como anticonstitucional, ¡con la PGR argumentando que un embrión es sujeto de derecho! Nosotros decimos: ¡Por la separación de la iglesia y el estado!
Al apoyar esta reforma, no otorgamos ninguna confianza en absoluto al PRD ni al PRI, partidos del capital tanto como el PAN. Las reformas bajo el capitalismo no sólo son parciales sino también reversibles. La opresión de la mujer es un componente necesario del capitalismo, y no puede ser desenraizado mediante reformas sino sólo a través del derrocamiento revolucionario del sistema de explotación basado en la propiedad privada. Luchamos por construir un partido proletario leninista-trotskista para dirigir la lucha por una revolución socialista que comenzaría a sentar la base para la genuina emancipación de la mujer junto con la emancipación de la clase obrera y de todos los oprimidos.
La base material de la opresión de la mujer
Los marxistas consideramos que la institución de la familia, un componente necesario del régimen de la propiedad privada, es la principal fuente de la opresión especial de la mujer. La familia no es una institución inmutable y sempiterna, sino una relación social sujeta al cambio histórico. En la antigua sociedad de cazadores-recolectores existía la igualdad entre hombres y mujeres, donde la necesaria división del trabajo, basada en el papel de la mujer de procrear hijos, no involucraba subordinación alguna con base en el sexo, y el linaje se trazaba por la línea materna. En su obra clásica El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado (1884), Friedrich Engels (usando información disponible en aquel entonces) trazó el origen de la institución de la familia y del estado a la división de la sociedad en clases. El desarrollo de la tecnología —la agricultura, la metalurgia, la domesticación de los animales y otros avances revolucionarios— permitieron la existencia de un excedente allende lo necesario para la subsistencia mínima que caracterizaba a las sociedades de cazadores-recolectores, haciendo posible la existencia de una clase dominante ociosa. El estado surgió para asegurar el dominio de esa clase por la fuerza. La centralidad de la familia fluyó de su papel en la herencia de la propiedad sobre la línea paterna, que requirió la monogamia sexual de la mujer y su subordinación social. Engels describe la victoria de la propiedad privada sobre la propiedad comunal natural primitiva como “la gran derrota histórica del sexo femenino en todo el mundo”.
La sociedad capitalista está dividida en dos clases principales: la burguesía, que posee los medios de producción, y el proletariado, que vende su fuerza de trabajo para crear la riqueza y mantener a la sociedad funcionando. Para las masas obreras y los pobres, que no tienen riqueza alguna que legar a las nuevas generaciones, la familia sirve para alimentar y vestir a los obreros y criar a la siguiente generación. Engels señala: “La familia individual moderna se funda en la esclavitud doméstica franca o más o menos disimulada de la mujer, y la sociedad moderna es una masa cuyas moléculas son las familias individuales.” Aún hoy la institución de la familia desempeña un papel económico y social, y ésa es la base de la opresión de la mujer. Así, la lucha por la liberación de la mujer es una parte estratégica de la lucha por el socialismo y sólo puede llevarse a cabo mediante la revolución socialista.
Nuestra perspectiva no es la redivisión de las tareas domésticas dentro de la familia, sino la transferencia del trabajo doméstico entero a la esfera pública. Para liberar a la mujer, la institución de la familia como unidad económica de la sociedad no puede ser abolida, sino que ha de ser remplazada, con cocinas, guarderías y lavanderías comunales. La dictadura del proletariado, en la medida en que tenga suficientes recursos a su disposición, inmediatamente cambiará la condición concreta de la mujer en particular, más allá de los efectos liberadores generales de la revolución, y mucho más allá de hacer a la mujer y el hombre iguales ante la ley.
La opresión de la mujer no se reduce a una cuestión de ideología atrasada y la negación de derechos democráticos. La ideología machista es propagada para justificar la opresión económica y la subyugación concretas de la mujer. El aborto es restringido para afianzar la institución de la familia, cuyo papel social, junto con otras instituciones como la iglesia, es enseñar el respeto a la autoridad, actuar como una fuerza conservadora, controlar a la población (especialmente a la juventud) e imponer una moralidad que proscribe cualquier cosa que se desvíe del ideal de la familia —desde las relaciones sexuales premaritales hasta las homosexuales—. La sexualidad juvenil, aunque algunos no quieran admitirlo, es un hecho biológico. Las adolescentes se embarazarán y necesitarán abortos. ¡Por anticonceptivos y aborto libres y gratuitos! ¡Abajo los requisitos de consentimiento paterno! ¡Plenos derechos democráticos para los homosexuales! Nos oponemos a las leyes sobre la edad de consentimiento a través de las cuales el estado capitalista dicta a qué edad uno (típicamente la mujer) puede o no decidir tener relaciones sexuales. Estamos contra las leyes contra “crímenes sin víctimas”, como las relaciones sexuales consensuales, la pornografía y el uso de drogas.
En México, donde la mitad de la población vive en la pobreza incluso según cifras oficiales, la influencia embrutecedora de la familia adquiere una importancia aun mayor como un medio de supervivencia económica, especialmente para jóvenes adultos que no pueden conseguir un empleo decente, para los ancianos que tratan de sobrevivir con una pensión miserable —si es que la tienen— y para las mujeres que se ven forzadas a permanecer en matrimonios pese a su voluntad por la simple razón de que no podrían sobrevivir por sí solas, especialmente si tienen hijos. ¡Por guarderías gratuitas las 24 horas!
La mujer y la revolución permanente en México
En toda sociedad, el grado de la emancipación de la mujer es un indicador preciso de la emancipación general. Muchos aspectos de la naturaleza antimujer de la sociedad mexicana son conocidos en todo el mundo. Ciudad Juárez es tristemente célebre por los cientos de asesinatos de obreras; las víctimas son generalmente jóvenes y a menudo mutiladas sexualmente. En marzo, Ernestina Ascencio, una indígena de 73 años de edad, fue violada y matada por elementos del Ejército Mexicano en Veracruz, ¡y Calderón tuvo el descaro de declarar que había muerto de gastritis! La policía abusó sexualmente y violó a mujeres arrestadas durante la brutal ocupación del pueblo de Atenco en mayo de 2006.
Pero gran parte de las espantosas condiciones de la mujer en México no llegan a los encabezados porque son simplemente cosa de todos los días. La violencia contra la mujer ocurre en el 60 por ciento de los hogares. La discriminación abierta en las contrataciones es la norma. Las mujeres usualmente son relegadas a los trabajos más repetitivos y peligrosos de la industria, especialmente en las maquiladoras, son sometidas a procedimientos degradantes como pruebas de embarazo regulares y ganan menos que los hombres por el mismo trabajo. Al mismo tiempo, al integrarse a la industria, las mujeres obtienen cierta independencia económica y se han convertido en un componente poderoso y vibrante del proletariado. Nosotros decimos: ¡Salario igual por trabajo igual! ¡Sindicalizar a los no sindicalizados!
Las condiciones de la mujer indígena son particularmente brutales y degradantes, con la intersección de mayor pobreza y tradiciones atrasadas. En algunas regiones, ¡todavía se vende a las jóvenes en matrimonio! En algunos casos las mujeres no hablan a hombres que no pertenecen a la familia. Las mujeres indígenas típicamente viven en hogares campesinos pobres o en asentamientos urbanos miserables. El 34.5 por ciento de los hogares en municipios indígenas no tiene agua entubada y el 21.1 por ciento no tiene electricidad. La tasa de analfabetismo para las mujeres a partir de los quince años de edad que viven en hogares indígenas es un asombroso 32.2 por ciento, mientras que para los hombres es el 19.4 por ciento, y en hogares no indígenas es de 6.7 por ciento, con una mínima diferenciación entre sexos.
Especialmente en el Distrito Federal y otros grandes centros urbanos, un sector importante de la población, que viene principalmente de la pequeña burguesía, no hace suya la ideología fundamentalista católica del PAN. Encuestas recientes muestran que, a diferencia de lo que sucede a nivel nacional, son más los que apoyan la reforma que los que se oponen (aunque por un margen pequeño). En manifestaciones sindicales y del PRD, si bien algunos rechazan nuestro periódico cuando señalamos nuestra posición sobre el aborto, otros —especialmente estudiantes y jóvenes obreras— lo adquieren precisamente por esa posición. Encontramos una receptividad particularmente buena entre las enfermeras, probablemente bien enteradas de las consecuencias de los abortos ilegales, quienes se movilizaron contra el desmantelamiento del seguro social. En mayo, en una refrescante muestra de irreverencia, una gran parte de las 20 mil personas desnudas que posaban para la fotografía de Spencer Tunick en el Zócalo —justo enfrente de la Catedral Metropolitana en una mañana de domingo— corearon “¡Norberto Rivera, el pueblo se te encuera!”
Este sector socialmente más liberal representa una base importante de apoyo al PRD, y es a él que este partido apela a través de la reforma del aborto, las sociedades de convivencia (generalmente entendidas como matrimonios homosexuales) y las propuestas de legalizar la prostitución. Pero las ilusiones en el PRD como amigo de los trabajadores y de los oprimidos son suicidas. La clase capitalista en su conjunto, independientemente de sus posturas coyunturales, se opone al acceso gratuito y libre al aborto sin restricciones porque les da a las mujeres cierta libertad respecto a la subordinación total a la estructura familiar. Está en el interés de la clase obrera retomar la lucha contra la opresión de la mujer en contraposición a la burguesía.
El México neocolonial es un país de desarrollo desigual y combinado, donde los métodos más modernos de producción capitalista coexisten con los métodos agrícolas más arcaicos y la ausencia casi total de infraestructura, particular pero no exclusivamente en el campo. Un obstáculo fundamental para hacer realidad el aborto libre y gratuito, no sólo en la Ciudad de México sino a lo largo y ancho del país, es la escasez de instalaciones de atención médica de calidad y personal capacitado, ahora agravada por los ataques del gobierno federal del PAN al seguro social. Nosotros decimos: ¡Abajo la “reforma” al seguro social! ¡Atención médica gratuita y de calidad para todos!
Los recursos materiales para la plena integración de la mujer en el proceso productivo, para empezar a sentar la base de la emancipación de la mujer, para liberar a los campesinos y los indígenas de sus ancestrales miseria, aislamiento e ignorancia, simplemente no existen y no pueden obtenerse sino a través de una revolución socialista que se extienda internacionalmente. En nuestra lucha por la revolución socialista, nos guiamos por la perspectiva de la revolución permanente formulada por León Trotsky. En la época imperialista, las tareas asociadas con las revoluciones democrático-burguesas (como la Revolución Francesa de 1789), tales como la emancipación nacional, la revolución agraria y la democracia política, sólo pueden ser llevadas a cabo mediante la dictadura del proletariado apoyada por el campesinado y los pobres urbanos. Así, las aspiraciones democráticas de las masas —desde el derecho al voto (que fue pisoteado por el intento de desafuero contra López Obrador y el fraude electoral) hasta la igualdad legal de la mujer— son fuerzas motrices de la revolución socialista. Para México, el derrocamiento de la brutal burguesía imperialista estadounidense por parte de la poderosa clase obrera multirracial al norte del Río Bravo será una cuestión urgente de vida o muerte. ¡Por lucha de clases conjunta en EE.UU. y México!
El PRD procura conducir estas justas aspiraciones al callejón sin salida de la política capitalista, apenas velada con los harapos de la democracia burguesa. A través de la ideología nacionalista burguesa, también procura borrar la división de la sociedad en clases, impulsando la mentira de que todos los mexicanos deben “mantenerse unidos” por el bien del país. Esto es un vil engaño. No sólo son los intereses del proletariado y de la burguesía irreconciliables, sino que, además, las débiles burguesías tercermundistas están inextricablemente atadas a sus amos imperialistas y son totalmente incapaces de romper con ellos para desempeñar cualquier papel revolucionario. En el mejor de los casos, procuran renegociar los términos de su propia subordinación a los imperialistas y, en el proceso, desactivar las luchas del poderoso proletariado. Cuando la ideología nacionalista no basta, el PRD no duda en desatar la fuerza represiva entera del estado capitalista, como lo ha hecho tantas veces en el pasado.
La Revolución Rusa señaló el camino a la liberación de la mujer
La revolución permanente de Trotsky fue vindicada en la práctica por la Revolución Rusa. En octubre de 1917, los bolcheviques de Lenin y Trotsky dirigieron a la clase obrera al poder mediante una revolución socialista en el atrasado y abrumadoramente campesino imperio zarista, derrocando el capitalismo y estableciendo la dictadura del proletariado sobre la base de la propiedad colectiva. La economía —ya no centrada en la producción de ganancias— se administraba bajo la democracia obrera a través de los soviets, o consejos, de diputados obreros, soldados y campesinos. La Revolución Rusa dio pasos importantes hacia los objetivos liberadores del comunismo. Representó enormes conquistas para todos los oprimidos y especialmente para la mujer. La Rusia soviética legalizó el aborto y decretó leyes que hacían del matrimonio y el divorcio simples procedimientos civiles, aboliendo la categoría de “ilegitimidad” de los hijos y toda discriminación contra los homosexuales.
El estado dio pasos hacia el remplazo de la esclavitud doméstica de la mujer mediante el establecimiento de comedores, lavanderías y guarderías para permitir a todas las mujeres ingresar al empleo productivo. Estas medidas minaron la institución de la familia y señalaron el camino hacia la liberación de la mujer. Tras la revolución, la ya de por sí atrasada economía fue aún más devastada brutalmente por la Guerra Civil —incluyendo la invasión por parte de catorce potencias capitalistas—. La joven república soviética simplemente carecía de los recursos materiales para remplazar el papel económico de la familia y alcanzar la liberación de la mujer.
Las condiciones de pobreza extrema y aislamiento de la Rusia soviética, debidas a la derrota de oportunidades revolucionarias para extender el poder obrero a Europa Occidental, especialmente a Alemania en 1918 y de nuevo en 1923, dieron pie al ascenso de la casta burocrática dirigida por Stalin, que usurpó el poder político de la clase obrera en 1923-24 y traicionó el propósito revolucionario del Partido Bolchevique y la Internacional Comunista de Lenin y Trotsky. La burocracia estalinista convirtió el aislamiento de la Unión Soviética de una profunda derrota a una “victoria” retórica con la doctrina nacionalista y antimarxista del “socialismo en un solo país”. Similarmente, la nueva casta gobernante, en lugar de reconocer la incapacidad material del país de establecer relaciones socialistas, recogió los pedazos de la familia burguesa y la declaró el fundamento sagrado del “socialismo triunfante”, justificando así el revocamiento de muchas conquistas para las mujeres.
La usurpación estalinista del poder constituyó una contrarrevolución política y no social, y transformó a la URSS en un estado obrero burocráticamente degenerado. Mediante su economía colectivizada y planificada, la URSS mantuvo las conquistas fundamentales de la Revolución de Octubre que, a pesar de la mala administración burocrática, condujeron a la transformación de la Unión Soviética en una potencia económica y militar capaz de hacer un contrapeso al imperialismo estadounidense. Hace dos décadas, la URSS tenía guarderías financiadas por el estado, las mujeres tenían plenos derechos de aborto, acceso a una amplia gama de oficios y profesiones y un alto grado de igualdad económica con sus compañeros hombres. En suma, la mujer tenía un estatus que en muchos aspectos era mucho más avanzado que en las sociedades capitalistas actuales. Luchamos hasta en las últimas barricadas por la defensa militar incondicional de la Unión Soviética y los estados obreros burocráticamente deformados de Europa Oriental contra el ataque imperialista y la contrarrevolución interna, y llamábamos por revoluciones políticas proletarias para echar a las burocracias estalinistas y regresar al camino de Lenin y Trotsky.
La Unión Soviética, rodeada y golpeada por los imperialistas durante siete décadas, minada y finalmente vendida por los herederos de Stalin, fue destruida por la contrarrevolución capitalista en 1991-92, devastando la economía, lanzando a grandes masas a la calle en busca de medios de subsistencia —con las mujeres y los niños como las primeras víctimas de la contrarrevolución— y estimulando sangrientas guerras fratricidas entre los antiguos pueblos soviéticos. La destrucción final de la Unión Soviética condicionó un profundo retroceso en la conciencia del proletariado. El nuestro es el primer periodo desde la Comuna de París de 1871 en el que el grueso de los obreros en lucha no identifica sus sentidas necesidades inmediatas con los ideales y el programa de la revolución socialista.
¡Por un partido de vanguardia leninista-trotskista, el tribuno del pueblo!
Al carecer el proletariado de interés alguno en la preservación del orden burgués, su misión histórica es la emancipación universal. Sin embargo, en toda sociedad la ideología dominante es la ideología de la clase dominante. En los países de desarrollo capitalista atrasado, la aguda degradación de la mujer está profundamente enraizada en la “tradición” precapitalista y el oscurantismo religioso. El grueso del proletariado mexicano hoy día está imbuido en la ideología machista, el racismo antiindígena y antinegro y el antisemitismo, que los capitalistas usan para mantener a la clase obrera dividida e inconsciente de su poder social e intereses históricos.
Un partido leninista-trotskista de vanguardia —el instrumento fundamental para dirigir a la clase obrera en una revolución socialista— sólo puede forjarse en la lucha contra la influencia de la ideología burguesa. Luchamos por que la clase obrera retome la lucha por los derechos de la mujer y se erija como el caudillo de todos los oprimidos como una parte esencial de la batalla contra el capitalismo. No tenemos ilusiones en que esta tarea será fácil, pero es la única manera de liberar a la humanidad de las cadenas de la explotación y la opresión. La victoria del proletariado a escala mundial pondría una abundancia material inimaginable al servicio de las necesidades humanas, sentaría la base para la eliminación de las clases sociales y la erradicación de la desigualdad social basada en el sexo, la abolición del significado social de raza, nacionalidad o etnia. Por primera vez, la humanidad tomará las riendas de la historia y controlará su propia creación, la sociedad, liberando el potencial humano a un nivel nunca antes imaginado e impulsando una ola monumental de avance de la civilización.
Como los bolcheviques antes que nosotros, rechazamos el concepto degradante, abrazado por gran parte de la seudoizquierda mexicana, de que la liberación de la mujer es “trabajo de mujeres”; es una parte integral de nuestro programa, por la que lucha nuestra organización internacional entera. En tajante contraste, la izquierda se adapta a la sociedad machista y a menudo se regodea en repugnantes muestras de ideología burguesa atrasada. En nuestro mitin del 19 de abril polemizamos en contra de la práctica común de activistas de usar epítetos misóginos y homófobos como insultos contra funcionarios de gobierno o reaccionarios derechistas. Nuestra denuncia pública de esta práctica por parte del colectivo estudiantil de la UNAM, Rebeldía, entre otros, le puso furioso. En una reacción más violenta, un miembro de la seudotrotskista Liga de Trabajadores por el Socialismo-Contracorriente (LTS-CC) atacó físicamente a uno de nuestros camaradas que denunció su uso de un vil epíteto homófobo en la manifestación en Tlatelolco conmemorando el 2 de Octubre en 2001 (ver volante de la Juventud Espartaquista “La LTS conmemora la masacre de Tlatelolco con epítetos antihomosexuales y puñetazos para los comunistas”, octubre de 2001).
El populismo radical del EZLN: Ninguna respuesta para los oprimidos
Muchos jóvenes que sienten indignación ante la horrible opresión de los indígenas miran hacia los zapatistas en busca de dirección, pero no obtendrán de ellos la liberación de la mujer ni cualquier cosa que se parezca a una revolución. Cuando surgió el EZ en 1994, explícitamente rechazó la lucha por la revolución proletaria y Marcos regularmente rechaza el legado de Lenin. Su “Ley Revolucionaria de Mujeres” de 1993 afirma una serie de derechos democráticos elementales para las mujeres, pero según la propia opinión de los zapatistas durante su encuentro en Oventik en diciembre de 2006, publicada en su sitio de internet oficial, “no hay una política sobre el aborto en el territorio zapatista”. No es pues de sorprender que Marcos haya mantenido un conspicuo silencio en el calor de la presente polarización. El programa del EZLN está enteramente circunscrito en los marcos del capitalismo y la democracia burguesa; está por reformas, como una nueva constitución, sin tocar el régimen de la propiedad privada, que es la base de la opresión de la mujer. Los zapatistas son simplemente otra manifestación del nacionalismo populista tradicional latinoamericano con una cierta base entre el campesinado; necesariamente y a pesar de sus críticas coyunturales al PRD, se mantiene en la órbita de este partido.
La idealización de la cultura y la economía campesinas tradicionales, como en el caso de los “Caracoles” zapatistas, significa idealizar la miseria y el atraso y retener la estructura familiar. Para el campesinado, la familia es la unidad económica de la agricultura a pequeña escala. Los intereses de clase de los campesinos se basan en la propiedad privada de la tierra y el campesinado es incapaz de reorganizar la economía sobre una base colectivista. Su influencia conservadora sólo puede ser vencida mediante la dirección de los obreros que participan en la producción socializada en la industria.
Lo que se necesita para poner fin a la miseria de los indígenas y el campesinado en general es la introducción de tecnología moderna en el campo: tractores, fertilizantes e irrigación junto con escuelas, hospitales, caminos y transportes. Este objetivo sólo puede alcanzarse mediante la revolución socialista y la implementación de una economía colectivizada y planificada internacionalmente.
El feminismo y el seudomarxismo: Obstáculos para la liberación de la mujer
Cualquier lucha que no presente un reto a la base material de la opresión de la mujer no liberará a las mujeres. El feminismo es una ideología burguesa que plantea que la fuente de la opresión de la mujer está en las ideas, igualando la lucha por su liberación con la lucha por sus derechos democráticos, es decir, por la igualdad con los hombres bajo el capitalismo. Así, el feminismo se opone a la posibilidad de liberar a las masas de obreras en la realidad mediante el derrocamiento del sistema económico que es la base de su opresión, y en cambio presenta la división entre hombres y mujeres como la principal división en la sociedad. El objetivo del feminismo burgués es permitir a las mujeres burguesas y pequeñoburguesas ingresar al club masculino del poder y el privilegio, como un enemigo del proletariado.
Rechazando el aborto como un derecho democrático elemental, la popular feminista burguesa Marta Lamas escribe que “Todas las personas estamos a favor de que se acaben los abortos, el problema es que para que eso suceda hay quienes piensan que se tienen que penalizar y otras personas pensamos que se tiene [sic] que despenalizar” (citado en La Jornada, 12 de abril). Ante la ofensiva reaccionaria antiaborto, el PRD y los feministas burgueses abrazan moralista y defensivamente la idea diseñada para inducir miedo y sentimientos de culpa de que el aborto es peligroso y traumático. Llevado a cabo bajo condiciones sanitarias apropiadas y por personal capacitado, el aborto es, de hecho, un procedimiento médico muy sencillo y seguro. Gran parte de la susceptibilidad respecto al aborto viene de la idea, inventada por la Iglesia Católica, de que el feto es un ser humano dotado de alma, y por lo tanto el aborto está mal. Como materialistas, rechazamos la idea del alma.
La LTS-CC escribió un artículo significativamente titulado “Anticonceptivos para no abortar y aborto libre, seguro y gratuito para no morir” (Estrategia Obrera No. 59, 25 de abril de 2007). Escribe, de manera similar a Marta Lamas, que “el fondo del debate no es abortar por abortar, decisión a la que ninguna mujer quiere llegar...” La posición de la LTS-CC comparte la perspectiva política liberal entera del feminismo. Su artículo ni siquiera menciona la revolución socialista, implicando que la opresión de la mujer puede ser combatida exitosamente dentro de los marcos del capitalismo. Tampoco dice una sola palabra de crítica al PRD burgués. Su posición es fundamentalmente sectoralista, negando la posibilidad de que la conciencia trascienda la experiencia personal de la opresión, y renunciando a la lucha leninista-trotskista de unir a todas las capas oprimidas de la sociedad tras el poder de la clase obrera. Así, sus argumentos están dirigidos sólo a las mujeres, denunciando a la iglesia por impedir que “la mujer [sin mención alguna de los hombres] rompa con la ideología machista y opresora” y termina con un llamado por un Encuentro Nacional de Mujeres para discutir demandas de género y clase. Si bien sería absurdo pensar que las mujeres son inmunes a los efectos de la ideología burguesa en cualquiera de sus formas, incluyendo la ideología misógina, la tarea de una dirección revolucionaria es combatir la ideología racista, sexista, homófoba y antiinmigrante entre la clase obrera y la sociedad en general.
Ahora que los derechos de aborto se han convertido en una causa popular entre los intelectuales pro-PRD, el Grupo Internacionalista (GI), otra organización supuestamente trotskista, finalmente ha publicado un artículo sobre el tema en El Internacionalista, tras más de una década de existencia en México (“¡Por el aborto libre y gratuito!”, El Internacionalista No. 6, mayo de 2007). A través de su artículo —que pretende ser una exposición ortodoxa del marxismo sobre la cuestión de la mujer— ¡no hay una sola mención ni mucho menos una advertencia contra las ilusiones masivas en el PRD, ahora fortalecidas por el hecho de que este partido ha sido el principal responsable de la reforma del aborto en la Ciudad de México!
El GI se acomoda al populismo radical pequeñoburgués y, lógicamente, sus pretensiones de guiarse por la revolución permanente se reducen a una oración abstracta y carente de significado en el último párrafo de su escrito, totalmente divorciada del resto del artículo. En la práctica rechaza la aplicación concreta de esta teoría. La contradicción entre su adherencia formal al trotskismo y su práctica de ir a la cola del populismo lo lleva a zigzaguear. Así, durante el “tortillazo” de enero pasado rechazó la lucha por subsidios para poner las tortillas al alcance de todos, renunciando a la lucha por reformas parciales bajo el capitalismo y dando la espalda a las necesidades más elementales de las masas obreras y pobres. Ahora que sí apoya la reforma perredista del aborto, ¡virtualmente omite cualquier crítica de los populistas burgueses que están detrás de ella!
¡Por nuevas revoluciones de Octubre!
Lenin forjó el Partido Bolchevique con el entendimiento de que “El ideal del socialdemócrata no debe ser el secretario de trade-union [sindicato], sino el tribuno popular, que sabe reaccionar contra toda manifestación de arbitrariedad y de opresión, dondequiera que se produzca y cualquiera que sea la capa o la clase social a que afecte.” Los espartaquistas estamos comprometidos con el forjamiento de tales partidos internacionalmente, las palancas fundamentales para hacer realidad un futuro comunista mediante revoluciones socialistas alrededor del mundo. En la lucha por nuevas revoluciones de Octubre, las palabras de Trotsky de 1924, dirigidas a las mujeres de Oriente, son perfectamente aplicables a México y todo el mundo semicolonial: “No habrá mejor comunista en el Oriente, ni mejor luchador por las ideas de la revolución y por las ideas del comunismo, que una mujer obrera despertada.”
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/28/aborto.html
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2016.05.24 15:30 ShaunaDorothy Las "reformas de mercado" en China: Un análisis trotskista ¡Defender al estado obrero deformado chino! ¡Por la revolución política proletaria! (2 - 3) (Primavera de 2007)

https://archive.is/mnbfW
…e ideología maoísta-estalinista
Lippit señala que la economía china en la era de Mao estaba modelada institucionalmente en la de la Unión Soviética bajo Stalin y que “no existía siquiera una pista de control obrero en ninguno de los dos países”. Hart-Landsberg y Burkett no disputan lo anterior. Lo que encuentran atractivo en la China anterior a las “reformas” son ciertos elementos de la ideología maoísta tardía, notablemente el igualitarismo retórico asociado con la Revolución Cultural de 1966-76.
La grotescamente mal llamada “Gran Revolución Cultural Proletaria” fue lanzada por Mao para purgar el ala de la burocracia, dirigida por Liu Shaoqi y Deng Xiaoping, que había dirigido a China durante su recuperación tras los devastadores resultados del “Gran Salto Adelante” de finales de los años 50. Esto último fue una aventura demente de autarquía económica, ejemplificada por los hornos de acero en los patios traseros, lo cual terminó en un colapso total y hambruna generalizada. Durante el destructivo frenesí de la Revolución Cultural, millones de estudiantes fueron movilizados como guardias rojos, supuestamente para luchar contra el burocratismo y los llamados “seguidores del camino capitalista”. En enero de 1967, cuando los obreros de Shanghai organizaron una huelga general para defender su nivel de vida junto con una huelga nacional de ferrocarriles, Mao mandó a los guardias rojos para aplastar las huelgas.
Durante la Revolución Cultural, el interés personal en lo material fue denunciado como una actitud “burguesa”. “Construir el socialismo” fue definido como cambiar la sicología social de las masas de manera que se identificaran con el bienestar colectivo (“servir al pueblo”). Un credo bien publicitado de un partisano maoísta en ese tiempo era: “Debo recordar las enseñanzas de Mao para elevar mis estándares políticos y bajar mis estándares de vida.”
Hart-Landsberg y Burkett no suscriben este tipo de ascetismo “socialista”. Pero sí divorcian la conciencia socialista de la superación de la escasez económica y el logro de la abundancia material en una sociedad comunista futura, con el efecto de contraponer el progreso tecnológico al desarrollo igualitario de la humanidad. En su réplica a Lippit y otros afirman:
“El desarrollo humano en la visión marxista no se funda simplemente en un mar de fuerzas productivas y bienes de consumo producidos por el capital, sino que ocurre en gran medida a través de la lucha de clases, entendida (mientras el capitalismo domine, al igual que después del establecimiento de la dictadura del proletariado) como una larga lucha por la desalienación de todas las condiciones de la producción.”
Significativamente, identifican aquí el incremento de las fuerzas productivas y la elevación de los niveles de consumo con el desarrollo capitalista. A diferencia de Hart-Landsberg y Burkett, los marxistas no contraponemos la lucha de clases al incremento de las fuerzas productivas de la sociedad. Justo lo contrario. La meta fundamental de la lucha de la clase obrera es derrocar el modo de producción capitalista y el sistema burgués de estado-nación que limitan las fuerzas productivas, y remplazarlos con una economía socialista internacionalmente integrada y planificada. Y la meta de esto último es crear una civilización comunista global en la cual todos los miembros de la sociedad tengan acceso a recursos materiales y culturales suficientes para realizar plenamente sus capacidades.
No es coincidencia que “China y el socialismo” fue primero publicado en el Monthly Review. Éste ha sido el principal periódico de los intelectuales izquierdistas estadounidenses de opiniones o simpatías maoístas desde los años 60, cuando su figura dirigente era Paul Sweezy. Sweezy declaró que “la experiencia de la Revolución China…ha mostrado que un bajo nivel de desarrollo de las fuerzas productivas no es un obstáculo insuperable para la transformación socialista de las relaciones sociales” (Monthly Review, noviembre de 1974).
El marco completo para el debate actual entre Lippit y Hart-Landsberg/Burkett es fundamentalmente falso: que la opción es la integración en el mercado capitalista mundial o una forma u otra de autosuficiencia económica nacional seudoequitativa. Para Mao, la doctrina de la “dependencia en sí mismo” para “construir el socialismo” era una típica expresión estalinista de hacer de la necesidad una virtud. El socialismo, la etapa inferior del comunismo, presupone una sociedad igualitaria sin clases basada en la abundancia material. La noción de que el socialismo puede ser alcanzado en un país es profundamente antimarxista. El socialismo exige una economía internacionalmente planificada con el fin de dirigir los recursos productivos a una escala global. En realidad, el “socialismo en un solo país” en China, como en la URSS de Stalin y sus herederos, significaba oposición a la perspectiva de la revolución obrera internacional y una acomodación general al imperialismo mundial.
Cuando China entró a la Guerra de Corea a finales de 1950, los imperialistas estadounidenses y sus aliados como Japón impusieron un embargo comercial en su contra, prohibiendo la exportación de una amplia gama de productos industriales, especialmente equipo capitalista tecnológicamente sofisticado. Este embargo fue mantenido durante las siguientes dos décadas. Durante los años 50, la ayuda soviética y su comercio con China contribuyeron a su rápido desarrollo económico —al nivel de las tasas de crecimiento existentes—, particularmente la construcción de plantas industriales modernas a gran escala. Sin embargo, con la profundización de la grieta entre las dos burocracias nacionalistas en Beijing y Moscú, los dirigentes del Kremlin rompieron sus relaciones económicas con China a principios de los años 60. Fue entonces cuando Mao y sus ideólogos comenzaron a predicar la virtud de la “dependencia en sí mismo”, es decir, la autarquía económica nacional como un principio básico para “construir el socialismo”.
Sin embargo, unos pocos años después el clima político internacional cambió radicalmente en el momento en que China entró en una alianza estratégica con el imperialismo estadounidense contra el estado obrero degenerado soviético, simbolizada en 1972 con el abrazo de Mao al comandante en jefe de Estados Unidos, Richard Nixon, mientras los aviones de guerra estadounidenses bombardeaban Vietnam del Norte. La alianza de Beijing con Washington fue sellada con sangre con la invasión china de Vietnam en 1979. A cambio, los imperialistas abrieron sus mercados y fuentes de abastecimiento a China. En el último medio lustro de la era de Mao, el valor del comercio chino, principalmente con los países capitalistas avanzados, aumentó a más del doble, aunque desde un nivel muy bajo. Sin embargo, la postura ideológica de “dependencia en sí mismo” se mantuvo.
Hart-Landsberg y Burkett denuncian la estrategia de crecimiento basado en las exportaciones que China ha perseguido en las últimas décadas. Por supuesto, insisten en que no se oponen al comercio exterior como tal sino sólo al comercio exterior gobernado por las leyes de la rentabilidad capitalista: “El problema que encaran los obreros no es la producción para exportación por sí misma, sino la ausencia de alternativas a la actividad de exportación dirigida a la ganancia —alternativas que sirvan a las necesidades del desarrollo humano—” (énfasis en el original). Pero China existe en un mundo dominado por las corporaciones capitalistas, los bancos y los estados, de modo que sus exportaciones están necesariamente sujetas a las leyes del mercado mundial capitalista.
Como revolucionarios marxistas, no nos oponemos a las vastas relaciones económicas, por sí mismas, de China con el mundo capitalista a través del comercio y empresas conjuntas con las corporaciones occidentales y japonesas. Un gobierno basado en consejos obreros y campesinos en China, dirigido por un partido leninista-trotskista, trataría de utilizar el mercado mundial para acelerar el desarrollo económico. Pero al hacerlo restablecería el monopolio estatal del comercio exterior, mientras que renegociaría los términos de la inversión extranjera. Más fundamentalmente, un gobierno revolucionario socialista en China promovería activamente las revoluciones proletarias internacionalmente.
El verdadero crimen de la burocracia estalinista china —antigua y actual— es que ha ayudado a perpetuar y, de hecho, fortalecer el sistema capitalista-imperialista a escala global. En particular, China, tanto bajo Mao como bajo Deng, fue un componente estratégicamente importante en la alianza dirigida por EE.UU. contra la Unión Soviética durante las últimas dos décadas de la Guerra Fría. Así, los estalinistas chinos tienen responsabilidad directa y no poca por la destrucción contrarrevolucionaria de la URSS, una derrota histórico-mundial para el proletariado internacional.
En el periodo postsoviético, el régimen del PCCh ha continuado acomodándose a los intereses y aspiraciones del imperialismo estadounidense. Así, el gobierno de Hu Jintao ha endosado la “guerra contra el terrorismo” global de Bush, la justificación política para la invasión y ocupación estadounidense de Irak y Afganistán y las actuales amenazas militares contra Irán, el segundo abastecedor de petróleo a China. Beijing ha colaborado con Washington y Tokio al fungir como agente en las “negociaciones” dirigidas a detener el desarrollo de armas nucleares por parte de Corea del Norte. Cualquier debilitamiento de la defensa del estado obrero deformado norcoreano contra el militarismo imperialista redundará en contra de China. Mientras que se quejan amargamente por las relaciones comerciales de China con el mundo capitalista, Hart-Landsberg y Burkett no hacen mención de los verdaderos crímenes de la burocracia estalinista china —desde Mao, pasando por Deng y hasta Hu Jintao— contra el proletariado internacional. En total contraste con los pasados y presentes burócratas estalinistas de Beijing, entre las primeras acciones tomadas por Lenin, Trotsky y los demás dirigentes bolcheviques de la Revolución de Octubre de 1917 en Rusia estuvo forjar la Internacional Comunista como el instrumento necesario para dirigir revoluciones proletarias en contra del rapaz sistema capitalista.
En “China y el socialismo”, Hart-Landsberg y Burkett tenían muy poco qué decir sobre China en la era de Mao, y lo poco que dijeron es confuso y contradictorio. Concluyen que “al momento de la muerte de Mao en 1976, el pueblo chino estaba lejos de alcanzar las promesas del socialismo”. Pero, dado que su tema principal es que el capitalismo ha sido “restaurado” en China, claramente consideran a la China de Mao socialista en cierto modo y cualitativamente diferente y mejor de lo que existe en China hoy. En su respuesta a Victor Lippit escriben sobre “el camino por el que China se aleja del socialismo”.
Por su parte, en la mesa redonda sobre “China y el socialismo” cuya transcripción apareció en Critical Asian Studies (37:3 [2005]), Lippit argumentó: “Ese sistema no puede llamarse ‘socialismo’; yo prefiero usar el término ‘estatismo’.” Más aún, sostiene que el socialismo no es posible en la época histórica actual, especialmente en países económicamente atrasados. Al igual que Hart-Landsberg y Burkett, tampoco él define qué entiende por socialismo. Por el contexto, es claro que se refiere a algo parecido al comunismo pleno: una sociedad en la que la productividad del trabajo haya alcanzado un nivel suficiente para superar la escasez económica.
Pese a su declarada adhesión a un marco teórico marxista, Hart-Landsberg y Burkett evidentemente no consideran que la noción de dictadura del proletariado sea relevante para entender la China posterior a 1949. Sin embargo, Karl Marx desarrolló esta noción para explicar una sociedad posrevolucionaria que aún estuviera caracterizada por la desigualdad y la escasez económica, el trabajo asalariado diferenciado y un aparato estatal coercitivo:
“De lo que aquí se trata no es de una sociedad comunista que se ha desarrollado sobre su propia base sino de una que acaba de salir precisamente de la sociedad capitalista y que, por tanto, presenta todavía en todos sus aspectos, en el económico, en el moral y en el intelectual, el sello de la vieja sociedad de cuya entraña procede. Congruentemente con esto, en ella el productor individual obtiene de la sociedad —después de hechas las obligadas deducciones— exactamente lo que le ha dado…
“Entre la sociedad capitalista y la sociedad comunista media el período de la transformación revolucionaria de la primera en la segunda. A este período corresponde también un período político de transición, cuyo Estado no puede ser otro que la dictadura revolucionaria del proletariado.”
—Crítica del programa de Gotha (1875); énfasis en el original
Claramente, la República Popular China era y es, desde Mao Zedong hasta Hu Jintao, muy diferente de la noción normativa de dictadura del proletariado desarrollada por Marx en la segunda mitad del siglo XIX. China es un estado obrero nacionalmente aislado y gobernado burocráticamente en un país económicamente atrasado que enfrenta estados capitalistas-imperialistas hostiles y más poderosos.
Como es bien sabido, Karl Marx y Friedrich Engels pensaban que las revoluciones obreras ocurrirían primero en Europa Occidental para extenderse luego a Norteamérica. Así pues, preveían que la dictadura del proletariado sería una transición al socialismo relativamente breve y armoniosa. El curso real de la historia, a partir de la primera revolución socialista exitosa en la Rusia económicamente atrasada de 1917, resultó más complejo y contradictorio. Sin embargo, el partido bolchevique de V.I. Lenin y León Trotsky jamás pensó que el socialismo pudiera construirse en Rusia sola. De hecho, dirigieron toda su actividad, desde la fundación de la III Internacional en adelante, a la construcción de partidos obreros revolucionarios en todo el globo que dirigieran la lucha por el derrocamiento proletario del dominio capitalista internacionalmente.
Sin embargo, el fracaso de la revolución internacional, particularmente la derrota de la revolución alemana de 1923, y el creciente aislamiento de la joven república obrera soviética, combinados con la devastación de la Primera Guerra Mundial y la Guerra Civil, sentaron las bases materiales para el crecimiento del burocratismo nacionalista. Comenzando en 1923-24, la Unión Soviética sufrió una degeneración burocrático-nacionalista bajo el dominio cada vez más despótico de Stalin. Sin embargo, el poder global soviético siguió siendo un contrapeso parcial al imperialismo mundial, lo que hizo posible la Revolución China de 1949 y la consolidación del estado obrero burocráticamente deformado que de ella emergió. Durante la Guerra de Corea a principios de los años 50, los gobernantes estadounidenses no sólo amenazaron con usar armas atómicas contra la China Roja, sino que de hecho lo consideraron. Si no lo llevaron a cabo fue básicamente por miedo a que esto llevara a una guerra con la URSS nuclearmente armada.
La victoria de los “ejércitos rojos” de base campesina y dirigidos por los comunistas sobre el nacionalista-burgués Guomindang en 1949 destruyó el aparato militar del estado capitalista semicolonial chino. Chiang Kai-shek y sus esbirros huyeron con lo que quedaba de sus fuerzas armadas a la isla de Taiwán bajo la protección del imperialismo estadounidense. El nuevo régimen del PCCh estableció inmediatamente el monopolio del poder y la organización políticos. Así, la burguesía china fue expropiada políticamente, y unos cuantos años después la economía fue nacionalizada. Al mismo tiempo, cualquier movimiento de la clase obrera rumbo a una actividad política independiente fue despiadadamente reprimido. Mao y sus colegas procedieron a construir un estado que en sus estructuras políticas y económicas básicas seguía el modelo de la Unión Soviética bajo Stalin.
La China de Mao: Ideología y realidad
Durante los años 60, el maoísmo, con sus llamados al igualitarismo, sus movilizaciones de masas y sus incentivos morales y no económicos, resultó atractivo para muchos intelectuales izquierdistas alrededor del mundo. Hart-Landsberg y Burkett reflejan esa actitud, aunque son mucho más críticos con la China de Mao de lo que fue la generación anterior de intelectuales maoístas occidentales, como Paul Sweezy. De todas formas, dicen que la China de la época de Mao “alcanzó el pleno empleo, la seguridad social básica y una igualdad generalizada para el pueblo trabajador chino”.
Ciertamente, la distribución del ingreso en China era mucho más igualitaria que en los países capitalistas neocoloniales de Asia como la India o Indonesia. Pero no era más igualitaria que la de la Unión Soviética en ese periodo y, en ciertos aspectos, incluso lo era menos. A mediados de los años 50, China instituyó una estructura de salarios en las empresas estatales basada en la de la Unión Soviética, la cual se mantuvo a lo largo de toda la época de Mao. La proporción entre el ingreso del rango administrativo más alto y el del rango obrero más bajo era de quince a uno. Además, igual que en la URSS, los funcionarios de alto nivel del partido y del gobierno, los gerentes de empresas y similares en China podían suplementar su ingreso oficial con diversas formas de parasitismo y corrupción, y lo hacían.
La creciente brecha socioeconómica entre la China rural y la urbana no comenzó con las “reformas” enfocadas al mercado de Deng Xiaoping. En los últimos años de la era de Mao, esta brecha ya era pronunciada. Entre 1952 y 1975, el promedio de consumo per cápita de la población no agraria aumentó en un 83 por ciento, comparado con 41 por ciento para los trabajadores rurales (Carl Riskin, China’s Political Economy: The Quest for Development since 1949 [Economía política de China: La búsqueda del desarrollo desde 1949], 1987). En 1980 (al inicio de la era de “reformas”), los citadinos consumían 60 por ciento más grano alimenticio per cápita y comían casi dos y media veces más carne que los miembros de las comunas rurales. Las diferencias en la posesión de bienes de consumo manufacturados (como relojes de pulsera, máquinas de coser, radios) era aun mayor. En conjunto, el consumo promedio en la China urbana era de dos a tres veces mayor que el del campo.
En contraste, en la Unión Soviética de las décadas de 1960 y 1970 hubo una notable disminución en la brecha de los estándares de vida de las poblaciones urbana y rural. Una amplia fracción de las granjas colectivas se transformó voluntariamente en granjas estatales cuyos trabajadores recibían salarios y prestaciones uniformes que no dependían de la fluctuante producción agrícola ni de los precios de abastecimiento del gobierno. Para principios de los años 80, los ingresos de un granjero de la URSS de hecho aumentaban más rápidamente que los de los trabajadores de las fábricas y oficinas. Este grado mayor de igualitarismo fue posible sólo porque la Unión Soviética ya había alcanzado un nivel productivo muy superior al de China.
La estrategia económica de la burocracia del PCCh durante la era de Mao fue básicamente similar a la de la Rusia de Stalin en los años 30. Los niveles de consumo tanto de los obreros como de los campesinos se mantuvieron bajos para maximizar el excedente económico, para luego concentrarlo e invertirlo en la industria pesada. Entre 1952 y 1975, el crecimiento industrial promedió un once por ciento anual. Al principio de este periodo, la producción industrial constituía el 20 por ciento del producto material neto de China; al final, la cifra era del 45 por ciento. La construcción de un sector de industria pesada sustancial y relativamente moderno durante la era de Mao sentó las bases para las altas tasas de crecimiento económico y la mejora general de los niveles de vida bajo Deng y sus sucesores. Sin embargo, la naturaleza de esta inversión industrial, que requiere mucho capital, limitó la expansión de la clase obrera urbana y la correspondiente reducción en el peso social del campesinado. Entre 1952 y 1975, el componente no agrícola de la fuerza de trabajo aumentó sólo del 16 al 23 por ciento.
Para los últimos años de la era de Mao, la estrategia económica del régimen encontraba cada vez más obstáculos y contradicciones, generando descontento popular. Debido en buena medida a las ineficiencias del comandismo burocrático, la productividad del trabajo se estancó desde mediados de los años 50, aumentando menos de uno por ciento anual. Para compensar esto, una porción cada vez mayor del ingreso nacional se invirtió en la industria pesada, aumentando del 24 por ciento, a mediados de los años 50, a 33 por ciento a principios de los 70. Los enormes recursos económicos destinados a la expansión industrial fueron extraídos del campesinado mediante fuertes gravámenes y entregas obligatorias de grano y otros productos agrícolas a precios artificialmente bajos. Además, los sueldos reales de los trabajadores urbanos fueron básicamente congelados por dos décadas. El intelectual de izquierda estadounidense Maurice Meisner, que en general es muy favorable a la China de Mao, reconoció sin embargo:
“Conforme el consumo y los estándares populares de vida sufrían, la tasa de acumulación se alzaba para mantener el alto ritmo de desarrollo de la industria pesada. Sin verdaderas conquistas en la productividad, es poco probable que estos altos niveles de acumulación e inversión pudieran haberse sostenido mucho más tiempo sin empobrecer más a la población.”
—The Deng Xiaoping Era: An Inquiry into the Fate of Chinese Socialism, 1978-1994 [La era de Deng Xiaoping: Una investigación sobre el destino del socialismo chino, 1978-1994] (1996)
En su condena de China durante la era de “reformas”, Hart-Landsberg y Burkett atribuyen una gran importancia a la eliminación del empleo garantizado de por vida en las empresas estatales como paso decisivo hacia la supuesta restauración del capitalismo. En su respuesta a Lippit, escriben: “Esa inseguridad material es, de hecho, la esencia de la separación social que hace el capitalismo entre los obreros y las condiciones de su producción.”
Ciertamente, los obreros chinos consideraban el empleo y las prestaciones garantizados de por vida (llamados el “tazón de arroz de hierro”) como una de las principales conquistas sociales de la Revolución de 1949. Sin embargo, un país tan pobre y económicamente atrasado como China obviamente no podría emplear a cientos de millones de campesinos en empresas industriales estatales, mucho menos de por vida y con un nivel de salarios y prestaciones de dos a tres veces superiores al ingreso de los miembros de las comunas campesinas.
Para mantener el orden social, el régimen del PCCh de la época de Mao impedía por la fuerza que los campesinos migraran a las ciudades en busca de empleos. Además, el régimen no le daba empleo en el sector estatal a todos los miembros de la creciente fuerza de trabajo urbana. Durante la Revolución Cultural, cerca de 17 millones de jóvenes urbanos recién graduados fueron separados por la fuerza de familia y amistades y enviados a comunas rurales. De haber tenido opción, ¿cuántos de estos jóvenes creen Hart-Landsberg y Burkett que hubieran optado por trabajar en una granja colectiva en lugar de aceptar casi cualquier trabajo en la ciudad en la que vivían, aun sin la garantía vitalicia y a sueldos inferiores a la norma? Para los últimos años de la era de Mao, las comunas rurales se habían convertido en una reserva masiva de desempleo y subempleo disfrazados.
Parte del propósito de la Revolución Cultural fue empobrecer las condiciones de vida de la clase obrera en nombre de un espurio “igualitarismo socialista”. Además, el empleo garantizado de por vida en una empresa dada no era económicamente racional e impedía cada vez más maximizar la productividad del trabajo mediante nuevas inversiones. Un gran sector de la planta industrial china fue construida durante el primero (y más exitoso) de los planes quinquenales a mediados de los años 50. Este plan incluyó la tecnología más avanzada entonces disponible para China a través de la Unión Soviética. Para los años 70, muchas empresas industriales se habían vuelto tecnológicamente obsoletas. Maximizar la productividad del trabajo para un nivel dado de inversión requería cerrar algunas empresas y remplazarlas con otras nuevas o reequiparlas con nuevas tecnologías que ahorraran trabajo. En cualquier caso, un gran número de los empleos específicos existentes sería eliminado.
Un gobierno genuinamente socialista reemplearía a los trabajadores redundantes en algún otro lado con salarios y prestaciones comparables, proporcionando a costa del estado el traslado y la nueva capacitación. Desde luego, no fue esto lo que hicieron Deng y sus sucesores. Los obreros despedidos de las empresas estatales fueron dejados a su suerte, y muchos sufrieron una verdadera pauperización. Pero, una vez más, el régimen de Mao efectivamente logró mantener congelados los salarios reales por dos décadas mediante el comandismo burocrático y la represión de estado policiaco.
Las reformas orientadas al mercado iniciadas por Deng fueron un intento de solucionar las ineficiencias del comandismo burocrático sin salir del marco del bonapartismo estalinista. Como escribimos en los años 80:
“Dentro del marco del estalinismo, hay pues una tendencia inherente a remplazar la planificación y la administración centrales con mecanismos de mercado. Dado que los gerentes y los obreros no pueden ser sometidos a la disciplina de la democracia soviética (consejos obreros), la burocracia tiende a ver cada vez más la sujeción de los actores económicos a la disciplina de la competencia de mercado como la única respuesta a la ineficiencia económica.”
—“Por la planificación central mediante la democracia soviética”, WV No. 454, 3 de junio de 1988; reimpreso en el folleto “Market Socialism” in Eastern Europe [El “socialismo de mercado” en Europa Oriental] (julio de 1988)
Contradicciones de la era de “reformas”
A la muerte de Mao, si bien China había construido un sector industrial pesado sustancial y relativamente moderno, seguía siendo un país predominantemente rural y campesino. Más de tres cuartas partes de la fuerza de trabajo estaban involucradas en granjas y más del 80 por ciento de la población vivía en el campo. Uno de los incentivos para las “reformas de mercado” fue que la producción agrícola no había podido seguirle el ritmo al crecimiento industrial; de hecho, el bajo nivel de productividad agrícola era una barrera fundamental a una industrialización rápida y vasta. Hoy, más del 50 por ciento de la fuerza de trabajo está empleada en el sector manufacturero, la construcción, el transporte y el sector de servicios, y 40 por ciento de la población es urbana. Desde un punto de vista marxista, éste es un suceso progresista de importancia histórica, como también lo es la expansión correspondiente cuantitativa y cualitativa de la capacidad industrial de China.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/27/china.html
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2016.05.24 11:27 ShaunaDorothy La estafa de los Foros Sociales - El que paga manda - El que paga manda (Septiembre de 2006)

Espartaco No. 26 Septiembre de 2006
El siguiente artículo ha sido traducido de Young Spartacus, las páginas juveniles de Workers Hammer No. 191, periódico de la Spartacist League/Britain, verano de 2005.
Si la campaña “Make Poverty History” (Terminar con la Pobreza) tuviera realmente algo que ver con desafiar las calamidades de la pobreza, el SIDA, el analfabetismo y la completa miseria e indigencia de los pueblos de África, ¿Tony Blair y Gordon Brown la apoyarían? Estos asesinos de Irak están intentando una vez más incrementar la popularidad del Partido Laborista entre los electores en casa y restaurar la imagen del sangriento imperialismo británico. Detrás de ellos hay un montón de celebridades, instituciones de caridad religiosas, ONGs, burócratas sindicales y reformistas como el Socialist Workers Party (SWP, Partido Socialista de los Trabajadores) que están propugnando el fraude de “Make Poverty History”.
No todos están dispuestos a creerles a Tony Blair y Gordon Brown con su nueva preocupación acerca de los pobres. Una carta en el Herald de Glasgow (6 de junio de 2005) señala irónicamente: “La sinceridad de Gordon Brown respecto a erradicar la pobreza es tan sincera y tan grande como su disposición a dirigir una manifestación de banqueros, financieros y corredores de bolsa por las calles de Edimburgo con una manta que proclame ‘¡Viva la Revolución Cubana!’.” Con respecto a la hipocresía imperialista acerca de la ayuda al “Tercer Mundo”, nosotros endosamos la caracterización de la caridad burguesa escrita por Engels en 1845. Dirigiéndose a la burguesía inglesa, escribió que era “¡Como si al proletariado le fuese de utilidad que vosotros les chupéis la sangre hasta la última gota, para poder ejercitar vuestros pruritos de vanidosa y farisaica beneficencia, mostraros ante el mundo cual potentes benefactores de la humanidad, cuando restituís al desangrado la centésima parte de lo que le pertenece!” (La situación de la clase obrera en Inglaterra). “Chuparles la sangre” a las masas trabajadoras del mundo es de lo que se trata el G8.
Para quienes quieran protestar contra la reunión del G8 pero no quieran unirse al espectáculo de “nosotros somos el mundo”, existe el puño de acero de la represión estatal. Ya hace meses que los periodicuchos amarillistas y otros medios han estado haciendo eco a las fuerzas policiacas que emiten informes alarmistas acerca de anarquistas “violentos” que van a atacar la cumbre del G8. Un ejército de 10 mil policías ha sido movilizado; se ha construido una cerca de 8 kilómetros alrededor del hotel de cinco estrellas en Gleneagles donde se va a llevar a cabo la reunión; y se informa que EE.UU. va a colocar un portaaviones lleno de infantes de marina cerca de la costa occidental de Escocia.
He aquí los métodos que usan los gobernantes capitalistas para lidiar con lo que perciben como una amenaza a su gobierno: por un lado la represión estatal, y por el otro la cooptación política. Entre los mecanismos para cooptar las protestas “globalifóbicas” se destacan el Foro Social Mundial (FSM) y el Foro Social Europeo (FSE), que son dirigidos y organizados por muchas de las mismas fuerzas que dirigen “Make Poverty History”. Desde 2001, estos Foros Sociales se han usado para desviar la ola de protestas masivas —en contra del G8, la Organización Mundial del Comercio, el FMI y otras agencias imperialistas— ejemplificada por la manifestación de Seattle en 1999. El propósito fue desviar a los jóvenes radicales lejos de enfrentamientos encarnizados contra las fuerzas del estado capitalista para acorralarlos detrás de la “alternativa democrática” del reformismo parlamentario, mientras fingían que estos clubes de charla “no eran parlamentarios”. Lejos de haber enfrentado gases lacrimógenos, cañones de agua y balas del estado capitalista, como ocurrió en Génova en julio de 2001, el FSM y el FSE han sido apoyados y financiados por varias agencias de los gobernantes imperialistas.
Esto ocurre porque los Foros Sociales y el movimiento supuestamente “anticapitalista” de hecho no son ninguna amenaza fundamental para el dominio capitalista. Sus organizadores comparten el mito predominante del mundo “postsoviético”: la lucha de clases en contra del orden capitalista es algo del pasado; la clase obrera es irrelevante como factor para el cambio social; y lo mejor que se puede lograr es darle una cara “humana” al sistema. La verdad es que el sistema capitalista depende, tanto como siempre, de la clase obrera, la cual tiene el poder para derrocar el capitalismo. Para lograr esto, la clase obrera tiene que cobrar conciencia de que sus propios intereses son irreconciliables con los de los capitalistas. Los Foros Sociales son un obstáculo a esta conciencia de clase.
Los Foros Sociales y el financiamiento estatal
Todos los Foros Sociales Mundiales y Europeos han sido financiados por estados capitalistas en los países donde se han llevado a cabo y han recibido endoso oficial de los gobiernos municipales o las alcaldías burguesas. La lista de los patrocinadores para el FSM ha incluido no sólo el gobierno de la ciudad de Porto Alegre, el gobierno estatal de Rio Grande do Sul y el gobierno federal de Brasil, ¡sino también el Banco do Brasil y la compañía petrolera más grande de ese país, Petrobras! El FSE de 2002 fue financiado por la ciudad de Florencia y el FSE de 2003 en París fue financiado por el gobierno de Chirac. La oficina del alcalde de New Labour [Nuevo Partido Laborista], Ken Livingstone, quien apoyó el bombardeo imperialista de Serbia y fue porrista del terror policiaco contra los manifestantes “anticapitalistas” del 1º de mayo de 2000, fue la anfitriona y patrocinadora del FSE de 2004 en Londres.
Todos los Foros Sociales han estado dominados también por las mal llamadas Organizaciones “No Gubernamentales” (ONGs). Por supuesto que estas organizaciones, endosadas por iglesias y estados capitalistas, de los cuales reciben una gran parte de su financiamiento, no son independientes de los gobiernos ante los cuales responden. Las instituciones de caridad han sido por mucho tiempo la cara “humanitaria” de la intervención imperialista y de las empresas multinacionales que buscan saquear las economías del “Tercer Mundo”. Las ONGs más prominentes en los Foros Sociales han incluido Oxfam, War on Want (Guerra Contra la Necesidad) y Christian Aid. El patrocinador principal de las ONGs en todas partes del mundo es la ONU, la cual fue iniciada para darle una apariencia humanitaria a las depredaciones del imperialismo, en particular el estadounidense. Siguiendo esta tradición, el Foro Social Mundial de enero de 2003 en Porto Alegre recibió un mensaje de apoyo del secretario general de la ONU, Kofi Annan.
El que paga los mariachis escoge el son. Y si bien todos los Foros Sociales vituperan contra el régimen verdaderamente salvaje y loco de Bush en EE.UU., entre los que financian los FSM están nada menos que el Rockefeller Brothers Fund y la Ford Foundation. La fundación Rockefeller sirvió para mejorar la reputación de los Rockefeller después de la masacre en Ludlow, Colorado, el 20 de abril de 1914, cuando 20 personas, incluyendo a niños, murieron a manos de paramilitares y agentes de seguridad de la compañía durante la lucha encarnizada del sindicato minero. La Ford Foundation se hizo famosa en 1936 en el punto culminante de las luchas por construir sindicatos industriales en el ramo automotriz en EE.UU. Después de la Segunda Guerra Mundial, se convirtió en conducto para el dinero de la CIA dirigido a causas anticomunistas por todo el mundo.
Mientras aceptan el financiamiento de algunas de las más notorias agencias del imperialismo estadounidense, los Foros Sociales Mundiales no han recibido tan calurosamente a quienes son considerados amenazas potenciales a los intereses del imperialismo. La declaración en la Carta de Principios del FSM de que “ni representantes partidistas ni organizaciones militares participarán en el Foro” ha sido usada para excluir a los zapatistas así como a las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia). Hasta las Madres de la Plaza de Mayo, una organización de las madres de izquierdistas que fueron “desaparecidos” durante la dictadura militar argentina de 1976-1983, fueron excluidas del FSM de 2002. Por otro lado, una cálida bienvenida fue proporcionada a varios dirigentes de gobiernos capitalistas, quienes presiden sobre “destacamentos especiales de hombres armados”, más comúnmente conocidos como el estado capitalista.
Un artículo perspicaz titulado “La economía y la política del Foro Social Mundial” en Aspects of India’s Economy [Aspectos de la economía de la India] (septiembre de 2003) escrito por Rajani X. Desai describió acertadamente el propósito y la naturaleza de los Foros Sociales:
“Mientras varias fuerzas políticas que luchan por un cambio de sistema han sido excluidos de las reuniones del FSM, montones de dirigentes políticos de países imperialistas han asistido. No es que sólo el FSM como cuerpo recibe dinero de agencias ligadas a los intereses y las operaciones imperialistas, sino que innumerables cuerpos que participan en el FSM también dependen de tales agencias. Las implicaciones de esto se pueden ver en la historia de una de estas agencias, la Ford Foundation, que ha colaborado cercanamente con la Central Intelligence Agency de EE.UU. alrededor del mundo, y en la India ha ayudado a desarrollar las políticas del gobierno que favorecen los intereses estadounidenses.”
Cubierta izquierdista para la colaboración de clases
El hecho de que los Foros Sociales Mundiales y Europeos han sido básicamente comprados por varios gobiernos y agencias capitalistas no le importa mucho al SWP. Alex Callinicos, dirigente del SWP (y vocero prominente en templetes de los Foros Sociales), dijo desvergonzadamente, “todos entendíamos que un Foro Social masivo necesita dinero y dinero significa compromisos” (Discussion Bulletin de la Tendencia Socialista Internacional, enero de 2005). ¡Efectivamente! Tales sentimientos no son una peculiaridad de Callinicos. El primer Foro Social Mundial en 2001 fue organizado en parte por los falsos trotskistas del Secretariado Unificado (S.U.). Ahí se capacitó a los jóvenes radicales para que administren la austeridad fiscal para el estado capitalista a través de “presupuestos participatorios” fingidos. Para los benefactores capitalistas que financiaron el FSM la inversión valió la pena. Hoy en día, el Partido dos Trabalhadores del presidente brasileño Lula —con la ayuda de un “camarada ministro” que es miembro del S.U.— administra el estado capitalista en Brasil, obedeciendo servilmente las órdenes del FMI al imponerle la austeridad a una población empobrecida.
En el FSM de enero de 2005, muchos de los asistentes abuchearon rotundamente a Lula, en oposición a su colaboración y alcahueteo con el FMI y el Banco Mundial. Pero la verdad es que Lula representa la política y el programa del FSM al nivel del poder estatal. Esto es lo que se conoce como el frente popular: un bloque político colaboracionista de clases de organizaciones de la clase obrera con agencias capitalistas, mediante el cual se subordina la política del componente obrero a la política de la burguesía, a la defensa del estado burgués y el capitalismo. Los gobernantes asignan a los frentes populares, como el gobierno de Lula en Brasil, la tarea de vender la austeridad a los obreros más eficazmente que los desacreditados partidos burgueses.
Ante el descrédito de Lula debido a sus ataques contra los obreros y campesinos brasileños, el nuevo héroe del FSM de 2005 fue el presidente de Venezuela, Hugo Chávez. Esto fue un cambio importante porque Chávez no fue invitado al FSM de 2003, mientras éste luchaba contra los intentos del gobierno estadounidense de derrocarlo, y no le permitieron un espacio oficial cuando llegó de todos modos. La popularidad de Chávez entre los oprimidos de Venezuela surge del hecho de que ha usado las rentas públicas petroleras para introducir reformas que han beneficiado a los pobres, y no se le ve como un lacayo de EE.UU. Pero ni son reformas estructurales básicas, ni mucho menos una revolución social, y están sujetas a los cambios en los precios mundiales del petróleo.
Chávez es un nacionalista burgués que gobierna para el capitalismo en Venezuela. El populismo nacionalista y el neoliberalismo económico son simplemente políticas alternativas del dominio de la misma clase capitalista. Es un hecho que muchos de los grandes terratenientes y capitalistas de Venezuela, así como los neoconservadores del gobierno de Bush que en abril de 2002 apoyaron un golpe militar en contra de Chávez, lo odian. Pero los representantes más racionales del imperialismo ven en Chávez, con su atracción popular, a alguien en quien confiar para proteger sus inversiones. Tales voceros del imperialismo como el Financial Times y el New York Times vieron la noticia de que Chávez haya derrotado en 2004 el referendo de destitución en su contra como una garantía de “estabilidad”. Como escribimos en Workers Vanguard No. 831, 3 de septiembre de 2004:
“La perspectiva inmediata que enfrentamos urgentemente es no sólo oponernos a las incursiones imperialistas en Venezuela y en otras partes, sino también luchar para romper el apoyo del movimiento obrero a Chávez o a la oposición, y forjar un partido obrero internacionalista revolucionario para dirigir a la clase obrera al poder. Esto requiere una lucha intransigente contra el nacionalismo en Venezuela, el cual oscurece las divisiones de clase en el país. Sólo la lucha victoriosa por el dominio de la clase obrera, es decir, la revolución socialista en toda América, asegurará tierra para los que no la tienen y permitirá que los obreros petroleros y otros proletarios disfruten de la riqueza que su trabajo produce.”
Al presentar a los nacionalistas burgueses (por ejemplo Chávez) como luchadores contra la “globalización”, los Foros Sociales trabajan en contra de la lucha por la revolución socialista porque atan a la clase obrera a su “propia” clase capitalista nacional. De hecho, todos los Foros Sociales Mundiales se han llevado a cabo en países del “Tercer Mundo” como Brasil o la India para disfrazar el antagonismo de clase entre la clase obrera de estos países y sus explotadores burgueses nativos. El mensaje ha sido que se puede confiar en la burguesía del “Sur Global” para unirse con “el pueblo” y luchar contra la “globalización”. Pero la preocupación principal de los capitalistas del “Tercer Mundo” es defender sus ganancias, para lo cual dependen de los imperialistas y requieren de la máxima explotación de la clase obrera.
Con la misma meta de atar a los explotados a sus explotadores, el FSE impulsa la ilusión de una “Europa Social” humana bajo el capitalismo, en contraste con el modelo neoliberal representado por EE.UU. y Gran Bretaña. La promoción de esta visión de una “Europa Social” ha atraído hacia el FSE a los dirigentes sindicales procapitalistas así como los políticos socialdemócratas por todo el continente. En la manifestación contra la Cumbre de la UE en Niza en 2000, el secretario general de la Confederación Europea de Sindicatos expresó la perspectiva política de ésta: “Los sindicatos y las ONGs tienen que incorporarse a las estructuras de toma de decisión en Bruselas... Estamos de acuerdo en que Europa tiene que hacerse más competitiva, sí. Pero la nueva Europa tiene que incluir una calidad de vida digna para todos sus ciudadanos” (citado en “La economía y la política del Foro Social Mundial”). Hacerse “más competitiva” significa extraer mayor ganancia del sudor y el trabajo de la clase obrera. Los burócratas del Congreso Sindical Británico (TUC, por sus siglas en inglés) endosaron el FSE de 2004 en Londres y lo usaron como oportunidad para darle una plataforma a Sobhi Al-Mashadani de la Federación Sindical Iraquí (FSI), un lacayo del gobierno lacayo de los imperialistas en Irak. Esto ocurrió después de la conferencia del Partido Laborista donde, a petición de los burócratas sindicales, otro representante de la FSI, Abdullah Muhsin, apoyó la ocupación imperialista al ayudar a asegurar la derrota de una resolución que exigía el pronto retiro de las tropas británicas de Irak.
Workers Power en trance bajo su propia hipnosis
En su folleto Anti-Capitalism: Summit Sieges and Social Forums [El anticapitalismo: Los asedios de las Cumbres y los Foros Sociales] (2005), la Liga por la Quinta Internacional (L5I) de Workers Power (Poder Obrero) posa como un crítico de izquierda de organizadores del FSM como Bernard Cassen y Susan George de ATTAC, una organización iniciada para hacer campaña para gravar las transacciones financieras internacionales y en contra del “neoliberalismo”. Aunque el Partido Comunista Francés y el S.U. proporcionan personal para sus oficinas, ATTAC no finge oponerse al capitalismo. Es una organización completamente burguesa que se jactaba de sus vínculos estrechos con el gobierno de frente popular de Lionel Jospin. Sin embargo, con respecto a Cassen y George, la L5I argumenta: “No necesitamos organizar una escisión artificial con ellos pero tampoco debemos temer una escisión. Si avanzamos con determinación, desertarán inmediatamente.” Cuando hablan de “escisión artificial”, los de la L5I quieren decir una escisión a lo largo de la línea de clases. La L5I no se opone a la colaboración de clases; simplemente quiere un frente popular más combativo.
Por cierto, la concepción descabellada de la L5I, Workers Power y su grupo juvenil, Revolution, es que pueden construir no sólo un “movimiento” sino también un partido “revolucionario” a partir de estas alianzas transclasistas patrocinadas por el estado. “El movimiento anticapitalista, el movimiento obrero, los movimientos de los oprimidos racial y nacionalmente, la juventud, las mujeres, todos se deben juntar para crear una nueva Internacional: un partido mundial de la revolución socialista” (Anti-Capitalism: Summit Sieges and Social Forums). Mientras declaran inválido el dominio burocrático de la derecha, Workers Power busca lograr “estructuras democráticas” dentro de los Foros Sociales para maquinar la transformación del movimiento. Abogan por el uso de “iniciativas como la Asamblea de Movimientos Sociales para proponer cuerpos de coordinación permanentes, que sean electos y basados en delegados, y que puedan preparar el camino para un Congreso estructurado en el cual se pueda debatir, enmendar y adoptar propuestas organizativas y políticas”.
Lo que falta en la ecuación de Workers Power es una lucha política en oposición al propósito entero de estos Foros Sociales, que se basan en el mantenimiento del sistema capitalista mientras intentan hacerle una cirugía plástica para darle un aspecto “democrático” y “humanitario”. Pero incluso Workers Power tiene que reconocer que a estas Asambleas les falta la concepción de que “el sistema capitalista es el enemigo”, “la clase obrera es la fuerza” y “el socialismo es la única base posible para el ‘otro mundo’ que buscan construir” (Workers Power, marzo de 2005).
La realidad del colaboracionismo de clases se reveló tajantemente en el primer FSE en Florencia en 2002. La L5I afirmó con excesiva efusividad: “La mera intoxicación de estar ‘tous ensemble’ (todos juntos) significó que incluso reformistas acérrimos hablaban como agitadores revolucionarios. Todos estaban motivados también por la urgencia de hacer todo lo posible para detener la guerra de George Bush contra Irak.” “Todo lo posible” incluía un llamado explícito a los dirigentes imperialistas de Europa para que se opusieran a los planes de EE.UU. de invadir a Irak; el llamado fue firmado por una gama de grupos de la izquierda europea, incluyendo al SWP, Workers Power y Revolution en una reunión preparatoria en Bruselas para el FSE de Florencia. El llamado afirma: “Llamamos a que todos los jefes de estado europeos se opongan públicamente a esta guerra, aunque tenga apoyo de la ONU, y que exijan que George Bush abandone sus planes de guerra” (Liberazione, 13 de septiembre de 2002). Este llamado rastrero a los dirigentes capitalistas europeos “amantes de la paz” sólo sirve para atar a los explotados a sus explotadores.
Las principales fuerzas detrás del FSE de Florencia fueron los partidos reformistas italianos de masas como Rifondazione comunista (RC) y Demócratas de Izquierda (DS, por sus siglas en italiano). En los años 90, DS formó parte de la coalición gubernamental “Olivo” que administró el terror antiinmigrante y ataques severos contra la clase obrera en nombre del imperialismo italiano. Hasta fines de 1998, RC tenía una coalición tácita con DS. El FSE les da a estos frentepopulistas consumados una manera barata de recuperar apoyo para que puedan regresar al gobierno. De manera similar, el Partido Comunista (PCF) y la seudotrotskista Ligue communiste révolutionnaire (LCR) de Alain Krivine organizaron el FSE de París. Hoy día en Francia, donde el gobierno de Chirac se desacreditó totalmente con el voto en contra del tratado constitucional de la UE, estas mismas fuerzas trabajan febrilmente para construir una nueva alianza de colaboración de clases con la esperanza de que puedan tomar las riendas del gobierno. Eso significa llevar a cabo los ataques contra la asistencia social así como la racista “guerra contra el terrorismo”.
El frente popular: No una táctica sino el mayor de los crímenes
La tarea básica de los marxistas revolucionarios es hacer que la clase obrera y la juventud radical rompan con la idea de que pueden negociar un futuro común progresista con representantes de la clase capitalista que es responsable de la explotación, la guerra imperialista, el racismo, la opresión de la mujer y la opresión sexual. Dado que produce toda la riqueza de la sociedad capitalista y las ganancias de la burguesía, la clase obrera es el único agente con el poder social y el interés objetivo para derrocar el sistema capitalista y destrozar su estado. Esto requiere la revolución socialista para remplazar la dictadura de la burguesía con un estado obrero que defienda y administre una economía planificada y colectivizada. A escala internacional, esto sentaría las bases para erradicar la escasez y producir para las necesidades de la raza humana entera. La única herramienta que puede organizar la lucha proletaria para derrocar el capitalismo es un partido revolucionario de vanguardia.
Esto se contrapone al colaboracionismo de clases de los Foros Sociales. Los Foros Sociales, adaptados a los sentimientos de los activistas que están hartos de la política y los partidos parlamentarios, son frentes populares que promueven el mito de que una “alianza popular” con capitalistas supuestamente “progresistas” pueda acabar con los estragos del imperialismo. El frente popular fue el arma favorita utilizada por los estalinistas en los años 30 para impedir la revolución obrera. Trotsky estaba vehementemente opuesto al frente popular y advirtió insistentemente de sus terribles consecuencias para la clase obrera. Como señaló el entonces dirigente trotskista James Burnham en su folleto de 1937, “El frente popular, la nueva traición”:
“Para el proletario, renunciar a su propio programa independiente, a través de sus partidos, significa renunciar a su funcionamiento independiente de clase... Al aceptar el programa del frente popular, por ende acepta las metas de otro sector de la sociedad; acepta la meta de defensa del capitalismo mientras toda la historia demuestra que los intereses del proletariado sólo se satisfacen derrocando al capitalismo.”
El frente popular a menudo ha tenido sangrientas repercusiones para la clase obrera y los oprimidos. Un ejemplo clásico es el de Chile en 1973, cuando Salvador Allende y sus compañeros reformistas dirigieron a la clase obrera de mentalidad revolucionaria hacia un gobierno de coalición con los capitalistas. Allende prometió no retar al orden capitalista ni al estado y puso fin a las tomas de tierra de los campesinos y a las tomas de fábricas de los obreros. Con la ayuda del imperialismo estadounidense, la burguesía chilena recurrió al general Augusto Pinochet para que atacara a la clase obrera y sus dirigentes (incluyendo a Allende), e impuso una dictadura militar salvaje que cobró 30 mil vidas.
Desde Seattle hasta los Foros Sociales
Con la esperanza de ser atractivos para jóvenes combativos que odian los Foros Sociales por ser clubes de charla interminable, la L5I suplica que se vuelva a las manifestaciones callejeras de Seattle y Génova. Su folleto proclama que “Por cinco años nuestro movimiento ha asediado a las cumbres de los ricos y los poderosos... Tiene que volver a las calles, y mostrar a través de acción directa masiva su intención: construir un mundo sin clases, opresión, racismo, guerra ni imperialismo.” Pero la política del FSM no está contrapuesta a la política de Seattle, sino que es una extensión de ésta. Aunque atrajo a muchos jóvenes que se oponían al impacto del capitalismo internacionalmente, la manifestación en Seattle fue dirigida políticamente por los socialdemócratas y los burócratas sindicales, cuyas diatribas anticomunistas contra China hacen eco de los intereses de los gobernantes imperialistas que buscan la restauración del sistema de explotación capitalista en el estado obrero deformado chino. Una protesta de “acción directa” basada en la política frentepopulista proimperialista es simplemente colaboración de clases “combativa”.
El contexto de la proliferación de los Foros Sociales es la contrarrevolución en la antigua URSS y la campaña ideológica de la burguesía de que “el comunismo ha muerto”. Un ejemplo típico, entre izquierdistas jóvenes, del retroceso de la conciencia a causa de la destrucción de la Unión Soviética es la idea de que la clase obrera es irrelevante como medio para el cambio social, o que es sólo una víctima más de la opresión. Mientras tanto, los burócratas sindicales ahora justifican la traición de luchas obreras argumentando que la “globalización” hace que la lucha de clases sea inefectiva porque los capitalistas pueden trasladar fácilmente la producción a economías de bajos salarios en Asia o Europa oriental. Si bien ha habido ciertos cambios cuantitativos en la economía mundial en las últimas décadas, la “globalización” no es un fenómeno cualitativamente nuevo. Hace casi 90 años, V.I. Lenin explicó el hecho de que la economía de mercado capitalista es “global”, que los bancos y las corporaciones buscan países (de bajos salarios) donde puedan obtener la más alta ganancia, y que el capital financiero se ha internacionalizado:
“El imperialismo es el capitalismo en aquella etapa de desarrollo en que se establece la dominación de los monopolios y el capital financiero; en que ha adquirido señalada importancia la exportación de capitales; en que empieza el reparto del mundo entre los trusts internacionales; en que ha culminado el reparto de todos los territorios del planeta entre las más grandes potencias capitalistas.”
— El imperialismo, etapa superior del capitalismo (1916)
La pobreza, las enfermedades, la explotación y la guerra no son aberraciones del sistema capitalista sino que son inherentes a su funcionamiento. Las fuerzas productivas se pueden desarrollar para proporcionar un nivel de vida decente a toda la humanidad sólo mediante el derrocamiento del capitalismo.
En el contexto de una cacería de brujas internacional en contra de los anarquistas de “acción directa” del Bloque Negro, después de la muerte del manifestante izquierdista Carlo Giuliani en Génova en 2001 a manos de la policía, el grueso de la izquierda socialdemócrata en el movimiento globalifóbico participó en tachar al Bloque Negro de violento y de estar compuesto de policías. La LCI se destacó por nuestra inequívoca defensa del Bloque Negro ante los ataques del estado capitalista y sus lacayos. Al mismo tiempo enfatizamos:
“La pregunta que enfrentan los muchísimos jóvenes radicales que han sido atraídos a las protestas ‘globalifóbicas’ de los últimos años es: ¿Cómo se cambia el mundo? Aunque las protestas han tenido éxito en obligar a los imperialistas a planear sus reuniones futuras en lugares aislados, esto no impide el funcionamiento del sistema capitalista. Acabar con la explotación imperialista requiere una movilización política del proletariado en una revolución socialista completa...
“Se necesita una nueva dirección revolucionaria de la clase obrera, un tribuno del pueblo y combatiente en nombre de todos los oprimidos. Es necesario romper con la política de colaboracionismo de clases impulsada por quienes, en nombre del ‘mal menor’, subordinan los intereses vitales del proletariado a los de sus explotadores y opresores capitalistas. Es necesario forjar un partido obrero revolucionario que luche para establecer un gobierno obrero mediante la revolución socialista en contra del sistema capitalista entero.”
—“Sangre y balas en Génova”, Workers Vanguard No. 762, 3 de agosto de 2001
Los marxistas del Spartacus Youth Group y de la Liga Comunista Internacional entendemos que la lucha por la independencia de la clase obrera es la precondición para la emancipación de la humanidad mediante la revolución socialista. Nuestra actitud hacia los Foros Sociales, así como hacia cualquier otro frente popular, es de oponernos a ellos interviniendo con nuestra tajante caracterización y explicando su engaño con la intención de ganar a un programa proletario, revolucionario e internacionalista a quienes genuinamente quieren luchar contra la opresión y la explotación. Somos comunistas orgullosos y nos negamos a ser los lacayos de los socialdemócratas, los burócratas sindicales y sus amos capitalistas. Si compartes esta negativa, únete a nosotros.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/26/foros.html
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2016.05.21 17:03 ShaunaDorothy Argentina: El FMI apaga el switch ¡Por un partido obrero revolucionario! ¡Romper con el peronismo! (7 de enero 2002)

https://archive.is/eLxkE
7 de enero—El colapso del gobierno del presidente Fernando de la Rúa, del Partido Radical, entre protestas callejeras masivas durante los días 19 y 20 de diciembre ha marcado el comienzo de una crisis social de gran importancia en Argentina. Mientras que manifestantes enfurecidos combatían las embestidas de la policía en la Plaza de Mayo, De la Rúa escenificó un escape en helicóptero, envuelto en pánico, desde el techo de su asediado palacio presidencial. Después de él, tres presidentes más vinieron y se fueron en menos de dos semanas, al tiempo que continuaba el descontento popular.
Ahora, Eduardo Duhalde del partido peronista ha sido asignado a dirigir un autodenominado “gobierno de salvación nacional”. El nuevo régimen busca apaciguar a las masas a través de dádivas retóricas y suavizando una pequeña porción de las duras medidas de austeridad ordenadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI). Los ataques que han sido dictados por los imperialistas, centralmente los EE.UU., e implementados por la burguesía argentina han provocado profundo enojo en toda la población. Ahora, el gobierno de Duhalde ha interrumpido temporalmente el pago de la deuda argentina de 155 mil millones de dólares a los banqueros internacionales —el incumplimiento más grande de ese tipo en la historia—. El gobierno también anunció una devaluación del peso, así como medidas supuestamente dirigidas a aliviar la situación apremiante de los pobres. Pero nadie finge que esto pondrá fin a los levantamientos. Días antes de que tomara el poder, el mismo Duhalde advirtió que el país podría entrar en una espiral hacia la guerra civil.
Argentina se encuentra en un callejón sin salida: la población ya no va a aceptar ser gobernada como antes, en tanto que los gobernantes ya no pueden gobernar como antes. Cerca de la mitad de la población a duras penas vive por debajo de la línea de pobreza, el desempleo oficial es de casi el 20 por ciento, gran parte de la clase obrera se encuentra en una situación desesperada y los estándares de vida de la clase media pequeñoburguesa, que alguna vez fueron los más prósperos en América Latina, están desplomándose. Los dos partidos burgueses más prominentes —los radicales y los peronistas justicialistas, quienes sirvieron como ejecutores de línea dura para el FMI bajo el régimen de Carlos Ménem en los 90— son ampliamente vilipendiados entre las masas trabajadoras. Y acechando en las sombras se encuentra el ejército, cuya brutal dictadura militar desde 1976 hasta 1983 vio a más de 30 mil izquierdistas y militantes obreros ser asesinados o “desaparecidos”.
La ola de luchas que derribó al régimen de De la Rúa comenzó en las provincias con el bloqueo de caminos llevado a cabo por piqueteros desempleados y semiempleados. A continuación, se extendió a las ciudades, donde las masas hambrientas saquearon tiendas de abarrotes y trabajadores en huelga apedrearon oficinas del gobierno, llevando a De la Rúa a proclamar un estado de sitio. La ola culminó con la octava huelga general en dos años, seguida inmediatamente por protestas masivas de cientos de miles de personas, desde jóvenes obreros, estudiantes y desempleados hasta funcionarios públicos jubilados y amas de casa golpeando cacerolas vacías. Al tiempo que fogatas callejeras ardían en todo Buenos Aires y en otras ciudades, los manifestantes que coreaban “¡Fuera todos ellos!” se enfrentaban con la policía antimotines, que disparaba gas lacrimógeno y municiones reales fuera del palacio presidencial y de las Cámaras del Congreso, controladas por los peronistas. Por lo menos 30 manifestantes fueron asesinados, varios cientos heridos y miles encarcelados antes de que el odiado presidente saliera. ¡Libertad a todos los manifestantes arrestados!
La actual situación en Argentina presenta muchos componentes de una crisis prerrevolucionaria. La burguesía se encuentra en un impasse, existe un agudo descontento entre la pequeña burguesía y la clase obrera ha demostrado una gran combatividad. Sin embargo, crucialmente ausente está una dirección revolucionaria proletaria que pueda dar voz a las aspiraciones de todos los oprimidos en una lucha para hacer añicos el gobierno de la corrupta burguesía argentina y la dominación de sus amos imperialistas. La lucha por un partido proletario de vanguardia es, por tanto, la cuestión central que hoy en día enfrenta Argentina. La lucha por la independencia completa y absoluta de la clase obrera de todos los partidos y agencias del dominio burgúes es decisiva para llevar adelante esta perspectiva.
La mayoría de los sindicatos potencialmente poderosos de Argentina está directamente ligada al partido peronista nacionalista burgués. Hoy, los burócratas sindicales nacionalistas trabajan de nuevo para canalizar el descontento popular a los brazos de los peronistas, cuya retórica “antiimperialista” ocasional sólo sirve para enmascarar su lealtad al imperialismo capitalista. Viviendo bajo el miedo mortal de la leña acumulada en el fondo de la sociedad, los burócratas del movimiento obrero han encontrado necesario llamar repetidamente por huelgas generales en los dos últimos años. Al mismo tiempo, han trabajado de la mano con los gobernantes argentinos para contener el descontento.
Tan sólo hace unos meses, las dos alas de la CGT (Confederación General del Trabajo) peronista firmaron un pacto para controlar el descontento social “en los intereses del país”. En medio de las protestas masivas y las batallas callejeras del 19 y 20 de diciembre, los líderes de la corriente principal de la CGT llamaron por “garantizar la resolución de la gravísima crisis política en el marco de la Constitución” (La Nación, 21 de diciembre de 2001), mientras que la disidente CGT-rebelde llamaba a que el régimen “adopte resoluciones políticas para controlar los desbordes sociales” (La Nación, 20 de diciembre de 2001). Cuando De la Rúa cayó, se unieron con los burócratas “independientes” de la CTA (Central de los Trabajadores Argentinos), la federación sindical de trabajadores del gobierno y maestros, para cancelar una huelga general emplazada en contra del estado de sitio y corrieron a una reunión privada con el nuevo (y efímero) presidente peronista, Rodríguez Saá.
Por su parte, varias organizaciones seudomarxistas de Argentina —incluyendo a falsos grupos trotskistas de considerable tamaño, algunos con diputados en el parlamento— han sido por mucho tiempo poco más que satélites de izquierda del peronismo. A pesar de que hoy levantan muchas críticas a Duhalde y sus ayudantes en el movimiento obrero, estos grupos impulsan ilusiones mortales en que los obreros y los oprimidos pueden eliminar su miseria dentro del marco del dominio burgués, buscando meramente darle adornos más “democráticos”. Existe una necesidad candente de forjar un núcleo trotskista genuino en Argentina que luche por conectar las actuales luchas a un programa de revolución socialista como la única solución a la crisis del país. En las condiciones actuales, incluso una organización revolucionaria relativamente pequeña podría crecer de manera explosiva y echar raíces en el proletariado, abriendo así el camino para el poder de la clase obrera.
Sólo se puede forjar tal partido sobre la base de un programa de internacionalismo revolucionario proletario que busque extender las luchas del proletariado argentino a toda América Latina y a los centros imperialistas de los Estados Unidos y Europa occidental. En Europa, donde muchos trabajadores están enfrentando despidos masivos y cierres de fábricas, existe una identificación con, y una aprensión hacia, la situación apremiante de las masas argentinas, que son en gran parte de ascendencia europea. Los periódicos y las televisiones europeas están llenos de imágenes de gente tomando los bancos por asalto, enfrentándose a la policía y saqueando tiendas para obtener las necesidades básicas de la subsistencia diaria, en lo que una vez fuera el país más rico de América Latina. Hay un miedo genuino de que si los motines por hambre pudieron estallar en Argentina, entonces una caída dramática de los estándares de vida podría también ser el futuro de los trabajadores europeos. Aunque los mecanismos particulares de colaboración de clases son distintos (reformismo obrero socialdemócrata en Europa, nacionalismo burgués en América Latina), la cuestión fundamental es la misma: desatar a un poderoso proletariado de una dirección procapitalista.
Por su parte, los imperialistas de EE.UU. han visto por mucho tiempo a América Latina como su propia reserva para la explotación. Las dictaduras militares que dominaron América del Sur en los años 60 y 70 fueron el producto de la “Alianza para el Progreso” instituida por el presidente Demócrata y favorito de los liberales, John F. Kennedy, como parte de la “guerra contra el comunismo”. Hoy día, como un reflejo de las exacerbadas rivalidades interimperialistas que han surgido en la secuela de la destrucción contrarrevolucionaria de la Unión Soviética, los EE.UU. han buscado extender su rapiña de “libre comercio” a través del TLC contra México a toda América Latina, bajo el propuesto Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA).
Como revolucionarios proletarios en las entrañas de la bestia imperialista estadounidense, la Spartacist League/U.S. lucha para movilizar el poder social del proletariado para hacer añicos el dominio del imperialismo estadounidense desde dentro. Los burócratas sindicales proimperialistas de la AFL-CIO, que por décadas han servido de capataces del imperialismo de EE.UU. en su guerra contra los trabajadores y oprimidos de América Latina, impulsan ahora el veneno chovinista del proteccionismo en contra de estos trabajadores. Romper las cadenas, forjadas por los líderes del movimiento obrero, que atan al proletariado en los EE.UU. a su “propia” clase dominante es central para una perspectiva revolucionaria en todo el hemisferio. ¡Abajo el TLC y el ALCA! ¡Por la revolución socialista en todas las Américas!
El capitalismo argentino en un callejón sin salida
Argentina fue por mucho tiempo uno de los países más avanzados económica y socialmente en el antiguo mundo colonial. Teniendo sustanciales recursos naturales y una fuerza de trabajo altamente educada, y libre del gran peso de los remanentes precapitalistas tales como un gran campesinado, para 1930 se había distanciado enormemente del resto de América Latina en el ingreso per cápita y en los niveles de los salarios. La clase obrera urbana gozaba de un estándar de vida superior, en algunos aspectos, al de la mayoría de los obreros en la Europa continental. Para 1945, habiéndose enriquecido vendiendo comida a los ejércitos imperialistas durante la Segunda Guerra Mundial, Argentina tenía aproximadamente un ingreso per cápita igual al de Canadá. Hoy, el argentino promedio gana un sexto de lo que gana el canadiense promedio.
La actual postración del país proporciona una vívida ilustración de una de las premisas centrales de la teoría de la revolución permanente, elaborada por el líder marxista revolucionario León Trotsky: que las burguesías de los países capitalistas dependientes son demasiado débiles, están demasiado atadas al imperialismo, y temen demasiado al poder del proletariado para ser capaces de romper el yugo de la dominación imperialista. Las formas de gobierno burgués en Argentina han recorrido toda una gama: desde el liberalismo de laissez-faire (la era de los estancieros burgueses agrarios y la economía de exportación dominada por los británicos a principios del siglo XX), hasta el nacionalismo burgués y el desarrollo industrial patrocinado por el gobierno detrás de barreras proteccionistas (el peronismo en las décadas de los 40 y 50), hasta la dominación imperialista sin freno bajo los recientes regímenes neoliberales. Y éste ha sido el caso tanto bajo los adornos de la democracia burguesa como bajo la bota de la dictadura militar.
Con la destrucción de la Unión Soviética y el fin de las configuraciones de la Guerra Fría, la mínima autonomía que la clase gobernante argentina pensaba que poseía —como se demostró, por ejemplo, durante la Guerra de las Malvinas/Falklands contra Gran Bretaña— se ha evaporado. No hay forma de romper el ciclo de crisis, golpes de estado y represión estatal, que ha sido una constante en Argentina desde por lo menos la década de los 30, sin una lucha proletaria triunfante por el poder estatal. Las tareas del proletariado en Argentina no pueden separarse de las de la clase obrera en el resto de América Latina. Explicando la perspectiva de la revolución permanente en la región, Trotsky escribió:
“Las tesis de la Cuarta Internacional declaran:
“‘Sud y Centro América sólo podrán romper con el atraso y la esclavitud uniendo a todos sus estados en una poderosa federación. Pero no será la retrasada burguesía sudamericana, agente totalmente venal del imperialismo extranjero, quien cumplirá este objetivo, sino el joven proletariado sudamericano, destinado a dirigir a las masas oprimidas. La consigna que presidirá la lucha contra la violencia y las intrigas del imperialismo mundial y contra la sangrienta explotación de las camarillas compradoras nativas será, por lo tanto: Por los estados unidos soviéticos de Sud y Centro América.’”
Trotsky continuó:
“Sólo bajo su propia dirección revolucionaria el proletariado de las colonias y las semicolonias podrá lograr la colaboración firme del proletariado de los centros metropolitanos y de la clase obrera mundial. Sólo esta colaboración podrá llevar a los pueblos oprimidos a su emancipación final y completa con el derrocamiento del imperialismo en todo el mundo.”
—“Manifiesto de la Cuarta Internacional sobre la guerra imperialista y la revolución proletaria mundial”, mayo de 1940
La austeridad hambreadora del FMI enfurece a las masas argentinas
Por más de una década, Washington y el FMI elogiaron a Argentina como un magnífico ejemplo de una “economía emergente fiscalmente responsable”. A cambio, Argentina ha sido un firme aliado del imperialismo estadounidense, comprometiéndose recientemente a enviar 800 tropas “pacificadoras” para auxiliar la guerra estadounidense en Afganistán. Pero ahora el país está en quiebra y en caos (y las tropas van a quedarse en casa).
En un editorial del New York Times intitulado “Llorando con Argentina”, el columnista Paul Krugman escribió:
“Argentina, más que cualquier otro país en desarrollo, se creyó las promesas del ‘neoliberalismo’ (es decir, liberal en el sentido de los mercados libres, no de Ted Kennedy) promovido por EE.UU. Las tarifas fueron recortadas, las empresas estatales fueron privatizadas, las corporaciones multinacionales bienvenidas y el peso atado al dólar. Wall Street celebraba y el dinero llegó en abundancia: por un tiempo, la economía de libre mercado parecía vindicada y sus partidarios no eran tímidos al reclamar reconocimiento. Entonces las cosas comenzaron a caerse a pedazos....
“Ahora Argentina está en completo caos —algunos observadores incluso la comparan con la República de Weimar—. Y los latinoamericanos no ven a los Estados Unidos como un espectador inocente.”
Tan estrechamente atada al destino del dolár estadounidense, la economía argentina fue dañada severamente por el boom financiero y económico de EE.UU. de mediados y finales de los años 90. Éste vio a los inversionistas capitalistas de todo el mundo inundar el mercado alcista de Wall Street, causando que el valor del dólar se incrementara agudamente con relación a casi todas las demás monedas...excepto la de Argentina. El peso argentino —y por tanto el precio de los productos argentinos en el mercado mundial— también se incrementó agudamente en comparación con casi todos los demás países, incluyendo a su principal socio comercial, Brasil. Esto hizo a los productos argentinos poco competitivos y produjo crecientes déficits en la balanza comercial. El mecanismo normal del mercado capitalista para remediar esto sería la devaluación de la moneda, que reduce el precio de las exportaciones en el mercado mundial e incrementa el precio doméstico de las importaciones. Pero en un intento por estabilizar la economía, el gobierno argentino y muchos grandes negocios habían denominado la mayor parte de sus nuevos bonos en dólares, de modo que cualquier devaluación del peso habría incrementado proporcionalmente la deuda de Argentina.
De ese modo el país se deslizó a una profunda recesión hace cuatro años, mucho antes del actual bajón mundial. Los despidos y los cierres de plantas crecían cada mes. Para julio del año pasado, la economía estaba colapsándose a una tasa anual del 11 por ciento y las masas estaban desesperadas. Pero los EE.UU. dejaron claro que esperaban que todos los préstamos negociados por Menem y De la Rúa fueran pagados con intereses. En agosto, Washington armó un “paquete de rescate de emergencia” a través del FMI —para sacar del apuro no a Argentina, sino a los bancos de Wall Street que poseen bonos gubernamentales (y privados) argentinos—. Como es costumbre, esto implicó duras condiciones de austeridad, incluyendo una suspensión del sistema de seguridad social. Pero los obreros y los pobres, junto con una clase media cada vez más empobrecida, no estaban dispuestos a aguantar más y tomaron las calles en protesta. La respuesta del FMI fue congelar mil 300 millones de dólares en ayuda a principios del mes pasado, después de lo cual el gobierno robó 700 millones de los fondos de pensión de los trabajadores gubernamentales para pagar los intereses de la deuda. Todo esto condujo a protestas incluso más amplias, que derribaron al gobierno de De la Rúa.
La situación exige desesperadamente el repudio de la deuda externa, que por décadas ha alimentado las arcas de los imperialistas a expensas de los trabajadores de Argentina. Pero ningún gobierno capitalista argentino va a dar ese paso, ya que acarrearía hostilidad incesante por parte de sus patrones imperialistas y socavaría la base entera de su dominio. Los portavoces del FMI afirman ahora que haga lo que haga el gobierno, ¡se necesitará una reducción adicional del 30 por ciento en los salarios reales, más otros cinco o diez años de recesión, para que Argentina se vuelva internacionalmente competitiva!
Desde el punto de vista de clase de la burguesía, es difícil ver cualquier régimen fuera de la dictadura militar que sea capaz de implementar una austeridad tan asfixiante contra una población ya enfurecida. Sin embargo, cualquier movimiento hacia un golpe militar se enfrentaría con la inmensa oposición de una población que recuerda vívidamente la última dictadura militar, cuyo dominio brutal terminó sólo después de su ignominiosa derrota en la Guerra de las Malvinas/Falklands de 1982.
Desde 1977, las madres en protesta se han reunido en la Plaza de Mayo cada semana para recordar a los miles de asesinados y “desaparecidos” por el gobierno militar, que trabajó de manera cercana con la CIA contra las insurgencias izquierdistas a lo largo de América Latina. Las madres estaban al frente de las gigantescas manifestaciones contra el gobierno del 19 y 20 de diciembre, donde los manifestantes coreaban “¡Madres de la Plaza, el pueblo las abraza!”.
El peronismo: trampa mortal para los obreros
Para tratar de controlar el alzamiento, la burguesía argentina ha recurrido, por ahora, a los peronistas, específicamente al ala de Duhalde que ha escogido ponerse adornos nacionalpopulistas. Éste es un intento transparente de utilizar la nostalgia popular por el gobierno del general Juan Perón de finales de los 40 y principios de los 50, que ha llegado a ser visto como una época de oro en la que se incrementaron los salarios, se implementaron programas sociales y se organizaron los sindicatos. Tras un golpe militar en 1943, Perón emergió como el hombre fuerte de Argentina. Siguió un modelo nacional corporativista de capitalismo en el que sectores claves de la economía eran propiedad del estado, la industria nacional era protegida con tarifas y las licencias de importación y las transacciones cambiarias estaban sujetas a una serie de controles.
Aunque ocasionalmente utilizaban demagogia antiyanqui, los peronistas en el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial funcionaban como los agentes políticos locales de Wall Street, manteniendo en línea al proletariado a través de la burocracia sindical. Periódicamente recortaban los salarios y reducían los estándares de vida para pagar la deuda argentina a los bancos estadounidenses y de otros países, generalmente a través del mecanismo de la inflación acelerada, no a través de las medidas deflacionarias favorecidas actualmente por el FMI. Los salarios de los obreros se incrementaban, pero los precios de la comida, el combustible, la ropa y otras necesidades se incrementaban aún más rápido. Perón mismo era un abierto admirador de la España de Franco y la Italia de Mussolini. Durante los “años de las vacas gordas”, proscribió al Partido Comunista, aplastó cada manifestación de independencia obrera y subordinó a los obreros al estado de forma corporativista.
Con el incremento masivo de la industrialización, hubo un correspondiente crecimiento explosivo de los sindicatos. Perón demostró ser bastante exitoso tanto cooptando líderes sindicales disidentes como organizando sindicatos corporativistas dependientes directamente del gobierno para su existencia. Sólo aquellos sindicatos que juraron lealtad a los planes peronistas fueron declarados legales, y sólo los sindicatos legales calificaban para que los patrones descontaran la cuota sindical de los salarios, para recibir subsidios para edificios sindicales y tener acceso a los programas de seguridad social, a los fondos de pensión, etc. El régimen peronista utilizó la retórica “antiimperialista” nacionalista para atar aún más a las masas trabajadoras al estado capitalista argentino.
El nuevo presidente Duhalde, antiguo vicepresidente bajo Menem, el hombre del FMI, ahora salpica sus discursos con alabanzas a Perón y su esposa Eva y culpa cínicamente al “modelo de libre mercado” apoyado por EE.UU., al que llama “inmoral”, de la grave situación del pueblo argentino. Pero este desplazamiento hacia la retórica nacionalpopulista de antaño simplemente está diseñado para fortalecer las fuerzas del capitalismo en América Latina, asegurando de nuevo las ataduras de la clase obrera a su “propia” burguesía nacional. Amplias secciones de la población continuarán sufriendo el terrible empobrecimiento bajo los peronistas de Duhalde mientras estos últimos tratan de “reconstruir” al país sobre las espaldas de la clase obrera y secciones de la pequeña burguesía.
Las cadenas imperialistas que atan al proletariado argentino sólo pueden romperse a través de la lucha por la revolución socialista en Argentina, a lo largo de América Latina y más allá. Una revolución en un país como Francia o España tendría profundos efectos en las luchas de la clase obrera argentina. Por su parte, nada sería más esperanzador para el proletariado en Sudáfrica y para los obreros y oprimidos a lo largo del Tercer Mundo que una revolución socialista en un país como Argentina. La oposición intransigente al nacionalismo burgués peronista, el cual ha llevado una y otra vez al desastre a los obreros y oprimidos argentinos, es crucial para esta perspectiva.
La izquierda argentina promueve el reformismo nacionalista
La oposición al nacionalismo burgués es la última cosa que ofrecen los grupos seudotrotskistas que pueblan la izquierda argentina. Lejos de tener una perspectiva de independencia de clase contra la burguesía, están atascados en el reformismo nacional, particularmente yendo a la cola de los peronistas. La principal corriente del autoproclamado trotskismo en Argentina es la del difunto Nahuel Moreno, representada hoy en día por el Movimiento Socialista de los Trabajadores (MST) y su escisión, el Partido de Trabajadores por el Socialismo (PTS). En los años 50, Moreno se hacía pasar por peronista “de izquierda”; ¡su periódico en esa época era publicado como “órgano del peronismo obrero revolucionario” y “bajo la disciplina del Gral. Perón y del Consejo Superior Peronista”! (Ver “La verdad sobre Moreno”, Spartacist [edición en español] No. 11, para la historia de esta tendencia.)
Durante la Guerra de las Malvinas/Falklands, la izquierda reformista en Argentina apoyó abiertamente a los militares genocidas en el poder en nombre del “antiimperialismo”. La tendencia morenista presumía que estaba firmemente “en el campo militar de la dictadura argentina” (Correo Internacional, abril de 1982). Con el apoyo de la falsa izquierda, los generales utilizaron la guerra para decapitar una huelga general, parte de una lucha proletaria en expansión contra el régimen militar. En agudo contraste, nosotros luchamos por la oposición proletaria revolucionaria al imperialismo británico, entonces gobernado por la “dama de hierro” Margaret Thatcher, y a los generales argentinos, declarando: “¡Hundir a Thatcher! ¡Hundir a la Junta! ¡El enemigo principal está en el propio país!”.
En 1989, los morenistas le dieron apoyo encubierto a la instauración de un nuevo gobierno peronista bajo Menem. Declarando que “Menem recibió la mayoría de los votos del pueblo trabajador”, preguntaron por qué no utilizaba ese apoyo “para imponer las soluciones que dice que tiene” (El Cronista Comercial, 31 de mayo de 1989). Y eso fue exactamente lo que hizo Menem.
Hoy en día, con los peronistas ampliamente desacreditados, la izquierda argentina está tratando de ocultar su reformismo nacionalista en una retórica ligeramente distinta. El MST morenista y el Partido Comunista estalinista son los principales componentes de la Izquierda Unida (IU), un bloque electorero cuyo programa levanta como su demanda máxima el llamado por “una alternativa política independiente de los trabajadores y el pueblo”. En la secuela del estallido popular que derrocó a De la Rúa, la IU se unió a otro grupo seudotrotskista, el Partido Obrero (PO) de Jorge Altamira, y algunos grupos más pequeños en una declaración del 22 de diciembre que presenta prominentemente el llamado por un “gobierno popular y obrero”. Y el PTS, con una postura más izquierdista, promueve la misma perspectiva en sus volantes y declaraciones, escribiendo que “los revolucionarios del PTS luchamos por un gobierno de los trabajadores y el pueblo” (volante del 31 de diciembre de 2001).
Este llamado deliberadamente confusionista, que disuelve al proletariado en la masa del “pueblo” es la fachada clásica de una alianza de colaboración de clases con un ala de la burguesía nacional (que es, después de todo, parte del “pueblo”). Todos estos grupos sostienen la perspectiva desastrosa y antirrevolucionaria del “frente único antiimperialista”, que no es sino una frase en clave para la subordinación de la clase obrera a su “propia” burguesía. El descontento social en Argentina hoy en día involucra muchas capas de la sociedad, desde la clase obrera y los estudiantes hasta los desempleados y los pobres rurales. Si el proletariado va a emerger como la fuerza dirigente de los oprimidos, luchando por el derrocamiento del orden capitalista y de la dominación imperialista, es crucial trazar una línea de clases clara. El MST, PO, PTS y demás, en contraste, mezclan todo junto en un guisado “popular” reformista.
Esto también puede verse en el perenne llamado levantado por el PO y el PTS por una “asamblea constituyente” que, en palabras de un volante del PO del 31 de diciembre, expresaría “la voluntad soberana de los trabajadores y desempleados”. El PTS agrega su propia variante a esta demanda en una declaración llamando tanto por una “Asamblea Nacional de trabajadores ocupados y desocupados” como por una “Asamblea Constituyente soberana para que el pueblo pueda discutir libre y democráticamente la salida a la crisis nacional” (“Jornadas Revolucionarias”, 22 de diciembre de 2001). ¿Y cómo debe lograrse esto? “Aún para abrir el camino a esta democracia generosa”, escribe el PTS, “hay que barrer el poder existente con una huelga general y un gran levantamiento nacional que complete la obra iniciada por las jornadas revolucionarias del 19 y 20 de diciembre”.
El llamado por una asamblea constituyente es, en el mejor de los casos, una consigna democrática que puede ser utilizada en situaciones particulares contra regímenes capitalistas dictatoriales como un elemento subordinado en un programa por la revolución obrera. Pero Argentina actualmente tiene una forma democrática burguesa de dominio de clase capitalista con elecciones periódicas, y ese ha sido el caso por ya casi dos décadas. Bajo estas circunstancias, el llamado por una asamblea constituyente sirve solamente para fomentar, no para romper, las ilusiones democráticas burguesas entre los obreros y los oprimidos. En situaciones de agitación prerrevolucionaria, los trotskistas genuinos lucharían para forjar órganos de poder dual —soviets (consejos obreros), comités de fábrica, etc.— como centros de organización en la lucha por la revolución proletaria. Pero para el centrista PTS, el llamado por una “asamblea de trabajadores” sólo es una fachada para su perspectiva de una “gran insurrección nacional” para obtener...¡otro cuerpo parlamentario burgués!
A pesar de toda su retórica “antiimperialista”, la izquierda reformista y centrista argentina formó una unidad con los gobernantes imperialistas estadounidenses apoyando las fuerzas de la contrarrevolución que destruyeron a la Unión Soviética y a los estados obreros deformados de Europa oriental. Mientras los imperialistas germano-occidentales empujaban por la anexión contrarrevolucionaria del estado obrero deformado de Alemania Oriental en 1989-90, los morenistas salieron con un programa “cuya consigna ordenadora es: Reunificación alemana ya” (Correo Internacional, enero de 1990). Por su parte, el PTS llamó por “la defensa del derecho de las masas alemanas a unificarse como ellas lo deseen, aun cuando decidan hacerlo en los marcos del capitalismo” (Avanzada Socialista, 30 de marzo de 1990).
Esta traición fue repetida cuando los morenistas y el PO de Altamira saludaron el contragolpe proimperialista de Boris Yeltsin en Moscú en agosto de 1991. En una declaración del 28 de agosto de 1991, los morenistas dijeron que había sido una “Gran Victoria Revolucionaria en la URSS”, mientras que el PO proclamaba que “La victoria popular contra el golpe tiene un alcance revolucionario” (Prensa Obrera, 29 de agosto de 1991). Estos grupos cargan su propia pequeña medida de responsabilidad por la devastación postcontrarrevolucionaria que se extendió por la antigua Unión Soviética y Europa oriental y que redundó tan negativamente contra los trabajadores de América Latina. En contraste, la Liga Comunista Internacional luchó hasta el fin en defensa de las conquistas de la clase obrera encarnadas en esos estados, a pesar de sus malgobernantes estalinistas. Mientras que el resto de la izquierda abrazaba la “democracia” imperialista contra el “totalitarismo” estalinista, nosotros luchamos por la revolución política proletaria para sacar a los burócratas estalinistas y restaurar el programa del internacionalismo revolucionario que animaba al Partido Bolchevique de Lenin y Trotsky.
¡Por un partido trotskista genuino!
La necesidad candente hoy en día en Argentina es el forjamiento de un partido leninista-trotskista auténtico. Tal partido llamaría por la completa independencia de los sindicatos del estado burgués. Actuaría, en palabras de Lenin, como un “tribuno del pueblo”, reuniendo a todos aquellos que sufren bajo el yugo capitalista, desde los desempleados y los empobrecidos pensionistas hasta los pobres rurales y los pequeños tenderos que están siendo arruinados por la crisis de la austeridad. Inscribiría en su bandera la lucha por la liberación de la mujer, combatiendo al machismo y a las atrasadas actitudes católicas e impulsando demandas por la plena integración de las mujeres a la fuerza laboral con salario igual. Lucharía por aborto libre y gratuito como parte de un sistema de salud gratuito y de calidad para todos, y por plenos derechos democráticos para los homosexuales.
La sociedad argentina está saturada con el chovinismo de una clase dominante que se deleita con su supuesta superioridad “europea” sobre el resto de América Latina y que está plagada de antiguos nazis. Crucial para cualquier perspectiva revolucionaria es la oposición absoluta a toda manifestación de racismo, antisemitismo y hostilidad contra las minorías indígenas y los inmigrantes.
Sólo un programa de internacionalismo revolucionario puede ofrecerle un camino hacia adelante a la clase obrera argentina. Después de la revolución obrera rusa de 1917, el Partido Bolchevique de Lenin canceló la deuda amasada por el zar y la burguesía rusa simplemente negándose a pagarla. Reconociendo que el imperialismo no podía ser apaciguado, lucharon por extender la Revolución de Octubre al mundo entero. Hoy en día, para liberarse de la servidumbre de la deuda con Wall Street, los obreros y las masas oprimidas de Argentina y a través de América Latina deben ser ganados a los principios y el programa del internacionalismo proletario como fue representado por Marx, Engels, Lenin y Trotsky. Ésta es la perspectiva de la LCI: reforjar la IV Internacional para dirigir la lucha por nuevas revoluciones de Octubre alrededor del planeta.
http://www.icl-fi.org/espanol/oldsite/Argentin.htm
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2016.05.21 16:25 ShaunaDorothy Declaración de la LCI para las protestas de Praga contra el FMI y el Banco Mundial ¡Aplastar la explotación imperialista mediante la revolución socialista mundial! (noviembre de 2000)

https://archive.is/feRdA
A continuación publicamos una declaración de la Liga Comunista Internacional, emitida el 16 de septiembre pasado, dirigida a las protestas planeadas contra el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) en Praga ese mismo mes. Las protestas contra la "globalización" se han convertido en un foco de actividad internacionalmente, y han sido objeto de viciosos ataques y terror policiacos, incluyendo arrestos masivos. Exigimos la inmediata liberación de todos los arrestados y el levantamiento de todos los cargos.
Los jóvenes radicalizados atraídos a estas protestas quieren superar el odioso empobrecimiento de las masas en el "Sur Global" que se justifica y forza en nombre del capitalismo del "libre mercado". Sin embargo, los organizadores de la campaña contra la "globalización" buscan encauzar estas preocupaciones y la lucha por la justicia social hacia apelaciones nacional-chovinistas a su propia burguesía.
La demanda principal de la protesta de Seattle fue que la Casa Blanca de Clinton presionara a la OMC para que adoptara y forzara una ley de normas internacionales para el trabajo y el medio ambiente. Además, la protesta estuvo dominada políticamente por la burocracia sindical de la AFL-CIO, que puso en escena una orgía anticomunista contra China y de proteccionismo chovinista. Las manifestaciones en Washington unos meses después se enfocaron en apelaciones liberales a los dirigentes del Banco Mundial para que cancelaran la deuda de los países del "Tercer Mundo".
Los organizadores de estas movilizaciones denuncian molestos al FMI, la OMC y el Banco Mundial por ser antidemocráticos y estar bajo el control de grandes corporaciones "trasnacionales". Al mismo tiempo, apelan a los gobiernos "democráticos" de América del Norte y Europa Occidental. En realidad, el estado capitalista estado u ni dense es el instrumento político fundamental de los bancos de Wall Street, General Motors, Boeing y otros; el estado capitalista alemán cumple el mismo propósito para los bancos de Frankfurt, Daimler-Benz y Siemens; etc. Las instituciones económicas internacionales como el FMI y la OMC están dominadas políticamente por los estados imperialistas principales, mientras que se convierten cada vez más en una arena de conflictos entre ellos.
En México, entre los principales porristas del "espíritu de Seattle" se encuentran la Liga de Trabajadores por el Socialismo (LTS) y su grupo juvenil Contracorriente. En su periódico Estrategia Obrera núm. 14 (octubre de 2000) ensalzan las manifestaciones como "una nueva vanguardia anticapitalista" sin mencionar una sola palabra sobre sus ilusiones en el imperialismo "democrático" ni sobre la contrarrevolución capitalista que ha dado pie a la embestida burguesa antiproletaria a nivel mundial. La LTS apoyó esos movimientos contrarrevolucionarios en Europa Oriental y la URSS sin cuyo triunfo, para empezar, no se habrían reunido el FMI y el BM en Praga, capital del antiguo estado obrero checoslovaco. Con una verborrea nacionalista tercermundista antiestadounidense, el artículo de la LTS no menciona ni por equivocación al enemigo principal de los obreros y jóvenes radicalizados en México: la burguesía mexicana lacaya de los imperialistas.
En oposición fundamental a los principales impulsores seudoizquierdistas del "imperialismo de los derechos humanos", la Liga Comunista Internacional lucha por la liberación de los obreros, campesinos y otros trabajadores, de la explotación, la pobreza y la degradación social mediante revoluciones proletarias tanto en los centros imperialistas como contra sus lacayos en los países neocoloniales, estableciendo así la base para una economía socialista planificada internacional.
¿"Convertir a Praga en Seattle"? ¡Si no hubiera sido por la contrarrevolución que destruyó Europa Oriental y la antigua Unión Soviética hace una década, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional no se estarían reuniendo en Praga! La "revolución de terciopelo" desmembró a Checoslovaquia y ahora el pueblo trabajador, las mujeres y las minorías nacionales y étnicas sufren la cruda explotación, el empobrecimiento y las depredaciones del mercado capitalista. En cuanto a las ilusiones de "libertad", hoy las fuerzas policiacas especialmente entrenadas por el FBI estadounidense y apoyadas por la OTAN amenazan las manifestaciones obreras e izquierdistas con un reforzamiento brutal de la "ley y el orden" de los banqueros imperialistas.
A pesar de toda la palabrería sobre la preocupación por las masas trabajadoras, el llamado oficial para un "día global de acción" en Praga no dice nada sobre el tratamiento de choque capitalista que llevó a una precipitación en la expectativa de vida y devolvió la hambruna a Rusia, echó hacia atrás el derecho de las mujeres al aborto a lo largo de Europa Oriental y dio pie a la emergencia de una plaga parda de terror fascista dirigida especialmente contra inmigrantes y romaníes (gitanos). La guerra de los Balcanes del año pasado hundió a Serbia en una devastación peor que la de los nazis de Hitler. El resultante desastre económico, social y ecológico tampoco mereció mención en el manifiesto oficial para Praga. ¿Por qué sucede esto? Porque los supuestos izquierdistas que organizaron la protesta "antiglobalización" de este año son principalmente la mismísima gente que apoyó la guerra imperialista contra Serbia a nombre de la preocupación "humanitaria" por los albaneses kosovares. Son también los mismos "izquierdistas" que se unieron a sus propios gobernantes capitalistas para luchar por la destrucción de la Unión Soviética y los estados obreros deformados de Europa Oriental y quienes apoyaron la elección de la sangrienta camarilla de falsos "socialistas", "ex comunistas" y dirigentes "laboristas" que actualmente gobiernan la Europa capitalista.
Nosotros, camaradas de la Liga Comunista Internacional (LCI), estamos orgullosos de luchar por el auténtico comunismo de los bolcheviques de Lenin y Trotsky. Nuestra perspectiva es proletaria, revolucionaria e internacionalista. Reconocemos que el conflicto fundamental en la sociedad es la lucha del trabajo contra el capital. Debido a su papel central en la producción, el proletariado tiene el poder social para tirar a los explotadores capitalistas y a todo su sistema de explotación de clase, la opresión racial, sexual y nacional y la guerra imperialista. El proletariado tiene el poder y el interés de clase para crear una sociedad —inicialmente un estado obrero— sobre la base de la propiedad colectiva y una economía racional e internacionalmente planificada, llevando a una sociedad comunista sin clases y a la extinción del estado. Alcanzar esta meta requiere de la construcción de un partido leninista-trotskista igualitario internacional. Luchamos por convertirnos en el partido capaz de dirigir revoluciones socialistas internacionales.
Sostener las conquistas proletarias ya arrebatadas a la clase capitalista es parte integral de nuestra lucha. Es por eso que nosotros los trotskistas luchábamos por la defensa militar incondicional de la Unión Soviética y de los estados obreros deformados de Europa Oriental contra el ataque imperialista y la restauración capitalista. Con todos los recursos a nuestro alcance, luchamos en 1989-90 en la RDA [Alemania Oriental] por dirigir una revolución política obrera, manteniendo las formas de propiedad colectiva y reemplazando a los falsos dirigentes estalinistas por un gobierno de consejos obreros. Esto pudo haber sido la guía para la resistencia contra la restauración capitalista a lo largo de Europa Oriental y para la revolución socialista proletaria en occidente. La LCI luchó de nuevo por despertar a los obreros soviéticos para preservar y extender las conquistas de la Revolución Rusa de 1917, que había sido asquerosamente traicionada por décadas de falsa dirección estalinista, pero que no fue derrocada hasta 1991-92. Hoy, el destino del estado obrero deformado chino y la vida de miles de millones de trabajadores en China, a lo largo de Asia y alrededor del mundo, penden en la balanza. Luchamos por la defensa militar incondicional del estado obrero chino contra las renovadas maquinaciones militares e intromisiones económicas imperialistas. Las conquistas de la Revolución China de 1949 están amenazadas por las "reformas" económicas de mercado de los estalinistas chinos, pero estos ataques también han engendrado una revuelta proletaria significativa. Es necesario un partido trotskista para dirigir al proletariado a la victoria mediante una revolución política obrera para preservar y extender las conquistas de la Revolución China de 1949.
Las devastadoras consecuencias mundiales de la contrarrevolución capitalista también destruyeron las teorías antimarxistas del "capitalismo de estado", adoptadas por la Tendencia Socialista Internacional del fallecido Tony Cliff y los estrafalarios y siempre cambiantes "ideólogos" de la Liga por una Internacional Comunista Revolucionaria (LICR, o sea Workers Power) y otros renegados del marxismo (ver "La bancarrota de las teorías sobre ‘una nueva clase’", Spartacist [edición en español] núm. 30, primavera de 2000). Según los cliffistas, la contrarrevolución en la antigua URSS fue simplemente un "paso a un lado" de una forma de capitalismo a otra. Su antisovietismo rabioso de la Guerra Fría se expresó en aquel momento: "El comunismo colapsó.... Es un hecho que debe regocijar a todo socialista." (Socialist Worker, [Gran Bretaña], 31 de agosto de 1991).
Hoy, el proletariado fue arrojado hacia atrás en todo el mundo, y los imperialistas de EE.UU., sin el freno del poderío militar soviético, pueden andar sin miramientos por todo el planeta, utilizando algunas veces a la Organización de las Naciones Unidas como hoja de parra, en volviendo intervenciones militares globales en el manto del "humanitarismo". Los imperialismos rivales, especialmente Alemania y Japón, sin la restricción de la unidad antisoviética de la Guerra Fría, buscan aplacar sus propios apetitos por controlar los mercados mundiales y proyectar concomitantemente su poder militar. Estos intereses nacionales en conflicto llevaron a la ruptura de las pláticas de la OMC en Seattle el año pasado. Estas rivalidades interimperialistas demarcan guerras futuras con armas nucleares, lo cual amenaza con extinguir la vida en el planeta.
Así, la tarea de quitar el poder a los explotadores capitalistas es ahora más urgente que nunca. Sin teoría revolucionaria no puede haber movimiento revolucionario. Hoy, las premisas básicas del marxismo auténtico deben ser motivadas contra la falsa identificación prevaleciente del colapso del estalinismo con el fracaso del comunismo. El dominio estalinista no era comunismo, sino su perversión grotesca. La burocracia estalinista, una casta parasitaria empotrada sobre el estado obrero como la burocracia asentada sobre un sindicato, surgió en el estado obrero degenerado soviético bajo condiciones de atraso económico y aislamiento debido al fracaso por extender la revolución a cualquiera de los países capitalistas avanzados. Los estalinistas dijeron que construían el "socialismo en un solo país", algo imposible, como explicó León Trotsky (y Marx y Engels antes que él), ya que el socialismo es necesariamente de extensión internacional. El "socialismo en un solo país" fue una justificación para vender revoluciones internacionalmente para aplacar al imperialismo mundial. Como lo explicó de manera brillante Trotsky en La revolución traicionada (1936), las contradicciones de la sociedad soviética no podían durar por siempre: "¿Devorará el burócrata al estado obrero, o la clase obrera lo limpiará de burócratas?" Esa contradicción se resolvió amargamente por la negativa.
Marxismo contra anarquismo y "globalización"
La gente que se llama a sí misma "anarquista" reúne una gama que va desde los golpeadores pequeñoburgueses derechistas que odian a la clase obrera y atacan a los comunistas, hasta revolucionarios subjetivos que se solidarizan con el proletariado y buscan genuinamente derrocar a la burguesía. En el último caso, el atractivo del anarquismo es un rechazo saludable al reformismo parlamentario de los socialdemócratas, los ex estalinistas y los falsos izquierdistas que promueven y mantienen el orden capitalista. De hecho, por oponerse a los falsificadores reformistas del marxismo, el mismo Lenin fue denunciado como anarquista. Cuando el líder bolchevique llegó a Rusia en abril de 1917 y llamó por una revolución obrera para derrocar al gobierno provisional capitalista, los mencheviques denunciaron a Lenin como "un candidato... ¡al trono de Bakunin!" (Sujánov, The Russian Revolution, 1917: A personal record [La Revolución Rusa, 1917: Un registro personal, 1984]). (Bakunin era el líder anarquista de la I Internacional). Como lo puso Lenin en El estado y la revolución: "Los oportunistas de la socialdemocracia actual tomaron las formas políticas burguesas del estado democrático parlamentario como límite del que no podía pasarse y se rompieron la frente de tanto prosternarse ante este ‘modelo’, considerando como anarquismo toda aspiración a romper estas formas."
No es sorprendente que haya algún resurgimiento de las creencias anarquistas, fertilizadas por el triunfalismo burgués multilateral de que "el comunismo ha muerto". La Revolución Rusa redefinió a la izquierda internacionalmente y su desmantelamiento final tiene un efecto similar a la inversa. Cuando el nuevo estado obrero era en los hechos un faro para la liberación, en el clímax de los levantamientos revolucionarios internacionales fomentados por la Revolución Rusa, los mejores de los militantes anarquistas y sindicalistas (por ejemplo James P. Cannon, Víctor Serge y Alfred Rosmer) se convirtieron en luchadores dedicados y disciplinados por el comunismo de Lenin y Trotsky. Antes de su ruptura final con el marxismo, Serge el anarquista increpó a los socialdemócratas, que llevaron a los obreros a la carnicería imperialista de la Primera Guerra Mundial y viajó a la Rusia soviética a apoyar al nuevo estado obrero. En el curso de la lucha contra los revanchistas contrarrevolucionarios (a quienes algunos anarquistas apoyaron de manera criminal), Serge se unió al Partido Bolchevique y escribió a sus amigos anarquistas franceses para motivar al comunismo contra el anarquismo:
"¿Qué es el Partido Comunista en épocas de revolución? Es la élite revolucionaria, poderosamente organizada, disciplinada, obedeciendo a una dirección congruente, avanzando hacia una sola meta claramente definida por los caminos trazados para ésta, mediante una doctrina científica. Siendo una fuerza tal, el partido es el producto de la necesidad; es decir, son las leyes de la historia misma. Esa élite revolucionaria que en época de violencia permanece desorganizada, indisciplinada, sin una dirección congruente y abierta a impulsos variables o contradictorios, se dirige al suicidio. No es posible ningún punto de vista contrario a esta conclusión."
—La vie ouvrière, 21 de marzo de 1922; reimpreso en The Serge-Trotsky Papers [Los archivos de Serge-Trotsky], Cotterill, ed. (1994)
La difusa popularidad del "anarquismo" entre la juventud actual es por sí misma un reflejo del retroceso en la conciencia política en el nuevo periodo político que comenzó con la derrota colosal que fue la contrarrevolución capitalista en la URSS y en Europa Oriental. En el fondo, el anarquismo es una forma de idealismo democrático radical que apela a la supuesta bondad innata, incluso de los imperialistas más rapaces, para servir a la humanidad. La Liga de los Justos (que cambió de nombre a Liga de los Comunistas alrededor del ingreso de Karl Marx en 1847) tenía como consigna principal "Todos los hombres son hermanos". Observando que había algunos hombres de los que no era ni quería ser hermano, Marx convenció a sus camaradas de cambiar la consigna a "¡Proletarios de todos los países, uníos!"
Históricamente, el anarquismo ha probado ser un obstáculo colaboracionista de clase para la liberación de los oprimidos. Uniéndose a los Ejércitos Blancos contrarrevolucionarios, algunos anarquistas saludaron el levantamiento de Kronstadt contra la Revolución Rusa, y Kronstadt sigue siendo una piedra de toque anticomunista para los anarquistas de hoy. Durante la Guerra Civil española, los anarquistas se convirtieron en ministros del gobierno del frente popular que desarmó y reprimió la lucha armada de los obreros contra el capitalismo, abriendo el camino a las décadas de dictadura franquista.
Hoy, las diferencias fundamentales entre el marxismo revolucionario y el idealismo liberal anarquista también se pueden ver en las protestas contra la "globalización". La noción de que las grandes corporaciones capitalistas trascienden actualmente el sistema de estado-nación y dominan el mundo a través de instituciones como el FMI y la OMC es falsa hasta la médula. La "globalización" es una versión actual de la idea del "ultraimperialismo" propuesta por el socialdemócrata alemán Karl Kautsky, quien arguyó que los capitalistas de diferentes países pueden resolver sus conflictos de intereses con medios pacíficos (incluso democráticos). Como señalamos en nuestro folleto Imperialism, the "Global Economy" and Labor Reformism [El imperialismo, la "economía global" y el reformismo obrero]: "Las firmas llamadas multinacionales o trasnacionales no operan por encima ni independientemente del sistema de estado-nación; más bien, dependen vitalmente de sus estados burgueses nacionales para proteger sus inversiones más allá de sus fronteras de la oposición popular y de los estados capitalistas rivales. De allí que los estados imperialistas deben mantener poderosas fuerzas militares y la correspondiente base industrial doméstica."
Muchas organizaciones que apoyan la movilización de Praga piden un "control democrático" del FMI o del Banco Mundial para mejorar las condiciones de la gente del "Sur Global" (Asia, África y América Latina). El PDS alemán (Partido del Socialismo Democrático) argumenta que el trabajo del FMI y del Banco Mundial debe hacerse más transparente y está por una Organización de las Naciones Unidas genuinamente internacional. Hemos llamado "imperialismo de los derechos humanos" a estas apelaciones a la acción, en nombre de los obreros y de los oprimidos, a los opresores y amos directos imperialistas. No sólo son absurdas, sino que estas apelaciones a que el imperialismo se vuelva de alguna manera más responsable y humanitario, son reaccionarias porque crean ilusiones mortales en que la dictadura de la burguesía en sus adornos "democráticos" pueden de alguna manera ser el agente del cambio social a favor de los obreros y de los oprimidos. Esta mentira ata a los explotados a sus explotadores y traza un callejón sin salida para la lucha social.
La idea de que una Organización de las Naciones Unidas "global" puede actuar a favor de los intereses de la humanidad es una mentira que enmascara los mecanismos económicos del imperialismo capitalista. El imperialismo no es una política basada en "malas ideas", sino que es integral para el funcionamiento del sistema basado en la propiedad privada, la extracción de ganancias y la necesidad del capitalismo de conquistar nuevos mercados. Como explicó Lenin respecto a la antecesora de la ONU, la Liga de las Naciones: "Resultó que la Liga de las Naciones no existe, que la alianza de las potencias capitalistas es puro engaño y que, en realidad, es una alianza de asaltantes, cada uno de los cuales trata de arrebatar algo al otro.... La propiedad privada es un robo, y un Estado basado en la propiedad privada es un Estado de asaltantes que hacen la guerra para el reparto del botín." (Discurso en la conferencia de presidentes de comités ejecutivos de distritos, subdistritos rurales y aldeas de la provincia de Moscú", 15 de octubre de 1920).
La primera intervención de la ONU (1950-53) fue una "acción policiaca" contra los estados obreros deformados norcoreano y chino, masacrando a hasta cuatro millones de corea nos. Una década después, la intervención militar asesina en el antiguo Congo Belga fue dirigida bajo los auspicios de la ONU e incluyó el asesinato del nacionalista de izquierda Patrice Lumumba. En el extremo izquierdo del espectro anarquista aparece un artículo en la "página de internet A-Infos" anarquista, que sobresale entre los constructores de la manifestación de Praga por su aguda oposición a rogarle al enemigo de clase que actúe con moralidad y "cancele la deuda del Tercer Mundo". Llaman a aplastar al FMI y al Banco Mundial, y proponen: "Las demandas directas se colocarán no sobre los apaciguadores y compañía, sino sobre las organizaciones obreras y sus direcciones reformistas para desechar al FMI-Banco Mundial y para cancelar la deuda trillonaria ¡YA!" Pero el mundo no se cambiará mediante consignas lanzadas en una gran manifestación o incluso en una gran huelga, y las direcciones reformistas a las que llaman apoyan al imperialismo capitalista. ¿Cómo llegamos entonces del capitalismo al socialismo? Esa es la pregunta para la cual el anarquismo no tiene respuesta.
La teoría marxista y el modelo de los bolcheviques de Lenin dirigiendo a la clase obrera al poder estatal en la Revolución Rusa de octubre de 1917 es la única solución revolucionaria. Los obreros no pueden tomar la maquinaria del estado capitalista y "reformarla" en el interés de los oprimidos. Deben luchar por el poder, aplastando al estado capitalista y creando un estado obrero –una dictadura del proletariado— que aplastará la resistencia contrarrevolucionaria de los antiguos gobernantes capitalistas. Los bolcheviques de Lenin cancelaron la deuda acumulada por el zar y la burguesía rusa al tomar el poder y negarse a pagarla. Esto fue parte de la perspectiva revolucionaria internacionalista de los bolcheviques; contra el apaciguamiento del imperialismo, lucharon por extender el Octubre ruso a una revolución socialista mundial. Entendieron que no podía construirse el socialismo en un solo país.
Contra los aspectos reaccionarios predicados por los anarquistas tradicionales como Prudhon y de los que hoy hacen eco los "verdes" pequeñoburgueses, de que los trabajadores no deben aspirar al bienestar, sino que deben vivir en una existencia espartana comunal, nosotros los marxistas luchamos por la eliminación de la escasez, por una sociedad donde los trabajadores disfruten los frutos de su trabajo que hoy expropian los capitalistas. Decirle a los trabajadores que "aprieten el cinturón" es, de hecho, el programa del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, mediante las políticas hambreadoras de "austeridad" impuestas a las masas del "Tercer Mundo". En nombre de "defender al medio ambiente", los partidos verdes que están ahora en las coaliciones gobernantes en Alemania y en Francia son aún más agresivos que los socialdemócratas imponiendo la "austeridad" capitalista. Frente a las recientes protestas masivas contra los precios extorsionados del combustible, los verdes franceses se opusieron a la concesión del primer ministro socialista de reducir el impuesto al combustible en un 15 por ciento.
En contraste con el impulso anarquista/verde de detener el avance técnico y reducir el nivel de consumo, nosotros los marxistas tomamos el lado de Big Bill Haywood, un dirigente de los IWW (Obreros Industriales del Mundo, conocidos como los "Wobblies"). Cuando un camarada le reprochó que fumara un buen puro, respondió: "¡Nada es demasiado bueno para el proletariado!" Los marxistas reconocemos que la historia del progreso humano ha sido una lucha por dominar a las fuerzas de la naturaleza. El desarrollo de la agricultura y la domesticación de animales fue una incursión exitosa dentro de la "ecología natural" del planeta, que creó un excedente social, abriendo un camino hacia delante partiendo de la breve y brutal lucha por la subsistencia diaria en la sociedad humana temprana. Para extender a las masas empobrecidas del "Tercer Mundo" todas las cosas de las que gozan los izquierdistas pequeñoburgueses occidentales —electricidad, escuelas, agua limpia potable, medicinas, transporte público, computadoras— se requiere un gigantesco avance en la capacidad industrial y técnica. Ese avance requiere de una revolución internacional victoriosa dirigida por una vanguardia revolucionaria consciente, para hacer consciente a la clase obrera de su misión y para arrebatarla del grillete de los reformistas y seudorrevolucionarios, lacayos del capitalismo.
Es precisamente el servicio leal de los "verdes" nacionalistas burgueses a la clase dominante lo que los lleva a ignorar los más grandes desastres ecológicos del planeta. Así, Joschka Fisher, el ministro verde de asuntos exteriores del IV Reich, apoyó el bombardeo a Serbia de manera vociferante. Los Balcanes están ahora asolados por las cápsulas de uranio residuales y el agua envenenada, y la destrucción de la infraestructura industrial y social moderna significa que la verdadera cuenta de muertos de la guerra de los Balcanes será engrosada por muchos años. Con "verdes" como estos, ¿quién necesita al Doctor Insólito, a I.G. Farben o a la Dow Chemical Company?
De la misma manera, la Guerra del Golfo contra Irak en 1991 destruyó una de las sociedades más avanzadas en la región. Hace diez años, la tasa de mortandad infantil en Irak estaba entre las más bajas del mundo y hoy es la mayor; una sociedad cuya avasalladora mayoría sabía leer y escribir y tenía acceso al servicio médico, ahora muere literalmente de hambre, gracias al bloqueo continuo de la Organización de las Naciones Unidas. Los llamados "izquierdistas" que se opusieron a la guerra devastadora contra Irak contrapusieron las sanciones de la ONU como una alternativa "humanitaria". La LCI se opuso a las sanciones como un acto de guerra que ha matado a más gente que las bombas. El apoyo de la falsa izquierda a los sangrientos crímenes del "imperialismo de los derechos humanos" es la única explicación del estruendoso silencio sobre estas cuestiones en cualquier propaganda oficial para las protestas "anti-globalización" en Seattle, Washington D.C. y Praga. La LCR francesa llamó abiertamente por una intervención militar imperialista en Kosovo bajo el control de la OCSE [Organización para la Cooperación y la Seguridad Europea] o de la ONU (Rouge, 1º de abril de 1999). La LICR (Workers Power) hizo campaña abiertamente por la derrota de las fuerzas serbias ante el ELK, herramienta del imperialismo de la OTAN; compartió una plataforma en Londres con entusiastas del bombardeo de la OTAN y celebró el retiro de las fuerzas serbias, proclamando estúpidamente que "en la secuela de la victoria de la OTAN en Kosovo una situación prerrevolucionaria está madurando" ("La lucha por derrotar a Milosevic en Serbia", 11 de agosto de 1999, declaración de la LICR).
En contraste, la LCI luchó en todas partes por la defensa militar de Serbia contra el imperialismo de EE.UU./ONU/OTAN, sin dar ni un miligramo de apoyo político al chovinista serbio Milosevic, de la misma forma en la que anteriormente luchamos por movilizar al proletariado en la Guerra del Golfo por la derrota del imperialismo y tomamos abiertamente la defensa de Irak (ver la declaración de la LCI sobre la guerra en los Balcanes, abril de 1999 en Spartacist [núm. 30]). Los internacionalistas revolucionarios luchan por la derrota de "su propia" burguesía y por la defensa de las víctimas de la guerra imperialista. La orgía de socialchovinismo de los supuestos izquierdistas es un reflejo directo de su apoyo a los gobiernos europeos que impulsaron la Guerra de los Balcanes. Hace dos años, el SWP británico [el cliffista Socialist Workers Party] hizo una campaña a favor de y se declaró a sí mismo "por encima de la luna" por la elección de Tony Blair, quien era el más grande halcón de la OTAN en Europa. Mientras que posaban a la izquierda en la guerra en los Balcanes contra la cobarde multitud del "pobrecito Kosovo", el SWP mostró su juego en su repugnante apoyo al "Nuevo" Laborismo de Tony Benn, cuya oposición a la guerra estuvo empapada del antiamericanismo chovinista de la "Pequeña Inglaterra". ¡Argüir que los cerdos imperialistas de Europa deben dirigir directamente la guerra en lugar de los estadounidenses difícilmente es un movimiento contra la guerra!
Al extremo derecho de este espectro nacionalista están los fascistas. El año pasado, los nazis alemanes marcharon contra la guerra en los Balcanes con consignas como "¡Ni una gota de sangre alemana por los intereses extranjeros!" El antiamericanismo nacionalista con el que el movimiento europeo contra la "globalización" se empapa profundamente, se transforma en fascismo abierto. Las organizaciones fascistas checas planean montar una provocación para su programa genocida en Praga el 23 de septiembre.
En el crisol de la primera guerra de importancia en Europa en cincuenta años, los falsos "trotskistas" demostraron ser productos en descomposición de la "muerte del comunismo". Hoy compiten por la posición para arrebatar el control del "movimiento antiglobalización". Sólo un tonto puede confiar en que los grupos que ayudaron a llevar a los actuales gobiernos capitalistas europeos al poder puedan ahora luchar contra estos gobiernos, sus bancos e instituciones en el interés de los oprimidos. Lejos de ser una alternativa marxista al anarquismo, los seudotrotskistas son oponentes activos del marxismo revolucionario encarnado en el programa y la prácticas de la LCI.
Las bases materiales del oportunismo y el chovinismo nacional
La ideología burguesa —por ejemplo el nacionalismo, el patriotismo, el racismo y la religión— penetra dentro de la clase obrera centralmente a través de la agencia de los "lugartenientes del capital dentro del movimiento obrero", las burocracias sindicales parasitarias basadas en un estrato superior privilegiado de la clase obrera. Si no son reemplazados por una dirección revolucionaria, estos reformistas dejarán a la clase obrera indefensa frente a los ataques capitalistas y permitirán que se destruya a las organizaciones del proletariado, o las dejarán impotentes al atar crecientemente a los sindicatos al estado capitalista. En su trabajo de 1916, El imperialismo, fase superior del capitalismo, Lenin explicó:
"La obtención de elevadas ganancias monopolistas por los capitalistas de una de las numerosas ramas de la industria, de uno de los numerosos países, etc., da a los mismos la posibilidad económica de sobornar a ciertos sectores obreros, y, temporalmente, a una minoría bastante considerable de los mismos, atrayéndolos al lado de la burguesía de una determinada rama industrial o de una determinada nación contra todas las demás. El antagonismo cada día más intenso de las naciones imperialistas, provocado por el reparto del mundo, refuerza esta tendencia. Es así como se crea el lazo entre el imperialismo y el oportunismo... Lo más peligroso en este sentido son las gentes [como el menchevique Mártov] que no desean comprender que la lucha contra el imperialismo, si no se haya ligada indisolublemente a la lucha contra el oportunismo, es una frase vacía y falsa."
El chovinismo nacional y la cobarde capitulación de los organizadores de un movimiento contra la "globalización" son abundantemente evidentes. Así, los organizadores sindicales de la protesta de Seattle contra la OMC se unieron a las fuerzas anticomunistas de extrema derecha, denunciando el "trabajo esclavizado" en los estados obreros deformados chino y vietnamita. Se arrojó acero chino a la bahía y los letreros proclamaban "Primero la gente, no China". Ilustrando por qué Trotsky describió a la burocracia obrera norteamericana como la herramienta ideal de Wall Street para el dominio imperialista de América Latina, las cúpulas sindicales norteamericanas hicieron una campaña para vetar a los camioneros mexicanos de trabajar en EE.UU. No por nada, en América Latina la AFL-CIO es popularmente conocida como la "AFL-CIA". ¡Increíblemente, la Rifondazzione Comunista italiana y los seudotrotskistas del agrupamiento Proposta sostienen a la "dirección" de la AFL-CIA como un modelo a imitar para los trabajadores europeos (véase Proposta núm. 27, enero de 2000)!
Antes de Praga, el SWP británico trabajó poderosamente en la promoción de una manifestación sindical laborista en defensa de salvar los empleos británicos de la fábrica automotriz Rover. Esta manifestación fue un mar de banderas inglesas y de virulento chovinismo antialemán que pone a los obreros británicos contra los alemanes y ata a los primeros a la clase dominante británica. Consignas como "La Gran Bretaña ganó dos guerras mundiales—ganemos la tercera" dan una probada del veneno. Después de lo sucedido en Rover, el SWP se enterró en una campaña a favor de Ken Livingstone a la alcaldía de Londres; un político laborista que fue un vociferante exponente del terror imperialista contra Serbia y desató a la fuerza policiaca en casa. Cuando los manifestantes anarquistas profanaron irreverentemente los símbolos del imperialismo británico en una protesta del Día del Trabajo en Londres, el SWP se alejó por temor de avergonzar a su candidato a la alcaldía de Londres, el "Rojo" Ken Livingstone. Livingstone endosó la represión policiaca a los manifestantes del Día del Trabajo, muchos de los cuales continúan languideciendo en prisión o enfrentan cargos.
En Francia, José Bové dirige masas en protesta contra McDonald’s y las incursiones de la comida rápida norteamericana dentro del pala dar francés. Nuestro interés es organizar a las fuerzas laborales terriblemente mal pagadas en estas cadenas de comida rápida, sin importar cuál sea su propiedad nacional o su "cuisine". Además, si las preferencias culturales o culinarias son sinónimo de "imperialismo"; entonces, para las pocas luces de Bové, mejor preocupémonos por los italianos, porque la gente adora la pizza y ahora se vende en todas partes desde las Islas Aleutianas hasta el Amazonas. ¡¿O fue "imperialismo" cuando una máquina particular alemana, o sea, la imprenta, conquistó el mundo e hizo posible la alfabetización masiva?!
Hablando más en serio, el chovinismo nacional y el oportunismo de las cúpulas obreras de la falsa izquierda envenenan la conciencia de clase y la solidaridad entre los obreros al fomentar las divisiones religiosas, nacionales y étnicas. En años recientes, esto ha alcanzado un grado febril en el frenesí antiinmigrante. Esto amenaza la unidad y la integridad del proletariado como clase para resistir los ataques de los capitalistas y su estado. Como se señaló en la declaración de principios de la LCI (Spartacist [edición en español] núm. 29, otoño-invierno de 1998):
"El capitalismo moderno, es decir, el imperialismo, que alcanza todas las regiones del planeta, en el curso de la lucha de clases y conforme la necesidad económica lo exige, introduce al proletariado por sus estratos más bajos nuevas fuentes de mano de obra más barata, principalmente inmigrantes de otras regiones del mundo, más pobres y menos desarrolladas; trabajadores con pocos derechos que son considerados más desechables en tiempos de contracción económica. Así, el capitalismo, en forma continua crea estratos diferentes entre los obreros; mientras, simultáneamente, amalgama obreros de muchas tierras diferentes."
En el acuerdo Schengen, las potencias europeas cerraron sus fronteras a los inmigrantes, muchos de los cuales huyeron de la destrucción contrarrevolucionaria de Europa Oriental. Las políticas racistas antiinmigrantes de los socialdemócratas actualmente en el gobierno hacen eco a la demagogia de los nazis de "el barco está lleno" y ciertamente alimentan el terror fascista. Mientras tanto, los gobiernos socialdemócratas de frente popular a lo largo de Europa (gobiernos de coalición que involucran a partidos obreros reformistas y a partidos burgueses) arrullan peligrosamente a los obreros con ilusiones parlamentarias de que los socialdemócratas, cuyas propias políticas han pavimentado el camino a los fascistas, "prohibirán" a los fascistas. Tales prohibiciones han servido históricamente sólo para retocar la imagen de la misma burguesía que recurre al fascismo cuando ve amenazado su dominio. Históricamente, tales prohibiciones contra los "extremistas" se han utilizado contra la izquierda, no contra la derecha. En Alemania, en el periodo inmediato de la posguerra, en 1952, se prohibió un pequeño partido neonazi para retocar cosméticamente las credenciales "democráticas" de los herederos del III Reich, quienes reconstruyeron a la Alemania capitalista bajo los auspicios del imperialismo estadounidense. El verdadero propósito fue "justificar" una prohibición constitucional contra el Partido Comunista Alemán en 1956. Exigimos: ¡Plenos derechos de ciudadanía para todos los inmigrantes! ¡Ninguna con fianza en el estado burgués! ¡Por movilizaciones obreras y de minorías para detener a los fascistas!
El partido es el instrumento de la revolución socialista
El partido leninista es el instrumento para llevar la conciencia revolucionaria al proletariado, para organizar las luchas proletarias y guiarlas a la consolidación victoriosa en una revolución socialista. Un partido revolucionario debe luchar contra todos los casos de injusticia social y contra todas las manifestaciones de opresión. Es central a nuestra tarea el combatir todos los casos de opresión a las mujeres y "toda la antigua basura" que ha regresado con el oscurantismo religioso, los ataques contra los derechos al aborto y el fanatismo antigay. Soldar la audacia de la juventud al poder social del proletariado es crucial a la lucha por una nueva sociedad socialista.
Nuestro objetivo es una dirección revolucionaria cuyos cuadros deben probarse y entrenarse en la lucha de clases. El camino hacia delante es que las ahora pequeñas fuerzas adheridas al programa de Lenin y Trotsky forjen partidos con la experiencia, la voluntad revolucionaria y la autoridad entre las masas para dirigir revoluciones proletarias exitosas. Nada menos que una IV Internacional trotskista reforjada será suficiente para la tarea de dirigir a los obreros y a los oprimidos a la victoria del socialismo mundial. No tenemos ilusiones en que éste será un camino fácil y reconocemos que la posesión de la tecnología para un holocausto nuclear por una clase dominante irracional y genocida acorta las posibilidades: no queda mucho tiempo.
Nos guiamos por el programa y las prácticas del comunismo auténtico. Como escribió Trotsky en "La agonía del capitalismo y las tareas de la IV Internacional" (1938):
"Mirar la realidad de frente, no ceder a la línea de menor resistencia; llamar al pan pan y al vino vino; decir la verdad a las masas, por amarga que sea; no tener miedo de los obstáculos; ser exacto tanto en las cosas pequeñas como en las grandes; basar el programa propio en la lógica de la lucha de clases; ser audaz cuando llega la hora de la acción: tales son las reglas de la IV Internacional."
¡Únete a la Liga Comunista Internacional!
http://www.icl-fi.org/espanol/oldsite/PRAGUE.HTM
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2016.05.21 16:21 ShaunaDorothy Declaración de la Liga Comunista Internacional - ¡Derrotar al imperialismo mediante la revolución obrera—Defender a Serbia! (abril de 1999) (2 - 2)

https://archive.is/rbNL0
Ya en el número de abril-mayo de su Socialist News, el SLP no dice nada sobre derrotar al imperialismo, deja entrever un llamado a las tropas terrestres (“Ni Clinton ni Blair tienen ninguna intención de poner a sus soldados en Kosovo del lado del Ejército de Liberación de Kosovo”) ¡y llama al “secretario general de la ONU, Kofi Annan, al primer ministro Ruso, Yevgeni Primacov y al Papa a idear una forma de negociaciones de paz que detengan el bombardeo”! ¡Hablan de una alianza impía —el Papa, quien fue un operativo clave para la contrarrevolución de Solidarnosc en Polonia; el jefe de la ONU, quien invadió Haití y Somalia y hambrea a Irak y el Primer Ministro de la Rusia “postsoviética” capitalista— que el SLP busca que nos traiga la paz! La oposición de Scargill a la Solidarnosc financiada por el vaticano, fue empleada por el gobierno de Tatcher como una punta de lanza rompe sindicatos contra Scargill y los mineros británicos, antes y durante su huelga de 1984-85.
Los miembros del SLP que se quieran oponer al imperialismo británico deben entender que la tradición política del “viejo laborismo” a la que el SLP desea vívidamente volver es todo menos antiimperialista. La “izquierda” nacionalista de la “pequeña Inglaterra” del Partido Laborista previo a Blair estuvo del lado de su propio imperialismo de la India a Irlanda, hasta la “prueba de virginidad” a las mujeres asiáticas que buscaban ser admitidas en la Gran Bretaña. La línea del laborismo es el así llamado camino parlamentario al socialismo —como si la clase dominante entregara el poder estatal al proletariado después de una elección democrática—; mientras tanto, buscan participar en la administración “humana” del sistema capitalista. No se puede luchar contra la guerra imperialista sin una lucha revolucionaria contra el sistema capitalista que transpira guerra.
La clase obrera debe luchar contra la opresión nacional y racial
Bajo Lenin y Trotsky, los bolcheviques dirigieron a la masa trabajadora rusa a aplastar exitosamente al estado capitalista en octubre de 1917. Los bolcheviques sacaron a la Rusia revolucionaria de la masacre imperialista, y fundaron la Internacional Comunista con el propósito de extender la revolución mundialmente.
Pero, contrario a lo que pasó en Rusia, la aguda oportunidad revolucionaria presentada por la Primera Guerra Mundial no llevó al proletariado a derrocar a la burguesía en Europa Occidental. La principal responsabilidad de ello yace en la socialdemocracia. Estos sabuesos de la contrarrevolución sirvieron bien a sus amos burgueses, masacrando revolucionarios como los comunistas alemanes Karl Liebknecht y Rosa Luxemburg. La presión del cerco imperialista sobre el económicamente atrasado estado soviético; la devastación de la clase obrera rusa en la guerra civil, que aplastó a las fuerzas contrarrevolucionarias rusas e imperialistas y el fracaso de la extensión de la revolución proletaria, montaron el escenario para la contrarrevolución política en 1924 (el termidor) en el que el poder político fue usurpado por una casta parasitaria nacionalista encabezada por Stalin y sus herederos. Su falso dogma de “construir el socialismo en un solo país” significó en la práctica una acomodación al imperialismo. El programa estalinista de colaboración de clase ha llevado a la derrota de revoluciones obreras incipientes desde China en 1925-27 hasta España en 1936-39, hasta Italia en 1943-45 y Francia en mayo de 1968. Habiendo destruido la conciencia revolucionaria internacionalista del proletariado soviético, la burocracia estalinista devoró finalmente al estado obrero, introduciendo la contrarrevolución capitalista en 1991-92.
El presidente imperialista de EE.UU., Jimmy Carter, realizó la Segunda Guerra Fría bajo la rúbrica de los “derechos humanos”. Hoy, el imperialismo de los “derechos humanos” es el lema de los imperialistas y sus seguidores para justificar sus metas de guerra. Durante la Primera Guerra Mundial, la Gran Bretaña y Francia justificaron su guerra contra Alemania en el nombre de la liberación de Bélgica, mientras que Alemania clamaba luchar por la liberación de Polonia de Rusia. Lenin ridiculizó salvajemente esta farsa burguesa. Mientras que apoyaba fuertemente el derecho de Polonia a la autodeterminación, discutía que levantar esta consigna en el contexto de una guerra imperialista sólo podría significar “caer...en un bajo servilismo ante una de las monarquías imperialistas” (“Balance de una discusión sobre el derecho de las naciones a la autodeterminación”, julio de 1916).
Hoy que las burguesías aúllan sobre el “pobrecito Kosovo”, perpetúan numerosas instancias de opresión nacional y racial, incluso en Europa Occidental. La burguesía francesa oprime y expulsa a miles de norafricanos y a otros sans papiers de “la belle France”. Alemania ha deportado a kurdos a la represión segura y a la probable muerte en Turquía, mientras que los refugiados bosnios fueron víctimas de las deportaciones masivas realizadas por el IV Reich. Italia hundió un barco de refugiados albaneses en alta mar. Las poblaciones roma y sinti son brutalmente atormentadas a lo largo de la Europa “socialista”.
La represión del pueblo vasco expone lo que significa la “unión europea” capitalista: la coordinación transnacional de terror estatal-policíaco contra los pueblos oprimidos que luchan por su liberación. ¡Exigimos la libertad para los nacionalistas vascos en las prisiones francesas y españolas, y llamamos por el derecho a la autodeterminación de los vascos, tanto al norte como al sur de los Pirineos!
La LCI lucha por la salida inmediata incondicional de las tropas británicas de Irlanda del Norte como parte de la lucha por una república obrera irlandesa dentro de una federación socialista de las Islas Británicas. En esta situación de pueblos interpenetrados, en la que la minoría católica es actualmente oprimida dentro del estado naranjista protestante, reconocemos que no hay solución equitativa a la opresión nacional fuera de la movilización del proletariado a lo largo de las Islas Británicas, por el derrocamiento revolucionario del imperialismo británico, aplastando al estado naranjista en el norte así como al estado clericalista católico del sur.
Mientras gritan sobre Milosevic, los imperialistas callan la opresión —incluyendo transferencias de población masivas forzadas— de kurdos en Turquía. El gobierno de Turquía, el bastión suroriental de la OTAN, ha realizado una guerra de 14 años en contra de la población kurda oprimida, que ha llevado a unos 30 mil a la muerte; ha destruido totalmente a 3,500 pueblos y forzado a más de tres millones de kurdos a huir de sus hogares. Es notable que el líder del pequeñoburgués nacionalista Partido Obrero del Kurdistán (PKK), Abdullah Ocalan fue tomado por la CIA y todos los países europeos le negaron el asilo al tiempo que en Alemania el PKK es ilegal. Nosotros decimos: ¡Libertad para Ocalan! ¡Abajo la persecución de los militantes kurdos! ¡Por una república socialista del Kurdistán Unido!
La faceta doméstica del nacionalismo burgués es el agudo incremento del racismo dirigido contra las comunidades europeas de inmigrantes de piel oscura y de Europa Oriental, que enfrentan las deportaciones masivas y la violencia estatal y fascista. Los inmigrantes que ya no son necesarios como “trabajadores huéspedes” para el trabajo sucio con salarios bajos son expulsados, mientras que la segunda generación, sobre todo los jóvenes, son vistos con menosprecio por los gobernantes: sin trabajo y sin futuro para estos jóvenes, la clase dominante les teme como un detonador a punto de explotar. A lo largo de Europa, los regímenes capitalistas administrados por supuestos “socialistas” desatan a sus policías para atemorizar a los jóvenes de las minorías; mientras que en la Gran Bretaña de Blair la opresión a los negros y a los asiáticos se ha vuelto una vergüenza tan aguda que el gobierno se vio forzado a reconocer el “racismo institucionalizado” en la policía.
La opresión racista está íntimamente ligada al mecanismo de la explotación capitalista. Los regímenes socialdemócratas y los gobiernos de frente popular (coaliciones que atan a los partidos de la clase obrera a la burguesía en el gobierno) han sido puestos en las oficinas de gobierno desde el colapso de la Unión Soviética, con el propósito expreso de destruir al “estado benefactor”. Los gobernantes capitalistas ya no sienten la obligación de mantener un alto nivel de vida para los obreros occidentales que compita con las prestaciones sociales de las economías planificadas de los estados obreros deformados de Europa Oriental que surgieron de la victoria del Ejército Rojo en la Segunda Guerra Mundial. Ya que la burguesía busca incrementar la tasa de explotación, los inmigrantes no son sólo el blanco para la deportación, sino que son usados como chivos expiatorios para el desempleo y el empobrecimiento. El racismo antiinmigrantes es el filo cortante de los ataques contra toda la clase obrera. Los intereses de la clase obrera y de las minorías deben avanzar juntos, o caerán por separado. El movimiento obrero debe luchar por plenos derechos de ciudadanía para todos los inmigrantes y refugiados para defenderlos de la represión derechista.
Junto a la intensificación de las guerras de las burguesías en contra de sus propias masas trabajadoras, la derrota final de la Revolución de Octubre ha intensificado la reacción social, y como siempre, la mujer está entre los primeros blancos. La contrarrevolución capitalista en la antigua Unión Soviética y en la Europa Oriental ha pauperizado a las mujeres, sacándolas de los trabajos y llevándolas de regreso a la tiranía del “Kinder, Kirche, Küche” (“niños, iglesia, cocina”). A lo largo de Europa Occidental y de Norteamérica, el derecho al aborto está bajo un ataque concertado, mientras que en el así llamado “Tercer Mundo” (pero no sólo ahí), las fuerzas religiosas fundamentalistas están en una escalada de terror antimujer, buscando apuntalar cualquier tipo de obstáculo social y familiar para la emancipación de las mujeres.
La falsa izquierda difunde la ilusión de que poner a los socialdemócratas en el poder es una manera de “luchar contra la derecha” y contra los fascistas. Esto es una evidente mentira. Estos gobiernos capitalistas han perseguido sin descanso a los inmigrantes, mientras protegen a las bandas fascistas que esparcen su terror asesino. Apelar al racista estado burgués para que vete a los fascistas es sencillamente suicida e incrementa el arsenal de la represión estatal, que invariablemente se empleará contra la izquierda, no contra la derecha. ¡Luchamos por movilizar el poder social del proletariado organizado a la cabeza de todos los oprimidos para aplastar las provocaciones fascistas!
Los proletarios de piel oscura de Europa Occidental no son sólo víctimas indefensas, sino un componente importante de las fuerzas de la clase obrera, capaz de destruir al racista sistema capitalista. Sin embargo, para movilizar el poder del proletariado integrado se requiere una lucha política contra las direcciones socialdemócratas parlamentarias y sindicales que son las correas de transmisión del veneno racista en la clase obrera, y cuyas políticas procapitalistas han simplemente perpetuado las condiciones de empobrecimiento masivo y disparidad que sirven como terreno de cultivo para el fascismo. Sólo el compromiso activo en las luchas sociales urgentes contra la opresión racial y la represión puede sentar las bases para la unidad del proletariado multiétnico contra la burguesía. Pero los “dirigentes” del movimiento obrero persiguen la política opuesta al organizar, por ejemplo, policías racistas dentro de los sindicatos. ¡Los policías no son trabajadores! Exigimos: ¡Fuera policías de los sindicatos!
Para aplastar de una vez por todas a los fascistas Äpandillas armadas que el capital mantiene en reserva para utilizarlas contra la clase obrera— se requiere la revolución socialista. Pero los falsos izquierdistas, quienes siguen políticamente a los partidos socialdemócratas obrero-burgueses más grandes, son totalmente incapaces de dar un ataque intransigente contra el sistema capitalista. Es instructivo que la plataforma electoral del bloque de LO-LCR en las elecciones para el parlamento europeo ni siquiera menciona la palabra “socialismo”, por no mencionar “revolución”. Para estos tímidos reformistas, el programa máximo es volver a los viejos tiempos del “estado benefactor” Ä¡el programa de la socialdemocracia!—. El que la mayoría de los que alguna vez hablaron a favor de la IV Internacional, fundada por León Trotsky y destruida por el revisionismo, se hayan convertido en voceros de las políticas de la II Internacional, ¡a la que la heroica Rosa Luxemburg describió con exactitud como “un cadáver maloliente” desde tiempos de la Primera Guerra Mundial!, es una medida del retroceso de la conciencia del proletariado a partir de la destrucción de la URSS. En aguda distinción con estos seudotrotskistas, que se conforman abiertamente con el dominio capitalista, luchamos por nuevas revoluciones de Octubre, ¡lo que requiere el reforjamiento de la IV Internacional como un partido mundial de la revolución socialista!
¡Abajo Maastricht! ¡Por una Europa obrera!
Antes un apéndice diplomático a la alianza antisoviética de la OTAN, hoy la Unión Europea es un adjunto inestable para las prioridades económicas, militares y políticas de los capitalistas europeos, dirigido contra los obreros de Europa y los inmigrantes no europeos, así como contra los principales rivales imperialistas de Alemania: los EE.UU. y Japón. Con Alemania como su componente más fuerte, la Unión Europea es también una arena en la que se expresan los intereses fundamentalmente conflictivos de los principales estados burgueses europeos.
Dado que el capitalismo está organizado sobre la base de estados nacionales particulares, siendo él mismo la causa de repetidas guerras imperialistas para redividir al mundo, es imposible cohesionar un estado burgués paneuropeo. La idea de un “superestado” europeo progresista, como la que predican Jospin, Schröder y otros, es una mentira descarada. Como Lenin observó hace mucho, unos Estados Unidos de Europa capitalistas son imposibles o reaccionarios:
“Por supuesto que los acuerdos temporales entre los capitalistas y entre las potencias son posibles. En este sentido también lo son los Estados Unidos de Europa, como acuerdo entre los capitalistas europeos... ¿sobre qué? Sólo la forma de aplastar en común el socialismo en Europa y defender en común las colonias de las que se han apoderado por la violencia, contra Japón y Norteamérica.” (“La consigna de los Estados Unidos de Europa”, agosto de 1915)
En contraste, Workers Power de hecho sostiene que la UE es progresista, o potencialmente progresista, con el argumento de que “hasta cierto punto, los trabajadores europeos estarán mejor armados para luchar a escala continental después de la implementación de los términos de Maastricht” (Workers Power, junio de 1992). Así, WP se convierte en el vocero de la Europa “unida” capitalista. Como Trotsky escribió de los centristas de su tiempo: “Pero es ley que los que temen romper con los social-patriotas se transforman inevitablemente en sus agentes.” (“Lecciones de Octubre”, 4 de noviembre de 1935) En una parodia de cretinismo parlamentario, ¡WP incluso llama por una asamblea constituyente de toda Europa!
Similarmente, LO tiene una posición abstencionista sobre Maastricht. En realidad, estos grupos actúan como demócratas de izquierda, tratando de poner una cara “democrática” a la reacción capitalista. Nosotros estamos con Lenin. La “unidad” de la UE ha estado dirigida contra el proletariado y los oprimidos: lluvia de bombas contra Yugoslavia, vigilancia de fronteras contra inmigrantes “ilegales”, la entrega de Ocalan a las cámaras de tortura en Turquía.
Una declaración para el parlamento europeo emitida por el SLP de Scargill llama por sacar a Gran Bretaña de la Unión Europea. Titulada “Vote por nosotros en la UE para sacarnos de ella”, la declaración presenta a la UE y al Tratado de Maastricht como la causa principal del creciente desempleo y el empeoramiento general de las condiciones económicas. Esto obscurece el hecho de que, con o sin el Tratado de Maastricht, el principal enemigo de los obreros de cada país es su “propia” burguesía. La Gran Bretaña de Thatcher fue la pionera en el desmantelamiento del “estado benefactor”, años antes de que hubiera alguna discusión seria sobre una moneda europea común. Nuestra oposición a la UE se basa en una perspectiva internacionalista proletaria, no en el proteccionismo nacionalista del SLP. Sólo el derrocamiento del capitalismo mediante la revolución obrera y el establecimiento de unos Estados Unidos Socialistas de Europa, como parte de una sociedad socialista mundial, pueden sentar la base para el desarrollo de los recursos productivos que genuinamente beneficiarán a la humanidad.
¡Reforjar la IV Internacional!
Impactada agudamente por el colapso económico asiático, la economía japonesa ha sufrido su mayor crisis en 50 años. El imperialismo japonés, por su parte, ha reaccionado con un intento agresivo de restaurar el militarismo burgués. Cuando los EE.UU. y sus aliados de la OTAN comenzaron su cortina de misiles crucero y bombas contra Serbia, la marina japonesa disparó contra dos buques sospechosos de ser espías norcoreanos. Esta es apenas la segunda vez desde el periodo de la posguerra que la marina dispara sus armas, siendo la otra en 1953 contra la URSS cerca de Hokkaido.
Una declaración del Grupo Espartaquista de Japón (GEJ) señaló:
“Aunque endosa la masacre de EE.UU./OTAN contra los serbios, la clase dominante japonesa está bien consciente de que el papel del imperialismo estadounidense como el principal policía mundial se dirige también contra ella, la principal rival imperialista de los EE.UU. en el pacífico. Desde la destrucción de la Unión Soviética, el tratado de seguridad Japón-EE.UU. se ajusta cada vez menos a los verdaderos intereses de la burguesía japonesa. Teniendo ya el segundo más grande gasto militar en el mundo, el imperialismo japonés empuja las guías militares revisadas para preparar sus propios ejército y marina listos para la batalla.”
Afirmando “Ni un hombre, ni un yen para el ejército imperialista”, el GEJ enfatizó que la lucha contra la guerra imperialista no puede conducirse de manera separada y aparte de la lucha de clases:
“Los trabajadores japoneses deben unirse a los trabajadores desde Indonesia y las Filipinas en la lucha por un Asia socialista, en la defensa militar incondicional de China, Corea del Norte y Vietnam contra el ataque imperialista y por la revolución política proletaria. Lo que se necesita es un partido proletario intransigente para dirigir a la clase obrera al poder estatal.”
La aguda escalada de las rivalidades interimperialistas, reflejada en el crecimiento del militarismo burgués en los EE.UU., Europa y Japón, expresa una ley fundamental del imperialismo. El imperialismo no es una política que pueda hacerse más humana, como los liberales y los reformistas sostienen, sino la “fase superior del capitalismo”, como Lenin la definió: “El imperialismo es el capitalismo en la fase de desarrollo en la cual ha tomado cuerpo la dominación de los monopolios y del capital financiero, ha adquirido una importancia de primer orden la exportación de capital, ha empezado el reparto del mundo por los trusts internacionales y ha terminado el reparto de todo el territorio del mismo entre los países capitalistas más importantes.”
Lenin polemizó tajantemente contra la teoría del “ultraimperialismo” de Kautsky, hoy resucitada como la “globalización”, que sostenía que las grandes potencias capitalistas podían acordar pacíficamente la explotación conjunta del mundo mediante el capital financiero unido a nivel internacional. Lenin afirmó, al contrario, que “bajo el capitalismo no se concibe otro fundamento para el reparto de las esferas de influencia, de los intereses, de las colonias, etc., que la fuerza de los participantes en el reparto, la fuerza económica general, financiera, militar, etc.” El pequeño número de potencias imperialistas están envueltas en una lucha implacable por mejorar su posición relativa de competencia incrementando la tasa de explotación de su clase obrera nacional, saqueando al mundo colonial y semicolonial y tomando mercados a costa de sus rivales. Así, está sentada la base para nuevas guerras para redividir al mundo según las fuerzas relativas cambiantes de los imperialistas. Como Lenin afirmó: “las alianzas ‘interimperialistas’ o ‘ultraimperialistas’ en la realidad capitalista, y no en la vulgar fantasía pequeñoburguesa de los curas ingleses o del ‘marxista’ alemán Kautsky —sea cual fuera su forma: una coalición imperialista contra otra coalición imperialista, o una alianza general de todas las potencias imperialistas— no pueden constituir, inevitablemente, más que ‘treguas’ entre las guerras.” (Lenin, El imperialismo, fase superior del capitalismo)
El punto de vista sostenido por falsos izquierdistas como Workers Power de que un superestado capitalista europeo se puede construir con medios pacíficos es simplemente una variante moderna de la teoría de Kautsky. Otra variante es la perspectiva de que la existencia de armas nucleares restringirá a los capitalistas imperialistas —al menos a los imperialistas “democráticos”Ä de recurrir a una nueva guerra mundial. En una polémica contra el Comité por una Internacional Obrera de Peter Taaffe, señalamos que esto
muestra una conmovedora fe en los imperialistas democráticos, quienes arrojaron por nada bombas atómicas contra sus ya derrotados enemigos al final de la Segunda Guerra Mundial. Los “izquierdistas” de hoy, que esperan racionalidad y restricción de los gobernantes capitalistas, deliberadamente tienen memorias cortas: quienes bombardearon Vietnam tienen poca racionalidad y aún menos escrúpulos.
Existe un elemento de fatuosidad en la suposición de parte de la burguesía estadounidense de que la debilidad y endeudamiento de Rusia le impedirá intervenir militarmente. La Rusia de los zares no era fuerte cuando decidió movilizarse contra Austria (y, por lo tanto, Alemania) en la Primera Guerra Mundial. Ninguno de los combatientes se detuvo ante tan “racional” cálculo; todos esperaban que la guerra terminara en unos cuantos meses. Es así como empiezan las guerras, y, en este aspecto, nuestros oponentes centristas son tan tontos como las burguesías a las que siguen. No estamos enfrentándonos a un sistema social racional, sino al imperialismo. Sólo la revolución socialista mundial puede salvar al mundo de un resultado bárbaro.
Escribiendo en la secuela de la llegada de Hitler al poder, el líder revolucionario ruso y fundador de la IV Internacional, León Trotsky, escribió: “La catastrófica crisis comercial, industrial, agraria y financiera, la ruptura de los lazos económicos internacionales, la decadencia de las fuerzas productivas de la humanidad, la insostenible agudización de las contradicciones entre las clases y entre las naciones señalan el ocaso del capitalismo y confirman la caracterización leninista de que la nuestra es una era de guerras y revoluciones.” El concluyó “La guerra y la IV Internacional” (1934) afirmando que: “Es indiscutible que en nuestra época sólo la organización que se apoye en principios internacionales y forme parte del partido mundial del proletariado podrá echar raíces en terreno nacional. ¡Ahora la lucha contra la guerra significa la lucha por la Cuarta Internacional!” Buscamos llevar adelante el trabajo iniciado por el camarada Trotsky: ¡Reforjar la IV Internacional!
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